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Sobrevivir Tiempos Difíciles no es Para Cobardes

Muchas tradiciones aborígenes de América contienen historias acerca de cómo eran las cosas en el pasado distante y de cómo el mundo llegó a ser como es ahora. Y muchas de éstas se proyectan en el futuro diciendo cómo serán las cosas. Entre estas historias tenemos algunas de las principales profecías. Dos de ellas son probablemente las más conocidas: las profecías de los Hopis, porque los ancianos Hopis hicieron intentos por más de cinco décadas de advertir al mundo de los cambios que se avecinan, y la profecía de los Haudenosaunee o Iroqueses, porque siendo una de las más profundamente estudiadas, es también una de las más comunicativas. Ambas son instructivas, aunque en cierta medida malinterpretadas.

Algunas culturas experimentan a las profecías como algo que le sucede a un individuo. Dios, o alguna otra fuerza supernatural, designa a alguien, usualmente masculino, para recibir información acerca de lo que está por pasar. Esta persona se transforma en un profeta.

En las culturas aborígenes de América, usualmente es al colectivo, al pueblo, al que se le brinda la información, aunque algunas veces un maestro o un individuo surge de entre ellos para convertirse en profeta. Ciertamente en tiempos históricos las culturas indias americanas produjeron profetas carismáticas y carismáticos. Sin embargo, de especial interés es un tipo de profecía anterior semejante a la profecía de los Hopis, la cual no designa un profeta sino más bien se transforma en las enseñanzas de un pueblo.

En las antiguas profecías de los Hopis, oímos de mundos que alguna vez existieron, de cómo la gente se volvió corrupta y depravada, y de cómo los poderes de la naturaleza los abandonaron. La gente se vio forzada a escabullirse bajo tierra, sólo para emerger más tarde para reconstruir su mundo. La misma cosa ocurrió tres veces, hasta el surgimiento en éste, el cuarto mundo. Pero este cuarto mundo, se nos lleva a comprender, no es permanente.

Este tipo de profecía trata de cómo las cosas eran en el pasado y de cómo volverán a ser otra vez. La historia de los Hopis cuenta que las cosas eran maravillosas hasta que la gente olvidó sus obligaciones con las fuerzas de la Naturaleza; entonces ésta los abandonó a las catástrofes naturales, destruyendo su civilización. Pero la gente sobrevivió y emergió para la reconstrucción.

Esta historia debería pensarse no como fantasía sino más bien como memoria colectiva. Los registros arqueológicos y geológicos muestran que ciertas civilizaciones pasadas existieron en el desierto del Suroeste, que declinaron y desaparecieron, y que la gente re-emergió. La historia es verdadera.

Europa en el “nuevo” mundo

Cuando los europeos comenzaron a arribar a Norteamérica cuatro siglos atrás, venían de un continente que experimentaba persistentes carencias de alimentos. Un símbolo predominante de la Europa pre-moderna es la visión de los Cuatro Jinetes del Apocalipsis: Guerra, Hambre, Enfermedad, y Muerte. Estas imágenes, no son simplemente cuentos de terror para niños. La guerra era bastante común y a menudo llevaba al hambre, la cual debilitaba a las poblaciones, llevando a las enfermedades y por supuesto a la muerte. Olas de enfermedades epidémicas barrieron a Europa y el “mundo conocido”, Asia, Asia Menor, y África, durante siglos. El clima de Europa Occidental era a menudo impredecible, demasiado frío para los cultivos algunos años, suficientemente cálido en otros. A menudo no había suficiente comida para comer, y no era inusual que la gente de un lugar, por ejemplo Bavaria, estuviese muriendo de hambre mientras gente de otro lugar, digamos, Toscana, tenía un exceso de comida. No todo el mundo estaba muriéndose de hambre, pero casi todas las áreas experimentaban hambre parte del tiempo.

Pero cuando llegaron a las Américas, los europeos encontraron abundancia de comida. Sabemos ahora que los indígenas eran responsables por esto, aunque se ganaron un escaso reconocimiento en ese momento. Los ingleses llegaron a Nueva Inglaterra en un momento en el que la región había estado experimentando enfermedades epidémicas y una declinación poblacional, la cual pudo haber estado sucediendo durante generaciones, por las infecciones traídas por los españoles mucho más al sur. Pero el legado de los indígenas a Nueva Inglaterra era un botín para los ingleses.

Los indígenas habían gestionado su mundo para tomar ventaja de la capacidad de la naturaleza para la producción de alimentos. Donde crecían las bayas los indígenas las ayudaban. Donde quiera que fueran los indígenas, ellos plantaban cultivos de alimentos, especialmente nogales. Existe evidencia que las plantaciones de nogales que los inmigrantes ingleses encontraron fueron plantadas por los indígenas como una fuente de comida.

Y la naturaleza ayudó. Las fuentes de comida existieron en Norteamérica en cierta abundancia, especialmente el árbol de castaño, el cual alguna vez comprendió un sexto de todos los bosques de Norteamérica. Además, los indígenas sabían cuáles plantas salvajes usar como comida. Para que el hambre llegara a los bosques de Norteamérica necesitabas uno de los cuatro jinetes: la guerra.

La enfermedad y la muerte, como he dicho, precedieron la llegada de los ingleses. Algunos arguyen que la despoblación de los indígenas dan cuenta de la abundancia de la caza, incluyendo a las palomas, pero los bosques habían sido manejados de una forma que fortaleció, incluso ayudó a alimentar las poblaciones de caza. La gestión de la tierra de los indígenas, ya sea en el ámbito de la aldea, y en las tierras de los bosques, fortalecieron la producción de comida. En su mayor parte los indígenas no plantaban alimentos que ya se encontraban disponibles en abundancia, en vez de crear jardines de arándanos, ellos fortalecían la productividad de las plantaciones establecidas por la naturaleza. No traían a los arándanos a la aldea, la aldea iba a los arándanos. Durante las estaciones de la nuez y las bayas, los indígenas estaban siempre afuera en algún lugar recolectando, secando y preparando para el almacenamiento la comida que estaba provista por la naturaleza bajo la ayuda de los humanos. Era una especie de jardín comestible a gran escala. Los ingleses al llegar soltaron su ganado en los bosques, y los arándanos y otras plantas de comida salvajes fueron destruidas. Los ingleses pensaron que estaban introduciendo mejoras a la tierra.

Además, los indígenas habían empujado a la agricultura tan al norte como era posible, en el mileno anterior al que los ingleses llegaran, y éstos se beneficiaron de la existencia de frijoles, calabazas, y por supuesto el maíz. Mientras que los ingleses concentraron su agricultura en pequeños lotes y pasturas, los indígenas manejaban enormes áreas de bosques, quemando los arbustos bajos periódicamente para hacer lugar a los pastos que alimentaban a los siervos, los alces y otros animales. Era un desarrollo de una mega–granja, con la naturaleza como la mano que guiaba. Los ingleses pensaron que los indígenas eran nómadas, pero nunca tuvieron la clave de lo que los indígenas estaban haciendo. Los bosques de los indígenas habían aprendido a cooperar con la naturaleza, lo cual era una advertencia de la historia de los Hopis. Y como los Hopis, habían aprendido que algunas veces, incluso cooperando con la naturaleza, no era suficiente para evitar la catástrofe.

Los ingleses llegaron en un momento oportuno. Los pasados 400 años habían visto el mejor clima imaginable. Ciertamente era el mejor que los indígenas ancianos conocían. Los ingleses al principio estuvieron un poco atónitos frente a las violentas tormentas que podían llegar incluso en este período de buen clima, y eventualmente encontrarían a los tornados, las ventiscas y a los huracanes, para los cuales Norteamérica es tan proclive. Pero los ingleses nunca habían visto a Norteamérica en su peor momento, y ni siquiera en su promedio.

Los Iroqueses tienen una historia acerca de cómo el mundo fue transformado. En esta transformación el espíritu del frío o del hielo es confiando, y el creador de las buenas cosas, muchas de las cuales son cosas buenas para comer, crea un mundo de plenitud. La gente es alentada a ser feliz y estar agradecida por este botín. Pero son prevenidos de que aunque las cosas sean productivas y plenas, podrían no mantenerse así. De hecho, no lo harán. Los Hopis y los Iroqueses, son consistentes en este punto: el cambio llegará.

Probablemente piensas que este planeta trata de ti

Los seres humanos son antropocéntricos sin esperanzas. Como dice la canción: “Eres tan engreído, que probablemente piensas que este planeta trata de ti, ¿no es así?”. Así que cuando algo sucede, como un volcán gigante o un tsunami, un evento en la historia de la Tierra que no tiene nada que ver con los seres humanos, la gente se apresura a buscar a alguien a quien culpar. “Dios (o lo que sea) te está castigando porque no hiciste lo que sea que yo quería que hicieses.” Este tipo de regaño casi siempre es seguido de una prescripción que tiene poco que ver con el problema a mano. Una de dos: vas a arrojar vírgenes dentro del volcán, asesinar personas de cierta religión u orientación sexual, o volverás todos tus dioses mundanos hacia la persona que te está exhortando en primer lugar.

El problema real es que la gente ha experimentado un verdadero cambio climático por los últimos 12.000 años, lo que permitió la invención de la agricultura. Ésta proveyó un abastecimiento mucho más estable de comida, pero también es muy vulnerable a los cambios de clima. Incluso cuando ocurre un cambio relativamente menor, tal como sucedió en 1815 cuando un volcán gigante entró en erupción en Indonesia, enviando polvo en el aire y provocando un año sin verano, se produce un gran sufrimiento. Ya sea que el cambio climático sea repentino o gradual, ya sea que el clima se vuelva más cálido o más frío, el cambio es malo para la gente que depende de la agricultura.

Los sistemas alimentarios de los indígenas de Norteamérica eran más resistentes a los cambios de clima porque, fuera de los jardines, ellos promovían a la naturaleza como una máquina de producción de comida. Pero aquellos sistemas fueron destruidos por la gente que nunca los vió tal como eran. E incluso los precavidos indígenas, cooperando tan bien como podían con la naturaleza, experimentaron colapsos sociales en el desierto del Suroeste  y en las culturas del desierto en América Central y del Sur, porque surgieron ciertas condiciones con las cuales no pudieron lidiar.

Dada la información de que el cambio climático es inevitable y que su llegada será un desafío tremendo para nuestras capacidades de producción de comida, una sociedad racional al menos trataría de tomar medidas para prepararse para el futuro. Puede ser cierto, tal como afirma la profecía de los Hopis, que la codicia humana y la estupidez dispare estos cambios (en realidad yo me inclino a creerlo así), pero cualquiera sean las causas, la inevitabilidad del cambio es bastante clara. Nuestra especie tuvo 12.000 años de clima cálido para prepararse para el día en el que las cosas vuelvan a cambiar. Puede que se vuelva más frío, o tal vez más cálido, o lo peor de todo, tal vez primero se vuelva mucho más cálido, y luego más frío. Esto último podría ser lo peor, porque el impacto sobre la biología del mundo sería equivalente a una limpieza catastrófica. Los sistemas de plantas y animales del norte serían invadidos por especies y enfermedades del sur en una gigantesca ola de extinciones. No quedaría ninguna especie de los climas fríos, y luego volvería a estar frío otra vez. Todo lo cual no tendría un buen resultado.

Los seres humanos son muy adaptables, pero podrían no serlo lo suficiente. El verano de 12.000 años está probablemente llegando a su fin, para ser reemplazado ya sea por un súper-verano o un nuevo invierno. Nadie sabe cuánto tiempo nos queda. Sería sensato prepararnos para el futuro, pero nuestros sistemas económicos y políticos probablemente no se muevan en esa dirección.

La buena noticia es que sí es posible hacerlo. Sería una tarea desalentadora. Los sistemas de producción de comida y energía necesitarían ser proyectados asumiendo que no existirán partes de reemplazo. Las plantas comestibles serían seleccionadas por su capacidad para crecer utilizando menos agua y estaciones de crecimiento más cortas. La supervivencia y el beneficio económico puede que no siempre coincidan; las prioridades deberían ser guiadas por las formas de tomar ventaja de lo que la naturaleza tiene para ofrecer, en vez de encontrar formas de sobreponernos a la naturaleza.

Este tipo de cosas sucedieron en el pasado. La gente ha realizado elecciones basadas en lo que era posible hacer, no en lo que deseaban. Las sociedades agrícolas más antiguas surgieron porque la comida se volvió escasa, y el grupo de gente afectado de esta manera no podía migrar al siguiente valle, porque ese valle estaba ocupado por otras personas. Así que se vieron forzados a plantar cultivos, y éstos eran aquellos que podían ser domesticados, los cuales probablemente no fueran sus favoritos. Así que plantaron cultivos de granos, y en los primeros años sufrieron. Los primeros agricultores casi siempre reducían su tamaño relativo al de sus ancestros y al de los pueblos alrededor de ellos. Pero pasado el tiempo se recobraron en cierta medida. Eventualmente ellos prosperaron, pero ahora eran vulnerables a las sequías y las tormentas de arena, y a las heladas tempranas, y ahora cuando tenían hambre no podían moverse al siguiente valle. Ahora cuando estaban hambrientos debían vivir de los excesos de comida almacenados o morir de hambre. Esto fue un problema por un largo tiempo, y todavía lo es en muchos sitios. 

Algunas de las migraciones humanas más tempranas sacaron a la gente fuera de África, a través de Asia Menor, y dentro de Asia Central, donde establecieron culturas que sobrevivieron por cientos de miles de años en un medio ambiente intensamente hostil. Más tarde los humanos aprendieron a sobrevivir en el Ártico y en las selvas tropicales. Los seres humanos pueden sobrevivir a casi todo; pero éstos eran cazadores-recolectores que evolucionaron en pastores o siguieron adelante cuando las cosas se pusieron difíciles, no eran post-industrialistas y refugiados de una falsa economía utópica y global.

El milenio que se aproxima no es para cobardes, pero nuestra generación debería hacer lo que pueda para proveer opciones para cualquiera sean las condiciones que surjan. Tenemos la capacidad de proveer estas opciones si podemos ser realistas y si tenemos la voluntad. El problema está en que los que llevemos a cabo esta tarea no haremos mucho dinero haciéndolo, y hasta que se vean los resultados la mayoría de la gente de las culturas que nos rodean posiblemente no sean muy comprensivas.

Los seres humanos tienen una increíble capacidad para recobrarse de los desastres a través de una amnesia colectiva. El Monte Vesubio cuenta con una población creciente en su base; las playas donde el tsunami de 2005 provocó una devastación están siendo reconstruidas; las áreas de Florida del Sur que fueron destruidas por los huracanes están siendo repobladas. Los Hopis advirtieron que nuestra capacidad para olvidar el pasado no debería doblegar nuestra obligación de aprender de él. Deberíamos escuchar su mensaje.

John C. Mohawk, es columnista para el Indian Country Today, escritor, profesor en la State University de New York en Buffalo, y editor colaborador de YES!

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