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Atención Sanitaria: Es lo que Nos Enferma

Los norteamericanos gastan más, obtienen menos, y no tienen seguridad de recibir asistencia médica.¿Cuáles son los efectos de este sistema de parches en EE.UU? ¿Qué hace falta para arreglarlo?

Health of our nation Para Joel Segal fue el día en que fue echado del Hospital George Washington, todavía con una intravenosa, luego de una cirugía de rodilla, sin seguro, y con una deuda médica de 100.000 dólares. Para Kiki Peppard, fue tener que posponer una cirugía ineludible hasta conseguir un trabajo que incluyera seguro médico… lo cual le llevó dos años. La gente por todos los EE.UU. está despertando al hecho de que nuestro sistema para proveer atención sanitaria es un desastre.

Aproximadamente 50 millones de norteamericanos carecen de seguro médico; un número similar, y en rápido incremento, están sub-asegurados. Los no asegurados son excluidos de los servicios, se les cobra más por éstos, y mueren cuando el cuidado médico podría salvarlos; un estimado de 18.000 personas mueren cada año porque carecen de cobertura médica.

Pero no sólo sufren los que no tienen seguro médico. De los más de un millón y medio de casos de bancarrotas presentadas en los EE.UU. cada año, cerca de la mitad son el resultado de facturas médicas; de estos, tres cuartos de los afectados poseían seguro médico.

Los negocios también están sufriendo. Las compensaciones por seguro se incrementaron un 73 por ciento entre el año 2000 y 2005, y se espera que los costos per capita se mantengan en aumento. La Coalición Nacional sobre el Cuidado de la Salud (National Coalition on Health Care o NCHC), estima que, sin reforma, los gastos del sistema de salud a nivel nacional se duplicarán durante los próximos 10 años. Esta coalición no se trata de un grupo de defensa marginal: sus co-directores son los congresistas Robert Ray y Paul Rogers, y cuenta entre sus miembros a General Electric y Verizon.

Los empleadores que desean ofrecer a sus empleados beneficios de salud no pueden competir con otros empleadores, poco éticos, que no ofrecen ninguno. Ni tampoco pueden competir con empresas localizadas en países que ofrecen un seguro de salud nacional.

Los hechos impactantes sobre el sistema de salud en los EE.UU. son bien conocidos. Existen muy pocas dudas de que el sistema está fracturado. Lo que no se sabe tan bien es que el diálogo acerca de cómo arreglar el sistema sanitario se encuentra, asimismo, quebrado.

Entre políticos y expertos un sistema universal, financiado públicamente, está fuera de la cuestión. Pero los norteamericanos en un número creciente saben lo que sus líderes parecen no saber: que los EE.UU. es la única nación industrializada donde historias tales como la de Joel o Kiki pueden suceder.

Y la mayoría de los norteamericanos conocen el por qué: Los EE.UU. deja la salud de sus ciudadanos a merced de un sistema caro y repleto de parches, donde algunos reciben gran asistencia sanitaria mientras otros no logran ninguna en absoluto.

La gran mayoría (un 75 por ciento, de acuerdo a una encuesta de Harris Poll realizada en Octubre de 2005) desean lo que tiene la gente en otros países ricos: la paz mental del seguro médico universal.


¿Un Experimento Salvaje?

Lo cual hace a esta discusión aún más extraña. El debate público alrededor de la asistencia sanitaria universal procede como si éste fuera un experimento salvaje sin comprobar, y como si los EE.UU. fueran a hacer algo jamás hecho hasta entonces.

Sin embargo, el cuidado de la salud universal está funcionando en todo el mundo industrializado. En la mayoría de los casos los doctores y los hospitales operan como negocios privados. Pero el gobierno paga las cuentas, lo cual reduce los costos de papeleo a una fracción del nivel norteamericano. Además saca del asunto a las costosas corporaciones del seguro y a las llamadas organizaciones de mantenimiento de la salud (HMO), con sus paquetes multimillonarios de compensación a ejecutivos y miles de millones en ganancias. No es extraño que los sistemas “de único pagador”[1] (single-payer), puedan cubrir a sus poblaciones enteras a la mitad del costo per capita. En los EE.UU. la gente sin seguro médico puede vivir con enfermedades o dolores extenuantes, bajo condiciones que les impiden conseguir trabajo o un salario decente, poniéndolos sobre un camino de pobreza permanente. Tienen más dificultades manejando condiciones crónicas (sólo 2 de cada 5 poseen un doctor de cabecera), empujándolos a una salud más pobre y a mayores costos.

Los no asegurados tienen muchas mayores probabilidades de esperar a conseguir tratamiento para problemas graves hasta que éstos se vuelven severos.

Incluso aquellos que tienen un seguro pueden no darse cuenta (hasta que es demasiado tarde) que las excepciones, los deducibles, los co-pagos y los límites anuales los dejan en la ruina cuando un miembro de la familia se enferma gravemente.

En 2005, más de un cuarto de los norteamericanos asegurados no concretaron recetas médicas, eludieron tratamientos recomendados o no vieron un doctor cuando estaban enfermos, de acuerdo con una encuesta de 2005 (Commonwealth Fund's 2005 Biennial Health Insurance Survey).

La gente permanece en trabajos que odia, sólo por el seguro. Los dueños de pequeñas empresas son incapaces de ofrecer cobertura médica para sus empleados o para ellos mismos. Los grandes negocios evitan colocar sus fábricas en los Estados Unidos; Toyota acaba de seleccionar a Canadá para construir una planta y así escapar de los costos médicos de Estados Unidos, que continúan subiendo hasta el cielo.

Todo esto se resume en una sociedad menos saludable, más familias sufriendo el doble castigo de la crisis financiera y la crisis de salud, y más gente forzada a permanecer minusválida.

Pero la discusión pública continúa como si poco pudiese hacerse, más allá de colocar algunos parches sobre el sistema actual. Más compromiso del gobierno crearía una burocracia poco manejable, dicen ellos, y seguramente una bancarrota para todos. La evidencia apunta a la conclusión opuesta.

Los Estados Unidos gasta, por lejos, el mayor monto en atención médica por persona; más del doble que en Europa, Canadá y Japón, todos los cuales tienen alguna versión del seguro médico nacional. Aún así, casi estamos tocando fondo en prácticamente todas las mediciones de salud nacional.

La Organización Mundial de la Salud ubica al servicio de salud de EE.UU. en el puesto número 37 de un listado de 190 países, muy por debajo de Europa, y siguiendo de cerca a Chile y Costa Rica. Los Estados Unidos se desempeña incluso peor en los rankings de la OMS que miden el nivel de salud: un increíble puesto número 72. La expectativa de vida en EE.UU. es más corta que en otras 27 naciones; los EE.UU. se compara con Hungría, Malta, Polonia y República Eslovaca en mortalidad infantil; solamente por delante de Letonia, entre las naciones industrializadas.

 

El Costo de la Burocracia Corporativa

¿A dónde está yendo el dinero? Un estimado de 15 centavos por cada dólar privado del sistema de salud de Estados Unidos se va simplemente en barajar el papeleo. En nuestro sistema emparchado de HMO's, compañías de seguro, farmacéuticas, hospitales, y programas del gobierno, los costos administrativos suman aproximadamente el doble de los de un sistema de único pagador, como el de Canadá. Esto no es porque los norteamericanos son inherentemente menos eficientes que los canadienses; nuestro sistema Medicare, financiado públicamente, gasta menos de 5 centavos por cada dólar del presupuesto en gastos administrativos. Y la Administración de Veteranos, que funciona como el sistema médico socializado de Inglaterra, gasta menos por paciente pero consistentemente supera a los proveedores privados en satisfacción del paciente y calidad del servicio.

Pero en el sector privado las ganancias y los excesivos pagos a la gerencia se agregan al papeleo y la burocracia. La industria farmacéutica de los Estados Unidos presenta en promedio un margen de ganancias del 17 por ciento contra el 3 por ciento del resto de los negocios. En la industria del cuidado de la salud, los sueldos millonarios a los gerentes son la regla, con algunos ejecutivos aniquilando más de 30 millones por año en salarios y amasando miles de millones en paquetes accionarios.

 

¿Estos Costos Realmente Hacen la Diferencia?

Estudios conducidos por la Oficia de Contabilidad General, la Oficina de Presupuesto del Congreso y varios estados, han concluido que un sistema de salud universal de único pagador, cubriría a cada uno, incluyendo a los millones que actualmente no poseen seguro, y aún así ahorraría miles de millones.

Enormes cantidades de dinero están cambiando de manos en el complejo industrial de la salud, pero muy poco está yendo a los proveedores en la línea del frente: enfermeras, practicantes y trabajadores de la salud a domicilio que trabajan largos turnos por salarios muy bajos. Muchos incluso se encuentran con el hecho de que deben lidiar para conseguir el acceso a las mismas instituciones en las que trabajan.    

Los doctores se quejan de desgaste mientras la carga de pacientes se incrementa. Ellos gastan menos tiempo con cada paciente, mientras gastan cada vez más tiempo haciendo el papeleo que exigen las compañías de seguros y peleando con éstas y sus burócratas acerca de los tratamientos y la cobertura.

 

Los Norteamericanos Saben lo que Quieren

En encuestas y sondeos, en asambleas municipales y a través de cartas, una gran mayoría de norteamericanos dicen que ya han tenido suficiente con un sistema que claramente no funciona, y están demandando un sistema de salud universal. Muchas empresas, a pesar de su disgusto de que se involucre el gobierno, están llegando al mismo punto de vista. Doctores, enfermeras, clínicas y hospitales sin fines de lucro se están uniendo a la llamada. Muchos dicen específicamente que necesitamos un sistema de único pagador, tal como el de Canadá. Y aunque escuchamos quejas sobre el sistema de Canadá, un estudio de diez años de sondeos de la opinión de los canadienses demostró que éstos están más satisfechos con su sistema de salud que los norteamericanos. El artículo de Holly Dressel demuestra por qué.

A pesar de que nunca te enterarías por los medios norteamericanos, el número de canadienses que intercambiarían su sistema por uno parecido al de Estados Unidos es sólo del 8%.

Una vez más el diálogo público procede desde un lugar desconcertante. Se habla mucho acerca de los canadienses o los británicos insatisfechos, pero se menciona poco el nivel de satisfacción de los norteamericanos. La encuesta del Commonwealth Fund, por ejemplo, muestra que en 2005 el 42 por ciento de los norteamericanos dudaron de que pudieran obtener un servicio médico de calidad. En una serie de asambleas municipales, los facilitadores preguntaron a los participantes sobre una docena de complejas políticas de salud, pero excluyeron al sistema de único pagador como opción. Solo después de que los participantes lo demandaran repetidamente, fue agregado a la lista este método que permite eliminar a los intermediarios corporativos.

La misma historia se dio a lo largo del país en asambleas municipales convocadas por el Grupo de Trabajo sobre la Salud de los Ciudadanos (Citizens' Health Care Working Group), un grupo organizado por el Congreso. En Los Ángeles, Nueva York y Hartford los participantes simplemente se rehusaron a considerar las cuestiones que se les habían dado acerca del equilibrio entre costo, calidad y accesibilidad. Ellos insistieron que ya hay suficiente dinero siendo gastado para pagar un sistema de salud universal financiado públicamente.

Pero no sólo se trata de dinero. Los comentarios de los participantes de las asambleas municipales, desde Fargo a Memphis, desde Los Angeles a Providence, revelaron una comprensión de que ésta es una cuestión muy profunda. Es una cuestión que abarca también qué tipo de sociedad deseamos. Una sociedad en la que todos somos abandonados para hundirnos o nadar por nuestros propios medios, o una en la que reconocemos que toda la sociedad se beneficia cuando cada uno puede acceder a la ayuda que necesita.

Asimismo, cuando preguntamos a los lectores del boletín electrónico de YES!, qué es lo que los haría más saludables, prácticamente todos contestaron en términos de “nosotros”. Cualquiera de nosotros puede enfermarse o ser lastimado, cualquiera puede perder un trabajo, y al mismo tiempo el seguro médico. Nuestra mejor seguridad, dijeron nuestros lectores, es la cobertura para todos.

 

¿Qué Forma Pudiera Tomar Esto?

A medida que se aproximan las elecciones y la cuestión del sistema de salud se coloca primera en las encuestas de opinión como la cuestión doméstica más urgente, varias propuestas para el cuidado de la salud universal están circulando. El grupo bipartidario NCHC tuvo en cuenta cuatro opciones: mandatos para el empleador; la extensión de los sistemas federales como Medicare para todos aquellos sin seguro; la creación de un nuevo programa federal para los no asegurados; y un seguro nacional de único pagador. Todas las opciones ahorraban miles de millones de dólares comparados con el sistema actual, pero el sistema de único pagador fue, por lejos, el ganador, ahorrando más de cien mil millones de dólares por año.

Mientras tanto, el Grupo de Trabajo sobre la Salud de los Ciudadanos, que convocó aquellas asambleas municipales por todo el país, ha emitido recomendaciones provisionales. Éstas declaran los valores que los participantes expresan: todos los norteamericanos deberían tener un cuidado de la salud accesible, y asegurar que así sea es una responsabilidad social compartida. Lamentablemente, esta declaración audaz es seguida por recomendaciones inconclusas: más estudios, ninguna preferencia por financiamiento público, y un fuerte compromiso para que todo el mundo esté cubierto para el año 2012 (pero sin medios para hacerlo). La comisión realizará sus recomendaciones finales al presidente y al Congreso, y está aceptando comentarios del público hasta finales de Agosto.

 

¿Cuál es el Obstáculo?

Con todo el apoyo y todas las buenas razones para adoptar un sistema de salud universal, ¿por qué todavía no lo tenemos? ¿Por qué los políticos se rehúsan a hablar acerca de la solución que la gente desea?

Podría ser el hecho de que la industria del sistema de salud, el principal gastador en El Capitolio, gastó $183,3 millones en ejercer presiones políticas, sólo en la segunda mitad de 2005, de acuerdo al sitio PoliticalMoneyLine.com. Y en las elecciones de 2003-2004, gastaron $123,7 millones en las campañas electorales, de acuerdo al Centro de Políticas Responsables (Center for Responsive Politics).

Los políticos le tienen pavor al bombardeo publicitario y al desastre político que rodeó a la propuesta de Clinton para un nuevo sistema de salud. Pero en los años que pasaron los costos del sistema de salud han superado el crecimiento en salarios y a la inflación por gruesos márgenes, los norteamericanos se han unido a las filas de los no asegurados a razón de 2 millones cada año, y las empresas están enfrentando serios problemas de competitividad mientras luchan por pagar compensaciones médicas cada vez más altas.

Salud Para Todos (Health Care for All) está organizando asambleas municipales a lo largo de todo Estados Unidos (se han realizado 93 hasta el momento), y la gente está presionando a sus representantes para que entren en acción. Más de 150 sindicatos han llamado a la acción por un sistema de salud universal, y las encuestas muestran que una mayoría abrumadora de norteamericanos sienten de igual forma.

Algunos líderes políticos están presionando por un sistema universal, ¿Se acuerdan de Joel, que fue echado del hospital con una deuda médica de $ 100.000? Él comenzó a dar discursos acerca de la catástrofe de nuestro sistema de salud y eventualmente fue contratado por el Diputado John Conyers (D-MI) para encabezar su propuesta por un sistema de salud de único pagador. La ley de Conyers, "Medicare for All", ahora tiene 72 patrocinadores. La ley del Diputado Jim McDermott's (D-WA), “Health Security Act”, tiene 62.

Por todo Estados Unidos las campañas estatales y locales para un sistema universal están haciendo progresos. (Vea el artículo de la Pastora Linda Walling).

Unos de estos días, los grupos de presión y sus clientes en el gobierno puede que tengan que salirse del camino y permitir que los norteamericanos se unan al resto del mundo desarrollado en la seguridad, la eficiencia y la calidad que se obtienen con un sistema de salud para todos.

Sarah van Gelder es la Editora Ejecutiva de YES! Magazine. Doug Pibel es el Editor General de YES!



[1] Forma de financiamiento del sistema de salud en el cual existe una agencia única (pública o semi-pública) que paga a los proveedores por los servicios médicos prestados. En otras palabras, brinda atención sanitaria privada a través de un seguro público (N. del T.).

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