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Oakland: Luchando Contra El Cáncer, Sanando el Alma

La Clínica Complementaria Charlotte Maxwell ofrece tratamiento de los efectos secundarios del cáncer con una efusión de amor.

La Clínica Complementaria Charlotte Maxwell (CMCC) es “un lugar de amante benevolencia que abre tu corazón, alimenta tu cuerpo, sana tu alma. Es un lugar donde cada uno sostiene y ennoblece al otro, creando una reserva de energía positiva que cada mujer se lleva consigo y esparce a su alrededor.” Ésa es la filosofía de la voluntaria Casey Fisher quien ha trabajado en el CMCC desde sus inicios.

La trabajadora social Charlotte Maxwell, por quien la clínica fue bautizada, murió de cáncer de ovarios en 1988; no sin antes transmitir su fuerte creencia de que las mujeres de ingresos bajos debían tener acceso a la acupuntura y a las terapias con hierbas que aliviaron sus meses finales de vida. En 1989, seis mujeres juntaron 4.000 dólares para fundar lo que eventualmente se convirtió en la Clínica Complementaria Charlotte Maxwell. La clínica abrió en Oakland, California, en 1991, ofreciendo gratuitamente acupuntura, hierbas, masajes y otros tratamientos, una tarde por semana a aproximadamente una docena de mujeres con cáncer. Ahora, 15 años más tarde, la clínica está abierta dos días y medio por semana en Oakland y un día por semana en San Francisco y, con un pequeño equipo y cerca de 150 voluntarios, ayuda a 300 clientes a enfrentarse a los efectos secundarios físicos, espirituales y sociales del cáncer.

Pan y Rosas

En los días de la clínica, la sala de espera del CMCC tiene la apariencia de una sala de estar ubicada antes de un dormitorio. Un sofá atiborrado y líneas de sillones recubren las tres paredes. Una larga mesa ubicada a lo largo de la cuarta pared y una mesa para el café están cargadas de canastas con frutas, vegetales, salsas y crujientes rebanadas de pan. En la esquina se luce un florero.

Sarah Hom, quien viene de Nevada una vez al mes para servir como voluntaria, me ofrece una taza de té mientras me explica que hace muy poco recibió una donación de vegetales orgánicos de la granja Full Belly Farms, y de pan de la panadería Semifreddi's Bakery. Nada aquí habla de una clínica, excepto quizá por las estanterías de la esquina que almacenan una biblioteca abierta al público con títulos relacionados con el cáncer.

En poco tiempo el salón se llena, la mayor parte con mujeres de mediana edad, o ancianas. Cada clienta aceptada en la CMCC es una mujer de bajos ingresos con un diagnóstico de cáncer, y a cada una se le ofrece tratamiento gratuito.

Excepto por las etiquetas que utilizan para identificarse, los practicantes voluntarios son indistinguibles de los clientes. Elena Calderon está esperando por un tratamiento de acupuntura para ayudarla a constituir su inmunidad y sobrepasar los efectos secundarios de la quimioterapia. Ella ha estado viniendo a la clínica por cerca de dos años con un cáncer de ovarios diagnosticado en 2002. La Sra. Calderon me dijo que solía tener náuseas con sólo anticipar las sesiones de quimioterapia. Había asistido a grupos de apoyo a los pacientes, pero sólo había podido absorber las quejas de los demás y se había sentido peor. En CMCC por contraste, la gente sale de los tratamientos sonriendo.

“Aquí ellos me dieron la bienvenida, me hicieron sentir como en familia y me ayudaron a comunicarme mejor con mi propia familia” me dijo ella. “Me enseñaron cómo visualizar mi miedo a la quimioterapia... como una pelota negra en medio de mi pecho que yo podía alzar con mis manos y arrojar al océano. La gente te acaricia con amor; ellos te dan comida y amor. Nada de lo que diga sobre este lugar será suficiente.”

Raelyn Gallina se hace eco de las palabras de la Sra. Calderon. CMCC es “amor, una efusión de amor.” Antes de que se le diagnosticara un cáncer de pecho inflamatorio ‘galopante', un raro tipo de cáncer muy maligno, la Sra. Gallina fabricaba joyas artesanalmente. Después de un tratamiento súper agresivo, ahora sufre de artritis, tiene los nervios dañados, un edema y ya no puede sostener sus herramientas de joyera. Ella caracteriza al tratamiento de cáncer como barbárico.

“Eres un rehén del cáncer, un rehén del diagnóstico, del tratamiento. La quimioterapia puede que salve tu vida, pero puede devastar la vida que conocías.”

La Sra. Gallina ha probado con la acupuntura, el masaje drenaje linfático, el reiki, y la visualización terapéutica, nada de lo cual podría haber pagado sin el CMCC. Ella no puede precisar exactamente qué tan efectivos han sido los tratamientos del CMCC, pero dos años más tarde del diagnóstico se siente agradecida de estar viva, y está encontrando formas de crear arte otra vez.

De acuerdo a la directora ejecutiva Cari Napoles, el riesgo de muerte por cáncer de pecho es cuatro veces más grande para las mujeres de bajos ingresos.

Suficiente Para Diseminar Alrededor

En una reunión orientadora, los miembros del equipo revisan el historial médico de una clienta con ella para asegurarse de que comprenda las opciones de los tratamientos convencionales y los de medicina alternativa complementaria (CAM). La clínica ofrece únicamente terapias de tipo CAM: acupuntura, hierbas chinas y occidentales, homeopatía, masajes, imaginación terapéutica, para ayudar a calmar el dolor y la fatiga, la náusea, el daño de los nervios y otros efectos secundarios de la quimioterapia y la radiación. Los cuidados del CMCC incluyen ayudar a las clientes a satisfacer necesidades de supervivencia básica: prestaciones de servicio social, alojamiento, ayuda legal, fondos de emergencia, y en uno de los casos, una cama propia para los hijos de una paciente privada del sueño.

Los trabajadores sociales pueden también proveer resúmenes escritos de los tratamientos del CMCC para ayudar a una cliente a comunicarse con sus doctores de cuidados convencionales. Además la clínica provee visitas a domicilio a las pacientes que no pueden dejar sus casas, transporte hacia y desde la clínica, comida, programas de educación, todo provisto por voluntarios o financiado por donaciones de individuos, negocios locales y fundaciones privadas.

Terminando su día en el CMCC, las clientes empacan una bolsa de frutos y pan y hacen un arreglo floral para llevarse a casa. Sarah Hom regresa de llevar a una cliente a su casa, sonriendo con alegría. La Sra. Hom se enteró acerca de CMCC en un evento para recolectar fondos, y se quedó para servir de voluntaria. Ella disfruta compartir en una comunidad donde “cada una habla abiertamente” y en donde ella puede estar entre personas fuertemente motivadas que enfrentan el cáncer. “Ellas suman tanto a nuestras vidas,” afirma.

Mientras me voy, también me encuentro a mí misma sonriendo y feliz. Casey Fisher tiene razón: he tomado parte de la buena energía de la CMCC, y estoy ansiosa por esparcirla a mi alrededor.

Pamela O'Malley Chang, una editora contribuyente de la revista YES!, está estudiando Medicina China Tradicional en Oakland, California. La Clínica Complementaria Charlotte Maxwell puede ser alcanzada en www.charlottemaxwell.org.

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