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¿Navidad sin regalos?

El “Hombre sin impacto” sospecha que las fiestas serían igual de felices sin tantas cosas

Colin Beavan juega con su hija Isabella en Washington Square Park cerca de su casa. Como creador del blog “No Impact Man”, Beavan y su familia se comprometieron a vivir en medio de la ciudad de Nueva York sin efectuar un impacto en el medioambiente. Foto por Paul Dunn para YES! Magazine
Colin Beavan juega con su hija Isabella en Washington Square Park cerca de su casa. Como creador del blog “No Impact Man”, Beavan y su familia se comprometieron a vivir en medio de la ciudad de Nueva York sin efectuar un impacto en el medioambiente.
Foto por Paul Dunn para YES! Magazine
Si la Navidad se trata de regalos, entonces en 2007 mi pequeña familia y yo no tuvimos Navidad. Quiero decir, tuvimos villancicos y al tío tocando el piano y los sobrinos corriendo alrededor con mi hija de tres años, Isabella, y su abuelo persuadiéndola para que se siente en su regazo, y la buena comida.
Pasamos, en otras palabras, un rato increíblemente bueno.

Lo que no tuvimos, sin embargo, fue el agujero norteamericano promedio de $800 en nuestra cuenta de banco, provocado por el gasto en regalos navideños. Tampoco tuvimos la deuda de la tarjeta de crédito sin pagarse todavía en junio. Ni las sonrisas forzadas por los regalos que en realidad no queremos. Ni la compra del equipaje extra para llevar esos regalos no deseados a casa. Tampoco el estresante apuro de última hora entre la multitud en el centro comercial.

Sin regalos, verás, no tuvimos la sensación que yo, al menos, normalmente asocié con la Navidad: el estrés. Y sin estrés ni regalos, no es Navidad, ¿verdad? Pero por supuesto que lo fue. Fue lo mejor de la Navidad, la parte que, la investigación demuestra, hace a las personas más felices. Fue todo lo positivo sin lo negativo.

Déjame volver atrás.

De noviembre de 2006 a noviembre de 2007, yo y mi pequeña familia—una esposa, un niño pequeño, un perro—nos embarcamos en un experimento de estilo de vida por el cual intentamos vivir con el mínimo impacto ambiental posible (puedes leer sobre eso en mi blog NoImpactMan.com). Entre otras medidas, el experimento incluía no crear desechos, no usar ninguna forma de transporte que produjera carbón y no comprar nada nuevo.

Esto puede sonar como un montón de autoprivación sin sentido, pero la pregunta que buscábamos responder era esta: ¿al consumir menos recursos nos sentimos en realidad pobres, o es posible que al consumir menos se torne posible otra forma de vida que produzca una satisfacción más duradera? O dicho de otro modo, ¿podemos encontrar una forma de vida ganar-ganar que pueda ser más feliz para nosotros y el planeta?

A veces la respuesta fue no. Podría ser mejor para el planeta si todos decidiéramos no comprar grandes pedazos de metal conocidos como lavarropas, pero créeme, lavar la ropa de mi familia a mano no me hizo más feliz.

Beavan con la bicicleta en la que cabe toda la familia. Foto por Paul Dunn para YES! Magazine
Beavan con la bicicleta en al cabe toda la familia.
Foto por Paul Dunn para YES! Magazine
Por otro lado, comer localmente y andar en bicicleta en vez de usar el auto nos permitió perder el peso extra, curarnos de antiguos problemas en la piel y del insomnio, y volvernos más sanos en general. Y no usar electricidad para alimentar aparatos de entretenimiento derivó en una familia más unida y nos hizo gastar más tiempo con amigos.

Nuestras experiencias demostraron que algunos usos de los recursos del planeta mejoran la calidad de vida y otros no. De hecho, podríamos avanzar mucho hacia una solución a la crisis en nuestro hábitat planetario si encontráramos una manera de evitar esos usos que no mejoran nuestras vidas, como el embalaje, que comprende el 40 por ciento de los desechos en los vertederos, por ejemplo.

Pero mientras se acercaba la Navidad de 2007, la pregunta más urgente para nosotros era: ¿la temporada de enorme consumo de recursos suma a la experiencia de Navidad o le quita mérito? Ya que un sexto de todas las ventas minoristas norteamericanas (y como consecuencia, una fuerte proporción del uso de recursos planetarios nacional) se produce durante la temporada de fiestas, es algo que vale la pena preguntar.


A pesar del hecho que las personas gastan relativamente grandes partes de sus ingresos en regalos, así como también tiempo comprándolos y envolviéndolos, tal comportamiento aparentemente contribuye poco a disfrutar de las fiestas.

Ya te conté lo suficiente para hacerte saber cómo terminó la pequeña experiencia de mi familia, pero puede que te sorprenda saber que nuestros resultados están respaldados por una seria investigación psicológica: aún cuando tener montones de regalos en Navidad sea el paradigma dominante de los norteamericanos, resulta que las personas que gastan menos en ellos durante Navidad disfrutan más la temporada.

Como sea, esta es la conclusión de un documento publicado en el Journal of Happiness Studies por los investigadores Tim Kasser de Knox Collage y Kennon M. Sheldon de la Universidad de Missouri-Columbia. Después de estudiar las experiencias de Navidad de 117 individuos, encontraron que las personas que priorizaron el tiempo dedicado a su familia y actividades de significado religioso o espiritual tuvieron Navidades más felices.

“A pesar del hecho que las personas gastan relativamente grandes partes de sus ingresos en regalos, así como también tiempo comprándolos y envolviéndolos”, dicen los investigadores, “tal comportamiento aparentemente contribuye poco a disfrutar de las fiestas”. De hecho, Kasser y Sheldon encontraron que los individuos que dieron o recibieron regalos que representaban un porcentaje sustancial de sus ingresos experimentaron menos alegría navideña.

Por supuesto, esto tiene mucho sentido. Todos sabemos en nuestros corazones que atesorar experiencias valiosas y pasar tiempo con nuestros seres queridos, en Navidad o cualquier otra parte del año, nos hace más felices que obtener cosas.

¡Pero intenta decirle esto a los abuelos durante la época navideña!

Trata de vivir estos nobles principios cuando el resto de tu familia y amigos están intercambiando regalos al mismo ritmo de siempre. Más de una vez gritarán “¡bah, disparates!” hacia tu dirección. Es un problema, particularmente si tienes la esperanza de inspirar estilos de vida más sustentables en otras personas. Nadie será convencido por el dogmatismo o por comportamientos al estilo del Grinch.

Descubrimos que el truco para una Navidad feliz, llevadera, no consumista, no era ignorar las expectativas de las personas con las que celebramos. No queríamos que nuestros seres queridos se sintieran mal. Decidimos que aquellos que esperaban regalos deberían tenerlos. Los regalos, después de todo, están asociados al intercambio de amor.

Para nosotros, la respuesta fue comprar regalos que no requerían la explotación de grandes cantidades de recursos del planeta. Mi madre estaba muy feliz con los dos masajes que consiguió. Mi padre y su esposa disfrutaron el vale de regalo para un excelente restaurante de comida local en su barrio. Mis amigos apreciaron las entradas para el teatro que les compramos. Y a diferencia de aquellas baratijas indeseadas que uno a veces compra para la “persona que tiene de todo”, sentimos que nuestros regalos sustentables realmente mejoraron la vida de los que los recibieron.

No obstante, mi esposa, Michelle, se preocupó mucho de lo duro que podría ser para Isabella si todos sus primos tenían regalos para abrir, y ella no. Intenta decirle, “la investigación dice que serás más feliz con menos” a una niña de tres años. Así que Maureen, la tía de Isabella, aportó juguetes que sus hijos más grandes ya no usaban, y los envolvimos para Isabella.

Cuando llegó el momento de abrir los regalos, Isabella no se preocupó si el regalo que estaba abriendo era o no para ella. Ni siquiera deseaba los regalos. Sólo quería abrirlos. No quería algo para tener después. Deseaba participar del momento. Y cuando su tío Joe empezó a tocar el piano y a cantar, se aburrió de abrir regalos y fue a sentarse con él en la banqueta del piano.

Para nuestra gran sorpresa, no quería llevar a casa los viejos juguetes de sus primos cuando las vacaciones de Navidad habían terminado. Ya había tenido su regalo. Lo importante para ella fue lo que había resultado ser importante para nosotros: los cantos, los juegos, las risas, el tiempo pasado con la familia, y por supuesto, la celebración.




Colin Beavan escribió este artículo para Felicidad Sostenible, la edición del invierno 2009 de YES! Magazine. El libro de Colin Beavan sobre su experimento No Impact Man será publicado por Farrar, Straus & Giroux en septiembre de 2009. Visita su blog en NoImpactMan.com.Foto de Colin Beavan
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