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Cómo Consumió el Comercio a los Espacios Públicos

En un mundo en el que todo está a la venta, hemos olvidado que mucho valor se encuentra fuera del flujo de comercio. ¿Cómo lo olvidemos? — ¿Y cómo estamos reclamando los espacios públicos?

Parte del hechizo que el término "mercado" provoca en nuestras mentes es que parece referirse a algo específico pero no es así. El “mercado" de la política no es el mundo, sino una manera de ver al mundo un sistema de creencias, un revestimiento mental, que ha sido proyectado en el espacio y lo define, sin importar lo que realmente esté allí. Para muchos, es el equivalente funcional de Dios.

Pero al principio éste no fue el caso. Los mercados eran eventos particulares, de la misma forma en la que los son los mercados callejeros y los mercados de granjeros de hoy en día. Estaba la sociedad, y parte de esta sociedad consistía en tiempos y lugares para el intercambio comercial. El proceso por el cual los mercados se han transformado en "el mercado" nos ha traído un tipo de fracaso económico que los economistas ni siquiera saben cómo mirar. Sus prescripciones, de hecho, están empeorando el problema, porque están desplazando aún más lejos la productividad de los espacios sociales comunes y desnudando las funciones generativas sociales para las cuales solían servir los mercados.

La evidencia no es difícil de encontrar. Puede que parezca extraño que los norteamericanos de hoy en día nos sintamos solos y desconectados en una nación tan cableada. (La revista USA Today informó que el 25% de los norteamericanos dicen que no tienen a nadie en quien confiar). Puede que parezca extraño que nos sintamos tan crónicamente hambrientos y vacíos en una nación que está tan llena de cosas, que nos sintamos tan bajo sitio cuando tenemos relativamente tanto espacio, y que el ámbito civil se esté muriendo más allá de los niveles de escolarización tan altos.

Pero la aparente paradoja en realidad tiene sentido. Una gran parte de la economía la parte que satisface las necesidades implícitas en estas deficiencias está faltando. Los espacios sociales en común que dieron a luz a los mercados han sido devorados por sus propios hijos. La revitalización de esta dimensión económica paralela faltante requerirá herramientas más allá del repertorio de la mayoría de aquellos que lidian con la política económica actual. Requerirá nuevas ideas sobre la productividad y la riqueza lo que es una economía y para qué existe.

Con todo, existen ventajas. Porque sucede que la resurrección de este sector faltante es una clave para la salud económica local también en el sentido más convencional.

De la Sociabilidad a los Comederos Globales

Antes de que hubiesen mercados, existía un espacio social, lo cual implica espacio en común. Los economistas conceptuaban a este ámbito como un vacío, pero de hecho era un dominio de activa productividad.

En los antiguos pueblos europeos, los mercados típicamente ocurrían en las grandes plazas que rodeaban a las iglesias. La función social (la gente reunida para un propósito en común), vino primero, y el comercio encontró un sitio dentro de este marco. Más tarde, los asentamientos norteamericanos designaron un día por semana, o varios, como días de mercado. Boston estableció un mercado de los Jueves en 1633. La Filadelfia de William Penn tenía dos por semana. (Aquellos liberales.)

Los primeros mercados no estaban simplemente embebidos en un contexto social. Ellos mismos eran acontecimientos sociales tanto como comerciales. Carlomagno ordenó a los siervos de sus propiedades no "vagabundear hacia los mercados". Mucho más tarde, esta función social tomó una forma más civil y sosegada en las principales calles de Norteamérica, donde la gente hacía negocios en la oficina de correos y el ayuntamiento, los vecinos charlaban en cafés, y los granjeros se ponían al día con las noticias. Un escritor del Southern Mercury observó en los 1890's, durante la campaña presidencial de William Jennings Bryan, que en las esquinas de las calles y "donde quiera que la gente se reúne, la cuestión del dinero ha sido seriamente discutida".

Las esquinas ya no se parecen mucho a esto (excepto algunas veces en las tiendas a las afueras de las ciudades del interior). A medida que Wal-Mart y el resto han expulsado al comercio de sus lugares de mercado tradicionales, también han canibalizado las funciones cívicas y sociales de los asistentes la productividad de los espacios públicos que eran una parte del propósito de los mercados en primer lugar. En el proceso han roto con la economía más grande de bienestar, de la cual los mercados eran sólo una parte.

Cuando Peter Fanueil, el comerciante de Boston, construyó Fanueil Hall en 1742, reservó espacio para las asambleas públicas y oficinas municipales así como para los mercados. Mientras los comerciantes regateaban, Sam Adams y otros ayudaban a incitar el nacimiento de la libertad, al menos para los colonos europeos. Más tarde, William Lloyd Garrison, Frederick Douglass, y Lucy Stone comenzarían allí su lucha para liberar a los esclavos.

El equilibrio ya estaba variando; el comercio estaba obteniendo la ventaja. Pero en ese momento el momento de la fundación de la nación la gente aún asumía que los mercados eran parte de algo más grande de la cual ninguna persona o corporación eran dueñas. En los centros comerciales de hoy en día, por contraste, no existe ciudadanía ni comunidad. En la mayoría de los estados, los dueños pueden impedirte incluso recoger petitorios. El espacio cívico se ha vuelto espacio privado. Los mercados se han vuelto lo que ellos son en los textos de economía "el mercado", un comedero global para cosas con un circo de regalo.

Economías de Nuestro Lado

El mercado de los libros de texto tiene poca conexión con la necesidad humana. "La palabra 'necesidad' cuando es utilizada en economía, siempre es una falacia," dijo Milton Friedman una vez, con orgullo. Él tenía razón, dentro de su propio estrecho marco. "El mercado" responde al deseo más el dinero, lo que se llama "demanda." La necesidad es el problema de algún otro, especialmente cuando es de un tipo que el dinero no puede satisfacer.

Para la gente real, sin embargo, la necesidad no se deja a un lado tan fácilmente. Por eso, en localidades a través de toda la nación, existen esfuerzos para hacer resurgir la economía de los bienes sociales en común que el mercado corporativo ha desplazado. La oposición a Wal-Mart, por ejemplo, trata tanto sobre el reclamo de la productividad social de las tradicionales calles principales tanto como el tratamiento que este gigante le suministra a sus empleados. El así llamado "nuevo urbanismo" es realmente el viejo "aldea-ismo", un redescubrimiento de la sabiduría de los patrones tradicionales de los asentamientos humanos en las cuales la interacción se construye dentro del flujo de la vida diaria.

El movimiento de los huertos comunitarios (solamente Nueva York tiene cerca de 70.000) nos recuerda las posturas y los campos en común de los asentamientos de la antigua Nueva Inglaterra, así como a los Huertos de la Victoria de la Segunda Guerra Mundial. Algunos descartan tales esfuerzos como ejercicios de nostalgia. Cualquier cosa que la economía corporativa nos traiga, ellos dicen, es progreso por definición; pensar de otra manera es sufrir de una disfunción psico-emocional.

Pero los espacios en común dan expresión al lado "nosotros" de la naturaleza humana, que es al mismo tiempo universal y profundo. Tengo un cuñado en las Filipinas que ayudó a construir un sistema de agua corriente en un pueblo rural. Él me contó que las mujeres continuaban yendo a la cisterna comunitaria para lavar la ropa en la mañana, incluso después de que el proyecto estuviese terminado y el agua llegara a cada hogar. La interacción social espontánea era tan importante a su propia manera como el agua en sí, tal como en los huertos comunitarios la comunidad es tan importante como el huerto.

Lo cual no significa que la producción material no sea importante. El Food Project (Proyecto Alimento) en Boston produce más de 54 toneladas de vegetales en poco más de 8 hectáreas cerca del centro de la ciudad, la mayor parte de lo cual le llega a gente necesitada. Así, los huertos tienen una doble productividad material y social de formas en las que el mercado, por la definición del profesor Friedman, ni siquiera reconoce.

Las ciudades han comenzando a comprender los efectos generativos de los espacios públicos comunes. Varias décadas atrás, luego de disturbios devastadores, Detroit trató de revivir el centro de la ciudad con una gran oficina de desarrollo, denominada el Centro Renacimiento, que se convirtió en una fortaleza corporativa amurallada. General Motors hizo sus oficinas centrales allí, bastante metafóricamente. El resto del centro continuó desprovisto de vida como antes.

Más recientemente, alguien tuvo la idea de comenzar donde lo hicieron los primeros mercados con un espacio público. La ciudad creó un gran sitio público nuevo, llamado Campus Martius, en el medio del centro. La Ciudad Motor en realidad desplazó a los autos para hacer lugar a la gente, completando así la metáfora; y la vida está retornando. La gente está volviendo de los suburbios para obtener lo que a éstos les falta. Las inversiones están llegando también por un valor cercano a los $500 millones de dólares. La corporación Compuware ha movido a sus 4.000 empleados desde los suburbios para estar más cerca.

La Primera Internet

La economía de los espacios públicos no gira en torno al antiguo eje público-privado. La cuestión no es si un negocio privado hace algo, o el gobierno lo hace. En cambio, se trata de si una empresa es co-productiva con un proceso generativo social más grande, o si lo encierra y lo agota.

Los mercados de granjeros son modelos de tales simbiosis positivas. Se han vuelto salvajemente populares: hay cerca de 4.000 de ellos en los Estados Unidos, duplicando el número de tan sólo diez años atrás. La razón no es solamente la verdura fresca. Los mercados de granjeros tienen esa cualidad festiva y social que está faltando en Wal-Mart (y que faltaba también, de una manera más desolada, en los antiguos estados soviéticos). Le pregunté a un productor de nuestro mercado local si es que lograba hacer algún dinero allí. "Tal vez $10 por hora," contestó. "Se trata de la comunidad, la manera en la que la gente lo solía hacer."

Lo mismo sucede con las cafeterías locales.

Se podría escribir la historia de la libertad humana desde punto de vista de estos locales. En Inglaterra eran focos de discusión, distribuición de panfletos, incluso bolsas rudimentarias. Un escritor de la revista The Economist los llamó la "Internet de la era de la Iluminación." (El movimiento para los sistemas municipales de WiFi es realmente una extensión de esta función de construcción de comunidades dentro del ciberespacio.)

Recientemente, cuando a la gente de un vecindario de Minneapolis se le pidió que identificara sus espacios públicos locales, la cafetería fue algo que casi todos mencionaron. Las cadenas de cafeterías no matan esto por completo. Aún así son lugares de encuentro; en centros comerciales y aeropuertos, pueden ser la cosa más cercana a un espacio público que puede encontrarse. Pero en los vecindarios, los dueños independientes locales son parte de una alquimia que transforma a las calles principales en comunidades. Existe una ecología social del comercio que debe ser protegida con tanto empeño como la del reino natural.

Respuesta de Ayer, Problema de Hoy

La productividad de los espacios sociales en común puede ser profundamente incómoda para aquellos entrenados en las creencias económicas convencionales. Ellos aprendieron que la riqueza surge de la propiedad privada y de los esfuerzos privados, con una pequeña ayuda del gobierno. Que un tipo diferente de riqueza pueda surgir de una propiedad en común, en la cual la gente participa unida, no está en el guión. Aún así, este nuevo y viejo principio económico está en alza a lo largo de toda la economía, desde la investigación y la innovación hasta en la gestión de recursos naturales.

La vieja mentira sobre la tragedia de los espacios comunes se está doblegando ante la verdad de la productividad de los bienes comunes. (Dejaremos la tragedia de las corporaciones para otro momento.) Y esto a su vez pronostica un movimiento sísmico más grande en el pensamiento sobre la economía en general. Tal vez hubo un tiempo cuando la productividad de la riqueza social (y también de la natural) podía ser pasada por alto. Parecía tan vasta e inagotable, y la industria humana tan prometedora; ¿por qué no simplemente asumir la primera y obsesionarnos por la segunda?

Pero ahora esta dinámica ha alcanzado un punto de ingresos decrecientes.

Crecientemente necesitamos más de aquello que parecía tan abundante. La próxima economía atenderá a la producción de los bienes comunes tanto como los de tipo corporativo. Los mercados otra vez tomarán un lugar dentro de la economía del bienestar más amplia. Y como en la mayoría de los grandes cambios, comenzará localmente. En efecto, así ya lo ha hecho.

Jonathan Rowe, editor colaborador de YES!, es un socio del Tomales Bay Institute, el cual recientemente publicó "El Ascenso de los Espacios Públicos" (The Commons Rising), un informe sobre el resurgimiento de las economías basadas en espacios públicos a lo largo de los Estados Unidos.

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