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Alternativas Al Muro

Cómo el NAFTA, el CAFTA, y otras políticas de comercio amigables a las corporaciones desplazan a los granjeros y crean migraciones masivas; y cómo podríamos hacerlo mejor.

Puede que el 2006 quede registrado en los libros de historia como el año en el cual los inmigrantes salieron de las sombras para demandar un lugar de respeto en la sociedad norteamericana. Cientos de miles de inmigrantes, con documentos o sin ellos, han marchado en las calles de las ciudades a lo largo de todo el país. Miles de estudiantes salieron de sus clases para unírseles.

El foco directo de estas demostraciones ha sido una legislación propuesta que convertiría en un criminal a cada hombre, mujer y niño que está en el país sin autorización, y transformaría en infractores a cualquier persona que diera asistencia humanitaria a extranjeros indocumentados. Lo que es peor, autorizaría la construcción de un muro de 700 millas de longitud a lo largo de la frontera sur de Estados Unidos.

Cualquiera sea el resultado de esta batalla legislativa, las protestas han encendido un debate largamente demorado sobre cuestiones de inmigración. Si vamos a delinear las bases para políticas más sensibles, el debate debe ser ampliado para reconocer los lazos existentes entre las políticas estadounidenses y las condiciones que impulsan la inmigración en primer lugar.

Por qué migra la gente

El flujo masivo de inmigrantes en las últimas décadas, en especial desde México y América Central, no puede ser atribuida a una sola causa. Sin embargo, las políticas de globalización económica, apoyadas por el gobierno de Estados Unidos, se constituyen en factores significativos. El NAFTA (Acuerdo de Comercio de América del Norte, por sus siglas en inglés), contribuyó casi infaliblemente a un fuerte incremento en el número de mexicanos viviendo en los Estados Unidos sin autorización; desde los 2 millones de indocumentados en 1990 a un estimado de 6.2 millones en 2005.

Con la eliminación de las barreras a la importación agrícola, los granjeros mexicanos se han encontrado a sí mismos compitiendo con un flujo de productos agrícolas baratos y fuertemente subsidiados por los Estados Unidos. Al enfrentarse a una profunda pobreza en las zonas rurales mexicanas, millones han tomado la decisión obligada de dejar atrás a sus familias y a sus comunidades, y dirigirse hacia el norte.

A pesar del antecedente que el NAFTA nos dejó, el congreso estadounidense aprobó un acuerdo similar con América Central el ultimo verano, que se espera tenga efectos devastadores similares en los pequeños agricultores de aquellas naciones. A través de todo el mundo en desarrollo, los agricultores son particularmente vulnerables a la competencia con productos importados ya que el Banco Mundial y el FMI han promovido cortes presupuestarios de la ayuda a la agricultura en pequeña escala.

La migración también ha sido estimulada por los desastres naturales, ya sea agudos — como los huracanes — o crónicos — como la erosión del suelo y el agotamiento de los acuíferos. Dicho con franqueza, la mayor parte de las personas que mueren en los huracanes, lo hacen porque la pobreza los ha forzado a mudarse a suelos marginales, porque viven en casas de bajo nivel, y porque el desarrollo sin restricciones ha erosionado las defensas del medio ambiente natural para proteger las áreas vulnerables. La mayoría de los gobiernos de las naciones en desarrollo, en vez de enfrentar estos problemas, son presionadas por las instituciones financieras internacionales para cortar el gasto para protecciones sociales y ambientales, mirar a otro lado mientras los invasores extranjeros dañan el medio ambiente y consagrar los escasos recursos al pago de los intereses de la deuda externa.

Si fallamos al reconocer las conexiones existentes entre inmigración y globalización, nuestras políticas proveerán a lo sumo una solución temporal al problema. Aún así, los políticos estadounidenses no sólo han fallado al reconocer estas conexiones globales, sino que también han culpado a los inmigrantes por el fracaso de las políticas domésticas.

Existe un creciente segmento de la sociedad estadounidense que no se ha beneficiado del crecimiento económico de la nación. Los cuarenta y cinco millones de estadounidenses que carecen de seguro médico, los cientos de miles que han sufrido cortes en sus jubilaciones, las decenas de miles que han perdido puestos bien pagados en la industria y en el sector tecnológico únicamente en los últimos años. Al igual que en las naciones en desarrollo, los trabajadores de Estados Unidos han sufrido por las políticas de comercio y globalización que alientan a las corporaciones a poner a los trabajadores y a las comunidades unas contra las otras en una carrera global cuyo objetivo es nivelar para abajo los sueldos y prestaciones de todos. El profundo sentido de inseguridad causado por estos cambios deja a muchas personas buscando a alguien a quien culpar. Los extranjeros se tornan en un blanco fácil, aunque completamente equivocado. 

 Construir alianzas transnacionales

En los últimos años los extremistas anti-inmigrante han tenido éxito en polarizar el debate público. Lo que necesitamos ahora es un ejercicio real de responsabilidad democrática. Un ejercicio que reconozca la naturaleza transnacional de los desafíos que enfrentamos. Necesitamos escuchar las voces sabias y prácticas de los funcionarios elegidos localmente, de los intendentes que hacen cumplir la ley, y de los líderes del ámbito empresarial, del religioso, y de las comunidades de inmigrantes, quienes realmente se preocupan sobre las cuestiones que a menudo son tergiversadas por aquellos que aseguran hablar en su nombre.

Existen alternativas de sentido común a la construcción de un muro alrededor de nuestro país (ver Invitar a los Inmigrantes a Salir de las Sombras). El pueblo norteamericano necesita rechazar la “mentalidad de fortaleza” y recuperar la cuestión de la inmigración de aquellos que desean que abracemos al miedo y al odio. Esta orgullosa nación de inmigrantes necesita que sus ciudadanos reclamen las mejores tradiciones de nuestra nación para construir un mundo mejor para todos.

Oscar A. Chacón y Amy Shannon son respectivamente, director y directora asociada de Enlaces América, un centro de ayuda al inmigrante Latino y Caribeño, localizado en Chicago. Sarah Anderson, del Institute for Policy Studies (Instituto para Estudios de Políticas) en Washington, DC, es la co-autora de “Field Guide to the Global Economy” (Guía de Campo para la Economía Global) y “Debt Boomerang 2006” (Deuda Boomerang 2006).

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