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Reclamando a America - Reclaiming America

Roberto Vargas, photo by Nicole Pearson
Roberto Vargas, photo by Nicole Pearson
Desde la guerra de Vietnam no he aceptado "Americano" como mi identidad. Aunque soy psicólogo, facilitador de reuniones y guía de ceremonia chicano quien ha prestado asistencia en solunción comunitaria de problemas y planificación estratégica por Norte America y en el extranjero, nunca he sentido que los Estados Unidos fuera mi comunidad, y nunca del todo ofrecí mis servicios, mi sabiduría y energía a "America."

A fines de 2001 despues de los ataques terroristas, empecé a servir como falilitador de los retiros de Futures Network, el Estado de lo Posible. La experiencia fue transformativa.

Como muchacho creciendo en California, sentía un orgullo tremendo en ser Americano. Anticipaba con entusiasmo pararme hacia a la bandera cada mañana en la escuela y declamar la "Promesa de Lealtad". Sentía una profunda conexión con "la tierra de los libres y hogar de los valientes." Y era orgulloso de pertenecer a un país que significaba valor, libertad, y bondad.

Pues el daño a mi espíritu corria profundamente cuando mis maestros, mis condiscípulos, y aun el plan de estudios de la escuela decían que yo no era Americano. Era "indio" o "Mexicano-Americano." Para mí el mensaje fundamental era - Si no eres blanco, no eres Americano.

A pesar del daño de estos mensajes racistas, yo quería vivir lo que veía como el corazón de los valores Americanos: ser responsable, ser lo mejor, y delvolver [beneficios] a la comunidad. Participaba activamente en la escuela, la iglesia, la familia y los Boy Scouts [Jóvenes Exploradores.] Más tarde trabajé en varios empleos para sostenerme durante el colegio de estudios mayores. Como es el caso con muchos otros, mi experiencia universitaria amplió mi conocimiento de la historia de nuestra nación, inclusive la matanza de las gentes indígenas, la institución de la esclavitud, y las campañas para subvertir a otros gobiernos para asegurar trabajo barato, recursos naturales, y mercados para las corporaciones estadounidenses. Luego a mediados de los 1960 mi generación fue llamada a matar y morir en Vietnam.

Mientras algunos pudieran separar la política del gobierno estadounidense de la gente americana, para mí "Americano" llegó a significar gente que apoya hacer la querra, a lo mejor, gente que escoge vivir convenientemente ignorante de los efectos terribles que algunas de las acciones de la nación tienen en otros. A la edad de 19, viajé a Chile para ingresarme en la revolución y volví a casa con una pregunta guía - ¿Cómo se crea el cambio dentro la entraña del monstruo?

Mi reación fue reclamar mi identidad chicana con más profunda pasión y enfocar mi labor para avanzar la justicia, el amor y el respeto dentro mi comunidad, no para la nación en total. Durante los 1970 establecí con otros varios centros de salud mental comprometidos a apoderar a la familia latina. Más tarde organicé varios consejos de sanadores de la comunidad y activistas latinos comprometidos al desarrollo del mando y el sanar de la comunidad.

Seguido se me pedía que me lanzara para oficina pública. Repetidamente me reusé a servir. Ahora me doy cuenta que entre las razones habían las cicatrices del racismo, mi desconfianza del sistema político y una visión insuficiente de las posibilidades de nuestra nación. Inconcientemente sentía que ser activo en el proceso político significaría vender mi compromiso a la justica y respeto a todos.

Tal me encontraba cuando acepté asistir facilitar los retiros Estado de lo Posible. Estos son patrocinados por Futures Network (editores de YES!) y sostenidos por el Instituto Fetzer. Desde 1999 se han convenido dos veces al año para juntar ciudadanos destacados de diversos grupos para considerar como podríamos avanzar la justicia, sostenibilidad y compasión en nuestra nación y en el mundo.

En cada retiro que facilité, me sentaba en medio de un grupo de personas más diverso que ningún otro que yo había experimentado. Las reuniones incluían gente indígena, afroamericanos, asiamericanos, latinos, y euroamericanos, artistas, consultores de corporaciones, activistas de la comunidad, personas del teatro, ministros, representantes políticos y organizadores de trabajadores; cristianos, budistas, judíos, musulmanes, paganos y personas que simplemente son espiritual, jóvenes y mayores, gays [homosexuales] y straights [heterosexuales]. La única característica que estas personas compartían era una historia de una dedicación extraordinaria al bien común.

En estos retiros hablamos de lo que es los EE. UU. de America y que podría ser. Hablamos abiertamente de la historia del país, su racismo y del sufrimiento que ha causado en otros. Hablamos de sus ideales, de la metáfora de America que ha inspirado al mundo, de la belleza de la tierra, de la generosidad de la gente. Hablamos de la noble y compelente llamada de la declaración de Jefferson que todos los hombres somos creado iguales con ciertos derechos inalienables, y de la amarga ironía que esas palabras fueron enunciadas por alguien que tenía personas en esclavitud.

En mi primer retiro del Estado de lo Posible, Grace Boggs, una mujer mayor con más de 60 años como activista en derechos civiles, articuló un reto: ¡America, ámala lo suficiente para cambiarla! Sus palabras se hundieron en mí. Podía sentir algo en mí empezar a cambiar.

A través de los meses, empecé a preguntarme a sí mismo nuevas preguntas. ¿Por qué había desarollado yo tal desdén hacia este país? ¿Cuántas más personas se sentirían igualmente desconectados? ¿Si no me hubiera hecho tan alienado y en vez hubiera escogido ser políticamente activo, cuanto más podría haber contribuído al avance de la justicia, respeto y bienestar de mi propia comunidad and de la más grande comunidad estadounidense? ¿Si millones como yo no hubiéramos rendido nuestra conexión a una identidad nacional americana, podríamos haber evolucionado una nación más amable, justa y respetuosa?

Ví que las llagas del racismo, exclusión y deshonestidad habían resultado en enajenarme y a otros como yo de una identificación con este país. Podíamos luchar por el medio ambiente, por los derechos civiles, por las mujeres, o contra la globalización de las corporaciones pero no por la más grande visión de una EE. UU. de A mejor.

Se me hizo más claro que EE. UU. de America es a la vez metáfora y gobierno, una historia y una gente, y que tengo opciones acerca de mis relaciones a cada cual. No ignoraré la política y práctica de explotación pasada y actual. Pero escojo concientemente perdonar las injusticias para darle lugar a una EE UU de America más verdadera, más fundamentalmente comprometida al respeto, justicia y bienestar de todos.

Mi visión ahora es vivir en un mundo en que nos honrémos uno al otro y a la Madre Tierra. Necesito hacer de mi parte como ser espiritual, ser humano, miembro de la familia y de la comunidad, y ciudadano nacional y mundial. Y necesito apreciar cada una de esas afilaciones iqualmente valiosas. Mientras mi propósito ha sido avanzar la justicia para mi propia comunidad, ya veo que es tiempo de también reclamar mis intereses en la evolución de nuestra nación. Es tiempo para mí de reclamar America.


Roberto Vargas es consultor principal para New World Associates y fundador del Consejo Porvida que trabaja para integrar la práctica de la conexión expiritual con activismo cultural. Vive en California.

© Roberto Vargas 2003; traducción al español © Rafael Jesús González 2003

Rafael Jesús González has taught at the University of Oregon, Western State University of Colorado, Central Washington State University, the University of Texas at El Paso, and Laney College, Oakland (where he founded the Mexican and Latin American Studies Dept.) He has also taught in the grade schools under Poets in the Classroom. He is also an author, El Hacedor De Juegos/The Maker of Games, contributing Editor to the Montserrat Review, and is a visual artist.


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