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Nueva Orleáns: Donde la FEMA No Se Atrevió a Pisar

Los médicos voluntarios que aparecieron luego del Huracán Katrina, montando bicicletas, crearon un nuevo modelo de asistencia médica comunitaria.

En los días posteriores al golpe del huracán Katrina en Nueva Orleáns, el vecindario Algiers fue uno de los pocos que permanecieron sin inundarse. Aunque los vientos de Katrina causaron extensos daños a los techos y tumbaron árboles y líneas eléctricas, no hubo agua en las calles o en las casas, como sí lo hubo en el resto de la ciudad.

 Aún así, Algiers no tuvo energía eléctrica o agua corriente por muchos días, y la invasión de la ciudad por parte de miles de soldados, oficiales de policía federales y personal privado paramilitar, crearon una atmósfera de tensión y convulsión. En Algiers, como en otros vecindarios, la Guardia Nacional impuso un toque de queda desde el amanecer hasta la noche. En un área, residentes blancos asustados por los rumores de robo de autos y pillaje, acamparon en sus techos y organizaron patrullas portando pistolas. Una noche bien tarde, hombres de la Guardia Nacional y del equipo SWAT del Departamento de Policía de Nueva Orleáns hicieron una redada en el Desarrollo de Alojamientos Fischer de Algiers en busca de una persona que había disparado a un camión de teléfonos celulares; entonces jóvenes de color tomaron las armas de una tienda de empeños local y prometieron pelear con las tropas, y contra quienes denominaron “vigilantes blancos”.

 Ronald Ragens, un habitante de Algiers de 55 años de edad, recuerda aquellos días como solitarios y temerosos. "Todo lo que veías eran policías, militares, y todo tipo de gigantescos camiones moviendo provisiones de aquí a allá, y helicópteros volando encima de ti como si fuera una zona de guerra," recuerda.

 Entonces una mañana, cuatro días después del inicio de la tormenta, algo sucedió que disolvió el miedo y calmó la tensión. Cuatro jóvenes montando bicicletas se dejaron ver en Algiers, tocando las puertas y preguntando si alguien necesitaba atención médica. Cuando se les preguntó si eran de la Cruz Roja o de la FEMA (Agencia Federal de Gestión de Emergencias), ninguna de las cuales había hecho acto de presencia en Algiers, los médicos respondieron que no; ellos eran tan sólo voluntarios que habían llegado sin autorización. Ofrecían primeros auxilios, medían la presión arterial, hacían pruebas de diabetes, e indagaban sobre síntomas de ansiedad, depresión, y enfermedad.

 "Fue simplemente la cosa más noble de la cual he sido testigo en mi vida," recuerda Malik Rahim, un residente de Algiers de toda la vida, activista por el alojamiento local, y anteriormente miembro de las Panteras Negras, que ayudó a organizar el espacio para los trabajadores de la salud en una mezquita local. “Fueron los médicos de la calle quienes realmente evitaron que esta ciudad ingresara en una guerra racial, porque ellos eran blancos y estaban al servicio de la comunidad de color en un momento en el que los negros se sentían hartos. Ellos son los verdaderos héroes de todo esto.”

 A medida que Nueva Orleáns pasaba de la tensión y el miedo a las tiendas de campaña de la FEMA, la Clínica Intereses Compartidos (Common Ground Clinic) se hizo cargo de proveer cuidados médicos, dada la devastación de los hospitales. Rahim, un hombre amigable y extrovertido con rastas grises y una suave voz, ahora es el líder simbólico del Colectivo Intereses Compartidos (Common Ground Collective), una improbable tribu de activistas y practicantes de la atención médica que han descendido a Nueva Orleáns para proveer "solidaridad, no caridad" a la gente de esta comunidad devastada. Los "médicos de la calle" montando en sus bicicletas, forman parte de una inarticulada red de trabajo nacional de enfermeras y asistentes médicos que proveen primeros auxilios a los manifestantes de las demostraciones pacifistas, y estuvieron entre los primeros en responder.

 "Todo este lugar olía a muerte," recuerda Noah Morris, un flaco activista anti-corporativo de Saint Louis, que recuerda haber visto cuatro víctimas de armas de fuego, sus cuerpos crudamente cubiertos por láminas de chapa corrugada. La mayoría de sus primeros pacientes, dice Noah, sufrían de presión sanguínea alta, la cual atendió con remedios herbales y suplementos nutricionales "para ayudar a bajar la presión sólo un poquito." Los médicos fueron seguidos unos días después por una caravana de doctores, enfermeras, y acompañantes terapéuticos de San Francisco. Entonces, a medida que se corrió la voz, grandes cantidades de practicantes de la salud y activistas políticos de toda la nación comenzaron a llegar a Nueva Orleáns.

 

Médicos Eclécticos

 Intereses Compartidos ha atraído a un equipo ecléctico. Michael Kozart, el primer doctor en pasar un tiempo substancial en la clínica, pertenece a un grupo llamado el “Colectivo Radical de Salud del Área de la Bahía” (Bay Area Radical Health Collective), y decidió venir luego de escuchar sobre Algiers en la radio KPFA, afiliada a Pacifica en Berkley.

 "Yo pensé, ¿cómo puede una sociedad tan rica como la nuestra tener personas que están siendo desatendidas porque nuestros sistemas médicos y de suministro de agua, y el propio gobierno, son completamente ineficientes?"

 Liz Rantz, otra doctora, ha pasado aquí dos periodos de licencia de su trabajo en Missoula, Montana, donde ella es la directora médica del Departamento Correccional del estado. La Asociación de Enfermeras de California ha enviado un flujo estable de enfermeras certificadas. Acupunturistas Sin Fronteras (Acupuncturists Without Borders) ha organizado varios equipos de voluntarios. Han llegado voluntarios desde Minnesota, Massachusetts, Iowa, Texas, Nuevo México, y Canadá; durante la primera semana, hubo dos voluntarios franceses de Médicos sin Fronteras (Doctors Without Borders). Desde la estación de crisis, a la farmacia provisional, se veía una abundancia de piercings, rastas y pedrería artesanal, como así también de uniformes pulcramente planchados de enfermeras recién llegadas de sus trabajos hospitalarios.

 "Yo ignoraba por completo que había un grupo de activistas," dice Lynne Crawford, una efervescente enfermera de Harrisburg, Pennsylvania, quien invierte la mayor parte de su tiempo trabajando en las clínicas móviles. Crawford, que viste su uniforme azul mientras hace sus rondas, encontró aquí su camino luego de ser despedida de su último trabajo. A diferencia de muchos de sus colegas, que duermen en el piso de la clínica o en las tiendas de campaña levantadas en el patio trasero, ella logró encontrar un cuarto en un bote de la Guardia Costera atracado en Nueva Orleáns.

 Cuando me topé con ella una tarde, ella me confesó haber sufrido un "gran choque cultural" en sus primeras días en Intereses Compartidos. Me señaló a algunas de sus nuevas amigas, apostadas fuera fumando en un descanso: "¿Por qué no se afeitan las piernas? Simplemente no lo entiendo," me dijo, riendo. "Pero ahora amo a la gente de aquí. Todos tenemos un propósito en común."

 Para los activistas acostumbrados a ser marginales, Intereses Compartidos ha sido también una revelación. "¿Cuántas acciones políticas tienes cuando, de un momento a otro, pareciera que la comunidad descendiera sobre ti?" pregunta Scott Weinstein, un alto y barbudo enfermero de Washington, D.C., que fue uno de los primeros en llegar y servir como enlace con lo que había quedado de la comunidad médica de Nueva Orleáns. Él dice que la clínica ha reformulado la forma en la que piensa sobre política. "La mayoría de la gente piensa en la acción directa como en tomar una calle durante una demostración," dice él, "pero qué gran cosa... así que copaste una calle. Esto no tiene nada que ver con la toma de calles; se trata de brindar asistencia médica."

 

 Un Oasis de Asistencia

 La mezquita Majid Bilal se ubica en una concurrida esquina a tres manzanas del dique. Allí, pasando apenas un almacén repleto de flotadores coloreados que quedaron del último carnaval, puedes ver la línea del horizonte de la ciudad, el Superdome, y los dos barcos cruceros que fueron alquilados por el gobierno federal por cerca de $200 millones para alojar a los trabajadores de emergencia. Grandes remolcadores, buques cisternas, y barcos repletos de contenedores pasan de largo en un flujo estable. La clínica en sí está rodeada por diminutas casas de un piso, la mayoría de cuyos techos están emparchados con resistentes telas de plástico azul. Un cartel en la puerta trasera del edificio reza: "No Se Permiten Armas. Por Favor Respete La Mezquita," una referencia a las armas que portan los hombres de la Guardia Nacional y de la seguridad privada en todas las oficinas del gobierno en la ciudad.

 Andrew Summer, un obrero del astillero desempleado que vive cerca de Gretna con su hermano, llegó a la clínica para proveerse de una receta nueva para sus medicamentos. Summer es desgarbado, alto y está visiblemente cansado. Sobrevivió al Katrina en el Lower Ninth Ward, fue traído en un bote al Centro de Convenciones, y eventualmente voló a Houston. No puede completar sus recetas porque el Hospital Charity, el famoso hospital que alguna vez atendió a la mayor parte de los pobres de Nueva Orleáns, ha sido clausurado.

 Para muchos de los pacientes de Intereses Compartidos, la clínica es un alivio no sólo de Katrina y el subsiguiente vacío en la atención médica (de repente no había doctores ni hospitales en Nueva Orleáns, y ni la Cruz Roja ni la FEMA parecían capaces de proveerlos), sino también de una prolongada emergencia más silenciosa; de acuerdo con Rahim, el 85% de los hombres en Algiers no tienen seguro médico, "y para muchos de ellos, la última vez que vieron un doctor fue en prisión o en una emergencia en el Charity."

 Intereses Compartidos también se ha encontrado satisfaciendo necesidades inesperadas. Durante su primer mes, sus equipos médicos brindaron inmunización a cientos de trabajadores empleados como sub-contratados para empresas tales como Shaw Inc. y Halliburton; compañías que dejaron que sus trabajadores, muchos de ellos inmigrantes latinos, resolvieran por su propia cuenta cuáles vacunas necesitaban y dónde obtenerlas.

 Cuando Rita inundó cientos de kilómetros cuadrados en los pueblos del riachuelo alrededor de Houma, Louisiana, Intereses Compartidos hizo llegar el único equipo de socorro que visitó el área; ni la Cruz Roja ni la FEMA lograron hacerlo, de acuerdo al Dr. Rantz y a otros tres voluntarios que participaron.

 La mayoría del trabajo médico de Intereses Compartidos transcurre en tres precarias estaciones de trabajo en lo que solía ser el salón de rezos de la mezquita. La Estación Uno es una mesa de cartas con estantes improvisados que guardan algodón, guantes de plástico y otros equipos; un estetoscopio cuelga de la única esquina. La Estación Dos consiste en un par de bancas ubicadas cerca de un conjunto de estantes que parecen provenir del cuarto de un motel. Apilados pulcramente están los suministros donados que la clínica distribuye: Tampax, avellana de bruja (witch hazel), Enfamil fórmula, suplementos de calcio. La Estación Tres es el único cuarto "privado" de la clínica, separada de las otras estaciones con sábanas. Luego de un breve ingreso, llevado a cabo por tres voluntarios, los pacientes esperan su turno en la línea de asientos que sirven como sala de espera: cuando son llamados por su nombre, se dirigen a una de las estaciones, en donde una enfermera o enfermero toma sus constantes vitales, y consulta con alguno de los doctores qué hacer a continuación.

 En la sala adjunta, mas allá del teléfono siempre ocupado y la máquina de fax, hay una burda farmacia repleta de suministros que han sido donados por organizaciones tales como “Veteranos por la Paz” y “Alimentos, No Bombas”. En la parte de atrás hay una fila de computadoras conectadas a Internet por medio de una esporádica conexión inalámbrica provista por la FEMA desde los cruceros del otro lado del río. Sobre una pared hay listas de importantes proyectos y tareas que requieren voluntarios, incluyendo "indagatoria de incidentes críticos" y "ayuda legal médica". Una de las tareas es más general: "Imbuir a todo lo que hacemos con intenciones anti-depresivas."

 Aunque la jerarquía no está bien vista por aquí, algunas personas en Intereses Compartidos claramente juegan un rol de liderazgo. Uno de ellas es Moe, una enfermera matriculada y experta en hierbas de Montana que ha estado aquí desde principios de septiembre. Ella es a menudo una de las primeras en darle la bienvenida a los recién llegados, y es la persona a quien acudir cuando aparece un problema sin solución adecuada. Moe es de baja estatura, tiene un rostro lunar en el que se dibuja una sonrisa eterna. Como Noah, ella es parte de la red de trabajo de médicos de la calle que baja a ciudades tales como Seattle o Washington siempre que hay una gran demostración. Es gentil, de bajo perfil, y pragmática. A finales de noviembre fue ella quien promovió la idea de cerrar la clínica cada viernes, para que los voluntarios pudieran tomar un respiro. "No podíamos lograr que nada se hiciera" por el estrés, me cuenta.

 Para la gente trabajando aquí, la Clínica Intereses Compartidos es el polo opuesto al ambiente de tiempo restringido, orientado a las ganancias y jerárquico, que se ha vuelto el estándar en la industria de la atención médica. Cuando el equipo de la clínica se entera que un paciente está postrado en cama y no puede salir de su casa, alguien maneja hasta allí para traerlo y luego arregla el transporte para llevarlo a casa. El mismo doctor puede hacer un diagnóstico, escribir una receta y suplirla en el cuarto de atrás. Un día cualquiera, Max Fischer (quien estudia el cuarto año en la escuela de médicos de la Universidad de Columbia), atiende 10 pacientes en 15 horas; sólo una fracción de la carga de trabajo que suele manejar en una clínica u hospital regular. Una de sus pacientes es una madre de 19 años de edad con una avanzada infección del hueso en su pierna; cuando el Charity cerró no tenía la menor idea de dónde encontrar un doctor. Max llama una ambulancia para llevar a la mujer al Hospital West Jefferson en Gretna, y vuelve con ella cuando regresa. "Me veo a mí mismo como un defensor de pacientes," dice Fischer.

 

Contacto Humano

 Los estilos alternativos de medicina son importantes en Intereses Compartidos. "En esos momentos en los que estoy charlando con alguien durante media hora, el amor es lo único que siento," dice Marenka Cerny, una acompañante terapéutica en casos de traumas y masajista de Oakland que ha colocado una camilla para masajes justo a la salida de la clínica. Su estable flujo de clientes se le aproxima con timidez, pero se levantan de su camilla luciendo aliviados. "Estamos brindando contacto humano, la necesidad más básica que puedes brindarle a la gente que enfrenta tanta devastación y pérdida," dice ella.

 Junto a su camilla, Korben Perry, un acupunturista de Filadelfia, ha colocado un par de sillas y un letrero. Una tarde lo encuentro trabajando con Willy Kerr, quien dice que ha estado viniendo a la clínica desde que regresó a Algiers desde Houston, donde había sido evacuado luego de la tormenta. Nunca ha visto la medicina China anteriormente, pero Perry lo convence de que el tratamiento de agujas le ayudará a aliviar su dolor de espalda y de encías. "Estoy tratando de dejar de fumar," me confía Kerr. A medida que Perry coloca las agujas en los lóbulos de sus orejas y en el cuello, Kerr ahoga una risita, y luego se sienta durante 20 minutos. "Esta gente me está tratando con mucha amabilidad," dice él. "Odiaría verlos irse."

 Más tarde ese mismo día, dos camiones camuflados del Ejército de EE.UU. estacionan fuera de la mezquita. Mientras sus motores ronronean ociosos, un joven teniente salta afuera, se identifica como miembro de la Guardia Nacional de Louisiana, y anuncia que tiene varias cajas de suplementos para la clínica. Moe, que invierte mucho de su tiempo organizando suplementos donados de incierta utilidad, sonríe ampliamente cuando ve los paquetes de cortisona y de antibióticos para niños Zithromax. Por los próximos 15 minutos, los soldados recién llegados desde Irak, y un par de anarquistas que han estado protestando por la guerra, descargan juntos el camión, intercambiando anécdotas acerca de Nueva Orleáns y el Barrio Francés.

 

Voluntarios del Vecindario

 Cuando los visito otra vez en diciembre, un flujo constante de personas del vecindario (incluyendo a Willy Kerr, el paciente de acupuntura), se están sumando como voluntarios. Sandra, una antigua residente de Algiers, está oficiando de cocinera de la clínica. Un consejo consultivo comunitario está en vías de organizarse, y la clínica está buscando un sitio más grande, más abajo en la misma calle. "Esta clínica va a ser una clínica permanente," me dice Malik Rahim, "atendida por la misma gente a la cual está ayudando ahora mismo."

Tim Shorrock es un periodista establecido en Memphis, Tennessee. Este artículo fue adaptado de la revista Mother Jones, Marzo/Abril, 2006, con su permiso.

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