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Faith Adiele: Mi vida en blanco y negro

Por qué la memoria es el acto multicultural esencial.

Faith Adiele, MacDowell

Autorretrato de la escritora Faith Adiele en al colonia de artistas MacDowell en New Hampshire en 1995. Adiele es autora de  Meeting Faith, obra ganadora del premio a la memoria  PEN/Beyond Margins Award.

Foto de Faith Adiele

Cuando dejé mi trabajo como directora de un centro multicultural para la justicia social y me convertí en escritora y maestra, me preocupaba estar abandonando mi compromiso con la justicia social y estar convirtiendo una ventaja (mi identidad) en un lastre. Pero según parece, todavía estoy haciendo el mismo trabajo.

Enseño la escritura de memorias, que es la intersección entre la historia y la reflexión. Lo que me encanta de esta materia es que se democratiza la narración. La historia oficial es escrita por los agentes del poder pero las historias reales son vividas día a día por la gente ordinaria. Escribir sus memorias es el acto multicultural esencial.

Al minuto de entrar en el aula, mis alumnos me juzgan en base a mi cuerpo. Pero mi verdadera identidad no es visible hasta que cuento mi historia, mis raíces de inmigrante nigeriano-nórdicas o el hecho de que me crié con una madre soltera y blanca en un pequeño pueblo del estado de Washington, donde éramos las solitarias no cristiano-demócratas y yo era la única niña negra.

Es el primer día de clase en la Universidad de Pittsburgh y voy a explicar el gran proyecto en el cual vamos a trabajar varias semanas, un cronograma de la historia personal que utilizo para demostrar la memoria. "Las calificaciones de sus presentaciones estarán basadas en la honestidad y la asunción de riesgos", les digo.

Uno de mis estudiantes, un estudiante universitario que se había autocalificado anteriormente como "basura blanca", se lanza de inmediato a contar una historia. Él recuerda que en una fiesta de patinaje sobre ruedas, durante la ronda en que la chica saca al chico, fue elegido por la única chica afroamericana. No está claro en la historia que nos cuenta el estudiante si había “algo raro” con la chica, si tenía algún tipo de problema de aprendizaje. Algunos estudiantes se contienen la risa, pero el estudiante sigue adelante con la historia para decirnos cómo tuvo que patinar con la niña y cómo la totalidad de los estudiantes que estaban allí se rieron. Para cuando llegó a su casa, su abuela había oído la noticia y se burlaba de él guiñando un ojo: "Entonces, tú y la chica negra, ¿eh?" Él se ríe, quizás recordando a su abuela o por deshacerse de su propia incomodidad.

Faith Adiele, Ghana Workshop

Adiele da clases en un taller de escritura en Accra, Ghana, para el Festival Literario Panafricano.


Foto de Grant Jones

El silencio en el aula es palpable. Las niñas en la primera fila me miran fijamente, claramente preocupadas por mis sentimientos. Los muchachos en las últimas filas se le quedan mirando con la boca abierta, claramente preocupados por la vida del narrador. Yo parpadeo rápidamente. Éste es uno de esos temidos momentos en que el ser maestra exige de mí más de lo que personalmente creo que puedo manejar. No ayuda mucho que en mi ciudad yo fuese esa chica.

De pronto me doy cuenta de lo que ha sucedido. En el pueblo rural de este estudiante de Pennsylvania, donde sus antiguos compañeros de clase pasan los días trabajando en la fábrica y las noches en el club de striptease, probablemente nunca ha conocido a una figura de autoridad femenina y negra. ¿Soy la primera? Para su sorpresa y malestar, ha soltado su única experiencia con otras mujeres negras.

"Um, ¡exactamente!" digo, y lucho contra el impulso de abrazarlo. El estudiante acababa de consagrar uno de mis objetivos fundamentales para la clase: la creación de un entorno en el que nos sentimos seguros para tomar riesgos artísticos y expresar de manera diferente, aunque no necesariamente "políticamente correcta", los distintos puntos de vista.

"Y si esto es una indicación de tu honestidad y de tomar riesgos, ¡parece que vamos a tener un buen viaje!" Me río sacudiendo la cabeza. El ambiente se relaja.

Unas semanas más tarde, las presentaciones de los estudiantes son brillantes. Comparten sus luchas raciales, sus objetivos particulares, sus crisis religiosas, las vergüenzas de las familias, las inseguridades de las clases sociales, los fracasos personales.

Cada semana llegan a clase temprano. Se saludan con alegría, riendo y discutiendo hasta que el sonido de la campana les hace salir de nuevo. El joven de Pennsylvania se convierte en uno de los favoritos, un estudiante excéntrico con honores cuyo fanatismo por el R & B le gana el apodo de "Slow Jamz".

Cuatro años después, todavía me envía más mensajes de correo electrónico que cualquier otro antiguo alumno, siempre ingenioso, y me pone al día de sus aventuras de postgrado.

Mayoría de edad

Se me pidió que diseñara un curso de literatura por primera vez. Lo modelo en base a una antología que los miembros del centro de justicia social me dieron cuando me fui: La mayoría de edad en América. La clase se titula "La literatura de la identidad multicultural". Los estudiantes en Framingham State College proceden principalmente de la clase trabajadora, la primera generación de universitarios blancos que, según me han dicho, no son entusiastas acerca del multiculturalismo.

Faith Adiele, Siblings

Adiele visita familiares en las escaleras de la casa de su padre al sureste de Nigeria en el 2006.

Foto por cortesía de Faith Adiele

El primer día hacemos una lluvia de ideas de preguntas acerca de "el Otro". "¿Por qué todos los niños negros se sientan juntos en la cafetería?" es una de las preguntas favoritas.

"Conserven esta lista", les aconsejo, "para volver a revisarla al final del semestre".

Diseño una encuesta de cuatro páginas con preguntas sobre los logros de algunos homosexuales y estadounidenses famosos que no son blancos. "No se sientan mal", les digo una vez que han agotado sus conocimientos individuales y colectivos. "Hay una diferencia entre la ignorancia y la inteligencia. ¿Cómo se sienten acerca de su ignorancia?"

"¡Enojados!” gritan. "¡La escuela secundaria no nos enseña nada!"

“Bien”, les respondo. "¡Vamos a ponernos a trabajar!"

Su primera misión es trabajar en grupos para desmontar un mito cultural de América. Tanto mi parte de profesora como mi parte personal se emociona cuando veo que los estudiantes se dan cuenta de cómo estos mitos pueden contener una gran violencia psicológica, y pueden hacer que se sientan avergonzados por no haber conseguido por sus propios esfuerzos llegar al ideal de la clase media: la familiar nuclear perfecta, belleza delgada y blanca, la felicidad perpetua a través del consumo.

Cuando empezamos a leer los textos me doy cuenta de que mis estudiantes no conocen los estereotipos raciales y culturales más comunes. Treinta millas a las afueras de Boston y las llamadas minorías y sus historias son invisibles. ¿Por qué este escritor chino se burla en la lavandería? ¿Por qué este autor negro se mofa de las navajas los viernes por la noche? Me resulta extraño tener que enseñar los estereotipos con el fin de enseñar a disolverlos. Los estudiantes catalogan los estereotipos que han aprendido de los libros infantiles, la televisión, revistas, juegos o en Internet. Para el estereotipo árabe todo el mundo cita a Apu, el dueño hindú del Kwik-E-Mart en Los Simpson.

Cada clase termina con una breve reflexión. "Yo no tendría la fuerza para ser una mujer lesbiana", dice un hombre heterosexual. "Si yo fuera un hombre negro", declara una mujer blanca, "me gustaría ser más fuerte de lo que soy ahora, aunque América trataría de impedírmelo".

A medida que la clase continúa, los alumnos que antes guardaban silencio se convierten en los más expertos de la clase. Un estudiante gay sale del armario y entonces empieza el primer grupo de apoyo LGBT en el campus. El día de las elecciones, todos los estudiantes de la clase van juntos a las urnas, muchos por primera vez. La clase abandona las viejas camarillas y las nuevas configuraciones de estudiantes se sientan juntas en la cafetería.

¿Han cambiado de manera permanente sus vidas?  Catorce años después un estudiante me manda un mensaje donde me cuenta que él usa lo que aprendió "casi todos los días".

Zapatos de viaje

Me fui a visitar a mis ahijadas anglo-chicanas en su pequeña ciudad universitaria. Una de ellas me pidió dar una charla "mostrar y contar" en su clase de quinto grado. Mi tema: la literatura de viajes.

"Espero que tengan preguntas", les digo mientras me siento en un taburete en la parte delantera de la clase. No estoy del todo preparada para lo que puedan preguntarme. En cada mesa los niños agitan sus manos ansiosamente. Un niño levanta su brazo tembloroso tan alto que parece que se le va a salir disparado.

"¿Dónde has estado exactamente en el mapa del mundo?" quieren saber. "¿Cuántas islas has visitado? ¿Has hecho algún viaje en barco? ¿Cuál es tu lugar favorito?"

Muchas preguntas son, como mi padre las llama, al “estilo Nigeria": simplemente excusas para contar sobre sí mismos. En la clase sucede así: "¿Has estado en el Nilo?” Un pausa de décimas de segundo: “¡Yo sí!”

"¿Has estado en Michigan?" dice mientras arquea las cejas. "¡Yo he estado dos veces!"

"Háblame de ti", le respondo impresionada.

Revelan sus vidas internacionales: "Nací en la Ciudad de México".

"Yo hablo persa."

"Vamos a viajar en barco a Brasil, de donde mi padre es."

"Mi tío ha adoptado a dos niños de Etiopía, y yo los he visto. ¡Son muy lindos!"

"Yo no sabía todas esas cosas de los otros niños", mi ahijada me dice después maravillada. "Eso no es lo que nos contamos normalmente."

Hablan como si se tratara de un cuento corto, con ganchos dramáticos y los detalles concretos que pido a mis alumnos de universidad. "El 20 de noviembre a medianoche mi familia y yo nos estábamos sentando en una camioneta de 12 pasajeros para ir a Seattle."

"Cada mes de diciembre sacamos la caja de adornos, y cuando quitamos la tapa, huele a Navidad."

"Mi padre visitó Java, y le dieron de comer, y vomitó."

Mi programa de 20 minutos se extiende a más de una hora. Al contemplar el mar de manos, me imagino que esto es lo que se siente al ser un ídolo deportivo o una estrella de rock.

"¿Vas a escribir sobre tu visita a esta clase?" un chico me pregunta. Me río, pero ¿por qué no? Estos niños representan la nueva historia multicultural. Mi trabajo es mostrar y confirmar que sus narraciones son parte de la memoria colectiva que se está escribiendo.

Cuando me voy acercando a la puerta para salir, se lanzan hacia mí pidiéndome autógrafos. Salgo de la clase con sus historias en mi cabeza, y ellos con mi nombre garabateado en sus cuadernos. Un chico me pide que firme su zapatilla. Más tarde, sonrío al pensar en ese niño blanco del norte de California, pavoneándose con mi nombre nigeriano-nórdico-americano en su zapatilla.


Faith AdieleFaith Adiele escribió este artículo para Estados Unidos: En la diversidad está la fuerza, la edición de primavera 2010 de YES! Magazine. Faith es co-editora de Coming of Age Around the World: A Multicultural Anthology (Mayoría de edad en todo el mundo: Una Antología Multicultural), que contiene 24 historias internacionales ideales para la universidad y las clases de secundaria. Es una oradora popular y colaboradora de revistas como O y Essence. Faith ha aparecido en Radio Pública Nacional, en el programa de Tavis Smiley, y en universidades de todo el mundo. Trabaja actualmente como escritora invitada en el Mills College en Oakland, California y está trabajando en unas memorias socio-culturales acerca de su herencia nigeriana nórdica y estadounidense. www.adiele.com

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