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Justicia para las madres y padres que trabajan

Una agenda que pone a la gente en primer lugar: Familias

En un salón de belleza en Venice, California, Kyla trabaja mientras su hija Lilikoi pasa el tiempo allí. Kyla a menudo lleva a su hija al trabajo para ahorrar el costo de una niñera. Foto por Rachel Kerns.
En un salón de belleza en Venice, California, Kyla trabaja mientras su hija Lilikoi pasa el tiempo allí. Kyla a menudo lleva a su hija al trabajo para ahorrar el costo de una niñera.
Foto por Rachel Kerns.

Con las elecciones presidenciales de noviembre acercándose, podemos ver a grupos de norteamericanos enfrentados entre sí: jóvenes versus viejos, estados demócratas versus republicanos, liberales versus conservadores.

Pero hay una cuestión que va más allá de estos grupos (supuestamente) en oposición: la importancia de la familia. Existe un consenso creciente de que EE.UU. necesita construir sectores públicos y privados que sean amigables para las familias a fin de seguir siendo el líder económico y democrático del mundo, así como también para cumplir nuestra vocación humana de cuidar a nuestros ciudadanos más pequeños e inocentes.

Pero, ¿podemos hacerlo? ¿Qué apariencia tendría una Norteamérica que sea realmente amigable con las familias?

Primero, debería reconocer que las madres norteamericanas están ocupadas con dos roles: la maternidad y el trabajo. Cuando ella tiene puesto su sombrero de “trabajo”, es el sostén de la familia, al igual que papá. Hoy en día casi las tres cuartas partes de las madres norteamericanas están en la fuerza de trabajo asalariado. Seis de cada diez madres con hijos menores de seis años trabajan a tiempo completo. Ustedes conocen a estas madres: cortan su cabello, repasan y empacan sus comestibles, preparan sus impuestos, enseñan a sus hijos, dirigen empresas locales, y tal vez incluso sirven como su pastor, pediatra o alcalde.

La realidad económica de hoy en día requiere dos ingresos en la inmensa mayoría de los hogares, incluso en aquellos en donde la madre pudiera elegir un horario de trabajo reducido, si estuviese disponible, y carente de sanciones tales como recortes salariales, pérdida de oportunidades de ascenso, y beneficios tales como el seguro de salud y planes de jubilación. La oferta de mano de obra mundial desatada por la Internet y otras tecnologías ha nivelado el campo de juego para los trabajadores en muchas industrias, asegurando que los padres y madres norteamericanos, incluso aquella madre reciente de tu cuadra que sigue amamantando a su bebé, seguirán sintiendo la presión continua para trabajar más.

Pero el empleo es sólo la mitad de lo que las madres esperan hacer. Tan pronto como llega a su casa, ella se pone el sombrero de “madre”. Sostiene, alimenta y mima a su bebé; habla, juega, canta y lee con su hijo o hija (ah, y les enseña a ir al baño también); estimula, enseña y disciplina a su niño en edad preescolar.



Casi las tres cuartas partes de las madres de EE.UU. están en la fuerza de trabajo asalariado. Las madres ganan un 27% menos que sus colegas masculinos; las madres solteras ganan de un 34% a un 44% menos.

Suena divertido, y lo es. Pero estos días, “ser madre” significa mucho más, ya sea que trabaje a tiempo completo en casa o en la fuerza de trabajo asalariado: suplementar la educación de sus hijos, a veces mediar por ellos cuando surgen circunstancias especiales; protegerlos contra un bombardeo siempre cambiante de avances tecnológicos y comerciales que buscan devorarse a la infancia; mantenerse al tanto de ingredientes peligrosos en la comida y de las toxinas en los juguetes y otros productos; y coordinar las actividades sociales, deportivas y académicas de sus hijas e hijos. En la encuesta del Día de la Madre de 2008 en Salary.com, las madres que se quedan en casa informaron que trabajan 94,4 horas por semana. No es de extrañar que el término “mamá ejecutiva” se esté volviendo popular.

Por lo tanto, una Norteamérica que sea realmente amigable con las familias podría reconocer que las madres usan dos sombreros y de esta manera impulsar políticas sociales y prácticas de empleo que tiendan puentes entre el trabajo y la familia.

Para apoyar la “maternidad” ofrecería vacaciones pagas después del nacimiento o la adopción, o para el cuidado de un niño enfermo, un padre o a sí misma; excelencia educativa en los primeros años (cuidado de niños y preescolares) así como escuelas primaria y secundaria; programas después de la escuela y otros suplementos a la jornada y el calendario escolar tradicionales (incluyendo la necesidad de programas de recuperación, acelerados y de verano); y acceso a la atención médica accesible. Esto aligeraría la carga de la mamá de dos sombreros, especialmente para las millones de madres en Norteamérica que están tratando de resolver estos problemas individualmente y por fragmentos, año tras año. Usted las ha visto, un Blackberry en una mano, el proyecto de ciencia en la otra, bregando por llevar un niño enfermo al doctor, combinando frenéticamente un plan de atención al niño para las vacaciones de verano que sea estimulante (posiblemente) y accesible (raramente).

El apoyo a las madres (y a todos los padres) en el rol laboral podría incluir: modalidades de trabajo flexibles, tales como: horarios de trabajo flexibles, trabajo a distancia, horarios comprimidos, trabajo compartido, tiempo parcial con paridad, y medios para facilitar la vuelta al trabajo después de pasar el tiempo fuera del mercado laboral para cuidar a los hijos.

Y no se olvide de los salarios justos. Todos hemos oído hablar de las diferencias salariales entre hombres y mujeres. Pero las madres se enfrentan a una doble dificultad. Las mujeres que no son madres ganan el 10 por ciento menos que sus colegas masculinos, mientras que las madres ganan un 27 por ciento menos y las madres solteras ganan entre un 34 y un 44 por ciento menos.

Además, tener un bebé es la principal causa en EE.UU. de “temporadas de pobreza”. Eso es parcialmente porque el 51 por ciento de las nuevas madres carecen de una licencia de maternidad remunerada; aquellas con los empleos peor pagados son las menos probables en tenerla.

Aquellos que les niegan salarios equitativos a las madres deberían recordar un descubrimiento básico de la investigación antropológica: cuando más recursos se ponen en manos de las madres, ellas los usan para invertir en sus hijos, el capital humano futuro de una nación.

Tenemos un largo camino por recorrer. EE.UU. está muy por detrás de otras naciones industrializadas en el apoyo a las familias trabajadoras. Por ejemplo, EE.UU. es uno de sólo cuatro países, de 170 encuestados, sin licencias familiares pagadas para las nuevas madres. Los otros tres son Papua Nueva Guinea, Swazilandia y Lesotho. EE.UU. empata en el número 39 con Ecuador y Surinam en la matrícula de la educación para la primera infancia, de tres a cinco años de edad. Y de acuerdo a un informe publicado hace pocas semanas, los gobiernos de 20 países están por delante de EE.UU. en la flexibilidad en el lugar de trabajo. De 21 países estudiados, 17 tienen leyes que permiten a los padres cambiarse a un trabajo de tiempo parcial o ajustar de otra manera sus horarios de trabajo; 5 permiten ajustes del tiempo de trabajo para aquellos responsables de cuidados familiares, y 5 les dan a todos el derecho a arreglos de trabajo alternativos.

Uno de los grandes retos en este momento en la historia de EE.UU. es encontrar una armonía pacífica en el nexo entre el trabajo y la familia. Pocos norteamericanos estarían otra cosa que agradecidos de ver un progreso hacia este objetivo. Así que este noviembre y mas allá, cuando los políticos y líderes corporativos reclamen un programa familiar, póngase su sombrero de “maternidad” y pregunte, “¿Es esto lo que necesitan las madres y las familias?”. Entonces póngase su sombrero de “trabajador” y pregunte, “¿Acaso esto me ayuda a prosperar en el trabajo y en casa?”. Si sus respuestas son “sí, sí”, entonces no importa si proviene de un demócrata o de un republicano, de un veterano o de un recién llegado. Lo que importa es si él o ella reconocen cuantos sombreros llevan puestos las madres.


Nanette Fondas escribió este artículo para Estados Unidos más allá del bipartidismo, la edición del otoño 2008 de YES! Magazine. Nanette es la autora de artículos galardonados sobre economía y sociología del trabajo, la familia y la administración. Nanette fue una Rhodes Scholar y enseñó administración de empresas en Harvard, Duke y la Universidad de California. Está en el equipo ejecutivo de MomsRising.orgy es la madre de cuatro hijos.

Vea las fuentes (en inglés.)

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Fuentes

:: Percentage of American mothers in the paid labor force:
Labor Force Participation Rates Among Mothers, U.S. Bureau of Labor Statistics, U.S. Department of Labor
http://www.bls.gov/opub/working/page16b.htm

:: Hours per week worked by stay-at-home mothers:
Six-Figure Moms, Salary.com, 2008
http://www.salary.com/personal/layoutscripts/psnl_articles.asp?tab=psn&cat=cat011&ser=ser032?=par901

:: International Ranking for enrollment in early childhood education for 3-5 year-olds:
From 1997 to 2007: Fewer Mothers Prefer Full-time Work, PEW Research Center, 2007
http://pewresearch.org/assets/social/pdf/WomenWorking.pdf


:: International Ranking of workplace flexibility:
Statutory Routes to Workplace Flexibility in Cross-National Perspective, Institute for Women's Policy Research and Center for Work Life Law, University of California, 2008
http://www.iwpr.org/pdf/B258workplaceflex.pdf

 

 


 

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