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Emprendedores Cooperativos

Antes que la Seguridad Social y el WPA[1], la Asociación de Intercambio para Desempleados reconstruyó una economía en colapso.

 

El humor en las mesas familiares de California a principio de los años '30 era tan sombrío como en cualquier otra región de los Estados Unidos. Las fábricas estaban cerradas. Más de un cuarto de los trabajadores del estado carecían de trabajo. No existía ningún programa federal o estatal de asistencia, nada excepto algunos esfuerzos de caridad locales. En el condado de Los Angeles una familia de cuatro miembros recibía de la caridad cincuenta centavos por día, pero  tan sólo se beneficiaba a una familia de cada diez.

No mucho tiempo atrás Estados Unidos había sido una nación de granjeros; cuando los tiempos eran duros, todavía estaba la tierra. Pero el país se estaba volviendo cada vez más urbano. La gente dependía de esa cosa llamada “la economía” y el casino financiero al cual estaba encadenado. Cuando el casino quebró, no hubo recuperación, solo pobreza extrema; excepto por una cosa: la economía real todavía estaba ahí. Paralizada, pero en pie. Los granjeros aún estaban produciendo, más de lo que podían vender; las frutas se pudrían en los árboles y los vegetales en los campos. En enero de 1933, los productores de leche vertían cada día más de 45.000 litros de leche en el alcantarillado de la ciudad de Los Angeles.

Las fábricas también estaban ahí. Las máquinas estaban paradas. Los viejos camiones estaban bajo techo, y necesitaban únicamente un poco de reparación. Toda esta capacidad por un lado, y legiones de hombres y mujeres sin trabajo por el otro. Había sido el casino financiero lo que había fallado, no los trabajadores ni las máquinas. En las esquinas y en torno a las desnudas mesas de cocina, la gente comenzó a sumar dos más dos. Más precisamente, pensaron en formas nuevas de sumar dos más dos.

 

Construyendo una economía recíproca

En la primavera de 1932, en Compton, California, un veterano desempleado de la Primera Guerra Mundial salió a caminar por las granjas que todavía rodeaban a Los Angeles. Ofreció su trabajo a cambio de una bolsa de vegetales, y aquella tarde volvió con más de lo que su familia necesitaba. Al día siguiente, un vecino salió a los campos con él. En los dos meses siguientes más de 500 familias se habían vuelto miembros de la Organización Cooperativa para la Ayuda de los Desempleados (UCRO, por sus siglas en inglés).

Ese grupo se volvió una de las 45 unidades de una organización que sirvió las necesidades de cerca de 150.000 personas.

Operaban un gran depósito, un centro de distribución, una estación de servicio, una instalación de refrigeración, un taller de costura, una zapatería, e incluso servicios médicos, todo basado en principios cooperativos. Se esperaba de los miembros que trabajaran dos días a la semana, y las prestaciones se distribuían de acuerdo a las necesidades. Un miembro con una esposa y dos hijos obtenía cuatro veces la comida de alguien que vivía solo. La organización era dirigida democráticamente, y el respaldo social era tan importante como la ayuda material. Los miembros se ayudaban unos a los otros a resistir los desalojos; algunas veces mudaban a una familia donde un terrateniente había sacado a otra. Los trabajadores desempleados de las empresas eléctricas activaban el servicio de gas y electricidad a las familias a quien se les había cortado el servicio.

Las historias convencionales presentan a la Depresión como una historia del mercado corporativo, frustrado por sus propios errores internos, opuesto a un gobierno federal considerado ya sea como un experto mecánico o un torpe descarriado, dependiendo de tu punto de vista. El gobierno tomó el control, en la forma del New Deal (Nuevo Contrato); así nació la polaridad de nuestra política, y el rango de nuestras posibilidades económicas desde entonces.

Pero también hubo otra historia que encarnó las probadas virtudes norteamericanas de la iniciativa, la responsabilidad y la auto-ayuda, pero en una forma que estaba enraizada en la comunidad y en la economía genuina. Esta otra historia se desarrolló por todo Estados Unidos, durante un momento breve pero sugestivo en los inicios de la década de 1930.

La UCRO era solamente una organización en una ciudad. Grupos similares llegaron a involucrar al final más de 1.3 millones de personas, en más de 30 estados. Sucedió espontáneamente, sin expertos ni planificación. La mayoría de los participantes eran obreros que no habían pasado de la secundaria. Algunos grupos desarrollaron cierta clase de dinero para crear más flexibilidad en los intercambios. Un ejemplo era la Asociación de Intercambios entre Desempleados (UXA por sus siglas en inglés), ubicada en Oakland, California. (La historia de la UXA fue contada en un artículo excelente en la revista semanal East Bay Express, en 1983, sobre el cual se basan los párrafos que siguen). La UXA comenzó en Hooverville (un campamento para las pobres durante la Depresión, llamado así luego del presidente) denominada “Pipe City” (Ciudad Tubería), cerca de la dársena de East Bay. Cientos de personas sin hogar estaban viviendo allí en secciones de grandes tuberías de desagüe que nunca habían sido colocadas porque la ciudad se había quedado sin presupuesto. Entre ellos estaba un tal Carl Rhodehamel, un músico e ingeniero.

Rhodehamel y otros comenzaron a ir de puerta en puerta en Oakland, ofreciendo reparaciones caseras a cambio de artículos no necesitados. Luego reparaban estos artículos y los circulaban entre ellos mismos. Pronto establecieron un puesto de venta y comenzaron a enviar exploradores alrededor de la ciudad y entre las granjas circundantes para ver lo que podían buscar entre la basura o intercambiar por trabajo. Dentro de seis meses ya tenían 1.500 miembros, y una próspera sub-economía que incluía una fundición, un taller, un garaje, una fábrica de jabón, una imprenta, un lote de árboles, hacienda y madereras. Reconstruyeron dieciocho camiones desde la nada. En su mejor momento la UXA distribuía 40 toneladas de comida cada semana.

Se basaba en un sistema de crédito por tiempo. Cada hora trabajada asignaba cien puntos; no existía una jerarquía de habilidades, y todos los trabajos pagaban lo mismo. Los miembros podían usar los créditos para comprar comida u otros artículos en el puesto de venta, servicios médicos y dentales, cortes de pelo y más. Un consejo de cerca de 45 coordinadores se reunían regularmente para solucionar problemas y discutir nuevas oportunidades.

Un coordinador podía informar que una motosierra necesitaba un nuevo motor. Otro coordinador conocía la existencia de uno, pero el dueño quería un piano a cambio. Un tercer miembro conocía a alguien que tenía un piano disponible. Y así seguía. Era una amalgama de empresa y cooperación: la flexibilidad y el ajetreo del mercado, pero sin la avaricia codificada de la corporación o la sofocante burocracia del estado. Los textos de economía realmente no tienen un nombre para esto. Los miembros la llamaban una “economía recíproca.”

 

El sueño se marchita

Parecería que un movimiento que proveyó el sustento a más de 300.000 personas sólo en California, merecería una discusión en los libros de historia. Entre la torpeza del inicio de los años 30, hubo algo que realmente funcionó. Y aún así, en la mayoría de los registros las cooperativas de auto-ayuda apenas han recibido alguna línea de texto.

La única excepción es la campaña para gobernador de Upton Sinclair en 1934. Sinclare fue una especie de Ralph Nader de sus días. Él basó sus campañas en un plan que llamó Fin de la Pobreza en California, o EPIC, que a su vez se basaba en las cooperativas de auto-ayuda, en la UXA en particular. El plan era llevar las tierras de las granjas estatales sin utilizar y las fábricas y convertirlas en cooperativas obreras.

La idea de una economía genuina despojada del aparato de Wall Street tocó una cuerda. Brotaron cerca de 2.000 clubes de EPIC. Sinclair ganó la primaria Democrática, pero el establishment acaudalado de California invirtió 10 millones de dólares para hundirlo. La EPIC murió con su campaña, y la idea desde entonces estuvo asociada con políticas quijotescas.

Decir que la UXA y otras economías cooperativas enfrentaron algunos desafíos es quedarse corto. Ellos estaban yendo en contra de la esencia de una cultura entera. “Escuadrones Rojos” anti-comunistas los asediaban, mientras que los radicales se quejaban que eran demasiado prácticos y no lo bastante comprometidos en un cambio sistemático.

Pero la principal razón por la cual murieron las cooperativas fue la WPA y sus trabajos en efectivo. Aquellos trabajos de la WPA se necesitaban desesperadamente, pero alguno de ellos eran trabajos inútiles, mientras que el trabajo de las cooperativas era genuinamente productivo.

Las cooperativas solicitaron a la administración de Franklin D. Roosevelt que las incluyeran en la WPA. Los gobiernos locales estaban ayudando con gasolina y aceite. Pero los New Dealers no estaban interesados, y las cooperativas se disolvieron.

O así lo pareció.

Hoy en día, los signos de colapso financiero y ecológico se van acumulando. Estamos atados a una deuda externa y a un petróleo extranjero, y a una creciente inflación en bienes raíces que no durará para siempre. Agrega el inminente colapso de los sistemas de soporte de la vida natural, y los años '30 podrían parecer benignos en comparación.

En este escenario, las economías de auto-ayuda son cada vez más relevantes. La posibilidad de crear una economía tal, sin embargo, pareciera ser remota. En los años '30, todavía había granjas en las afueras de las ciudades, pequeñas empresas familiares que podían hacer transacciones de trueque en situaciones críticas. Las fábricas también se encontraban cerca. Los productos eran sencillos y se hacían para durar, y así podían ser recuperados y reparados.

Todo esto ha cambiado. Las fábricas están en China, las granjas pertenecen a las corporaciones, y no puedes ir caminando hasta ellas desde Los Angeles. Los productos se hacen para romperse; la tienda de reparaciones local es un recuerdo lejano. La tecnología hiper-sofisticada ha puesto a los mecánicos locales fuera del negocio, y ni hablar de los reparadores itinerantes.


Una idea resurge

Y aún así existen tendencias en el otro lado también. Las tecnologías de energía se están moviendo a un nivel local, ya sea solar, por viento, biodiesel, etc. La popularidad de lo orgánico le ha dado un gran empuje a las granjas pequeñas. Pero también está el silencioso revival de la agricultura urbana. Los jardines comunitarios están entrando en auge (cerca de 6.000 de ellos en 38 ciudades de Estados Unidos). En Boston, el Proyecto Comida produce más de 120.000 libras de vegetales en solamente 21 acres. Luego considera las tierras sin utilizar en las ciudades de Estados Unidos: cerca de 70.000 parcelas vacantes en Chicago, 31.000 en Filadelfia.

Grandes terrenos de Detroit se parecen a Dresden luego del bombardeo aéreo. Una UXA podría hacer mucho con esto. No me estoy volviendo ingenuo en este punto. Cualquiera que haya formado parte de una cooperativa (yo servía en el comité de una) sabe que no es algo sencillo de encarar. Pero no es difícil ver los inicios de una nueva forma de economía cooperativa en la escena norteamericana de hoy en día. No puedes utilizar las doctrinas de los textos de economía para explicar el auge de Linux, el sistema operativo desarrollado en un estilo comunitario en la Web. Ni puedes hacerlo con la “Lista de Craig”, un cartel de anuncios on-line que la gente utiliza a un costo mínimo.

El modelo cooperativo parece desafiar lo que los economistas denominan “la ley económica”: que la gente trabaja únicamente para su ganancia personal, en respuesta a esquemas de incentivos y premios. Y aún así, las cooperativas de la Depresión existieron. Cuando llegue la próxima crisis, el movimiento de auto-ayuda de los años '30 podría ser un modelo tan importante como el New Deal.

Las mejores ideas de hoy suelen encontrarse entre aquellos proyectos rechazados en el pasado. “No estamos retornando al trueque” dijo una vez Carl Rhodehamel de UXA. “Estamos avanzando hacia el trueque. Estamos percibiendo nuestro camino a lo largo de él, desarrollando una nueva ciencia.”

Jonathan Rowe es un editor colaborador de YES! y director del Instituto Tomales Bay.

 



[1] Work Projects Administration: Agencia del Gobierno de EE.UU. creada para generar puestos de trabajo durante la Gran Depresión (N. del T.)

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