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Viviendo sin limitaciones en una casa pequeña

“Cuanto más intencional eres en tus elecciones, cada cambio hace lugar para más cambios… Me encanta que exista este potencial interminable.”
—DEE WILLIAMS

Cuando vendió su casa de trez piezas y se mudó a una casita de 84-ft-sq en Olympia, Washington, Dee encontró la libertad.<br>Photo by Betty Udesen
Cuando vendió su casa de trez piezas y se mudó a una casita de 84-ft-sq en Olympia, Washington, Dee encontró la libertad. Foto por Betty Udesen

Hecha una mirada a la casita de Dee Williams
En 2003, Dee Williams era una clásica activista bien intencionada pero superficial e ineficaz. Ella misma lo dice. Sí, era una apasionada por la justicia social y las cuestiones ambientales, pero gastaba la mayor parte de su tiempo libre manejando de aquí para allá hacia Lowe’s y Home Depot por materiales para remodelar su casa de tres habitaciones en Portland, Oregon. “Me sentía como una gran campeona nacional cuando encontraba un gran espacio para estacionar, o conseguía un estupendo precio al comprar un pedazo de madera laminada”.

Entonces los eventos conspiraron para administrarle una dosis de humildad.

Viajó a Guatemala y ayudó a construir una escuela, unos emails de unos amigos de Uganda le trajeron noticias de malaria y niños hambrientos, y un amigo muy querido contrajo cáncer. Esto hizo que sus preocupaciones se volvieran triviales.

“Él se estaba enfermando cada vez más, y yo no tenía el tiempo o el dinero para comprometerme realmente a ayudarlo. Estaba gastando un montón de tiempo y dinero en mi casa. Así que la casa era lo más fácil de lo cual intentar deshacerme”.

En 2004, Williams vendió su casa, liberándose del pago de una hipoteca de más de $1.000 por mes, y compró los planos para una casa rodante de 7 metros cuadrados. Le costó $10.000 construirla, una cuarta parte de lo cual se gastó en paneles fotovoltaicos para generar energía. Ahora su casa ya está pagada, y sus gastos mensuales suman alrededor de $8, para la calefacción.

Aún con la independencia económica que obtuvo, no era fácil dejar su casa. “Me encantaba mi casa y me gustaba mi comunidad en Portland”. Y ella sabía que la vida cotidiana en la pequeña casa iba a ser diferente. “Voy a tener que acarrear el agua, lidiar con mi baño orgánico, encontrar un lugar para ducharme”.

“Era aterrador”, admite. ”Pero también me sentía como, ¡Dios! ¡Esto es genial!”

Dee Williams en su pequeña casa. Foto por Betty Udesen
Foto por Betty Udesen
Abandonar sus cosas no fue tan difícil para Williams. Fue liberador. Se deshizo de fotos, de viejas cartas de amor, de su campera de la universidad, “toda esa basura que tienes porque te recuerda quien eras”. Sus amigos y sus familiares han dejado de darle cosas para Navidad, ella dice ”a menos que consiga algún tipo de, tú sabes, minitenedor”. Ella se permite poseer no más de 300 objetos, y mantiene un inventario cuidadoso. “No porque tenga un trastorno de comportamiento obsesivo-compulsivo”, se ríe, sino porque una vez le apostó a un amigo a que ella poseía menos cosas que él. Se mantiene contando desde entonces.

La parte más difícil de su drástica reducción, dice Williams, fue la pérdida de autonomía. “Me mudé al patio trasero de una persona, lo cual se sintió un poco como la clase de cosa que uno haría a los 25 años, no a los 40. Esa ha sido el área mas grande de crecimiento para mí: vivir en una pequeña casa en el patio de alguien y tener que pedir agua. “Pero está bien”, dice. Le trajo una relación más estrecha con sus vecinos. “A los vecinos de este lado”, dice, señalando al este, “les ayudé a construir un drenaje francés el año pasado. A los vecinos del otro lado, les construí un gallinero. Es fácil participar cuando tienes más tiempo”.

La gran ganancia, sin embargo, fue el regalo de vivir intencionalmente. “Es una manera de introducir alegría en tu vida”, dice ella. “Cuanto más intencionales son tus elecciones, cada cambio hace lugar para más cambios. No me hace sentir mal conmigo misma. Me encanta que exista este potencial interminable. Ver que tienes ese poder. Puedes elegir lo que quieres. Eso ha sido genial”.

¿Entonces que elegirá Williams la próxima vez?

Está pensando en mudarse a un vagón gitano sin dormitorio, “sólo porque algunas veces siento como que es un montón de espacio desperdiciado. Y me gustaría gastar menos en calefacción, tener mayor economía de espacio. Y sería igual de feliz en un espacio más pequeño”.


Carol Estes escribió este artículo para Felicidad Sostenible, la edición del invierno 2009 de YES! Magazine. Carol Estes es editora colaboradora de YES! Magazine

Quieres saber más? La casa de tus sueños: Un tour de la casa de Dee Williams

Foto de Carol Estes
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YES! Magazine :: Imágen de otros artículos de nuestra edición del invierno 2009: Felicidad Sostenible
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