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El levantamiento

David Sirota habla con los nuevos populistas y comprueba donde nos estamos uniendo—y desintegrando.
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Portada del libro de David Sirota: The Uprising: An Unauthorized Tour of the Populist Revolt Scaring Wall Street and Washington
Este artículo fue adaptado de The Uprising: An Unauthorized Tour of the Populist Revolt Scaring Wall Street and Washington. Copyright © 2008 por David Sirota. Publicado por Crown Publishers, una división de Random House, Inc.

En todo sentido, los norteamericanos que no estamos en el 1 por ciento de los trabajadores con ingresos más altos estamos bajo una enorme presión económica, y la mayoría de nosotros se siente impotente para influir sobre aquellos que actúan en nuestro nombre. Las actitudes del público hacia Washington están llegando a niveles récord de animosidad. Una encuesta de Scripps Howard News Service en 2006 encontró una mayoría de los estadounidenses afirmando que están "personalmente más enojados" con el gobierno de lo que solían estar. Y hay una creciente reacción contra la toma hostil de nuestro gobierno por los intereses del Gran Capital.

Es la reacción natural de un país que mira a sus bolsillos siendo tanteados. Los salarios están estancados, los costos de atención de la salud están elevándose extremadamente, las pensiones están siendo saqueadas, sube la deuda personal, todo mientras los beneficios empresariales siguen aumentando, los políticos aprueban más desgravaciones fiscales para los súper-ricos, y los CEOs se pagan a sí mismos decenas de millones de dólares al año.

"Claro que hay una guerra de clases", dijo recientemente el multimillonario Warren Buffet al New York Times. "Es mi clase, la clase adinerada, la que está haciendo la guerra, y estamos ganando".

Pero eso puede no ser verdad por mucho tiempo más.



En un año de viajes para recabar información para mi nuevo libro, The Uprising: An Unauthorized Tour of the Populist Revolt Scaring Wall Street and Washington, me encontré a los que están resistiendo: accionistas aprobando resoluciones contra los consejos corporativos, terceros partidos destrozando el duopolio de dos partidos, legisladores tirando abajo los grupos de presión de las capitales de estado, bloggers orquestando desafíos electorales de legisladores atrincherados, o—en el lado oscuro—gente suburbana armada y enfurecida formando bandas de vigilantes en nuestra frontera del sur. Lo que conecta a estos levantamientos dispares es la sensación de que Estados Unidos está fuera de control, y un enojo contra el gobierno por la creación de la crisis que enfrentamos ahora.

En Helena, Montana, observé a Kirk Hammerquist testificar ante la legislatura estatal en oposición a una medida fiscal diseñada para darles más recortes de impuestos a los propietarios ausentistas más ricos. Hammerquist es propietario de una empresa de construcción en Kalispell, y tiene todo el aspecto de un vaquero: jeans, botas y bigote.

"Estaba conduciendo anoche sobre una pista de patinaje sobre hielo", dice, relatando su viaje a través de la tormenta de nieve que acababa de golpear. “Y me dije, '¿por qué diablos estoy haciendo esto?"

"Este estado realmente se está convirtiendo en un patio de recreo para los ricos. Lo sabemos, no podemos negarlo", dice. "Y no me malinterpreten, no tengo nada en contra de los ricos: estoy tratando lo mejor que puedo de convertirme en uno. ... Sin embargo, sentarse allí y trabajar en una casa de tres a cinco millones de dólares para un propietario que va a estar ahí por un par de meses en el verano... y pensar que el tipo que trabaja conmigo poniendo todo este orgullo y sudor en esa casa va a obtener menos [recortes de impuestos] que la persona que va a venir aquí para relajarse unos pocos meses, ya lo dije, me hizo conducir toda la noche. Hablo en nombre de un montón de gente, los tipos que trabajan con sus manos. Tuve que venir y representarlos".

Se trata de un levantamiento populista, una "política que aboga por cuestiones que tienen una amplia base de apoyo popular, pero reciben poca atención de la elite política... Explica por qué hoy el levantamiento desafía el cliché de los estados rojos (republicanos) y azules (demócratas) que aparecen a través de nuestras pantallas de televisión todas las noches".

En Seattle, hablé con el fundador de un inverosímil sindicato de alta tecnología sobre la forma en que un sentido fundamental de injusticia está conduciendo a un número creciente de trabajadores de alta tecnología a dejar de lado el libertarismo que en el pasado les ha llevado a votar a los republicanos y a tenerle antipatía a los sindicatos, a medida que temas como los salarios y la atención de la salud los empujan en una dirección populista. Están reaccionando a las condiciones de trabajo que mantiene su situación laboral permanentemente en forma "temporal". Ellos han visto cómo 221.000 puestos de trabajo tecnológicos de Estados Unidos fueron reemplazados por empresas offshore entre 2000 y 2004. Como me dijo un empleado de Microsoft, actualmente cada trabajador tecnológico va al trabajo cada día con miedo a encontrarse a la totalidad de su división subcontratada a la India.

En Nueva York, me reuní con organizadores de base y voluntarios de campaña del Partido de las Familias Trabajadoras, que ha utilizado las leyes de fusión electoral del estado para reunir a los votantes de todo el espectro político bajo la bandera del aumento salarial, los impuestos justos, las viviendas asequibles, los derechos civiles, y la reforma del financiamiento de campañas electorales, cuestiones ignoradas demasiado a menudo en la política moderna.

Se trata de un levantamiento populista, una "política que aboga por cuestiones que tienen una amplia base de apoyo popular, pero reciben poca atención de la elite política”, como dice Ross Douthat del Atlantic Monthly. "Esto explica por qué puedes tener populistas de izquierda y populistas de derecha", añade. Y esto explica por qué hoy el levantamiento desafía el cliché de estados rojos (republicanos) y azules (demócratas) que aparecen en nuestras pantallas de televisión todas las noches.

Los que están en la rebelión están hartos de un sistema político que hace caso omiso de ellos. Sin inspiración, independientemente de las simpatías que pueda tener la gente por esta rebelión, éstas son fácilmente anuladas en virtud de un sentido de impotencia. Pero, como muestran las historias de mi libro, cuando esa inspiración existe, la rebelión se intensifica.

Más que en cualquier momento en la historia reciente, las personas están dispuestas a tomar medidas en respuesta a la emergencia que resulta ser el estado del mundo actualmente.

Miedo, frustración, y respuestas sencillas
Los Minutemen son tipos armados que patrullan las zonas fronterizas en busca de personas que tratan de escabullirse en EE.UU. desde México. Han sido etiquetados de todo: patriotas, vigilantes, racistas. Si bien ven enemigos diversos y están infestados de paranoia, también exponen la frustración pura, sin adulterar, prevaleciente en todo el resto de la rebelión.

Para alguien como Rick, que pasó 20 años desarrollando un negocio de jardinería en el sur de California, esto ha creado una aterradora niebla, una que elimina cualquier sensación de seguridad o control. Ve complejos cambios demográficos que hacen de los blancos una minoría en su ciudad. Observa que las fuerzas económicas mundiales estresan su negocio. Él se involucró con los Minutemen porque se sintió harto de competir con otras empresas que emplean inmigrantes ilegales con salarios bajos.

SÓLO LOS HECHOS:


Cómo la clase media se atascó
Alimentos, alquiler, gas, seguro de salud, educación universitaria... el precio de las cosas que necesitamos sigue subiendo.

"Ellos no tienen que pagar los impuestos de compensación para trabajadores lesionados , ni ningún seguro de responsabilidad civil", dice. "Simplemente no puedo competir con ellos".

Pero él, como todos nosotros, se ha convertido en adicto a las respuestas sencillas, tan adicto, de hecho, que él apenas percibe cuando estas respuestas se contradicen unas a otras.

Cuando hablamos del medio ambiente, él dice, "Este país está siendo destruido desde adentro por su propio gobierno". Dice que las normas ambientales "están echando a las empresas fuera de este país más rápido de lo que usted cree". Sin embargo, se queja de que el smog está destruyendo Los Angeles.

Cuando hablamos de su tiempo en Douglas, el contratista de defensa de California ahora propiedad de Boeing, dice que la empresa trasladó muchas de sus operaciones desde Long Beach a China.

"Estamos perdiendo nuestros puestos de trabajo, y estos son trabajos sindicalizados, bien pagados", se lamenta el mismo tipo que denostaba a los sindicatos.

Inmediatamente después de decir que es el momento de arrestar a los ejecutivos corporativos que contratan a inmigrantes ilegales, maldice a "estos políticos que están criticando la gran industria, diciendo que la gran empresa es mala".
Unirse a los Minutemen es su manera de tomar alguna acción en respuesta a la emergencia que es el estado del mundo de hoy.

La política de derecha ha prosperado mediante el miedo y el resentimiento para dividir las clases socioeconómicas a lo largo de líneas raciales, culturales y geográficas. Ronald Reagan dijo que básicamente el gran problema para los blancos de la clase obrera era las “welfare queen” (reinas de la ayuda social) negras, robando los dólares de sus impuestos, y las pandillas de las zonas urbanas deprimidas  amenazando con un caos total. El gran problema para los yuppies del medio oeste, dice George W. Bush, es la clase media de la Costa Este que quiere legislar un hedonismo secular y quitarle sus armas. Los temas y los villanos cambian, pero la historia se mantiene igual: un conjunto de personas en la clase económica ubicada justo debajo de ti está tomando tus cosas y amenazando tu forma de vida, y si esas personas son tratadas con dureza, tus problemas se acabarán.

Unirse a los Minutemen permite a los participantes percibir inmediatamente una ilusión de resultados en una sociedad cuyos problemas son tan aparentemente inmensos e inamovibles que el activismo puede sentirse como una pérdida de tiempo. También los traba en combate contra sus aliados socioeconómicos naturales.

En mayo, Dan Cantor, el director ejecutivo del Partido de las Familias Trabajadoras, apoyó el proyecto de ley de Participación Equitativa del Cuidado de la Salud con la senadora estatal de Maryland, Gloria Gary Lawlah. El respaldo del Partido de las Familias Trabajadoras se ha convertido en la más influyente en el estado de Nueva York, y la movilización de voluntarios y votos está haciendo la diferencia en varias carreras electorales clave. Foto: Drum Major Institute.
En mayo, Dan Cantor, el director ejecutivo del Partido de las Familias Trabajadoras, apoyó el proyecto de ley de Participación Equitativa del Cuidado de la Salud con la senadora estatal de Maryland, Gloria Gary Lawlah. El respaldo del Partido de las Familias Trabajadoras se ha convertido en la más influyente en el estado de Nueva York, y la movilización de voluntarios y votos está haciendo la diferencia en varias carreras electorales claves.
Foto: Drum Major Institute

El Partido de las Familias Trabajadoras
Pero en la mayoría de los lugares el levantamiento toma una forma positiva. En las bulliciosas calles bajo los rascacielos de Nueva York, y en las ciudades del norte del estado muy lejos de Manhattan, el Partido de las Familias Trabajadoras (WFP) se ha convertido en el modelo de rebelión con el mayor potencial para convertir toda la ira y la frustración de los populistas en autoridad política y legislativa en funcionamiento.

Cuando estaba informando sobre el WFP, el partido canalizaba esa ira a través de la candidatura a senador estatal de Craig Johnson en el condado de Nassau, en gran medida republicano, una competencia clave en una estrategia para crear la primera mayoría demócrata en el Senado en la historia reciente del estado de Nueva York. Cuando visité la sede de la campaña de Johnson, se sentía la energía de una campaña presidencial, y estaba presente todo el arco iris de razas, colores y edades. Aunque era domingo, la oficina estaba llena de gente corriendo para hacer llamadas telefónicas, preparándose para visitar puerta por puerta a los vecinos, y realizando las tareas poco glamorosas de la organización local. Ellos estaban allí porque el WFP promete defender sus intereses — y cumple.

Esa escena es el WFP en su esencia: un escuadrón un poco caótico de gentuza de la infantería política en rebelión. ¿Necesita una multitud para un mitín? Llame al WFP. ¿Necesita personal experto para ayudar a aumentar la participación en una controvertida elección? Llame al WFP. Pregunta a los políticos demócratas en Nueva York lo que el WFP les aporta realmente, y todos ellos dirán una cosa: la gente.

El WFP ha creado un espacio en cada elección de Nueva York para que la gente trabajadora se organice. Para ello aprovecha las leyes electorales de Nueva York, que permiten a un partido minoritario respaldar a un candidato de otro partido y efectivamente "fundirse" con ese partido en las elecciones.

En las elecciones generales de Nueva York de 2006, por ejemplo, pudiste votar a favor de Hillary Clinton en la línea del Partido Demócrata o en la línea del Partido de las Familias Trabajadoras; de cualquier forma tu voto habrá ido a Clinton.

Los beneficios de la fusión giran en torno a su capacidad para reunir a grupos culturalmente diferentes en virtud de una agenda económica unificadora, sin correr el riesgo de un fenómeno destructor autoderrotista que ocurre cuando un candidato independiente de un tercer partido, como Nader o Perot, le regala la elección a esos mismos candidatos a los que se opone.

Un siglo atrás, el Partido Popular, culturalmente conservador y a veces anti-inmigrante, utilizaba a menudo sus votos para apoyar a candidatos demócratas.

El Partido Demócrata tendía a basarse más en la clase urbana y a ser dominada por inmigrantes. Ambos partidos eran progresistas en cuestiones económicas clave, tales como los empleos y los salarios. La fusión de votos ayudó a que en las urnas fuera más importante la solidaridad entre clases que la división cultural.

En las elecciones presidenciales, un granjero podía apoyar cuestiones económicas progresistas votando a un candidato demócrata en la línea Populista y no sentir que estaba traicionando sus sentimientos sobre, por ejemplo, la abstinencia de bebidas alcohólicas. Mientras tanto, un inmigrante urbano podía votar por el mismo candidato en la línea demócrata y no sentir que estaba apoyando las visiones anti-inmigración de las zonas rurales. Al fundir sus votos, tenías más posibilidades de lograr que eligieran a gente que pudieran servir a sus intereses en común.

Avancemos el reloj hasta 1998, cuando los organizadores del Partido Nuevo, incluyendo a Dan Cantor, se unieron a los grandes sindicatos y los grupos de base de Nueva York para tratar de usar las leyes de fusión electoral de la ciudad para asegurar una línea en las papeletas electorales para un tercer partido nuevo, uno con una estrecha plataforma enfocada sobre salarios más altos, impuestos justos, viviendas asequibles, derechos civiles, y reforma de financiamiento electoral. El cálculo era que cuanto más estrecha y más populista fuese la agenda, más claramente podría definirse el WFP en las mentes de los votantes, y más influencia tendría en sus asuntos clave.

“Yo quiero postularme por esas cuestiones que a menudo no logran escucharse sobre el fragor del dinero”, le dijo Cantor al diario más grande de Long Island. Newsday informó que Cantor dijo que quería que los residentes escucharan el nombre “Partido de las Familias Trabajadoras” y recordaran: “Ése es el partido que piensa que los salarios deberían ser más altos”.

El partido comenzó a entregar los votos. En 2000, 102.000 miembros del WFP votaron a favor de Hillary Clinton, incluyendo un número importante grupos demográficos donde el apoyo a Clinton era otrora baja. En 2001, el WFP proporcionó el margen de victoria para un demócrata en una apretada carrera por un escaño en la legislatura del Condado de Suffolk, controlada por republicanos.

Estas y otras victorias han llevado al WFP a establecer una imagen pública única. Una encuesta de 2005 de la Universidad Pace demostró que el respaldo individual más influyente en las elecciones municipales de Nueva York es el del WFP, más importante que los principales diarios del estado, los funcionarios actuales o anteriores, u otros grupos de defensa.

El trabajo del WFP para Craig Johnson dio frutos. Los agentes electorales del WFP tocaron 45.000 puertas y aproximadamente la mitad de los 3.600 votos que le dio a Johnson su margen de victoria fueron aportados por la línea del WFP en las papeletas electorales. La prensa de Nueva York le dio el crédito al WFP por desempeñar un rol decisivo en las elecciones.

El futuro
La creencia de que la gente—no los dictadores, ni las elites, ni los grupos de gurús—deberían estar facultados para organizarse y decidir su destino para ellos mismos parece muy simple, pero aún así es por lejos la idea más radical de la historia humana. “Negar la oportunidad de participar es negar la dignidad humana y la democracia”, escribió el legendario organizador Saul Alinsky.

Poner en acción este principio requiere de coraje genuino y desinterés, porque los participantes de la rebelión deben darle más prioridad al control popular que a su propio poder personal.

El activismo y la espumeante energía están hoy desconectados y atomizados. Las dificultades para conectar todo esto en un movimiento popular verdaderamente popular son enormes, pero estas historias y otras en mi libro muestran la oportunidad. Si más gente forma parte de esta rebelión, no sólo trascenderemos la división partisana que paraliza nuestra política, sino que también rediseñaremos el concepto mismo de lo que es posible.

Dan Cantor me dijo, “Debemos ir con la gente en donde esté y tratar las cuestiones que les preocupan”. Por primera vez en muchos años, están listos para dejar de lado el partidismo y trabajar por fines compartidos. La pregunta es si aprovechamos o no este momento fugaz para convertirlo en un cambio exponencial.


David Sirota escribió este artículo para Estados Unidos más allá del bipartidismo, la edición del otoño 2008 de YES! Magazine. David es un organizador político, columnista sindicalizado a nivel nacional, miembro senior de la Campaña para el Futuro de Estados Unidos, y fundador de la Red de Estados de Progresistas, ambas instituciones de investigación no partidista.

www.davidsirota.com

Este artículo fue adaptado de The Uprising: An Unauthorized Tour of the Populist Revolt Scaring Wall Street and Washington. Copyright © 2008 por David Sirota. Publicado por Crown Publishers, una división de Random House, Inc.
Compra The Uprising (en inglés.)

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