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Riqueza viviente: mejor que el dinero

Si ha de existir un futuro humano, debemos encauzarnos hacia una relación equilibrada entre nosotros y con la Tierra. Para esto necesitamos construir economías con corazón.

Illustration by Don Baker for YES! Magazine
Ilustración de Don Baker por YES! Magazine.http://www.evidenceofhumanity.org/
Si vamos a demorar y finalmente revertir la desintegración social y ambiental que vemos alrededor nuestro, debemos cambiar las reglas para frenar el agudo abuso de poder corporativo que tanto contribuye a aquellos daños.
Domesticar al poder corporativo retrasará el daño. Sin embargo, no será suficiente para sanar nuestras relaciones mutuas y con la Tierra, y para llevar a nuestro mundo en apuro al equilibrio social y ambiental. Las corporaciones no son más que instrumentos de una patología social más profunda, revelada en el conocido relato que narra nuestra sociedad sobre la naturaleza de la prosperidad.

Relato imperial de la prosperidad
La narrativa imperante sobre la prosperidad tiene muchas variaciones, pero entre sus elementos esenciales se encuentran los siguientes:

  • El crecimiento económico llena nuestras vidas con abundancia material, saca a la gente pobre de su miseria, y crea la riqueza necesaria para proteger al medioambiente.
  • El dinero es la medida de la riqueza y el juez apropiado para cada elección y relación.
  • La prosperidad depende de liberar a los inversores ricos de impuestos y regulaciones que limitan su incentivo y su capacidad de invertir en crear los nuevos trabajos que nos enriquecen a todas y todos.
  • Los mercados desregulados asignan recursos para su uso más productivo y de más alto valor.
  • El rico merece sus riquezas porque todos nos enriquecemos a medida que los beneficios de las inversiones de aquellos en la cumbre se derrama hacia aquellos en la base.
  • La pobreza está causada por los programas de bienestar social que le quitan a la gente pobre la motivación para convertirse en miembros productivos de la sociedad, deseosos de trabajar duramente en los puestos que el mercado les ofrece.

Este relato de prosperidad a servicio del dinero es repetido incansablemente por los medios corporativos y se enseña en los cursos de economía, negocios y políticas públicas, en nuestros colegios y universidades, casi como si fuera una escritura sagrada. Yo lo llamo el relato de prosperidad del Imperio.

Illustration by Don Baker for YES! Magazine
Poca gente nota las implicaciones de su legitimación del poder y el privilegio de las corporaciones con fines de lucro, y de un sistema económico diseñado para maximizar el retorno de la inversión, esto es, para hacer a la gente rica más rica. Más aún, enaltece al individualismo extremo que, en otras circunstancias, sería condenado como sociópata; valora a la vida tan sólo como un artículo de consumo; y distrae nuestra atención de la realidad básica de que destruir la vida para hacer dinero es un acto de locura colectiva. Además de destruir la verdadera riqueza, amenaza nuestra misma supervivencia como especie.

Relato de prosperidad de la comunidad de la tierra
Considera los siguientes elementos de un relato de prosperidad alternativo, a servicio de la vida, que considera a la vida, más que al dinero, como la verdadera medida de la riqueza.

  • Hijas e hijos, familias, comunidades y sistemas ecológicos saludables, constituyen la verdadera medida de la riqueza real.
  • El cuidado y soporte mutuos son la principal moneda de las familias y comunidades sanas, y la comunidad es la clave para la seguridad económica.
  • La riqueza real se crea invirtiendo en el capital humano y productivo de la gente, el capital social de las relaciones solidarias, y el capital natural de los ecosistemas saludables.
  • El fin de la pobreza y la cura de nuestro medioambiente se logrará con la reasignación de recursos materiales desde los ricos hacia los pobres, y desde los usos destructivos de la vida hacia los usos que la reafirmen.
  • Los mercados poseen un rol vital, pero los gobiernos democráticamente responsables deben asegurar los intereses de la comunidad garantizando que toda persona se comporte según reglas básicas que internalicen costos, mantengan la equidad, y favorezcan los negocios locales de escala humana que honren los valores y sirvan a las necesidades de la comunidad.
  • La economía debe servir a la gente y responder a ella, no al revés.

Yo lo llamo el relato de prosperidad de la Comunidad de la Tierra porque evoca una visión de la posibilidad de crear economías que sirvan a la vida, fundadas en comunidades que respeten la interdependencia irreductible de la gente y la naturaleza. Aunque se escucha pocas veces, este relato se basa en nociones familiares de generosidad y justicia, y niega cada una de las pretensiones del relato imperial que actualmente da forma a la política y práctica económicas.

Illustration by Don Baker for YES! Magazine
El alto costo de hacer dinero
Me llevó muchos años fuera del país, como miembro del sistema de ayuda exterior, para despertar a la falacia del relato imperial—la idea de que avanzar el crecimiento económico maximizando el retorno sobre la inversión es la clave para terminar con la pobreza y sanar el medioambiente. La verdad me llegó durante una conferencia en Asia en la cual organizaciones no gubernamentales estaban presentando estudios de casos de las consecuencias sociales y ambientales de los grandes proyectos de asistencia al desarrollo, llevados a cabo para promover el crecimiento económico. En un caso tras otro, los proyectos habían desplazado a la gente pobre y desestabilizado procesos ambientales esenciales para producir beneficios dirigidos a aquellos grupos que ya se encontraban en mejor situación.

Eventualmente llegué a darme cuenta que los indicadores convencionales de crecimiento económico raramente miden el crecimiento en la prosperidad humana. Más bien, miden la tasa a la cual los ricos están expropiando los recursos vivientes del planeta y convirtiéndolos en productos destinados al basural luego de un breve ciclo de vida. El proceso genera ganancias para las personas que ya poseen mucho más dinero del que requieren, mientras aleja a la gente de los recursos que necesitan para su modesta subsistencia. En resumen, el principal negocio del sistema financiero global y de las corporaciones que lo sirven es incrementar la brecha de riqueza. Funciona bien en el corto plazo para los pocos privilegiados, pero es desastrosa para la sociedad.

Vemos los efectos en el actual estado del mundo. El valor de mercado de la productividad económica global se ha triplicado desde 1970. Según los cálculos convencionales, esto significa que nosotros los humanos hemos triplicado nuestra riqueza y bienestar.

Illustration by Don Baker for YES! Magazine
Illustration by Don Baker for YES! Magazine.http://www.evidenceofhumanity.org/
Sin embargo, los indicadores del capital viviente, el agregado del capital humano, social y natural, nos cuentan una historia muy diferente. El Índice Planeta Viviente, un indicador de la salud de los ecosistemas de agua dulce, oceánicos y terrestres de la Tierra, declinó un 30 por ciento desde 1970. De acuerdo a la Evaluación de Ecosistemas del Milenio, 15 de los 24 servicios medioambientales examinados “están siendo degradados o utilizados de forma no sustentable, incluyendo el agua dulce, la industria pesquera, la purificación de aire y agua, y la regulación del clima regional y local, los peligros naturales, y las pestes.”
Los indicadores del capital humano—las habilidades, el conocimiento, la salud psicológica, la capacidad para el pensamiento crítico y la responsabilidad moral característicos de una persona completamente funcional, y del capital social—las relaciones perdurables de confianza mutua y cuidado que constituyen el fundamento de las familias, comunidades y sociedades saludables—apuntan a tendencias igualmente desfavorables.

Incluso mientras el capital viviente disminuye, la población que depende de ella continúa creciendo. Entre tanto, la gradual concentración de dinero significa que unas pocas personas son capaces de reclamar la porción más grande de una torta de capital viviente en disminución, excluyendo a todas las demás. De acuerdo a un reciente estudio de las Naciones Unidas, el 2 por ciento más rico de los adultos del mundo poseen el 51 por ciento de todos los activos globales. El 50 por ciento más pobre posee únicamente el 1 por ciento. Esta distribución de la propiedad es una medida de la distribución global del poder —y la brecha está creciendo a un ritmo cada vez mayor. El desequilibrio de poder permite que una minoría privilegiada cambie las leyes para acelerar su expropiación de la fuente de riqueza real en declinación, lo cual incrementa la penuria y desesperación de la gente excluida. Estamos en camino hacia una competencia cada vez más violenta, del tipo “el ganador se lleva todo”, por los últimos árboles, gotas de agua, y soplos de aire que quedan sobre la Tierra.

Según nuestras mediciones de capital financiero, nosotros los humanos estamos en camino hacia una prosperidad sin límites. Según las mediciones del capital viviente, estamos en un camino suicida hacia una miseria creciente, ultimamente hasta nuestra auto-extinción.

Poniendo primero a la vida
Si ha de haber un futuro humano, debemos encauzarnos hacia una relación equilibrada entre nosotros y con la Tierra. Para esto necesitamos dar vuelta cabeza abajo a nuestras prioridades y modelos, y hacer de los valores del relato de la Comunidad de la Tierra el fundamento de nuestra economía. Debemos:

  • Reemplazar al dinero por la vida como el valor definitivo, al capital financiero creciente por el capital viviente creciente, y a la inversión de corto plazo por la de largo plazo.
  • Transferir la prioridad desde el avance de los intereses privados de unos pocos, hacia el avance de los intereses individuales y comunitarios de todos; y
  • Transferir los recursos asignados al respaldo de las instituciones de dominación hacia la satisfacción de las necesidades de la gente, la comunidad, y la naturaleza.

Illustration by Don Baker for YES! Magazine
Tenemos un enorme potencial para mejorar las vidas de todas las personas al transferir recursos desde el ejército hacia el cuidado de la salud y la regeneración medioambiental, desde los automóviles hacia el transporte público, desde la inversión en la expansión suburbana hacia la inversión en comunidades compactas, desde la publicidad hacia la educación, desde la especulación financiera hacia la inversión productiva en emprendimientos locales, y desde la provisión de lujos extravagantes a los muy ricos hacia la satisfacción de las necesidades básicas de todas y todos.

Los defensores del Imperio desprecian cualquiera de tales reordenamientos de prioridades sosteniendo que producirán desastres económicos y dificultades insuperables. Ignoran el simple hecho de que aquellos resultados ya constituyen el destino de casi la mitad de nuestros compañeros humanos. El reordenamiento propuesto puede evitar la expansión de las dificultades y comenzar a aliviar el sufrimiento existente.

La redistribución económica y la democratización ya no son simplemente cuestiones morales. Son imperativos de la supervivencia humana y deben reemplazar al crecimiento económico y a la persecución de ganancias financieras como el propósito definitivo de la vida económica.

La tarea de dar a luz una nueva economía dedicada a servir las necesidades de nuestras hijas e hijos, familias, comunidades y ambientes naturales, comienza con la creación de la conciencia pública de que existe un relato de prosperidad de la comunidad de la tierra que ofrece una visión de esperanza y posibilidad para un futuro positivo. Aunque un relato tan contrario al relato imperial prevaleciente probablemente sea escuchado con inicial escepticismo, el relato de prosperidad de la comunidad de la tierra disfruta de la ventaja final porque expresa la verdad que la mayoría de nosotros reconoce en nuestros corazones: si nuestras hijas e hijos, familias, comunidades, y sistemas naturales gozan de buena salud, nosotros somos prósperos. Y resulta irrelevante si los indicadores financieros convencionales, tales como el PBI o el índice Dow Jones, suben o bajan.

Elementos de cambio sistémico
La Iniciativa Corporativa Estratégica crea una fundación excelente en la cual basar una conversación y una agenda política aún más grandes. Las siguientes son algunas de las medidas a considerar.


Incorporando problemas
Los problemas estructurales de las corporaciones.
Reglas para conservar y compartir

Para llegar a donde queremos desde el lugar en donde nos encontramos, debemos reconocer que el mercado es una institución esencial y beneficiosa para la reasignación de recursos en respuesta a elecciones individuales. Pero sólo es beneficiosa siempre y cuando opere bajo las reglas que mantengan la equidad y la competencia, y exijan a las personas que juegan que canalicen los costos sociales y ambientales de sus decisiones. Y no es sagrada. Sin la vigilancia gubernamental responsable, el mercado puede llevar a patologías sociales altamente destructivas.

Por su naturaleza, el mercado crea ganadores y perdedores. Más aún, los ganadores son a menudo los más habilidosos en encontrar formas de pasar los costos sociales y ambientales hacia los demás. Los ganadores incrementan su participación del pastel de recursos, lo cual incrementa su poder político y económico para dar forma a los mercados y a las reglas para mejorar sus perspectivas futuras. El resultado es una espiral auto-reforzada de creciente concentración de riqueza y poder. Esto sostiene la injusta acumulación y el consumo ilimitado de los recursos a manos de una clase privilegiada. En un mundo ambientalmente cada vez más restringido, aprender a conservar y compartir los recursos es un requerimiento esencial para el orden y el bienestar social.

Incluso con una adecuada regulación para minimizar el abuso social y medioambiental, la salud de un sistema de mercado también requiere la intervención pública para reciclar continuamente al capital financiero desde los ganadores hacia los perdedores. En la ausencia de tal reciclado, la riqueza financiera y el poder se acumulan a perpetuidad, incrementando las fortunas de unas pocas dinastías familiares a expensas de la democracia, la justicia, y la estabilidad social.

Reciclar la riqueza financiera para mantener una asignación democrática de acceso a los recursos reales es, por supuesto, totalmente contraria a la lógica autocomplaciente del capitalismo corporativo. Pero resulta esencial para la democracia y la salud social, las cuales dependen de una distribución equitativa del poder, y constituye una función esencial del gobierno democrático.

Ilustración de Don Baker por YES! Magazine
Economía basada en la comunidad

Desde una perspectiva de diseño sistémico, una sociedad saludable tiene dos opciones: eliminar por completo al lucro, al interés, y a todas las corporaciones con fines de lucro, o utilizar los poderes fiscales y regulatorios de los gobiernos democráticos responsables ante el público para limitar estrictamente las concentraciones de poder económico e impedir que los ganadores pasen los costos de su éxito hacia los perdedores. Pero esto crea otra cuestión de diseño del sistema. A medida que el gobierno se vuelve más grande y poderoso, casi inevitablemente se vuelve menos responsable y más propenso a la corrupción.

Paul Hawken ha observado correctamente que los grandes negocios crean la necesidad de grandes gobiernos para restringir sus excesos y limpiar los desastres. Para mantener la equidad y asegurar la internalización de costos, el poder del gobierno democráticamente responsable debe exceder al poder de los intereses económicos privados. Cuanto menores sean las concentraciones de poder económico, más pequeño podrá ser el gobierno y aún así mantener el equilibrio esencial y la integridad en la sociedad.

Habrá menos necesidad de una fuerte mano gubernamental siempre y cuando seamos exitosos en eliminar las formas institucionales sociópatas, haciendo de las economías basadas en la comunidad la regla, y creando un consenso público de que el comportamiento económico predatorio, ahora considerado simplemente “naturaleza humana”, es en realidad aberrante e inmoral. La ciudadanía responsable puede entonces convertirse en la esperada pauta en los negocios. Siempre existirá la necesidad, sin embargo, de reglas y vigilancia gubernamental para lidiar con lo que, esperemos, sea un número cada vez menor de individuos e instituciones sociópatas que buscan lucrar a expensas del público.

Igualar el poder económico y enraizarlo localmente devuelve el poder a personas y comunidades desde mercados financieros distantes, corporaciones globales, y gobiernos nacionales. Sirve para desplazar las recompensas desde los depredadores económicos hacia los productores económicos, fortalece la comunidad, alienta la responsabilidad individual, y permite una mayor expresión de la elección y creatividad individual.

La elección esencial

La especie humana se enfrenta a una elección decisiva: avanzar sobre un camino de autodestrucción colectiva o reunirse en un esfuerzo cooperativo para pilotear un viraje dramático hacia una nueva era humana. La profunda transformación cultural e institucional que se necesita se eleva contra los intereses de corto plazo de las personas e instituciones más poderosas del mundo. Las barreras que nosotros los humanos debemos superar son desalentadoras. Por cualquier cálculo racional, la transformación requerida no es políticamente factible. Aún así, resulta esencial para la prosperidad y la supervivencia humana, lo cual significa que debemos comprometernos en la tarea de imaginar cómo transformar lo imposible en inevitable.


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David Korten es co-fundador de YES! y miembro del consejo directivo. Su último libro es El Gran Cambio: Del Imperio a la Comunidad de la Tierra.
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