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En los Negocios por la Vida

Judy Wicks aprendió a construir comunidad, llevar un restaurante legendario y fundar un movimiento nacional de empresas justas y sustentables - todo sin salir de casa.

Una amiga que estaba escribiendo un libro me preguntó un día, si yo había experimentado un momento de pura alegría alguna vez; me describió como ejemplo de si misma un momento en su vida cuando una mañana soleada estaba trabajando en su jardín y una mariposa se sentó en su mano. La imagen que me vino a la mente fue una fiesta en mi manzana cuando estaba bailando en la calle a la música de una banda de reggae. Miré a mi alrededor al mar de gente bailando juntos — mis clientes, empleadas y empleados, amigas y vecinos; adolescentes, algunos peques y mayores, gente de diferentes razas y clases todos disfrutando juntas y juntos. Era una escena realmente urbana, y eso fue mi momento de pura alegría.

Mi historia del Café Perro Blanco comienza con la primera vez que caminé por la manzana 3400 de la Calle Sansom, en 1972. Yo estaba encantada. La calle angosta perfilada por árboles, con casas victorianas de piedra arenisca, encantadoras aunque algo gastadas, era un oasis frente a los dormitorios de muchos pisos, edificios de oficinas, centros comerciales, y estacionamientos que la rodeaban. Las casas de cien años de antigüedad de la Calle Sansom, con algunos pocos negocios pequeños en los primeros pisos, eran de escala humana hogareñas, pintorescas, acogedoras.

Me mudé a un departamento al 3420 de esta calle, futuro hogar de El Perro Blanco, y pronto me enteré de que toda la manzana había sido condenada a darle paso a un centro comercial.

Con muchas ganas me uní al grupo comunitario local organizado para luchar contra la demolición, para salvar nuestros hogares y negocios. Ésta fue mi primera experiencia en la organización comunitaria; mi primer acto de desobediencia civil (pero no el último) fue yacer frente a una topadora que estaba a punto de comenzar la demolición, mientras nuestro grupo conseguía una orden de restricción.

Fue la lucha de Jane Jacobs para salvar su vecindario en Greenwich Village y su visión, articulada en su clásico libro, Muerte y Vida de las Grandes Ciudades, que le brindó a nuestro grupo la inspiración para salvar a nuestra manzana.

Desde su hogar sobre una dulcería, Jacobs observó lo que ella denominó el "intrincado ballet de las veredas". Las complejas idas y venidas de los almaceneros al abrir por la mañana y al cerrar por la noche; la gente yendo hacia el trabajo o la escuela, a la casa otra vez, y luego afuera para las actividades de ocio; amas de casa charlando en los pórticos, los niños saltando a la cuerda y jugando a la rayuela.

Jacobs escribió sobre las comunidades en las que se vivía y trabajaba en el mismo vecindario. Y ella se enfrentó a la renovación urbana de arriba–abajo de los '50's y '60's en los cuales las comunidades vibrantes y los prósperos negocios locales fueron asolados para construir estériles edificios de oficinas y proyectos de alojamiento.

Ella señaló que los proyectos de alojamiento estaban segregados por la clase proyectos de bajos ingresos plagados por el crimen, desarrollos de ingresos moderados que eran grises y aburridos, y urbanizaciones lujosas de un exhibicionismo vulgar.

Las comunidades transitables a pie fueron reemplazadas por suburbios donde los desarrollos de alojamiento y los centros comerciales destruyeron fértiles tierras agrícolas, solamente para lograr lo que Jacobs llamó "estacionamiento barato". Como señaló Bill McKibben, fue en los 1950s, mientras la gente fue separada por la migración hacia los suburbios, cuando la felicidad de nuestra sociedad comenzó a declinar.

Eventualmente ganamos la pelea para salvar nuestra manzana de la demolición, lo cual me brindó la oportunidad de comprar la casa en la calle Sansom 3420. La visión de Jane Jacobs de una vida urbana vibrante se volvió la mía propia. Yo quería vivir "arriba del almacén" como Jacobs describía. En 1983 abrí el Café Perro Blanco como un negocio de cafetería en el primer piso de mi casa, en la cual hoy llevo viviendo unos 35 años. Hoy en día el Perro Blanco es un restaurante de servicio completo, que ocupa tres casas vecinas de la manzana. Nuestra tienda de regalos, el Gato Negro, vende artesanías locales y de comercio justo, libros y novedades. Las otras casas le dan hogar a otros restaurantes, una cafetería, una oficina inmobiliaria, una tienda de periódicos y revistas y una peluquería.

Al vivir sobre la tienda en la Calle Sansom, yo vi mi propio ballet de la vereda y llegué a comprender de primera mano la forma en la que la maravillosa diversidad de la gente aportaba a la vitalidad de mi vecindario y al éxito de mi negocio.

Se Trata de las Relaciones

Jane Jacobs veía a las ciudades como los ecosistemas naturales para los seres humanos. Las partes de la ciudad no están separadas sino interconectadas e interdependientes, como en la naturaleza. Nuestra fuerza proviene de la diversidad, no de la mono-cultura.

Su obituario en el The New YorkTimes decía que “la prescripción de Jacobs para las ciudades era aún más diversidad, más densidad, y más dinamismo en efecto, abarrotar a la gente y sus actividades en un alegre y danzante fárrago urbano."

Vivir y trabajar en la misma comunidad no sólo me ha dado un sentido del lugar más fuerte, sino también una perspectiva de negocios diferente. Existe una corta distancia entre mi persona, la empresaria que toma decisiones, y aquellos afectados por mis decisiones un principio básico del movimiento a favor de la economía local viviente. Como dueña de un negocio pequeño, tiendo a tomar decisiones desde el corazón, no sólo desde la cabeza, y es más probable que estas decisiones sean en el mejor interés de los empleados, clientes, vecinos, y proveedores que veo todos los días. El negocio es un asunto de relaciones con cada persona a la que compro, vendo, o con la que trabajo.

Jane Jacobs habló sobre la importancia de la escala humana, ya sea en la arquitectura o en las empresas. Como sociedad, se nos enseña que el crecimiento económico beneficia a cada uno y que el éxito se mide por la ganancia material. Pero el crecimiento continuo está destrozando el planeta, utilizando más recursos naturales de los que se pueden regenerar. Y son los ricos los que se hacen más ricos, mientras la cuota de riqueza de todos los demás está declinando.

Yo tomé una decisión consciente de permanecer pequeños, y aprendí a crecer de otras maneras, más allá de lo físico. Como dice la Carta de la Tierra, "Luego de que las necesidades básicas son satisfechas, se trata de ser más, no de tener más."

En vez de incrementar nuestro tamaño, nuestras ventas y ganancias, podemos crecer expandiendo nuestro conocimiento, nuestra conciencia y creatividad, y profundizando nuestras relaciones. Podemos divertirnos más en nuestras comunidades en vez de pensar que la felicidad proviene de tener más cosas o de tomarnos vacaciones en lugares distantes.

Jane Jacobs escribió no sólo acerca de vecindarios diversos y vivientes, sino también sobre las economías regionales y la importancia de producir bienes con recursos locales y trabajo local, para el consumo local. Hoy en día, mientras enfrentamos el doble desafío del calentamiento global inducido por combustibles fósiles y el pico de petróleo, la visión de Jane Jacobs de comunidades transitables y economías locales vibrantes es más significativa que nunca. Podemos reducir el transporte mediante el desarrollo de comunidades auto-dependientes, con seguridad energética local, seguridad alimentaria local, y economías locales interdependientes para proveer a las necesidades básicas.

Jane Jacobs escribió que las ciudades prosperan cuando practican la "sustitución de importaciones". La gente de negocios puede hacer las siguientes preguntas cuando esté considerando de qué manera reemplazar los bienes importados por aquellos producidos localmente: ¿qué es lo que necesita nuestra comunidad? ¿Dónde existen oportunidades para construir autonomía en la comunidad? ¿Dónde están las brechas en nuestra economía local que pueden ser salvadas con un nuevo negocio? Cuando no están disponibles los productos localmente tales como azúcar, café, te, y chocolate ¿cómo podemos asegurar el comercio justo, apoyando a los productores y a los trabajadores del lugar donde estos productos se originan?

Hemos estado utilizando el viejo paradigma de crecimiento continuo para medir el éxito, mientras negamos las cuestiones de lugar, de la escala apropiada lugar, y la propiedad extendida. La democracia depende de que tengamos muchos dueños. Cuanto más dueños, mayor la libertad.

Mientras construimos una nueva economía de nuevos negocios locales, este es el momento de ayudar a aquellos que han sido dejados fuera de la economía industrial para que encuentren oportunidades de ser propietarios en las economías locales vivientes.

Jane Jacobs habló sobre la forma en la que la inventiva proviene de la yuxtaposición más cercana de talentos diversos. La diversidad incrementa la creatividad y la innovación.

Cuando pienso en prepararme para los desafíos del pico de petróleo y el cambio climático, imagino un pueblo reuniéndose, preparándose para una gran tormenta o un ejército invasor, pasando sacos de arena de mano en mano para proteger las vías de ingreso, o almacenando suministros de comida provenientes del campo. La competencia no es una opción todos reconocemos que nos necesitamos el uno al otro para sobrevivir.

Cuidando de los Animales de Granja

Mi propio reconocimiento del valor de la cooperación provino de mi amor por los animales. Por largo tiempo compré pollos y huevos de aves criadas sin jaulas, pero no supe del criado industrial de cerdos hasta que leí el libro de John Robbins en los '90s. Ahí aprendí sobre la forma en que los cerdos son criados en confinamiento, con dolor y crueldad indescriptibles. Este tratamiento inhumano representa una crueldad institucionalizada que está destruyendo nuestra propia humanidad.

Me di cuenta de que el cerdo que yo estaba utilizando debía estar viniendo de granjas industriales, así que quité del menú todo el jamón, el tocino y las chuletas de cerdo, y nuestro chef comenzó a buscar una nueva fuente. Un granjero que nos estaba trayendo pollos criados a campo, comenzó a traernos carne de cerdos criados por sus vecinos en una escala pequeña y a la manera tradicional.

Eventualmente, toda la carne en nuestro menú provenía de pequeñas granjas familiares, donde los animales eran alimentados en pasturas y tratados con respeto. Finalmente obtuvimos un menú libre de crueldad, y yo quería ser el único restaurante en la ciudad que pudiera hacer tal afirmación.

Pero entonces pensé, "si realmente me preocupan los animales, el medio ambiente que está siendo contaminado por las granjas industriales, las familias de granjeros en quiebra, los consumidores comiendo carne llena de hormonas y antibióticos..., entonces yo no puedo mantener este nicho de mercado para mí." Necesitaba compartir lo que había aprendido con otros negocios, incluyendo a mis competidores.

No alcanzaba con hacer lo correcto dentro de mi propia empresa. Tuve que moverme desde una mentalidad competitiva a otra más cooperativa en orden de construir una economía local basada en una agricultura sustentable y humana.

Y así comencé el Fair Food Project (Proyecto de Alimentos Justos). Nuestra primera directora del proyecto, Ann Karlen, ha estado brindando asesoramiento a restaurantes y cocineros en cómo hacer para comprarle a los granjeros locales. Ella ha conectado a cientos de restaurantes, tiendas y granjas, así que nuestra región se ha vuelto conocida por nuestro sistema de comida local. La autonomía de la comunidad es algo en lo cual todos podemos trabajar juntos una manera de hacer negocios que no sólo construye relaciones afectuosas, sino que es esencial para nuestra supervivencia en un mundo cambiante.

¿Qué Es Lo Que Amas?

En su corazón, nuestro movimiento a favor de las economías locales vivientes trata sobre el amor. Es el amor lo que puede sobrellevar el miedo que muchos pudieran sentir en los duros días por venir. Nuestro poder proviene de la protección de lo que amamos: el lugar, la gente, los animales, la naturaleza, toda la vida sobre este hermoso planeta Tierra. Incluso los negocios. Los negocios han sido corrompidos como instrumentos de avaricia en vez de prestar un servicio al bien común. Aún así sabemos que los negocios son hermosos cuando ponemos nuestra actividad, preocupación, y energía en producir un producto o servicio necesitado por nuestra comunidad.

Nuestra sociedad materialista se ha insensibilizado al sufrimiento subyacente a nuestro sistema económico industrial.

Debemos abrir nuestros corazones y ojos y oídos oír el llanto de los cerdos en las cajas, y de los animales en los laboratorios y en la industria del cuero.

Necesitamos sentir el sufrimiento de las mujeres y las niñas y niños esclavizados en las maquilas, o en la producción de chocolate.

Necesitamos sentir el sufrimiento de los trabajadores inmigrantes en los frigoríficos o en las granjas industriales empapadas de pesticidas, el sufrimiento de la gente de Irak, de Nigeria, de las tribus de las selvas tropicales en cualquier lugar donde existe petróleo y otros recursos naturales para ser explotados, y por las cuales se combaten guerras. Necesitamos escuchar el llanto de las ballenas, de los osos polares, y del mundo natural que está muriendo alrededor de nosotros.

¿Qué puede proveer la energía y la pasión para todo lo que debemos hacer ahora?

Debemos simplemente permitirnos a nosotros mismos amar lo que amamos. Y al hacerlo así, hallaremos nuestro lugar como humanos en la familia de la vida en el alegre y danzante fárrago de la vida.

Judy Wicks es fundadora y propietaria del White Dog Cafe (Café Perro Blanco), y cofundadora de la Business Alliance for Local Living Economies (BALLE, Alianza de Negocios por Economías Locales Vivientes). Este artículo está adaptado de su discurso en el encuentro de BALLE de Junio de 2006, en Vermont.

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