Money, Politics, and Saving Our Democracy Banner

Sections

Get a FREE Issue. Yes! I want to try YES! Magazine

Nonprofit. Independent. Subscriber-supported. DONATE. How you can support our work.

YES! by Email
Join over 78,000 others already signed up for FREE YES! news.
[SAMPLE]

Town Hall Sidebar

The YES! ChicoBag(R). Full-size tote that fits in your pocket!

 

Mera Justicia

El impulso al castigo nos está haciendo olvidar que los prisioneros tienen derecho a ser escuchados.

La declaración era sencilla, le dijo a Chris O'Bryant el abogado que le fue asignado por la corte: acepta una sentencia de por vida en cada uno de los dos cargos y sales en 25 años, tal vez antes.

O'Bryant habría querido ir a juicio y aducir intoxicación voluntariadespués de todo, él no recordaba haberle robado a nadie ni haberle disparado a un oficial de policía. Ni siquiera había lastimado a nadie. Pero su abogado le dijo en cambio que no existía tal defensa y le urgió para que se declarase culpable. O'Bryant, de sólo 23 años en ese momento, confió en su abogado e hizo lo que le aconsejó.

El problema fue que el abogado estaba mortalmente equivocado: en verdad sí existía tal defensa. Peor aún, el abogado había malinterpretado los términos de la declaración, lo cual de hecho puso a O'Bryant en prisión de por vida sin la posibilidad de libertad condicional. Y gracias a una ley de 1996 limitando su derecho a que se revise este tipo de errores a través de un hábeas corpus, no hay nada que pueda hacer al respecto.

El Gran Escrito

Un escrito de hábeas corpus es una extraordinaria ayuda legal de la que dispone cualquier persona bajo la custodia del gobierno. El “escrito” en sí es una orden de la corte requiriendo al estado (o al gobierno federal) que demuestre que posee un derecho legal para mantenerte encarcelado o en prisión. Cuando se le presenta al gobierno un escrito de hábeas corpus, debe probar que tus derechos constitucionales federales no han sido violados. Si la prueba no existe, la corte puede ordenar un nuevo juicio o sentencia, o incluso liberarte en el momento.

El hábeas corpus ha sido una piedra de toque para la jurisprudencia angloamericana por cerca de un milenio. Está protegido explícitamente en la Constitución, y la Corte Suprema lo ha llamado “el instrumento fundamental para salvaguardar la libertad individual contra la acción estatal arbitraria e ilegal.”

También es un derecho humano universal. Aparece, entre otros lugares, en la Declaración Universal de Derechos Humanos, la Convención Internacional de Derechos Civiles y Políticos, la Convención Europea sobre Derechos Humanos, y en la Convención Norteamericana sobre Derechos Humanos. En síntesis, es un derecho constitucional, venerado por la ley internacional, que ofrece a un individuo detenido la última línea de defensa contra la indiferencia o el abuso del estado.

Pero, ¿por qué debería molestarnos que alguien como Chris O'Bryant sea capaz de cuestionar la legalidad de su sentencia? Después de todo, el no niega que le disparó a un policía. ¿No será el hábeas corpus en realidad una preocupación de, digamos, esos hombres del Medio Oriente sentados en jaulas engrapadas en la Bahía de Guantánamo, incapaces de cuestionar su detención en ninguna corte civil? Con seguridad lo es, y desde muy poco después del 11 de Septiembre no ha faltado cobertura sobre las colisiones existentes entre las tres ramas del gobierno federal acerca de esta cuestión fundamental.

Pero oscurecida por los encabezados existe una historia más grande: el retroceso durante la última década del derecho a peticionar por un hábeas corpus, contra las más de 2 millones de personas detenidas en prisiones federales y estatales de Estados Unidos. Decenas de miles de prisioneros intentan presentar peticiones de hábeas corpus cada año: algunos de ellos proclaman su inocencia; la mayoría arguye alguna forma de error constitucional en su arresto o juiciopero todos ellos están facultados para no ser encarcelados ilegalmente. Al impedirles el ejercicio de este derecho humano básico (y constitucional), disminuimos la integridad del proceso legal, así como los principios sobre los cuales esta nación fue fundada. Y no necesitas simpatizar con un prisionero para comprender esta amenaza.

El Fin de la “Indulgencia al Prisionero”

El 24 de Abril de 1996, el presidente Clinton convirtió en ley el Acta Anti–Terrorismo y de Pena de Muerte Efectiva (Anti-Terrorism And Effective Death Penalty Act). La AEDPA, como se la conoce, fue precipitada por el bombardeo de la Ciudad de Oklahoma un año antes. Fue promulgada en parte para acelerar el proceso de apelación a la pena de muerte (es decir, para ejecutar a más gente, más rápidamente). Pero otro propósito central de la AEDPAlo que los proponentes de la ley habían buscado por largo tiempofue restringir dramáticamente la disponibilidad del hábeas corpus para todos los prisioneros.

“La reforma del hábeas corpus … es el Santo Grial [de la AEDPA],” dijo el diputado Henry Hyde en los días previos a que el proyecto se convirtiera en ley. “Hemos buscado eso por catorce años.”

El trabajo previo al cual Hyde se estaba refiriendo fue desarrollado en los años ‘70s y ‘80s, a medida que una Corte Suprema cada vez más conservadora comenzara a retirarse de los fallos de las dos décadas previas, que habían facilitado a los prisioneros la presentación de peticiones de hábeas corpus. (Esa disponibilidad también se había esperado durante largo tiempo; hasta el siglo XX a los prisioneros convictos se les prohibió en su mayor parte la petición del hábeas corpus).

Cerca de la misma época, el número de peticiones de hábeas corpus presentadas se incrementó dramáticamente—el 100 por cien por cien entre 1987 y 1996—y la presión pública para detener el flujo se intensificó. No pareció importar que el incremento se debiera principalmente a la explosión en la población nacional de prisioneros; de hecho, la tasa de presentación del hábeas corpus por cada mil prisioneros disminuyó durante el mismo período. Ni tampoco importó que muchos prisioneros estuviesen juntando reclamos potencialmente meritorios de inocencia o de errores importantes en el juicio. El hábeas corpus se había vuelto un vago aunque poderoso símbolo de la “indulgencia al prisionero”, y los políticos estaban ansiosos por encontrar una manera de atacarlo.

AEDPA, aprobado por amplias mayorías en ambas Cámaras del Congreso, codificó la retirada que había ocurrido durante los ‘70s y ‘80s. Entre los obstáculos que impuso había un vencimiento de un año para presentar el reclamo, y una prohibición casi total contra la presentación de más de una petición, aunque nuevas evidencias pudieran surgir más tarde.

Pero la más difícil de sobrellevar fue el requerimiento de “irrazonable”: para que una corte federal anulara un fallo de una corte estatal, basada sobre un reclamo constitucional federal de un prisionero, debía encontrar que ese fallo no sólo fuese equivocado, sino “irrazonablemente equivocado.” Por supuesto las cortes estatales pueden, y con cierta frecuencia lo hacen, aplicar mal la ley federal. Pero bajo AEDPA, a menos que el error sea irrazonabley raramente se encuentra que lo esla corte federal puede proceder con ella.

La AEDPA menoscabó dramáticamente algunos derechos humanos cruciales, constitucionales e internacionales, ganados duramente, y que habían existido de alguna manera durante siglos. Aún así, fue sorprendentemente fácil para los políticos vendérsela al votante promedio. “La gente, de vuelta en casa, no comprenderá lo que has hecho, pero sí comprenderán que has hecho mucho más difícil que la gente pueda salir de prisión, y eso es una buena cosa,” dice Bryan Stevenson, director ejecutivo de la Iniciativa por una Justicia Igualitaria en Montgomery, Alabama, y profesor en la Escuela de Leyes de la Universidad de Nueva York.

Stevenson, que ha invertido su carrera defendiendo a los condenados a muerte a través de todo el sur, estuvo entre los muchos críticos que arguyeron que la AEDPA era un enfoque equivocado. “En vez de decir, ‘estamos condenando a un montón de personas ilegalmente, estamos condenando a un montón de personas inocentes, arreglemos esto,' lo que pienso que la mayoría de los políticos han dicho es, ‘simplemente cerremos esta válvula de quejas. La clausuramos, y entonces ya no será un problema para nosotros,'” dice Stevenson.

Contragolpe

Puede que la AEDPA hiciera lucir bien a los políticos, pero sus efectos a largo plazo se han vuelto un problema para casi todos los demás.

Desde el comienzo, la ley fue redactada de manera tan confusa que gran parte de la litigación de hábeas corpus de la última década tan solo ha intentado comprender lo que significa. Y como resultado de la población en prisión, siempre creciente, y el desorden provocado por el intento de cumplir con el nuevo vencimiento para las presentaciones, la tasa de peticiones de hábeas corpus en realidad se incrementó luego de la leydesde 13 presentaciones por cada 1.000 presos en 1995, a 17 por cada 1.000 en 2000. Esta ironía no pasó desapercibida por los partidarios de la ley, que presentaron una propuesta para una dosis más fuerte de la misma mala medicina: la Ley de Procedimientos Simplificados (Streamlined Procedures Act, SPA).

Introducida en Mayo de 2005, la SPA está ostensiblemente dirigida, una vez más, a acelerar las ejecuciones. Pero como su predecesora, la AEDPA, fijará nuevos obstáculos en el camino de cualquier prisionero que busque desafiar su sentencia sobre cualquier base.

Por ahora el proyecto de ley ha encontrado una intensa oposición. Pero todavía no ha muerto, y no hay garantías de que el nuevo Congreso de mayoría Demócrata la derrote.

“No se trata de que los Demócratas estén en contra de restringir el hábeas corpus, y que los Republicanos estén a favor,” dice Stevenson, señalando el hecho de que fue Clinton el que firmó la ley en un esfuerzo para fortalecer sus propias credenciales de “duro con el crimen”.

A pesar de su histórica importancia, como un derecho al mismo tiempo civil y humano, el hábeas corpus nunca ha sido una garantía para salir de la cárcel. Las cortes federales conceden el escrito en un minúsculo número de las 20.000 a 25.000 peticiones archivadas cada año, una estadística que lleva a algunos prisioneros y defensores de prisioneros a restarle importancia a la AEDPA y a su legislación relacionada.

“Si analizas el número de peticiones exitosas de hábeas corpus, es como jugar a la lotería,”dice Paul Wright, quien cumplió 17 años de condena por asesinato en el estado de Washington, durante los cuales se volvió un abogado respetado en la cárcel y comenzó Noticias Legales de la Prisión, un diario sobre temas legales, escrito por prisioneros, que todavía edita hoy en día.

Para Wright, la principal preocupación es lo que sucede antes de que la petición de hábeas corpus consiga ser presentadaes decir, en las cortes de apelaciones estatales. Estas cortesa menudo pobladas por jueces electos que se presentan bajo una plataforma de “duro con el crimen”niegan a la vasta mayoría de criminales las apelaciones que se les presenta. Combina ese problema con la extrema deferencia que AEDPA requiere de las cortes federales para que revisen los fallos de las cortes estatales, y la petición del hábeas corpus a menudo parece consistir en nada más que una formalidad.

Como resultado, Wright piensa que el “gran escrito” parece mucho más poderoso de lo que es. “Es como decir que tienes un alerón en la parte trasera de tu auto. Se ve bonito, ¿pero qué es lo que hace realmente?”

Bryan Stevenson está de acuerdo en que siempre han habido obstáculos para garantizar el hábeas corpustales como conseguir los abogados, desarrollar la evidencia, conseguir a alguien, a cualquiera, que el importe. La diferencia, dice, es que estos obstáculos “no eran la ley en sí misma.” Y agrega, “tu oportunidad, si eras inocente, de salir de la cárcel, era aún dramáticamente más grande, a lo largo de la mayor parte de nuestra historia, de lo que es hoy en día.”

Forzando Abiertas las Puertas de la Corte

Incluso si no eres inocente, pero quieres enfrentar la constitucionalidad de tu juicio, tu declaración, o tu sentencia, el hábeas corpus es esencialmente tu única esperanza. ése es el problema de Chris O'Bryant: aunque su abogado más tarde admitió sus errores, O'Bryant se perdió el vencimiento de un año para presentar una petición de hábeas corpus, gracias a que fue pasado por alto en un régimen de drogas anti-psicóticas que los funcionarios de la prisión le prescribieron poco tiempo después de que llegara.

Hoy en día O'Bryant está libre de medicaciones y comprende la ley mucho mejortanto que se ha vuelto un abogado carcelario, asistiendo a otros prisioneros con sus reclamos legales. Como él, muchos de ellos no pueden presentar sus peticiones de hábeas corpus por el vencimiento impuesto por la AEDPA, sin importar las cuestiones constitucionales que puedan surgir. Es probable que O'Bryant vea muchos más de estos hombres: con ahora 35 años de edad, vivirá el resto de sus días en una celda en el Instituto Correccional de Columbia, en Lake City, Florida


Jesse Wegman
.Jesse Wegman es escritor y abogado, radicado en Nueva York.

Email Signup
¿Está Preparado los EE.UU. para los Derechos     Humanos?
Comment on this article

How to add a commentCommenting Policy

comments powered by Disqus


You won’t see any commercial ads in YES!, in print or on this website.
That means, we rely on support from our readers.

||   SUBSCRIBE    ||   GIVE A GIFT   ||   DONATE   ||
Independent. Nonprofit. Subscriber-supported.




Subscribe

Personal tools