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Derechos Económicos

¿Ganarse la vida es un derecho humano? Lo es, y muchos en los Estados Unidos están comenzando a reclamarlo.

Homeless man in East Village, New York, September 2006.
East Village, New York City, Septiembre 2006.
Photo por P. Villerius
En 1948, antes de que la tinta se secara en la nueva Declaración Universal de Derechos Humanos (DUDH), los Estados Unidos estaba retrocediendo en su compromisoparticularmente por los derechos humanos económicos.

George Kennan, el jefe del personal de política de planeamiento del Departamento de Estado, escribió, “Tenemos cerca del 50 por cien de la riqueza del mundo, pero solamente el 6,3 por cien de la población mundial. Nuestra verdadera tarea en los tiempos que vienen es ... mantener esta posición de disparidad. ... No debemos engañarnos a nosotros mismos de que hoy podamos permitirnos el lujo del altruismo y de la caridad mundial. ... No está lejano el día en el cual tendremos que manejarnos en directos conceptos de poder. Cuanto menos estemos atados por consignas idealistas, mejor.”

Aunque Kennan estaba hablando específicamente del Lejano Este, él articuló un amplio conjunto de suposiciones que le dieron forma a la política exterior y nacional en los Estados Unidos por los próximos 60 años. ¿Pero estas suposiciones son verdaderas? ¿Son correctas en un sentido práctico y fáctico? ¿Son correctas en el sentido moral?

La gran mayoría de las naciones del mundolas 155 naciones que han ratificado la Convención sobre Derechos Económicos, Sociales y Culturaleshan respondido con un sonoro “¡No!” a todo lo anterior. Pero en los Estados Unidos, decir que la justicia económica es realizable, es etiquetarse a uno mismo como un ingenuo, un fantasioso, o hasta hace muy poco tiempo, un Rojo.

No obstante, una minoría comprometida de líderes estadounidenses, gente pobre, y personas de conciencia se han arriesgado a articular una visión de una nación sin pobreza. Entre estos líderes estaba Franklin Roosevelt, que incluyó a ser "libre de la indigencia" entre sus "cuatro libertades esenciales". Eleanor Roosevelt, quien lideró el comité de Naciones Unidas que escribió la Declaración Universal y por primera vez articuló los derechos económicos, sociales y culturales; y Martin Luther King, Jr., quien orquestó la Campaña de la Gente Pobre en 1968, una “cruzada para reformar a la sociedad con el fin de lograr justicia social y económica.” Junto con ellos marcharon miles de gente pobres, y personas de conciencia, incluyendo a aquellos que ahora están trabajando por los derechos humanos económicos a través de la Campaña de la Gente Pobre por los Derechos Humanos Económicos.

Derechos Divididos

La Declaración Universal, como la Declaración de Independencia de Estados Unidos, no fue pensada para ser exigible por la ley. El plan era continuarla con un convenio que tendría la fuerza de un tratado y hacer estos derechos “justiciables,” es decir, exigibles frente una corte legal.

Pero en 1948 la Guerra Fría ya estaba tomando temperatura, la voluntad política se estaba enfriando, y las buenas intenciones se evaporaban. La Unión Soviética rehusó apoyar los derechos civiles y políticos, arguyendo que éstos eran “lujos” que debían ser precedidos por los derechos económicos. Los Estados Unidos rehusaron apoyar los derechos económicos, arguyendo que implicaban un compromiso con el socialismo. Y así el mundo se mantuvo atascado por cerca de dos décadas.

Dieciocho años más tarde, para romper con la tregua, se propuso una solución de compromiso que fue una enorme desilusión para los que apoyaban la Declaración Universal: los derechos humanos fundamentales mencionados en la Declaración fueron separados y codificados en dos convenios en vez de uno: el Convenio Internacional sobre Derechos Políticos y Civiles, que los Estados Unidos ratificó, y el Convenio Internacional sobre Derechos Económicos, Sociales y Culturales, que no ratificó aún.

El Convenio sobre Derechos Políticos y Civiles contenía derechos tales como libertad de expresión y de asamblea, y libertad de arresto arbitrarioderechos que la Constitución de Estados Unidos ya garantizaba. Este convenio, entonces, fue relativamente fácil de apoyar para los Estados Unidos.

Pero los derechos codificados en el Convenio sobre Derechos Económicos, Sociales y Culturales (CDESC)el derecho a trabajar y a hacerlo bajo condiciones justas, el derecho a la educación, el derecho a un estándar de vida lo más alto posible, el derecho a la vestimenta, al alojamiento, a la seguridad social, y a la comida y nutrición adecuadas, incluyendo el derecho al aguaiban bastante más allá de la Constitución de Estados Unidos. Así que los Estados Unidos rehusaron ratificar este convenio, que hacen a estos derechos exigibles por ley, aún cuando lideró el camino para su articulación en el 1948. Las 155 naciones que han ratificado la CDESC garantizan a sus ciudadanos muchos derechos justiciables que los Estados Unidos simplemente no reconocen.

Meras Aspiraciones

¿Qué diferencia implica para ti, si eres uno de los 37 millones de personas pobres de Estados Unidos, el saber que la gente en otros países tiene derechos económicos que tú no tienes?

En términos de alivio inmediato, no mucho.

Pero sí explica por qué no estás facultado para una vivienda, la comida, o la asistencia médica, aún cuando vives en uno de los países más ricos en el mundo: estas cosas se consideran “objetivos,” no derechos, de acuerdo al Departamento de Estado norteamericano. También explica por qué, cuando tú demandas un estándar decente de vida, te ven como un vago rogando por ayuda inmerecida, aún cuando simplemente estás exigiendo aquellos derechos básicos de los cuales todos los humanos estamos investidos, de acuerdo al consenso de la comunidad internacional.

También, el hecho de que tantas otras naciones hayan aceptado los derechos económicos significa, de acuerdo a algunos expertos, que estos derechos han entrado en el ámbito de la ley internacional “consuetudinaria”, la cual es justiciable, ya sea que los Estados Unidos ratifique el convenio o no. Esto significa que gradualmente tú estás ganando acceso a las cortes internacionales y a las ayudas legales que no puedes acceder en las cortes de Estados Unidos.

Lo mejor de todos, la amplia aceptación de los derechos económicos a lo largo del mundo, es la herramienta de organización más poderosa que los pobres del mundo hayan tenido alguna vez. Unifica a la gente pobre alrededor de su experiencia compartida de la pobreza, más allá de las divisiones de raza, grupos étnicos, religión, género, y prioridades de cuestiones particulares, y dignifica su lucha para erradicar la pobreza.

Una Fuerza Nueva y Perturbadora

“Existen millones de personas pobres en este país que tienen muy poco o nada que perder,” una vez observó Martin Luther King, Jr. “Si se les puede ayudar a tomar una acción conjunta, lo harán con una libertad y un poder que será una nueva y perturbadora fuerza en nuestra complaciente vida nacional.”

King fue asesinado justo un mes antes de que su propia Campaña de la Gente Pobre (Poor People's Campaign) se pusiera en camino. Pero hoy le daría aliento saber que 50 años después, otra campaña, inspirada por la suya, está muy ocupada creando esa “fuerza perturbadora.” La Campaña por los Derechos Humanos Económicos de la Gente Pobre (Poor People's Economic Human Rights Campaign, PPEHRC) apunta a objetivos ambiciosos: “unificar a los pobres a través de la línea de color” con el objeto de “abolir la pobreza en todos lados y para siempre.”

“Nos estamos reuniendo y diciendo, ‘queremos un mundo donde todos tengamos una casa. Queremos un mundo donde todos tengamos atención médica,'” dice Devin DiBernardo, gerente del programa de cambio sistemático de Hermanas en la Ruta. Su organización, que asiste y defiende a los indigentes sin hogar, es una de las 70 organizaciones de toda la nación que se han unido a la campaña, la mayoría de ellas lideradas asimismo por gente pobre.

Esta gente está luchando duro por un mundo sin pobreza. Organizan marchas, como la Marcha de las Américas en 1999, donde miembros de la PPEHRC se reunieron con organizaciones de América Central y del Sur, en Washington D.C., le dieron la espalda al Capitolio de EE.UU., marcharon a Nueva York, y presentaron sus quejas a las Naciones Unidas. Ellos documentan abusos de derechos humanos económicos yendo de puerta en puerta en vecindarios pobres, caminando por las calles urbanas, visitando las salas de espera de hospitales y oficinas de empleo para registrar las historias de la gente pobre. Presentan demandas en cortes de Estados Unidos. Utilizan mecanismos legales internacionales como la Comisión Interamericana sobre Derechos Humanos para demandar compensaciones por las violaciones de derechos humanos de EE.UU.

Este verano, sostuvieron una Comisión Nacional de la Verdad, en Cleveland, Ohio, donde gente pobre de toda la nación asistió para ser vista y escuchada, luchando así contra la invisibilidad que los aísla de la corriente principal. En estos momentos están en Nairobi, Kenia, presentando información sobre la pobreza en los Estados Unidos en el Foro Social Mundial 2007.

Unificando a la gente pobre a lo largo de fronteras de color es uno de los objetivosy éxitosde esta campaña, tal como lo fue para la Campaña de la Gente Pobre en 1968. Esa parte de su trabajo no ha sido tan difícil como pudiera parecer, dice, porque la experiencia compartida de la pobreza, en particular, la pobreza combinada con la paternidad. “Un montón de gente comprometida con la campaña son padres que no quieren que a sus hijos les resulte tan difícil como a ellos.”

Otro de los temas de la campaña le sonaría familiar a King tambiénla idea de que desperdiciar los recursos de la nación en guerras inmorales hace imposible ganar una guerra contra la pobreza en casa.

¿Qué se necesitará, entonces, para asegurar los derechos económicos de los norteamericanos pobres?

La solución no es fácil, pero sí es simple. Todos nosotros deberemos asumir cierta responsabilidad por la forma en la que son las cosas, y el costo de solucionarlas. Todos deberemos trabajar duro para crear la voluntad política para enfrentar los problemas profundos y sistemáticos. Debemos insistir en cambiar las prioridades del gasto nacional para financiar estos cambios. Pero más importante aún, debemos entregar esa creencia gastada de que el interés propio es el único camino político.

¿Podemos hacerlo? Es tiempo de intentarlo.


Carol Estes
Carol Estes es activista por los derechos humanos, editora colaboradora de YES!, y editora invitada para este número.

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