Principios de Soluciones Reales

Cubrir a todos.

El cuidado de la salud es un bien público. Como los bomberos o la protección policial, la cobertura universal beneficia a cada uno de nosotros y a la sociedad como un todo. A diferencia de las opciones del consumidor, no sabemos en qué momento nosotros, o alguien que amamos, pudiera necesitar tratamiento médico costoso.

La cobertura universal reduce el riesgo de enfermedades contagiosas, la incapacidad física, la bancarrota, y el uso de servicios de emergencia costosos para problemas que son mejor manejados a través del cuidado normal de los pacientes.

Las compañías de seguro de la salud obtienen sus beneficios seleccionando a los ricos, y excluyendo a la gente y a los tratamientos que pudieran ser costosos. Necesitamos un sistema que esté diseñado no para excluir, sino para optimizar el tratamiento para todos; no para maximizar beneficios sino para minimizar el sufrimiento.

Desvincular la cobertura del puesto de trabajo.

La elevación de las prestaciones de la atención médica le está quitando competitividad a las compañías de EE.UU. y a sus trabajadores, y polarizando las negociaciones laborales.            

El seguro basado en el empleador va en contra de los trabajadores independientes, los emprendedores, los trabajadores por cuenta propia, los desempleados, los trabajadores part-time, los artistas y los  trabajadores indigentes.

Los empleadores están dispuestos a quitarse de encima el costo y la sobrecarga administrativa de seleccionar y pagar la cobertura médica de sus empleados.

Nosotros, a diferencia de las generaciones previas, cambiamos de trabajo frecuentemente. Un cambio de trabajo no debería implicar el cambio o la pérdida de la cobertura de salud. Hay que controlar los costos, eliminando la burocracia.

Se lograrían enormes ahorros simplemente liberando a los doctores de la sobrecarga burocrática que le exigen las compañías de seguros. Una estructura de tarifas negociada y un único pagador (o algunos pocos pagadores regulados), debería ahorrar lo suficiente para cubrir a los no asegurados, según muestran los estudios.       

En la mayor parte del mundo industrializado, las compañías aseguradoras de salud privadas existen únicamente para proveer servicios premium. Mantener a las compañías de seguros médicos dirigidas porbeneficios en el centro de nuestro sistema nos está costando miles de millones de dólares extras a los norteamericanos cada año.

Invertir en prevención.

La cobertura debería incluir prácticas de sentido común de prevención e inmunización, y las prácticas complementarias del cuidado de la salud que han demostrado ser beneficiosas.

Deberíamos promover hábitos saludables a través del tratamiento del abuso de sustancias, el tabaquismo y la violencia doméstica. Los espacios abiertos, las bici-sendas, y los jardines comunitarios también mejoran la salud, y deberíamos reducir las toxinas que contaminan nuestra comida, el agua, el aire y el suelo.

Reducir la pobreza y la inequidad.

La pobreza, el desamparo y la inequidad dañan la salud de toda la sociedad, y a cada uno de nosotros, ricos y pobres (ver el artículo Una Mejor Salud a Través de una Riqueza más Justa). Un enorme dividendo de salud resultaría simplemente de la reducción de las excesivas ganancias y salarios gerenciales, y haciendo ascender a aquellos que están en el piso de la escala del ingreso. Podríamos comenzar comenzar con el sector de los servicios de salud.
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