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Trabajos Ecológicos para las Ciudades Norteamericanas

Oakland busca un camino más verde hacia la prosperidad

green-collar jobs in oakland
Photo by Andy Wright. www.flickr.com/photos/agentd
Electricistas sindicalizados acompañaron a miembros de Youth Against Youth Incarceration (Jóvenes Contra la Encarcelación de los Jóvenes). Una poeta analizó unos versos con un permacultor. Dos ancianas y un artista de la palabra hablada debatieron la próxima elección. Estudiantes del colegio comunitario intercambiaron confidencias con un asambleísta, mientras que una arquitecta compartió el pan con un abogado pro-inmigración.

En el tercer jueves de Septiembre de 2006, en el auditorio de un colegio en Oakland, California, 300 personas se juntaron para lanzar un nuevo movimiento: una campaña por “trabajos ecológicos” (green-collar jobs) como camino a la reactivación económica y social para las comunidades de bajos recursos.

Un “trabajo ecológico” involucra productos y servicios amigables con el medioambiente. El trabajo de construcción de un edificio “verde” (o ecológico), la agricultura orgánica, la fabricación de paneles solares, la reparación de bicicletas: todos estos son “trabajos verdes”. La economía ecológica implica mucho dinero, y está en auge. Incluyendo a la energía renovable y las tecnologías limpias, el “ecológico” es el quinto mayor sector del mercado en los EE.UU.

En el Área de la Bahía, alrededor de San Francisco, hemos vistos tiempos de auge anteriormente. La era “punto-com” surgió y cayó todo alrededor de nosotros, pero para la gente de bajos recursos y de color esa ola ni siquiera se notó, ni su inicio ni su final. La pregunta que estamos haciendo aquí en Oakland (y que 300 personas se reunieron para responder) es: ¿puede la “ola verde” elevar todos los botes?

Esta pregunta no es una abstracción, y la respuesta no es negociable. Con las tasas de asesinato en alza y las tasas de empleo desplomándose, Oakland está en una lucha literalmente de vida o muerte para construir una economía local viviente, lo suficientemente fuerte para rescatar a la gente de la pobreza.

Si este movimiento tiene éxito, el esfuerzo en Oakland puede señalar el camino hacia adelante — a una nueva era de políticas basadas en soluciones para las ciudades a lo largo de todo EE.UU. Si este movimiento falla, una ciudad tan prometedora podría continuar cayendo a la desesperación. Las apuestas son altas, y los próximos seis meses le ofrecen una oportunidad única a esta generación para escribir una nueva historia para Oakland.

La Capital del Asesinato en California

Oakland es el hogar de clase trabajadora de cerca de 500.000 personas. Una de las ciudades con mayor diversidad racial y cultura de EE.UU., Oakland hace alarde del cuarto puerto más grande de la nación, y por décadas constituyó un importante centro de actividad industrial.

La marcha de la globalización y la cambiante economía mundial terminó con esta prosperidad. Mientras los pequeños negocios cerraban y los buenos puestos de trabajo en las fábricas desaparecían, no quedaron muchos trabajos. Las industrias que se quedaron son en su mayor parte contaminantes, alimentando a Oakland con una mano y envenenándola con la otra.

En las partes pobres de Oakland, que son vecindarios de residentes en su mayor parte de color o latinos, el 40% de la gente joven sufre enfermedades respiratorias crónicas. No hay supermercados. Diez mil personas bajo palabra o en libertad condicional carecen de oportunidades para trabajos significativos.

La violencia alcanzó su punto de ebullición el 6 de septiembre 2006 cuando Nicole Tucker, una madre soltera de 27 años de edad con una hermosa hija de cuatro años, fue asesinada a balazos en su auto. Su familia la recuerda como una madre muy trabajadora y amorosa que se pagó sus propios estudios y que estaba ahorrando para comprarse una casa. Los medios la recuerdan cruelmente por ser la que rompió con el record: Nicole fue el homicidio número 95 en 2006, superando el total de Oakland del año anterior tan solo en la primera semana de septiembre.

Gran parte de Oakland ha sido dejada atrás, y está cayendo cada vez más profundo en la desesperación.

¿…O la Ciudad Ecológica Global?

Contra este telón de fondo, existe la esperanza de un Oakland diferente.

En 2005, los residentes pidieron ayuda al ex-Congresista Ron Dellums, un visionario progresista de color que se había retirado de la política. Le suplicaron que se postulara como alcalde.

Dellums ya había terminado con la política, y se paró frente a una multitud de cientos de personas para decir “gracias, pero no.” Observando a la gente, Dellums cambió de parecer. Supo que la gente necesitaba de esperanza. Se presentó.

En su campaña, Dellums abrazó grandes ideas y se comprometió en hacer de Oakland lo que él llamó una “ciudad modelo”: un lugar donde las ideas visionarias como la asistencia sanitaria universal y la educación para todos tuvieran lugar, trabajando en un nivel local, y que se convirtiera en un modelo de lo que es posible para el resto del país.

Al abrazar las ideas defendidas por líderes comunitarios, incluyendo a nuestra organización, Ella Baker Center for Human Rights (Centro Ella Baker Por Los Derechos Humanos), Dellums prometió el hacer de Oakland un “Silicon Valley” del capital “verde”, empeñándose en hacer del crecimiento de la economía ecológica un punto central en la recuperación de Oakand. La elección de una economía “verde” no es azarosa. Oakand posee varias ventajas reales:

Oakland es una de las ciudades más soleadas y ventosas de California, bien posicionada para convertirse en líder de la energía solar y eólica.

La “ola verde” de inversiones es más caliente justo aquí en el Área de la Bahía.

Un acuerdo por un litigio judicial energético le dejó a Oakland varios millones para ser invertidos en sustentabilidad, y una emisión de bonos dejó a nuestro sistema de colegios comunitarios listo para invertir fuertemente en un atrevido programa ecológico.

Dellums estaba compitiendo contra un bloque político pro-desarrollo, pro-aburguesamiento, empecinado en hacer de Oakland una ciudad-dormitorio para San Francisco. Más condominios para los ricos y más de lo mismo para los vecindarios más golpeados de Oakland.

Pero inspirada por la visión de la “ciudad modelo”, y por el mismo Dellums, la gente le dijo “no” a más de lo mismo.

El 5 de junio de 2006, Dellums fue elegido alcalde. Logró 126 votos más de los necesarios para evitar una segunda vuelta. Los progresistas y la gente de color, puestos bajo llave por tanto tiempo, ahora tenían una posibilidad de liderar.

Un Plan de Trabajos Ecológicos y Localismo

Al mismo tiempo que Dellums estaba haciendo su campaña, el Centro Ella Baker convocó la “Alianza Apolo Oakland”. Conectados con la Alianza Apolo Nacional, un esfuerzo por crear 3 millones de puestos de trabajo de energía limpia en la próxima década, la Alianza Apolo Oakland es una de las primeras mesas redondas de la nación comprometidas en la creación de puestos de trabajo para gente de bajos recursos y gente de color en la economía verde y sustentable.

Esfuerzos inspiradores ya estaban llevándose a cabo por todo Oakland:

Un grupo denominado La Tienda de la Gente distribuye comida orgánica fresca en un camión a familias de bajos ingresos.

“Servicios de Energía Juvenil de California” entrena y paga a jóvenes adultos para conducir auditorias de energía.

Constructores conectados con la Alianza Apolo están construyendo Casa Estrella Roja — edificios verdes construidos por personas anteriormente encarceladas, ubicados en un sitio industrial abandonado que estuvo alguna vez contaminado por tóxicos.

Nuestro desafío: después de tantos años de luchar batallas reactivas, teníamos la oportunidad de lograr un cambio. La Alianza Apolo Oakland se movió rápidamente, ofreciendo tres grandes ideas a la administración Dellums:

1. Crear la primera “Compañía de Trabajos Verdes” de la nación, una coalición de entrenamiento entre sindicatos, el sistema de educación comunitaria, y la Ciudad para entrenar y emplear a los residentes — en especial al electorado difícil de emplear — en la nueva economía verde.

2. Declarar “Zonas de Empresas Verdes” en Oakland— áreas en donde empresas ecológicas y empleadores de trabajos verdes puedan recibir incentivos y beneficios para localizarse y contratar personal. Esto es parte de un “Plan Verde de Desarrollo Económico” comprensivo, un estudio consolidado y dotado de personal para identificar las maneras de lograr un mejor clima de negocios para empresas sustentables – a condición que contraten a residentes locales como una forma de mantener a las ganancias y al dinero en el pueblo.

3. Por Un Puerto Verde (“Green the Port”), inspirado por una historia de éxito de Los Angeles, donde un saludable programa para el puerto está reduciendo dramáticamente las emisiones. Queremos convertir a una de las peores amenazas de salud pública de Oakland en un modelo internacional de sustentabilidad.

Por su naturaleza, los trabajos verdes son trabajos locales — y estas ideas tendrán un impacto extra en Oakland por el “efecto multiplicador” que un pueblo recibe cuando el dinero se gasta en un negocio local en vez de en una cadena o en una empresa de fuera de la ciudad. Convertir al Puerto a biodiesel genera la demanda para una estación de abastecimiento de combustible y a una planta manufacturera cercana. Las empresas en las Zonas de Empresas Verdes necesitarán contratar graduados de la Compañía de Trabajos Verdes.

Junto con una multitud de otras propuestas, nuestra visión más amplia es convertir a Oakland en una “ciudad verde global,” donde el camino para salir de la pobreza sea la nueva ola ecológica. La realidad es que otros sectores del mercado y otras clases de empresas no están viniendo a Oakland. Si la ecología no es la respuesta, ¿cuál es?

Quedan Seis Meses

Ahora, algo admirable está sucediendo en Oakland. Alianzas poco probables: activistas sindicales, ambientalistas, y activistas por la justicia social están trabajando juntas y juntos. Una coalición de organizaciones sin fines de lucro está alineando planes estratégicos para los próximos seis meses. Patrocinadores están enviando dinero a Oakland, inspirados por la posibilidad de una historia de éxito verdaderamente progresista. La gente común, también, se está comprometiendo en las campañas por cosas que nunca habían escuchado seis meses antes, llamando a sus concejales para demandar “retro-ganancias de conservación” y “biodiesel en el Puerto.”

En ese tercer jueves de septiembre, lanzamos el “Desafío Apolo,” nuestra petición para alentar a la Ciudad para que adopte la plataforma de trabajos verdes. ¿Las primeras personas en firmar? Un electricista, una poeta, una concejal de la ciudad, un activista, y una consejera laboral. En los meses que vienen llegaremos a las calles —una coalición multi-racial y multi-cuestión demandando un futuro verde para todo Oakland.

“Nosotros Somos los Héroes”

Al final de la década del '50, y al comenzar los '60, un grupo de activistas pioneros y ciudadanos dedicados decidieron enfocar sus esfuerzos en un par de pequeños pueblos de Alabama en un esfuerzo por lograr un cambio. No se preocuparon de que sus patrocinadores les preguntaran de si eran nacionales o regionales. No se preguntaron si lo que estaban haciendo era demasiado “local” para lograr una diferencia.

¿Los pueblos? Selma y Montgomery.

En 1999, los ciudadanos de un pequeño pueblo en Bolivia tenían inquietudes crecientes sobre un nuevo plan para privatizar el suministro de agua de su ciudad. Fueron a reuniones comunitarias. Formaron grupos de trabajo. Hicieron de voluntarios. Cuando nadie los escuchó, tomaron las calles, sobrevivieron a la ley marcial y a la violencia extrema del ejército, y reclamaron su agua. Su victoria catalizó un movimiento internacional para el cambio.

¿Su pueblo? Cochabamba.

Alrededor de nuestra oficina hemos estado usando camisetas que dicen, “Nosotros somos los héroes que hemos estado esperando.” Creemos que nuestra pequeña campaña local para obtener trabajos locales para Oakland tendrá eco. Para nosotros, “volverse local” no tiene que ver con transformarse a pequeña escala, o volver a nuestras raíces. Se trata de ganar una victoria que inspirará al debate y a la acción en cada comunidad en lucha de los EE.UU.

Van Jones es Editor Contribuyente de YES!, y director ejecutivo del “Centro Ella Baker Por Los Derechos Humanos”. Ben Wyskida es director de comunicaciones en el mismo centro, www.ellabakercenter.org

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