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Cómo romper el estancamiento sobre el clima

Un acuerdo climático debe tener en cuenta la responsabilidad del mundo desarrollado por el casi 70 por ciento de la contaminación de efecto invernadero y la necesidad de los países en desarrollo de salir de la pobreza. Los primeros deben reducir drásticamente las emisiones mientras los segundos dan un salto de rana sobre la era industrial hacia la prosperidad de la energía limpia.

Global FairnessPara detener la crisis climática, vamos a tener que construir un mundo más justo.

Cualquier solución al cambio climático requerirá que todas las naciones actúen juntas para reducir las emisiones globales. Pero el hecho es que todos los países del mundo no están ingresando a un "futuro post-carbono" en igualdad de condiciones. Los países pobres han tenido el rol más pequeño en la creación de la crisis climática, y tienen menos recursos disponibles para cambiar y adaptarse.

Las políticas sobre el clima que perseguimos tendrán que apoyar a las comunidades pobres y a las naciones en desarrollo. Todo el mundo, ya sea que vivan en países industrializados o en desarrollo, tiene derechos fundamentales a niveles decentes de alimentos, vivienda, salud y vestimenta, y muchas naciones en vías de desarrollo no apoyarán una solución sobre el clima que no permita estos derechos a sus ciudadanos.

En Estados Unidos, tenemos que impulsar soluciones que distribuyan equitativamente entre naciones ricas y pobres los costos de la próxima transición. Si los residentes de los países industrializados no presionan a sus gobiernos para compartir la riqueza y las capacidades tecnológicas con el tercer mundo, la pobreza extrema inevitablemente agravará el estrés ecológico del planeta. Las comunidades pobres que son dejadas fuera de la economía post-carbono y son privadas de sus recursos por parte de las corporaciones, se verán forzadas a despojarse de las cantidades disponibles de agua limpia, bosques y tierras, cada vez menores, sólo para sobrevivir.
Entonces, ¿cómo luciría un enfoque equitativo? Hay un creciente consenso internacional en torno a un conjunto básico de principios llamado "justicia sobre el clima".

 

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Compartir justamente la responsabilidad
por la reducción de las emisiones
.

 

Un enfoque internacional justo y viable debe basarse en la responsabilidad histórica que tienen los países industriales ricos al originar el cambio climático, así como la capacidad de estos países para financiar la transición necesaria.

En los últimos 100 años, Estados Unidos ha sido el mayor emisor acumulativo de gases de efecto invernadero, de acuerdo a los datos del Instituto de Recursos Mundiales. Estados Unidos, la Unión Europea, Japón y Rusia representan en conjunto casi el 70 por ciento de la acumulación global de CO2 atmosférico entre 1850 y 2004. En los dos últimos años, China ha superado a Estados Unidos como el mayor emisor de CO2, pero la población de China es cuatro veces y media más grande. Las emisiones per cápita de EE.UU. son todavía mucho más altas.

HEROES DEL CLIMA
Clayton Thomas-Muller
Disponible solo en inglés: Indigenous people around the world are among those most affected by fossil-fuel development, and Clayton Thomas-Müller is organizing those communities to make sure they have a voice in the United Nations climate negotiations in Copenhagen this December.
Meet all YES! Magazine Climate Heroes

Las naciones industrializadas se hicieron ricas a expensas del tercer mundo. El desarrollo y la industrialización del mundo desarrollado se ha dado a través de la continua, y a menudo forzosa, extracción de minerales, plantas, combustibles fósiles, alimentos y mano de obra del tercer mundo, y a través de la globalización corporativa. El petróleo, extraído principalmente de los países subdesarrollados, ha sido la sangre vital de la globalización. Junto con su hermano el carbón, ha hecho trabajar al capitalismo industrial a un ritmo febril durante los últimos 200 años. Agotando la capacidad de la atmósfera, de la tierra y del océano para absorber el carbono, los países industrializados han dejado a países como India, China y Brasil con poco margen para crear economías industriales que establezcan estándares de vida decentes para sus poblaciones.

Las propuestas predominantes para financiar la transición hacia una economía con bajas emisiones de carbono implican distribuir fondos del primer al tercer mundo a través de entidades como el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial. Si bien se necesita financiación desde el mundo desarrollado, estas instituciones son la elección equivocada. Ambas cuentan con antecedentes de haber agobiado con deudas a los países pobres, de requerir a sus gobiernos recortes del gasto público que socavan sus economías nacionales, y de entregar contratos lucrativos a las empresas transnacionales.

Los mecanismos establecidos para distribuir y asignar estos fondos deben ser transparentes, democráticos y responsables ante la sociedad civil del mundo en vías de desarrollo. Los movimientos populares alrededor del mundo y un número creciente de países—incluyendo Bolivia, Ecuador, Honduras, Nicaragua, Venezuela, Cuba y toda la Unión Africana—han propuesto requerir a las naciones industrializadas el pago de su "deuda ecológica" a través de una entidad de las Naciones Unidas. Los países ricos pagarían al fondo de acuerdo con su grado de responsabilidad en el cambio climático, y el dinero sería utilizado para financiar tecnologías limpias y estrategias de adaptación en los países pobres.

Recientemente, India y China conjuntamente instaron al mundo desarrollado a tomar la iniciativa para la reducción de las emisiones y proporcionar dinero y tecnología sustentable a los países en desarrollo. Y el Presidente brasileño, Luiz Inacio Lula da Silva, recientemente dijo a la prensa que en Copenhague instará al primer mundo a "pagar por los daños que ya han causado al planeta".

La única forma de que un acuerdo climático internacional sea política, económica y ecológicamente viable es que los países ricos resuelvan su deuda ecológica.

 

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Terminar con el sobreconsumo
y el agotamiento de los recursos

El cambio climático es simplemente uno de los síntomas más evidentes de una economía de consumo que está empujando nuestros sistemas ecológicas y humanos hacia el borde. "El crecimiento económico global es la principal causa del aumento de las emisiones", escribe el periodista británico George Monbiot. "Incluso la deforestación en los países pobres está impulsada principalmente por las operaciones comerciales que envían madera, carne y alimentos para animales hacia los consumidores ricos".

Si las comunidades ricas avanzan hacia un paradigma de "energía limpia", pero siguen dependiendo de los recursos naturales y la mano de obra barata del tercer mundo para alimentar su enorme apetito de cosas (incluso cosas "ecológicas"), la crisis climática sólo empeorará.

En China, por ejemplo, la "industria ecológica" está desplazando a las aldeas de agricultores rurales. Una nueva zona industrial al oeste de Shangai abarcará 98 kilómetros cuadrados e incluirá un "Valle Solar" para producir energía fotovoltaica y otras tecnologías limpias para exportación. Irónicamente, las necesidades de energía de esta zona en desarrollo serán alimentadas por varias centrales de carbón.

Alcanzar las agresivas reducciones de carbono exigidas por la ciencia requerirá disminuir la sobreproducción para el sobreconsumo por parte de Estados Unidos, Canadá y Europa.

 

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Dar a las comunidades el control
sobre sus alimentos, tierra y energía.

Las comunidades administradas democráticamente y arraigadas en el lugar, que tienen una relación reflexiva y sensible con su ecosistema, son más capaces de adaptarse a la transición ecológica.

Apoyar el control local, entre otras cosas, significa apoyar a las comunidades que se oponen a la extracción de combustibles fósiles. Estas comunidades son las más perjudicadas por nuestra economía basada en la contaminación y están articulando una de las soluciones más simples a la crisis climática: mantener los combustibles fósiles en el suelo.

Soluciones hechas en casa
Rooibos Harvest in South Africa
Disponible solo en inglés:
In Copenhagen, the question of climate equity will be contentious. But communities in the Global South aren’t waiting for an international agreement. They are turning to sustainable, climate-friendly solutions to address a problem they did little to create, but must nonetheless help to solve.
Read more.

Hace dos años, los indígenas Huaorani de Ecuador ganaron el apoyo provisional del Gobierno ecuatoriano en su campaña para mantener el petróleo intacto en las selvas del Parque Nacional Yasuní. Las selvas almacenan carbono e impiden que éste ingrese a la atmósfera, por lo que esta movida representa una gran victoria para nuestro planeta. También es una opción costosa para el Gobierno ecuatoriano—los 850 millones de barriles de petróleo estimados de Yasuní constituyen el 20 por ciento de reservas petrolíferas verificadas de Ecuador. Sin embargo, Ecuador está dispuesto a abandonar el desarrollo de un yacimiento de petróleo en Yasuní si otros países lo ayudan a recuperar 350 millones anuales—50 por ciento de los ingresos que obtendría de la extracción de petróleo crudo. A partir de este escrito, el gobierno de Alemania ha comprometido una suma inicial de 50 millones al año, y los líderes de Francia y España están considerando un compromiso. Si tiene éxito, esta iniciativa será un momento decisivo en la lucha por la justicia por el clima—la primera vez que una comunidad en la línea de fuego ha conseguido mantener combustibles fósiles en el subsuelo, y una de las primeras veces que una nación en desarrollo ha negociado una compensación por los servicios ecológicos que le provee al mundo.

Aquí en América del Norte, hay también luchas inspiradoras que se resisten a la extracción de combustibles fósiles y que merecen nuestra atención inmediata y apoyo, como las campañas para poner fin a eliminación de las cimas de las montañas en Apalachia, detener la extracción de arenas bituminosas en Alberta, Canadá y detener el refinamiento de petróleo crudo pesado de Chevron en Richmond, California. Una victoria en cualquiera de esos frentes podría dar impulso a un movimiento del tipo "déjalo en la tierra" en los países industrializados y le diría al mundo que el pueblo de Estados Unidos se preocupa profundamente por la justicia sobre el clima.

Crear una economía ecológica para todos

Es emocionante ver un movimiento multirracial dentro de Estados Unidos pidiendo una transición climática justa que ayude a salvar el planeta mientras produce empleos, riqueza y estabilidad económica para las comunidades marginadas. Necesitamos buscar el mismo tipo de soluciones a nivel internacional.

Podemos aprender mucho de redes internacionales inspiradoras como Oilwatch International y Vía Campesina, la organización internacional de agricultores rurales y campesinos. Las falsas dicotomías de la economía frente al medio ambiente o la raza frente al medio ambiente no existen para muchos de los movimientos vibrantes y sofisticados del mundo en desarrollo. Los movimientos de los pueblos indígenas y arraigados al territorio comprenden que nuestra supervivencia colectiva depende profundamente de nuestra relación con la Tierra.

Las comunidades del tercer mundo se resisten a la explotación de los recursos y están creando sus propias soluciones, desde los indígenas U'wa en Colombia, que están haciendo campaña contra la explotación de petróleo en sus tierras, hasta los agricultores indios que están organizando bancos de semillas para proteger la diversidad cultural y biológica que les ha permitido superar sequías e inundaciones durante miles de años.

Grupos como éstos tienen una visión integrada de cómo los alimentos, la tierra y la soberanía energética contribuirán a crear una sociedad adaptable a las adversidades.

"Una economía mundial que tenga en cuenta los límites ecológicos debe necesariamente regionalizar la producción para reducir el derroche tanto de recursos naturales como de personas," dice Vandana Shiva, la célebre escritora y activista india. "Reclamar el control democrático sobre nuestros alimentos, el agua y nuestra supervivencia ecológica es el proyecto indispensable para nuestra libertad".

Restablecer la salud de nuestro planeta, requerirá una redistribución duradera de poder y recursos. Reconocer nuestra herencia común de agua, alimentos y energía debe estar en el corazón de un nuevo marco para la gestión de los recursos mundiales. Los recursos naturales deben ser conservados por el bien común, no privatizados ni explotados de forma no sustentable. Debemos planificar y ejecutar una transición justa hacia una sociedad sostenible con equilibrio de recursos y bajos niveles de carbono que promueva los derechos de las personas, honre su trabajo y proteja el bienestar y la integridad de toda la vida en el planeta.


Gopal Dayaneni y Mateo Nube escribieron este artículo para Acción por el clima, la edición de invierno de 2010 de YES! Magazine. Mateo es director del movimiento Generation Justice and Ecology Project, movementgeneration.org, un grupo que coordina las organizaciones en el área de la Bahía de San Francisco y que trabajan por la justicia económica y ecológica. Gopal es un organizador de Movement Generation y capacitador en la Sociedad Ruckus. Ruckus Society.

 

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