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Receta para Cocinar una Elección

Un pequeño y desagradable secreto de la democracia norteamericana es que, en cada elección nacional, muchas boletas de votación simplemente se arrojan a la basura.

cooked election illustration
Doug Griswold/KRT
Un pequeño y desagradable secreto de la democracia norteamericana es que, en cada elección nacional, las boletas de votación simplemente son arrojadas a la basura. A la mayoría se las considera "estropeadas, " supuestamente ilegibles, dañadas, inválidas. Simplemente no son contadas. Este "despojo" ha ocurrido por décadas, pero alcanzó alturas sin precedentes en las últimas dos elecciones presidenciales. En la elección de 2004, por ejemplo, más de 3 millones de boletas nunca fueron contabilizadas.

Otro secreto tan profundo como éste es que la gente está haciendo algo al respecto. Ciudadanos activistas de Nuevo Méjico, disgustados con la desaparición sistemática del voto, demandaron un cambio; y lo obtuvieron.

En Ohio, durante la elección Presidencial de 2004, 153.237 boletas fueron sencillamente descartadas; más que el margen de "victoria" de Bush. En Nuevo Méjico el número de votos no contabilizados fue cinco veces el proclamado margen de victoria de Bush de 5.988. En Iowa, el triunfo de Bush de 13.498 fue vencido por 36.811 votos rechazados. El número oficial es suficientemente malo: 1.855.827 boletas no fueron contadas, de acuerdo a la Comisión de Asistencia a las Elecciones ["Elections Assistance Commission"] del gobierno federal. Pero los federales no están considerando datos de varias ciudades y de estados enteros demasiado avergonzados para informar los votos que fracasaron en contar.

Corrigiendo la falta de estos informes, el número de boletas que nunca fueron contadas llega a 3.600.380. ¿Por qué tu gobierno no te cuenta esto?

Hey, sí lo hacen. Está justo allí, impreso en tinta, en un anuncio emitido por la Oficina de Censos ["Census Bureau"] de Estados Unidos siete meses luego de la elección... en una nota al pie de página. Allí se lee que la tabulación de electores del Censo que votaron en la contienda por la presidencia de 2004 difiere de las boletas marcadas por el Escribano de la Casa de Representantes por 3,4 millones de votos.

Éste es el oculto conteo presidencial, el cual, con la excepción de la nota al pie de página susurrada por el Censo, no ha sido reportado. En el ambiente electoral, la mayor parte de estos votos perdidos son denominados "despojo." El despojo, no los votantes, eligieron a nuestro presidente. Desafortunadamente, esto no es todo. Además de los tres millones de boletas sin contar debido a "fallas" técnicas, millones más se perdieron porque a los votantes se les impidió depositar sus boletas en primer lugar. Este grupo incluye a los sufragantes a los que ilegalmente se les denegó la inscripción, o que fueron incorrectamente purgados de ésta.

Joe Stalin, dice la historia, dijo, "no es la gente que vota la que cuenta; es la gente que cuenta los votos. " Eso pudo haber sido cierto en la antigua Unión Soviética, pero en los Estados Unidos, el juego es mucho, mucho más sutil: aquel que se asegura que los votos no sean contados decide a nuestros ganadores.

En los meses previos a la contienda de 2004, millones de norteamericanos entraron en pánico, no sin razón, por las máquinas automáticas contadoras de votos. Abundaron imágenes de un maligno genio hacker, escondido en el bunker de Dick Cheney, escribiendo código y borrando los totales. Pero no fue así como sucedió.

El susto de las computadoras fue un "McGuffin", el falso detalle utilizado por los magos para mantener tus ojos alejados de sus manos. El método principal del robo a mano armada de la elección, la anulación de boletas, continuó sin exposición, sin informarse, y lo que es más importante, sin corregirse y listo para liberarse al público en una mayor escala la próxima vez.

Como una unidad de investigación forense analizando la escena del crimen, podemos realizar una autopsia comenzando con la exhumación de más de tres millones de votos sin contabilizar:

Boletas Provisionales Rechazadas. Una especie completamente nueva de boletas debutó a nivel nacional en 2004: las "boletas provisionales. " Fueron cruciales en la victoria de Bush. No porque los republicanos ganaran este voto provisional. Ganaron mediante el rechazo de boletas provisionales que fueron depositadas en grandes cantidades en precintos Demócratas. La suma de los "no contabilizados" es asombrosa: 675.676 boletas perdidas en los condados reportando al gobierno federal. Agrega las jurisdicciones perdidas y la cantidad de votos sin contar trepa a más de un millón: 1.090.729 boletas provisionales descartadas.

Boletas Desechadas. Cuando votas, tu asumes que tu boleta fue contada. Piensa otra vez. Tu "X" fue demasiado liviana para que la máquina la leyera. No pinchaste la tarjeta con suficiente fuerza, así que perdiste tu oportunidad. Por lo tanto tu voto no fue contabilizado y, crucialmente, nunca lo sabrás. La Comisión Federal de Asistencia a las Elecciones acarreó cerca de un millón de boletas que no fueron contabilizadas. Agrega los estados demasiado tímidos para reportar a Washington, y el total "despojado" salta a 1.389.231.

Boletas por Correo ["Absentee Ballots"] Sin Contabilizar. El número de boletas por correo se ha quintuplicado en muchos estados, con el número de rechazados sobre insignificantes bases técnicas trepando a más de medio millón (526.420) en 2004. En estados indecisos, la destrucción de boletas enviadas por correo fue una pandemia.

Votantes Excluidos de la Votación. En esta categoría encontramos una combinación de incompetencia y de argucias que impiden a los votantes tirar de la palanca en primer lugar. Está la purga de votantes "infractores", que continúa eliminando a miles de personas cuyo único "crimen" es tener la piel de color. Incluye juegos sutiles como la eliminación de estaciones de sufragio en distritos seleccionado, creando barreras imposibles. Nadie puede pretender calcular un número exacto de todos los votos perdidos de esta manera; sería tan difícil como encontrar todos los fragmentos de una bala en un cuerpo mutilado. Pero una apuesta segura es que los números alcanzan los cientos de miles de electores excluidos de la votación.

La Prueba de la Cocina

¿Pero realmente estos votos no contabilizados dieron vuelta la elección? Votantes de ambos partidos utilizaron boletas provisionales o por correo, y las máquinas no pueden adivinar si el votante es demócrata o republicano, ¿verdad? No es así. Para ver cómo funciona, nos fuimos a Nuevo Méjico.

Considera esto: en noviembre de 2004 durante la votación temprana en el Distrito 13, en Taos, Nuevo Méjico, John Kerry logró 73 votos. George Bush obtuvo tres. El día de la elección, en ese distrito 216 personas votaron por Kerry. Bush logró 25 votos, y terminó en tercer lugar.

¿Tercero? Considerando el segundo lugar en el distrito, con 40 votos, no era ninguno en absoluto.

O, al menos, eso fue lo que las máquinas dijeron.

El Distrito 13 es mejor conocido como el Pueblo Taos. Cada uno de los votantes allí es un nativo americano o está casado con uno.

El Distrito 13 no fue el único. En territorios de los Navajos, la indecisión golpeó en una escala epidémica. La gente se presentó, pero no votó. En nueve distritos del condado McKinley, Nuevo Méjico, de los cuales el 74,7% es navajo, menos de uno de cada diez votantes eligieron a un presidente. Aquellos que votaron más temprano con boletas de papel o que lo hicieron por correo, supieron a quién querían (a Kerry, por inmensa mayoría) pero el voto contado por las máquinas afirmaba que los indígenas no podían decidirse o que simplemente ni les importaba.

En promedio, a través del estado, las impresiones de la máquina dicen que el 7,3% (uno de cada doce votantes), en los distritos de mayoría nativa, no votaron por presidente. Esto es tres veces el porcentaje de votantes blancos que se presentaron para abstenerse. De un pueblo al otro, de una reservación a otra a lo largo de todo Estados Unidos, la historia fue la misma.

A nivel nacional, una de cada doce boletas presentadas por nativos americanos no contenían un voto para presidente. Miles de indígenas manejaron a la estación de votación, ingresaron a la cabina, dijeron " ¿a quién le importa?" y se alejaron caminando sin votar por presidente.

Así que nos dejamos caer por Taos, distrito 13. El viejo pueblo es realmente viejo; construido 500 o 1.000 años atrás. En estas casas de adobe amontonadas como condominios de barro, no se permite electricidad ni agua corriente; tampoco se admiten republicanos, hasta donde muestran los registros. Richard Archuleta, un hombre masivo con largas trenzas grises y manos grandes como chuletas, es el jefe de turismo del pueblo. Richard no estaba de acuerdo con la teoría de la indecisión para explicar la falta del voto nativo. Los indígenas estaban preocupados por las subvenciones de la Agencia de Asuntos Indígenas, sus licencias de juego, y por las condiciones de trabajo en otro gran empleador: el Ejército de EE.UU.

Sobre las paredes de ladrillo de barro había varios letreros pintados a mano anunciando conferencias del Partido Demócrata, ninguna para los republicanos. ¿Indecisos? Los indígenas son Demócratas. Caso cerrado.

El Color que Cuenta

No fueran solamente nativos americanos quienes parecieron no poder elegir un presidente. A través de todo Nuevo Méjico la indecisión fue pandémica... al menos, entre la gente de color. O así lo dijeron las máquinas. A través del estado, los distritos de gran mayoría hispánica registraron un 7,1% de votos para nadie por presidente.

Le preguntamos al Dr. Philip Klinkner, el experto que dirigió las estadísticas para la Comisión de Derechos Civiles de EE.UU., para que viera los datos de Nuevo Méjico. Su sólido análisis estadístico descubrió que si tú eres hispano, la probabilidad de que tu voto no se registrara en la máquina era 500% más alta que si fueses blanco. Para los nativos se salía de la gráfica. El voto hispano y nativo no es un asunto menor. Un décimo de los residentes de Nuevo Méjico son nativos americanos (9,5%) y la mitad de la población restante (43%) son mexicanos-americanos.

Nuestro equipo manejó durante una hora a través del desierto elevado desde la Reservación Taos a Española en el condado Río Arriba. De acuerdo a los conteos oficiales, distritos enteros de mexicanos-americanos registraron pocos o ningún voto para presidente en las últimas dos elecciones. Española es donde viven los trabajadores de Los Álamos, no los doctores en sus uniformes blancos de laboratorio, sino las mujeres que limpian los corredores y los hombres que sepultan las toxinas. Éste no era el país de Bush, y la gente con la que nos encontramos, incluyendo a los líderes de las campañas para que la gente votara, no conocía a ningún hispano que insistiera en esperar en la estación de votar para ingresar su boleta por "nadie para presidente". La gran mayoría de los mexicanos-americanos, especialmente en Nuevo Méjico, y una aplastante mayoría de nativos (más del 90%), votan por los demócratas.

¿Que tal si éstos electores no estuviesen indecisos; qué tal si ellos realizaron una elección y no se registró? Hagamos las cuentas. Como los electores minoritarios colocan el 89% de las 21.084 boletas en blanco del estado, esto es 18.765 votos minoritarios faltantes. Dadas las preferencias de otros electores en estos pueblos y barrios, estos 18.765 electores de color hubiesen abrumado el voto "mayoritario" de Bush de 5.988 con votos para Kerry. Pero esto hubiese requerido que se contaran estos votos.

El Complejo Votación-Industria

La Secretaria de Estado de Nuevo Méjico, parecía extrañamente poco curiosa acerca de los distritos hispanos y nativos donde casi uno de cada diez votantes parecía no preocuparse en elegir un presidente.

Vigil-Giron, junto con el gobernador Bill Richardson, no solamente detuvieron cualquier intento por un recuento luego de las elecciones, sino que también demandaron que todas las máquinas fuesen depuradas. Esto no sólo encubrió evidencia de fraude potencial sino que también la destruyó. En 2006 la Corte Suprema de Nuevo Méjico falló que la depuración de máquinas de votación de la Secretaría de Estado era ilegal; demasiado tarde para cambiar el resultado de la elección, por supuesto.

¿Pero quiénes somos nosotros para criticar a la Secretaria Vigil-Giron? Después de todo, ella es una persona de gran reputación, actualmente presidente nada menos que de la Asociación Nacional de Secretarios de Estado, lo mejor de nuestros funcionarios electos.

Vigil-Giron, luego de detener el recuento, en vez de salir a investigar los votos faltantes entre los iguanas y los navajos, dejó el estado para oficiar en un encuentro en Minneapolis de su asociación nacional. La cena se sirvió en un yate. El brillo de la luna cayó sobre la Corporación ES&S, fabricante de las máquinas para votar de pantallas sensibles al tacto. El desayuno, por si te interesa, fue servido por el fabricante de pantallas, Diebold Corp.

Al momento de este escrito, Vigil-Giron está ocupada planeando la próxima gran reunión de proveedores y funcionarios del estado; esta vez en Santa Fe, la "ciudad diferente." Pero aparte de tener a Wal--Mart como patrocinador, nada es muy diferente cuando tiene que ver con el funcionamiento interno del complejo votación-industria.

Excepto por una cosa.

¿Dónde Está la Acción?

Mientras Vigil-Giron esté saludando a sus colegas secretarios y casualmente presentándolos a los proveedores de este año, es probable que calle un par de cosas. Voter Action ["Acción Votante"], un grupo de ciudadanos motivados, algunos ingresando al activismo por primera vez, querellaron al estado de Nuevo Méjico en 2005 sobre las máquinas defectuosas y la falla en el conteo de votos. Los activistas llevaron a cabo una campaña pública con sus revelaciones sobre la agrietada democracia de Nuevo Méjico. El último año, Voter Action invitó a nuestro equipo de investigaciones para plantear nuestros hallazgos en gigantescas reuniones de ciudadanos en Albuquerque y Santa Fe. Pronto, el horrible juego de pérdida de votos estaba en la radio comunitaria local y en las estaciones de TV. Funcionó.

El Gobernador Richardson, que evadió la cuestión durante tres años, y su Secretario de Estado, alguna vez abiertamente hostil a la reforma, tuvieron que cejar frente al alzamiento público. En Febrero de 2006, Richardson firmó una ley modelo requiriendo que todas las votaciones en el estado tuvieran lugar en nuevas máquinas que emiten boletas de papel, con sistemas de tabulación verificables. Richardson ahora pretende ser el líder de la campaña por la reforma de las elecciones.

Voter Action, exitosa en Nuevo Méjico, está ahora llevando adelante juicios en siete estados para impedir a los Secretarios de Estado la compra de sistemas de votación electrónicos que poseen un historial de inexactitud, están expuestos a riesgos de seguridad, y que han demostrado ser poco confiables.

En Nuevo Méjico aprendimos, una vez más, que el precio de la libertad es la vigilancia eterna. Para proteger nuestro voto, debes saber lo que está sucediendo en tu estado (antes, durante, y luego del Día de las Elecciones) y estar dispuesto a exigir explicaciones a tus líderes.


Greg Palast es el autor del best-seller del New York Times, "Armed Madhouse: Who's Afraid of Osama Wolf?" ["Manicomio Armado: ¿Quién le teme a Osama Lobo?"], "China Floats Bush Sinks" ["China Flota Bush se Hunde"], "Scheme to Steal '08" ["El Esquema para Robar el '08"], "No Child's Behind Left" ["Ningún Niño Dejado Atrás"] y otros "Dispatches from the Front Lines of the Class War" ["Despachos desde el Frente de la Guerra de Clases"] del cual este informe está adaptado. Matt Pascarella, escritor e investigador trabajando junto con Palast, contribuyó a actualizar este informe. Vea su trabajo en www.GregPalast.com

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