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Ningún Trato

Activistas de todo el mundo se tomaron de las manos en las calles y en los corredores del poder para protestar contra los acuerdos de comercio de la OMC que, aseguraban, le harían daño a la gente y al planeta. Ahora, ganaron a lo grande.

"Ningún trato es mejor que un mal trato" es un eslogan de Our World Is Not For Sale (Nuestro Mundo No Está A La Venta), una alianza de alcance global de granjeros, ambientalistas, y activistas del trabajo y el comercio justo, preocupados por la Organización Mundial del Comercio (OMC) y el comercio internacional. En una victoria para la sociedad civil global, "Ningún Trato" es el ganador actual, gracias en parte a los esfuerzos de aquellas personas descartadas como "manifestantes anti-globalización" luego del encuentro Ministerial de la OMC en Seattle, en 1999. Menos anti-globalización y más pro-justicia global, estos grupos han trabajado por una década y más para presentar una defensa inteligente, estratégica e incansable, así como efectivas presiones externas para influir en las conversaciones comerciales y la reforma institucional.
El 24 de julio de 2006, el director general de la OMC, Pascal Lamy, anunció una alto a todas las negociaciones de comercio mundial encaminadas en la OMC. A pesar de las intensas negociaciones de último minuto en Génova, los desacuerdos fundamentales no se pudieron resolver. La "ronda de 'desarrollo' de Doha," iniciada dos años luego del encuentro de la OMC en Seattle, aparentemente para enfocarse en la necesidad de los países más pobres, fue suspendida hasta próximo aviso.
Las recriminaciones llegaron rápidamente, con la Unión Europea y los Estados Unidos reprochándose la una a la otra por no avanzar lo suficiente en la apertura de los mercados agrícolas y en el recorte de los subsidios a la agricultura.
La protección de los intereses agrícolas en el Norte industrializado fue en verdad el principal factor que contribuyó al colapso. Un factor igualmente importante, a pesar de las tremendas presiones políticas y económicas a lo largo de los años de negociaciones, fue la creencia de los gobiernos del Sur de que sus sociedades perderían más de lo que ganarían en la Ronda de Doha.
Hablando por su propio gobierno pero expresando los sentimientos de otros, el ministro de comercio de la India, Kamal Nath, enfatizó que el comercio debía ser visto a través del prisma del desarrollo. "Esta Ronda no trata sobre la continuación de los defectos estructurales en el comercio mundial, especialmente en la agricultura... esta Ronda no trata sobre la pérdida de la seguridad del medio de vida y la subsistencia de cientos de millones de granjeros. Esta Ronda no trata sobre el freno al surgimiento de industrias en los países en desarrollo. Esta Ronda [debería tratar] sobre la apertura de nuevos mercados para los países en desarrollo, especialmente en los países desarrollados." Al no encontrar ningún apoyo en estas cuestiones claves del desarrollo, la India ayudó a gestionar la suspensión de las negociaciones.
La evidencia empírica acumulada, incluyendo datos de las Naciones Unidas y el Banco Mundial, indican que los costos ocultos en los acuerdos propuestos por la OMC exceden a las restringidas ventajas para la mayoría del mundo en desarrollo. Los estudios por parte de think tanks, grupos de defensa, e investigadores académicos concluyen que el escepticismo por parte de la India y otras naciones en desarrollo está fundamentado. La participación de las exportaciones desde los países emergentes ha crecido desde un 20% hasta cerca del 45% en los últimos 35 años. A medida que el balance del poder económico se modifica, los países tales como la India, Brasil, y China tienen más probabilidades de rechazar un acuerdo de comercio que, se sospecha, trabaja en contra de sus intereses. Más todavía si una sociedad civil vibrante está comprometida en la lucha, exponiendo al escrutinio público los fallos del proceso y trayendo su propio análisis de impactos y alternativas al frente.
El monitoreo cercano de las misteriosas negociaciones, altamente técnicas, permitió a las organizaciones de la sociedad civil la provisión de análisis alternativos y consejos estratégicos a los delegados, cada vez más receptivos, de los países en desarrollo. Abogados afiliados a ONGs, economistas y otros expertos abrieron oficinas cerca de las oficinas centrales de la OMC. Estos grupos ubicados en Génova, junto con movimientos sociales de bases amplias y aliados en capitales claves, proveyeron datos y análisis acentuando los impactos sociales y ambientales de negociaciones específicas, contrabalanceando los análisis producidos por el Secretario de la OMC o de las delegaciones comerciales del Norte industrializado.
Los activistas utilizaron una variedad de tácticas para cambiar la historia fuera de los salones de la OMC. Los esfuerzos de educación popular, desde la organización global en contra de las fábricas de condiciones esclavizantes (sweatshops) a los foros sociales y los talleres locales brindados por trabajadores, ayudaron a doblegar la desinformación de los medios masivos y presentaron alternativas al modelo económico neoliberal dominante. El desarrollo y la promoción de bienes de comercio justo presentaron un nuevo modelo para el comercio. La organización por parte de comunidades directamente afectadas de granjeros, pescadores y pueblos indígenas, y las movilizaciones masivas en los encuentros de la OMC en Seattle, Cancún y Hong Kong, y en las reuniones cumbres del G-8, mantuvieron conscientes al público general y a los funcionarios de los riesgos de la vida real involucrados. En conjunto, estas prácticas multifacéticas influenciaron el debate y el curso de las negociaciones y ayudaron a cambiar, al menos por un tiempo, la práctica del gobierno económico global.
Las redes de trabajo transnacionales, tales como “Nuestro Mundo No Está A La Venta”, representan sólo una pequeña parte de un movimiento global amplio, masivo y en crecimiento. Su expresión más exuberante se puede ver en los encuentros anuales del Foro Social Mundial y en los cientos de foros sociales organizados en los niveles local, nacional y regional a lo largo del mundo. La habilidad de este movimiento de impactar las negociaciones comerciales de Doha provee un ejemplo de cómo el creciente poder de los individuos y las organizaciones conectadas por medio de las nuevas tecnologías de la comunicación (y del compromiso y la compasión) pueden ayudar a cambiar los términos del debate.
Detener la Ronda de Doha muestra la creciente fuerza de la sociedad civil cuando las comunidades se reúnen para trabajar por un mundo donde la gente importe más que el comercio. La forma en la que evolucionen estas redes y el movimiento de justicia global más amplio (con todas sus contradicciones y complejidades), fijará el escenario no solamente de las relaciones comerciales entre naciones, sino también de la habilidad de la humanidad para crear un futuro más equitativo y sustentable.

Mark Randazzo coordina la organización Funders Network on Trade and Globalization (Red de Fundadores sobre el Comercio y la Globalización), y ha trabajado por dos décadas para fortalecer los movimientos y redes globales. Vive en San Francisco.

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