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Productos frescos desde… la ciudad

Ciudadanos y autoridades locales se unen para obtener alimentos frescos para escuelas y vecindarios.

El consejero de la ciudad de Cleveland, Joe Cimperman, en la construcción de la Granja Wonder City, uno de las muchas huertas
El consejero de la ciudad de Cleveland, Joe Cimperman, en la construcción de la Granja Wonder City, uno de las muchas huertas "asfaltadas" de la ciudad.
Foto cortesía del Centro Nueva Agraria

El auditorio de la escuela secundaria de Albuquerque estaba casi repleto. En el escenario se sentaron una docena de funcionarios del Estado de Nuevo México, médicos y otros profesionales de la salud, escuchando atentamente a un desfile de padres, maestros, líderes cívicos, e incluso a algunos estudiantes. Todos hablaban a favor de una propuesta para prohibir los refrescos azucarados y para obligar a las escuelas públicas del estado ofrecer una alimentación más sana.

Luego le tocó el turno al otro lado. Representantes de la industria de bebidas de Estados Unidos, inmaculadamente ataviados y desbordando confianza, expusieron su punto de vista sobre la conservación de las gaseosas en las escuelas públicas de Nuevo México. Cada uno de los oradores—ninguno de los cuales era residente del estado—anunció su nombre, salpicado con una sopa de letras de credenciales que abarcaban toda la gama de disciplinas de la salud más conocidas. Argumentaron que los refrescos no son tan poco saludables como la gente pensaba, que el verdadero culpable de la crisis de obesidad en Estados Unidos no era el exceso de calorías, sino la falta de ejercicio, y que simplemente no era correcto el privar a los niños de las escuelas de las más renombradas marcas de gaseosa de la nación.

Estos argumentos eran tan poco sinceros como convincentes las razones a favor de una alimentación escolar saludable. Pero las instituciones públicas no cambian fácilmente, y las corporaciones no pierden millones de dólares sin pelear. Un acuerdo secreto entre los funcionarios del estado y la industria de bebidas casi saboteó el proyecto de reformas. Pero la luz del día era demasiado brillante, y la voz de los ciudadanos demasiado fuerte. Hoy en día, las cafeterías de las escuelas públicas de Nueva México ya no venden Pepsi o Coca Cola. En su lugar, los estudiantes encuentran manzanas, chiles, y otras frutas y verduras de cultivo local.

La victoria no era inevitable en absoluto. Las reformas de nutrición del estado fueron el resultado directo del trabajo realizado por el Consejo de Políticas Agrícolas y Alimentarias de Nueva México, un grupo organizado de agricultores, nutricionistas, educadores, activistas, y otros, unidos por una alimentación más sana.

 

Pero, ¿cómo poner en marcha un proyecto agrícola en medio de una ciudad, y en una escala que logre una diferencia?

 

De lotes urbanos desocupados a alimentos frescos: la realización de la Granja Experimental Familiar de Vecinos de Cleveland. Fotos de New Agrarian Center
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De lotes urbanos desocupados a alimentos frescos:
la realización de la Granja Experimental Familiar de Vecinos de Cleveland.
Fotos cortesía del Centro de Nueva Agraria
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Las grandes decisiones sobre la alimentación, la nutrición y la agricultura solían ser el ámbito de un pequeño grupo de corporaciones agroindustriales y políticos prominentes. Pero más y más, la gente se está dando cuenta de que las decisiones que afectan su alimentación y su salud son demasiado importantes para dejarlas en manos de otros. En todo el país los ciudadanos están haciendo responsables a sus funcionarios elegidos por la comida chatarra en las escuelas, la inseguridad alimentaria en los barrios pobres, y el futuro de la agricultura a través de grupos llamados "consejos de política alimentaria" (FPCs en inglés).

El movimiento FPC se inició hace más de 25 años en Knoxville, Tennessee, y ahora hay alrededor de 100 consejos en América del Norte. Los consejos vienen en muchas formas y tamaños—algunos organizados por los ciudadanos, algunos establecidos oficialmente por una ordenanza, una ley estatal, o un decreto. Y cada vez más, estos consejos de política alimentaria están afirmando públicamente que el sistema alimentario de la nación debe cumplir una triple línea base—que sea buena para los productores, el medio ambiente, y todos los consumidores, incluyendo a los hogares de bajos ingresos.

Democracia alimentaria en funcionamiento
Una agitada charla se volcó fuera de la sala de reuniones en el edificio de Recursos Naturales del Condado de Boulder, Colorado, mientras los 12 miembros del recién nombrado Consejo Político de Agricultura y Alimentación del Condado de Boulder se reunían para compartir cerveza y pizza (ambos elaborados localmente) y colocaban los toques finales a un plan estratégico para impulsar la producción y la distribución local de alimentos.

El debate tuvo un momento de tensión cuando uno de los miembros se quejó de que sus valores no se reflejaban en el borrador actual del plan. Cindy Torres, Presidente del Consejo, pidió un receso. No importaba si la percepción del miembro era correcta o incorrecta; los consejos de política alimentaria se han comprometido a escuchar las ideas de todos. Cuando se reanudó la discusión, el miembro renuente se calmó, dejó de lado sus dudas y aceptó un compromiso.

"Queremos que todos sepan que tienen una voz en nuestro sistema alimentario", dice Torres. Este proceso inclusivo puede tomar más tiempo. Los consejos de política alimentaria son "como estar en una gran familia", dice. "Todas esas personas no se van a ir a ningún lado, así que mejor aprendes a lidiar con ellos".

Pero Torres insiste en que los beneficios pueden ser enormes. "Al principio sólo había un conjunto de intereses especiales. Pero ahora tenemos una visión que todos pueden compartir y para el cual trabajar", dice. "Sí, nos enfocamos en la sustentabilidad del medio ambiente, pero para que nuestro trabajo tenga un impacto a largo plazo, también debemos trabajar en la sustentabilidad social".

Es esa proximidad a las voces locales que le da su fuerza a los consejos de política alimentaria. A nivel federal, donde el Congreso y la administración hacen políticas como la Ley Agrícola (Farm Bill), la voz del ciudadano medio puede perderse. Pero cuando los consejos de política alimentaria hacen frente a una junta escolar local o a la legislatura estatal, los funcionarios electos tienen que escuchar y trabajar con ellos.

Esta estrategia ha tenido éxito en Nuevo México, donde el consejo ha trabajado con socios públicos y privados para defender con éxito el aumento de la financiación estatal para los mercados de agricultores y el Programa de Nutrición para Mercados de Agricultores.
Los consejos de política alimentaria se comprometen a construir una "gran carpa", abierta a muchos intereses, y este compromiso comienza a dar sus frutos también en otras comunidades. Cleveland, por ejemplo, "ha reunido a un impresionante grupo de participantes del sistema de alimentos que tienen una visión de un sistema local de alimentos justo y sustentable", según Jennifer Schofield, cofundadora del Consejo de Políticas Alimentarias del Condado de Cuyahoga.

Al igual que muchas de las ciudades del “cinturón de óxido”, Cleveland ha perdido un asombroso número de residentes y supermercados, dejando a los ciudadanos varados en medio de grandes extensiones de terrenos baldíos, sin tiendas para comprar alimentos. Pero Schofield vio a estos terrenos baldíos como futuras mini-granjas, y a las pequeñas tiendas remanentes como potenciales comercios de alimentos sanos, no sólo de dulces, tabaco y billetes de lotería. "Cualquiera en su sano juicio sabe que el futuro económico de Cleveland no está con las empresas del Fortune 500. Tenemos que estimular las pequeñas empresas locales, como la alimentación y la jardinería."

Pero, ¿cómo poner en marcha un proyecto agrícola en el centro de una ciudad, y en una escala que logre una diferencia?

El consejo de política alimentaria abordó esta cuestión mediante la búsqueda de políticas urbanas que pudieran abrir posibilidades para la agricultura urbana. Encontraron un campeón en el concejal Joe Cimperman, un veterano de 10 años del 13er Distrito de Cleveland.

"La agricultura urbana puede ser transformativa en términos de economía, nutrición, salud y seguridad pública", dice Cimperman. "Nuestro objetivo es hacer de Cleveland el líder nacional en la economía alimentaria local". Él y la FPC han conseguido un cambio de zonificación que permite una jardinería comunitaria. Ahora están trabajando en una nueva zonificación para crear parcelas más grandes, de 4.000 metros cuadrados o más, y que permitan la cría de gallinas y la apicultura.

Enfoques similares han tenido éxito en Portland, Oregon, donde los 15 miembros del Consejo de Política Alimentaria de Multnomah, Portland, han alentado a la ciudad para abrir más terrenos para jardines comunitarios a través de su proyecto "Diggable City", que ha enfocado a la opinión pública en la necesidad de más parcelas urbanas. Aunque hasta el momento 3.000 personas cultivan las huertas comunitarias de la ciudad, todavía hay 1.000 aspirantes a jardineros en una lista de espera.

Portland también está pensando más allá de unas pocas parcelas. El consejo está trabajando con la comisión de planificación de la región para fomentar la inclusión del acceso a los alimentos, alimentos asequibles, y la viabilidad de la agricultura estatal en el plan quinquenal para la región. En caso de lograrlo, sería la primera vez que una ciudad importante de Estados Unidos reconociera a la alimentación y a la agricultura como cuestiones clave en su planificación urbana y regional.

A través de estas colaboraciones, los consejos de política alimentaria le dan a la gente corriente la oportunidad de tener un gran impacto sobre la procedencia de los alimentos que le llegarán en el futuro. Según Pam Roy, co-directora de la ONG “De la Granja a la Mesa”, el consejo de Nueva México fue creado para lograr un cambio profundo al respecto.
"Podríamos hacer proyectos alimentarios para siempre", dice ella, "pero nunca conseguir los resultados de gran alcance que obtenemos abordando las políticas estatales".

A medida que nuevas voces hablan a través de los FPCs, hay esperanza de que las decisiones sobre la alimentación y la agricultura comiencen a generar lo que la gente realmente necesita: una alimentación sana, asequible y sustentable.
Mark Winne escribió este artículo como parte de Alimentos Para Todos, la edición de Primavera de 2009 de YES! Magazine. Mark es co-fundador de la Comisión de Política Alimentaria de la Ciudad de Hartford, el Consejo de Política Alimentaria de Connecticut, ¡Connecticut acaba con el hambre!, y la Coalición de Seguridad de Alimentos Comunitarios, y autor de Closing the Food Gap: Resetting the Table in the Land of Plenty (“El cierre de la brecha alimentaria: restaurando la mesa en la tierra de la abundancia”) (Beacon, 2008).

Interesado?
Aprende más sobre los consejos de política alimentaria (Food Policy Councils) en www.yesmagazine.org/fpc (en inglés)

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