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Tener una voz hace feliz a la gente

Dave Newton, a la izquierda, es un organizador en pro de los derechos de votantes a través del grupo de ciudadanos Kentuckians For The Commonwealth. Carl Matthews, a la derecha, fue uno de los 70 participantes capacitados el día de esta fotografía en el empadronamiento de votantes. Foto por Beth Bissmeyer
Dave Newton, a la izquierda, es un organizador en pro de los derechos de votantes a través del grupo de ciudadanos Kentuckians For The Commonwealth. Carl Matthews, a la derecha, fue uno de los 70 participantes capacitados el día de esta fotografía en el empadronamiento de votantes. Matthews, un ex convicto, logró restaurar su propio derecho al voto sólo horas antes de la sesión de capacitación. En la actualidad es un organizador electoral para el grupo.
Foto por Beth Bissmeyer
“¿Qué es la felicidad? El sentimiento de cómo crece el poder, de vencer una resistencia”. Así escribió Friedrich Nietzsche en 1895.

Supongo que muchos de ustedes se sentirían incómodos aceptando esta definición de la felicidad, sobre todo procedente de uno de los cascarrabias más famosos de la historia. Si es así, quizás sea en parte porque demasiado a menudo hemos estado de acuerdo con la pegadiza advertencia de Lord Acton, "El poder tiende a corromper y el poder absoluto corrompe absolutamente". ¿Y quién quiere exponerse a la corrupción?

Pero, ¿y si fuéramos a ahondar en el significado en latín originario de la palabra poder, “estar capacitado”? De repente, las aristas filosas de la palabra se disuelven; poder simplemente significa eficacia: nuestra capacidad, como lo expresara el filósofo Erich Fromm, para “dejar una marca”.

Durante la última década la búsqueda de la felicidad ha generado libros de venta masiva, cursos académicos, retiros e incluso una "conferencia de la felicidad". La mayoría parecen ofrecer consejos similares: una vez que nuestras necesidades físicas básicas están cubiertas, más cosas materiales no logran aumentar nuestra felicidad. La amistad, la familia, la autoaceptación, y el sentido en nuestras vidas son los principales factores determinantes de nuestra felicidad.

Me alegra que estemos hablando de la felicidad, pero también me inquieta, porque me he dado cuenta que la mayoría de los gurús de la felicidad no mencionan el poder. ¿Y por qué es esto un gran error? Porque la mayoría de los seres humanos no somos teleadictos y llorones. Somos activos y creadores.
De hecho, la necesidad humana de “dejar una marca” es tan grande que Fromm considera que deberíamos descartar la frase de René Descartes “pienso, luego existo” y reemplazarla por “existo, porque realizo”.

Incluso mucho de lo que llamamos "materialismo", en mi opinión, no tiene que ver en absoluto con "cosas". Se trata de un intento distorsionado, y en última instancia insatisfactorio, de sentirse poderoso, haciendo del estatus que brindan las posesiones un sustituto del verdadero poder. Si fuera cierto, entonces el hacer frente a la impotencia es una forma directa tanto para fomentar la felicidad como para superar el materialismo que está destruyendo el planeta.

Los estudiantes Anda Weaver y Tianna Williams participan de una sesión de capacitación para fortalecer el poder de los votantes en la Universidad Berea. Más de 50 personas asistieron, incluyendo a estudiantes, profesores, personal y miembros de la comunidad de Berea. Foto por Beth Bissmeyer
Los estudiantes Anda Weaver y Tianna Williams participan de una sesión de capacitación para fortalecer el poder de los votantes en la Universidad Berea. Más de 50 personas asistieron, incluyendo a estudiantes, profesores, personal y miembros de la comunidad de Berea.
Foto por Beth Bissmeyer
Hay sólo un camino a la felicidad en el cual se le brinda a esta profunda necesidad humana de poder el orgullo de participar: la democracia. Me refiero con esto a la democracia como una práctica de vida que nos permita ejercer una verdadera influencia sobre cada aspecto de nuestra vida pública, desde la escuela hasta el lugar de trabajo y más allá.

Ese poder está en expansión, en parte, a través de un creciente número de organizaciones de ciudadanos, mayormente inadvertidas. Entre ellos está Kentuckians For The Commonwealth (KFTC) cuyos más de 5.000 miembros abordan asuntos que van desde la descarga de tóxicos hasta la apertura del gobierno.

Jean True, líder en KFTC en los años 90’, me dijo, “Yo estuve en casa criando niños durante 10 años. No sabía nada acerca de política. Pensé que mi único trabajo era votar".

Cuando le pedí a Jean que me dijera por qué se unió a KFTC, ella respondió, "¡Es sólo la diversión! Que puedas juntar a algunas personas comunes, ir a la capital y lograr cambios en la política del estado. ... La pasamos muy bien haciendo lo que hacemos, cara a cara con los legisladores estatales. ¡A veces nosotros sabemos más que ellos! Es lo divertido del poder: la hormiga tirando al búfalo".

Del otro lado del mundo, en el año 2000, bailé con las mujeres de una aldea de Kenya, sintiendo su exuberante felicidad en su nuevo poder como plantadoras de árboles y organizadoras de grupos de mujeres que enfrentan problemas tales como el alcoholismo y el hambre.

Walking Through Fear

Escucha una entrevista con Frances Moore Lappé (en inglés)

Ese mismo año, me paré sobre una plataforma de ferrocarril en las zonas rurales de la India con personas desesperadamente pobres yaciendo sólo a unos pasos en el mugriento hormigón. Me dirigí a Jafri, el joven investigador indio que viajaba con nosotros (estaba ayudando a algunos de los agricultores más pobres de su país a escapar de la trampa de deudas y toxinas de la agricultura química) y le pregunté: "¿Cómo sigues adelante?”

"Tengo que sentir que estoy haciendo algo para abordar las raíces del sufrimiento", replicó. "De lo contrario no podría ser feliz".

Incluir al poder en nuestra definición de la felicidad lo cambia todo.

Si la felicidad reside en cubrir las necesidades básicas, contar con vínculos personales satisfactorios y una búsqueda del sentido, el papel de la sociedad es limitado. Sólo necesita garantizar que las necesidades esenciales se cumplan y ofrecer oportunidades para lograr el éxito en las relaciones personales y la búsqueda del sentido. Incluso un gobierno en gran parte totalitario podría lograrlo.

Sin embargo, si añadimos el poder a la ecuación de la felicidad, nuestros planes cambian. Entonces, maximizar la felicidad requiere que los ciudadanos se comprometan a cambiar las reglas y las normas, a fin de que más y más de nosotros seamos activos participantes del poder. Y por supuesto, unirse con otros en esta emocionante búsqueda, logra que obtengamos un efecto colateral: esta actividad promueve las muy apreciadas piezas del rompecabezas de la felicidad que tienen que ver con relaciones y sentido.

Si desde la fundación de nuestra nación en adelante, nosotros los estadounidenses hemos tratado a la libertad y a la felicidad prácticamente como sinónimos, entonces mi argumento es realmente antiguo. Podríamos hacer bien en sustituir las máximas de Acton e incluso las de Nietzsche con una articulada por un estadista romano, Marco Tulio Cicerón, hace 2000 años: ”La libertad es la participación en el poder”.




Frances Moore Lappé escribió este artículo para Felicidad Sostenible, la edición del invierno 2009 de YES! Magazine. Frances es autora de muchos libros, entre ellos Diet for a Small Planet y Get a Grip, co-fundadora de Food First y Small Planet Institute, y editora colaboradora de YES! Magazine.Foto de Frances Moore LappÈ
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YES! Magazine :: Imágen de otros artículos de nuestra edición del invierno 2009: Felicidad Sostenible
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