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Sí. Estamos Listos

Los derechos humanos representan una poderosa herramienta para romper con las barreras, unir a la gente en una causa común, y mostrarnos el camino a la justicia, dentro y fuera de nuestras fronteras. Activistas de todo el país están definiendo un nuevo patriotismo.

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Observar a los Estados Unidos a través de la lente de los derechos humanos permite iluminar las desigualdades persistentes de la sociedad estadounidense, y ofrece una visión alternativa sobre cómo puede y debe ser cambiada. Los Estados Unidos han estado, con justicia, orgullosos por su liderazgo histórico en los derechos humanos mundiales. A medida que la conducta del país se aleja de sus aspiraciones, ya es tiempo de reclamar ese rol de liderazgo trayendo los derechos humanos a casa.

El movimiento por los derechos humanos en los Estados Unidos promueve esta visión alternativa. Busca una revolución de valores en los Estados Unidos que afirme la dignidad humana y la equidad como el centro de la política doméstica y exterior.

Pero ninguna teoría del cambio puede ser realizada sin una firme base en la realidad práctica. En un mundo de políticas basadas en el miedo, que trafican derechos por promesas de seguridad, ¿qué evidencia existe de que un enfoque basado en los derechos humanos pueda tener éxito en los Estados Unidos?. El trabajo que produjo el informe de la Fundación Ford, Cerca de Casa: Estudios de Caso sobre el Trabajo por los Derechos Humanos en los Estados Unidos, reveló evidencia abundante. Aquí están los factores que identificamos están haciendo realidad un movimiento por los derechos humanos en este país.

Un Ambiente Doméstico Cambiante

Los activistas y otras personas consultadas para este informe encuentran que a través de las comunidades de indígenas americanos, civiles, mujeres, trabajadores, gays, inmigrantes, y prisioneros, que luchan por sus derechos en los Estados Unidos, una nueva y poderosa política de justicia social está emergiendo. Esta nueva política favorece el trabajo sobre múltiples cuestiones en vez de una sola, comprende la discriminación en términos compuestos en vez de a través de identidades singulares, concibe a los derechos holísticamente en vez de en términos de jerarquías obsoletas, y sitúa a los más afectados en el centro de la defensa.

"Simplemente no hay mejor manera de ampliar la influencia y la efectividad de todas nuestras luchas por la justicia social que a través de los derechos humanos," dice Loretta Ross, una pionera en los derechos civiles y de las mujeres, y ahora activista por los derechos humanos en los Estados Unidos, que fundó el Centro Nacional por la Educación en Derechos Humanos. La visión de los derechos humanos adopta ágilmente nuevas formas de activismo por la justicia social en los Estados Unidos y también ofrece formas poderosas para su expresión.

Compromiso con el Mundo más Amplio

La emergencia del movimiento por los derechos humanos estadounidenses también refleja los acontecimientos dramáticos fuera de los Estados Unidos. Los horribles ataques del 11 de Septiembre de 2001, eliminaron probablemente para siempre la separación entre los asuntos exteriores y los nacionales. Por primera vez desde la Guerra Fría, los Estados Unidos está comprometido en una vasta conversación pública sobre su rol en el mundo y las implicaciones de ese rol en casa y en el extranjero.

Esta conciencia global duramente ganada ha iniciado un creciente interés nacional en el multilateralismo, y en el sistema legal y político internacional, especialmente entre la gente preocupada por la defensa de los derechos fundamentales.

“Nuestra lucha nunca ha sido puramente una lucha local,” dice la activista de los trabajadores y los derechos humanos, Jaribu Hill, co-fundadora del Centro de los Trabajadores por los Derechos Humanos de Mississippi. “Es que ya no podemos darnos el lujo de despreocuparnos por el enlace global. Lo que sea que suceda ‘ahí fuera' tiene implicaciones aquí.”

El desarrollo de un movimiento estadounidense por los derechos humanos está guiado en parte por el deseo de reclamar el legado completo y la importancia de los derechos humanos internacionales. También está guiado, tal vez más que ninguna otra cosa, por el potencial de los derechos humanos de restaurarle al trabajo por la justicia social en los Estados Unidos un sentido de comunión subyacente, de ser simplemente ser humano, que a menudo se pierde en todas sus divisiones de identidad, geografía, área de cuestión y creencia. Tal como lo explica Cheri Honkala, una activista por los derechos humanos económicos que encabeza el Sindicato por los Derechos al Bienestar de Kensington, "Basamos nuestra visión en la esencia de ser humano."

Muchos factores han contribuido al inicio de un movimiento por los derechos humanos potencialmente transformador en los Estados Unidos: cambios dinámicos en el activismo por la justicia social estadounidense, una conciencia acrecentada de la importancia del multilateralismo estadounidense y de la relevancia del sistema legal y político internacional para la política de derechos nacional tanto como del exterior, y un deseo instintivo de reafirmar la dimensión común humana de todo el trabajo por la justicia social. La pregunta que persiste es cómo este movimiento puede fortalecer el trabajo por la justicia social en EE.UU.; trabajo que es progresivamente más global en su carácter, indivisible en su estrategia, diverso en su constitución, y honesto en sus procedimientos tanto como en sus efectos.

Las Ventajas de Utilizar los Derechos Humanos

La idea de usar el marco de trabajo de los derechos humanos para promover el cambio en los Estados Unidos es relativamente nueva. A medida que aumenta su fuerza, aquellos que la utilizan encuentran que ofrece herramientas no disponibles en otros escenarios.

Visión Amplia

Por lejos, el valor singular más grande de emplear a los derechos humanos para promover el trabajo por la justicia social en Estados Unidos es su visión de los derechos como intrínsecos al estatus de ser humano. En verdad, los derechos humanos son la expresión de lo que se necesita para ser completamente humano. Estos derechos no dependen del reconocimiento de una autoridad externa. No son un premio por ciertos comportamientos o por disfrutar de un cierto estatus, tal como ser ciudadano, ser dueño de una propiedad o ser blanco. Ellos pertenecen a todos los seres humanos igualitariamente.

Los derechos humanos afirman la condición inalienable de los derechos de una manera mucho más amplia que haya sido jamás expresada constitucionalmente. El preámbulo de la Declaración Universal de los Derechos Humanos dice que "el reconocimiento de la dignidad inherente y de los derechos iguales e inalienables de todos los miembros de la familia humana es la fundación para la libertad, la justicia y la paz en el mundo." El simple uso del término "derechos humanos", en vez de los derechos de la mujer, o de los prisioneros, o de los inmigrantes, por ejemplo, facilita una comprensión de los derechos como siendo inherentemente los mismos para todas las personas, en vez de ser definidos por éste o aquél estatus en particular.

Para algunos, todo esto puede parecer poco más que un detalle semántico. Pero, como lo expresa Widney Brown, anteriormente directora comisionada de Human Rights Watch, formular el propio trabajo en términos de derechos humanos "te devuelve a la condición primordial de la equidad y la dignidad, sin importar las circunstancias. Una vez que reafirmas ese principio básico, las percepciones de la gente sobre el problema cambian, y se abren nuevos caminos para la lucha."

Un Marco Legal en Expansión

Uno de estos nuevos caminos es claramente el área legal. Para muchos activistas que trabajan bajo el marco de la constitución y los estatutos nacionales, la idea de una fuente de derechos legales universal, alternativa e inalienable, es algo parecido a una revelación. Dada la perdurable determinación del gobierno de los Estados Unidos de aislarse a sí mismo de cualquier obligación internacional significativa por los derechos humanos, usualmente se observa con escepticismo.

Pero los expertos legales estadounidenses están convirtiendo cada vez más su escepticismo en los derechos humanos en una creciente apreciación de su uso, como lo explica la abogada por la justicia ambiental Monique Harden, "para liberarse del estrangulamiento de la ley nacional." El contexto para esta conversión es significativamente similar a través de todas las áreas: el creciente conservadurismo de las cortes, las ayudas por abusos en disminución, y especialmente luego del 11 de Septiembre, el ataque sobre las libertades y derechos establecidos, incluyendo al proceso debido, el acceso a un abogado y a las cortes, la protección equitativa, y la libertad de información, todo lo cual limita o bloquea el uso de remedios puramente nacionales para las violaciones de derechos. "Yo era tan escéptico como cualquiera respecto de la relevancia de los derechos humanos para la defensa legal nacional," le dijo Anthony Romero, director ejecutivo de la ACLU, a un grupo de fundadores de derechos humanos en Julio de 2003. "Pero en los últimos cinco años, más o menos, he atravesado por una conversión, en particular luego del 11 de Septiembre. Los derechos humanos nos dan otro lugar adonde ir."

Ese "otro lugar" requiere usos interpretativos y vinculantes de las leyes de derechos humanos, las cuales ofrecen a menudo protecciones más fuertes que la ley estadounidense, ya sea en cortes nacionales o internacionales. La Coalición Nacional para Abolir la Pena de Muerte, por ejemplo, usa una combinación de organizaciones de base y asesoría legal para enmarcar a la pena de muerte en los Estados Unidos como una violación de los derechos humanos.

Como resultado de sus esfuerzos, y de aquellos otros activistas en contra de la pena de muerte, la Corte Suprema falló en 2002 que la ejecución de personas mentalmente retardadas viola la Octava Enmienda. Esa decisión fue seguida por una prohibición en 2005 contra la ejecución de personas que hayan sido adolescentes cuando cometieron sus crímenes. Además de encontrar a tales ejecuciones inconstitucionales y una violación del consenso público, la Corte notó que violaban a la Convención de la Naciones Unidas sobre Derechos del Niño y el Convenio Internacional sobre Derechos Civiles y Políticos.

En otros casos, la ley de derechos humanos, con sus protecciones mayores, es utilizada de una manera más vinculante. A veces, cuando todos los caminos atenuantes nacionales han sido agotados, tales decisiones vinculantes de derechos humanos se persiguen en cuerpos regionales o internacionales. En los últimos dos años, grupos de derechos humanos han participado en la provisión de informes independientes a los cuerpos de las Naciones Unidas que controlan el cumplimiento de los Estados Unidos en los tratados y convenciones. Más de 140 grupos presentaron evidencias al Comité Contra la Tortura y al Comité de Derechos Humanos mientras estos cuerpos examinaban los informes oficiales de los Estados Unidos en el cumplimiento de sus obligaciones bajo la ley internacional.

Métodos Participativos

Mientras que la comunidad legal se compromete gradualmente a incorporar los valores de los derechos humanos, educadores basados en la comunidad, y organizadores eligen una estrategia más inmediata. Los derechos humanos involucran una afirmación de la dignidad y la igualdad que resuena poderosamente con las comunidades a menudo empobrecidas, abusadas, y estructuralmente diezmadas en las cuales trabajan muchos de ellos. "A medida que la reforma de la asistencia social se iniciaba, nos preocupábamos de que la gente pobre luchara entre ellos por las migajas que cayeran," dice Ethel Long-Scott del Proyecto Agenda Económica de la Mujer. "La Declaración Universal nos brindó una visión en común de oportunidad y bienestar para toda la gente."

Para muchas de las comunidades estadounidenses más afectadas, esta visión común de oportunidad y bienestar para todos puede ser revolucionaria, pero sólo si saben que existe. "Para tener un movimiento por los derechos humanos," nos dijo Loretta Ross, "la gente primero debe saber cuáles son sus derechos humanos."

Los derechos humanos tienen el potencial de alterar la dinámica del trabajo por el cambio social, en el cual el "afectado" y sus defensores pueden ser, de alguna manera, enemistados. A medida que gente pobre, trabajadores, inmigrantes, mujeres, gays, prisioneros y otros se vuelvan conscientes de sus derechos humanos y se organicen para defenderse, gradualmente se volverán los agentes del cambio social, en vez de ser sus objetos. Esto comienza a alterar el balance de poder entre aquellos quienes experimentan los abusos de derechos humanos y aquellos que actúan en su nombre, moviéndolos desde una relación cliente/profesional hacia una colaboración más igualitaria. Para algunos observadores, esto pudiera parecer un cambio muy sutil. Pero su valor en términos de sostener una defensa para el cambio social sustentable, de largo plazo y basada en la comunidad, podría ser de largo alcance.

Un Marco de Trabajo Unificador

A medida que los derechos humanos ayudan a transformar los métodos de la justicia social en Estados Unidos, también ayudan al surgimiento de nuevas estrategias de defensa legal, multidimensionales.

En la búsqueda de una defensa multicultural, por ejemplo, el Instituto de las Mujeres para el Desarrollo de Liderazgo por los Derechos Humanos utilizó los derechos humanos para lograr una estrategia integrada para la eliminación de la discriminación basada en el género y la raza en San Francisco. El instituto encontró que en ausencia de un marco de trabajo de derechos humanos, la policía anti-discriminación de la ciudad estaba demasiada segmentada y reactiva en orden de proteger a las mujeres y niñas, en particular aquellas de color, del prejuicio y el abuso. El uso de derechos humanos permitió a los activistas anti-discriminación, que de otra manera estaban segregados por filiación y área de cuestión, para reunirse bajo un marco de trabajo común, enfocar sus esfuerzos y hacer a la policía más sensible a la doble carga de discriminación, de género y de raza, en las vidas de mujeres y niñas.

La búsqueda de un lazo similar llevó a Jaribu Hill a fundar el Centro de los Trabajadores por los Derechos Humanos de Mississippi. Hill, una veterana de los movimientos por los derechos civiles y de los trabajadores, vio en los derechos humanos una manera de unir posiciones, a veces dispares o incluso antagonistas, por los derechos civiles y la justicia económica. En su visión, pensar en los derechos civiles y económicos como separados, simplemente ya no es sensible a la experiencia de la gente pobre de color en el sur, en el país, o en el mundo. Al unificarlos, dice Hill, “los derechos humanos nos guían a un cambio más sistemático.”

Actitudes Cambiantes

Cuando todas las dimensiones de un enfoque de derechos humanosvisión, marco de trabajo, método y estrategiase reúnen en un esfuerzo unificado, producen un efecto inmensamente poderoso. Pero el desarrollo ulterior de un movimiento por los derechos humanos en los Estados Unidos no es una bala de plata. Cualquier demanda por la aplicación a escala masiva de las leyes internacionales de derechos humanos, incluso aquellas partes ya ratificadas en el Congreso, enfrenta resistencia de aquellos impregnados por el excepcionalismo norteamericano. La gente que ha sido criada en la noción de que los Estados Unidos es un modelo mundial de los derechos humanos, no resignará tan fácilmente esa creencia.

El excepcionalismo no es nuevo en la política interior y exterior de los Estados Unidos. En la última mitad del siglo XX, los Estados Unidos optó por retirarse de acuerdos internacionales sobre control de armamentos, del medioambiente, la justicia internacional, los derechos económicos, y los derechos de mujeres, niños, inmigrantes y prisioneros. El comienzo de un nuevo siglo fue testigo de un movimiento de retroceso en cuestiones tales como la tortura y los derechos civiles. Pero existen signos de que estas tendencias no carecen de límites; que puede existir un punto más allá del cual los norteamericanos no tolerarán el abismo existente entre imagen y realidad.

Los defensores de los derechos humanos también perciben desconfianza por un enfoque nuevo y poco familiar. Abandonar la defensa de cuestiones particulares para abrazar en cambio el concepto de los derechos basados en la humanidad, puede parecer peligroso. Sin embargo, aquellos que están trabajando en el marco de los derechos humanos universales, informan que su trabajo se vuelve a la vez más fuerte y más inclusivo, a medida que se alejan del método de una sola cuestión.

El trabajo por los derechos humanos desafía la noción de superioridad norteamericana, que es parte de la identidad nacional. Los norteamericanos están, con justicia, orgullosos de su Constitución y de la posición histórica del país como líder por los derechos humanos. Las noticias de que un marco de trabajo más amplio existe y está siendo implementado en otros lugares frecuentemente lleva a preguntas acerca del patriotismo.

Esto sugiere que entre los desafíos que debe enfrentar el movimiento de los derechos humanos en Estados Unidosel excepcionalismo del gobierno, las preocupaciones de los defensores de la justicia social, y las actitudes del públicouna de las más profundas es cómo comunicar su mensaje. Esta tarea es complicada y debe ser realizada con paciencia considerable y habilidad.

En último término, la necesidad de romper con la conexión cada vez más preocupante entre unilateralismo y patriotismo en los Estados Unidos es una de las razones principales por las cuales los activistas arguyen que el trabajo por los derechos humanos en Estados Unidos es tan crucial. Ellos observan los esfuerzos para realizar enlaces concretos (entre activistas de derechos locales y globales, y entre sistemas de justicia nacionales e internacionales), como una forma de ayudar a cambiar la percepción cada vez más popular en este país de que el compromiso cooperativo con el mundo es de alguna manera anti-norteamericano. En este sentido, los activistas por los derechos humanos en los Estados Unidos están tratando, junto a sus pares en muchas otras disciplinas, de reclamar las tradiciones nacionales que tanto ayudaron a la creación de las Naciones Unidas y la Declaración Universal de los Derechos Humanos, y tal como Langston Hughes escribió memorablemente una vez, "permitir que Norteamérica sea otra vez Norteamérica."


Larry Cox
Larry Cox, un veterano defensor de los derechos humanos, es director ejecutivo de Amnesty International USA.
Dorothy Q. Thomas, una consultora de derechos humanos, es asesora senior para el U.S. Human Rights Fund.

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