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Dólares con buen sentido

Las monedas locales valoran el tiempo, construyen comunidad y mantienen los negocios en movimiento aún cuando el crédito se agota

La dependencia total en una moneda única es como una total dependencia de un cultivo, o, para el caso, una única fuente de energía: siempre existe el riesgo de que la cosecha fracase o de que un corte en el suministro tumbe al sistema en su conjunto. Este es el escenario que estamos viendo en este momento: el crédito se agotó y el desempleo se está disparando. En muchos rincones y en todo el mundo, en las zonas rurales y el centro de las ciudades, y desde lugares tan diversos como Baviera y Tailandia hasta Massachusetts y Michigan, las personas están respondiendo mediante el lanzamiento de sus propias monedas. Tales renegados monetarios no están simplemente burlándose del dólar (o del yen, o del euro, o del baht…) Ellos están haciendo una elección cuidadosamente considerada para promover el bienestar de sus comunidades.

"Desde el principio tuvimos dos objetivos: promover la región y promover las organizaciones benéficas locales", dice Christian Gelleri. En 2003, Gelleri y un grupo de sus estudiantes en una Escuela Waldorf desarrollaron la moneda Chiemgauer en la región del lago Chiemsee, de Bavaria, Alemania. Desde entonces, unos 3 millones de billetes Chiemgauer (equivalentes en valor al euro) se han colocado en circulación. La moneda, aceptada por 600 empresas de la región, típicamente se gasta y se vuelve a gastar 18 veces al año, tres veces más que el Euro. Esto significa que la moneda alienta el comercio y la cooperación en la región, lo que mantiene a las tiendas, restaurantes y artesanos activos. Piense en este tipo de uso más rápido (lo que los economistas denominan "velocidad") como una especie de reinversión en la comunidad.

Las monedas locales pueden ayudar a una comunidad a contrarrestar algunos de los problemas con el dinero convencional. Por ejemplo, la moneda emitida por el banco tiende a fluir hacia los centros de dinero para inversiones. Si usted compra en una cadena de almacenes, el beneficio se va rápidamente de la ciudad y entra en las arcas de las empresas y, a continuación, a menudo, al mercado especulativo. Una moneda local permanece en la comunidad, fomentando a las empresas locales y el comercio, agregando valor a productos y servicios locales, y apoyando a la infraestructura local.

La dependencia de la moneda nacional significa estar a merced de la situación nacional de crédito. Como hemos visto recientemente, la restricción de crédito puede paralizar a las economías locales. A pesar de la disponibilidad de bienes y la necesidad del comercio, cuando no hay dinero, los consumidores no compran. Las tiendas no venden. Los negocios recién puestos en marcha no pueden despegar. Una moneda alternativa le otorga a la gente otra forma de comprar, vender, prestar y pedir prestado. Si la comunidad crea su propia moneda, las empresas pueden continuar, incluso si la oferta de moneda nacional se agota.

En el nivel más básico, la moneda funciona como un medio de intercambio (yo te doy un dólar y tú me das un cono de helado), una unidad de valor (un dólar, libra, etc.) y un depósito de valor (puedes mantener un dólar, ya que conserva su valor). Es también una fuente de información acerca de valor relativo, y sobre lo que es necesario para mantener fluyendo el comercio, por ejemplo, ajustar la oferta de dinero o el tipo de cambio para que aquellos en otros mercados puedan comprar tus productos.

Con la moneda local, una comunidad puede cubrir las necesidades de moneda que la oferta nacional no está satisfaciendo. Si la idea parece extravagante, hay modelos en marcha y funcionando, algunos desde hace muchos años.

BerkShares
El trabajo de la autora y activista urbana Jane Jacobs fue la inspiración para un experimento monetario llamado BerkShares, considerada la moneda local mejor diseñada y de mayor éxito en EE.UU., con un valor equivalente de más de $2,4 millones, que circula del banco a la mano, a la caja, y así nuevamente, desde otoño de 2006. Los atractivos billetes ?un BerkShare está valuado en $1, pero es vendido en circulación por 95 centavos? son aceptados en más de 400 empresas en la región de Berkshire, en el oeste de Massachusetts.

Jacobs señaló que las monedas nacionales cubren zonas geográficas tan amplias que no proporcionan una respuesta local. Según la forma en que está diseñado nuestro sistema en este momento, las regiones se subvencionan unas a otras, y las deficiencias no se corrigen. Las monedas locales, sin embargo, tienen claros circuitos de retroalimentación para que el comercio y los desequilibrios de la producción se puedan abordar con mayor rapidez.

Como Susan Witt, directora ejecutiva de la Sociedad EF Schumacher, explica, "Siempre que un BerkShare deba ser devuelto al banco [en lugar de volver a circular], eso significa que no existe una fuente o un producto disponible a nivel local para cubrir las necesidades de esa empresa". Por ejemplo, una tienda de juguetes se encuentra atrapada con la moneda. Esto presenta una oportunidad para que un artesano local pueda proveer a la tienda con figuras de madera, juegos o rompecabezas que se pueden adquirir con BerkShares.

Witt, co-fundador del programa BerkShares, tomó a pecho la creencia de Jacobs de que las economías regionales necesitan sus propias monedas para crecer y prosperar. "Las empresas ahora negocian con otras empresas locales, por lo tanto se encargan de comprar servicios de impresión, contables y alimenticios a nivel local en vez de fuera de la zona", dice Witt. "La gente abandona Amazon.com y regresa a las librerías y tiendas de fotografía. Les gusta el intercambio personal y el ambiente, y por eso se quedan".

La moneda pertenece a la comunidad, acentúa Witt. Y su uso ha sido un valioso ejercicio en la integración ciudadana. "La utilización de BerkShares es para educar a la gente sobre la importancia de apoyar a las empresas locales. Con esto viene un sentido de participación, que la gente puede hacer cambios positivos en la economía local. La existencia de los BerkShares plantea preguntas tales como: ¿Se puede emitir una moneda que no está respaldada por el dólar estadounidense? En realidad, se trata de incitar a la gente de pensar en otras maneras acerca del dinero”.

En una visita reciente a Great Barrington, Massachusetts, compré BerkShares en el Banco Lee y hablé con la Gerente de la sucursal, Paula Miller, quien expresó su entusiasmo acerca de la moneda. "Los clientes están encantados con ella. Hemos llegado a conocer mejor otras empresas", dijo, añadiendo que siempre es divertido cuando los clientes reconocen la labor de los artistas locales que han diseñado los billetes. "Aquello lo hace un poco más real".

Banco del tiempo
Los Dólares de Tiempo (Time Dollars) ahora se utilizan en entornos tan variados como los pueblos pequeños, residencias de ancianos, escuelas y cárceles, respondiendo a la capacidad limitada de la moneda convencional de medir el valor. "Los dólares no miden muy bien el valor", dice David Boyle, un miembro de la New Economics Foundation en el Reino Unido. Son buenos, dice, para medir "el valor instantáneo de Microsoft o las monedas en el intercambio internacional. Pero no el valor de, por ejemplo, una tienda local, o de mí mismo, si soy muy viejo o joven. Es posible que tenga habilidades, pero no aquellas que son convencionalmente negociables".
Los Dólares de Tiempo fueron desarrollados en 1980 por el profesor de derecho Edgar Cahn, quien lamenta que el trabajo fundamental para mejorar la vida de las personas ?como el cuidado de los niños y los ancianos? sea muy necesario, pero poco valorado. El observó que muchos de los que pueden hacer estas tareas no trabajaban y se sentían inútiles. Para lograr que la gente se vea comprometida en la economía, Cahn propuso un sistema en el que las personas ganan crédito en función del número de horas que trabajan. Estos Dólares de Tiempo pueden ser cambiados por servicios, como la jardinería, tutoría, etc.

El Banco del Tiempo no sólo promueve la justicia social mediante la conexión de personas, la promoción de la reciprocidad, y la mejora de los barrios, también ha demostrado ser muy versátil: la gente ha intercambiado Dólares de Tiempo por hilado de lana, la "lectura de runas" y los servicios de una partera. Y siempre hay un amplio suministro, ya que ninguna comunidad va a quedarse sin horas.

TimeBanks USA ofrece un kit de arranque que incluye instrucciones y software para poner en marcha un Banco de Tiempo en cualquier parte. Rose-Marie Pelletier está trabajando en el lanzamiento de un Banco de Tiempo en su ciudad de Pownal, Vermont, una comunidad rural económicamente diversa de 3.500 habitantes. En una reunión de la ciudad, Pelletier examinó las listas de impuestos en mora en los últimos años y vio que se habían incrementado geométricamente. Ella es maestra de matemáticas, y los números le hablaron; la mujer vio el grado al cual la gente se estaba perjudicando. "La gente quiere ayudar a los demás, cuando sabemos cómo hacerlo", dice. "Veo al Banco de Tiempo como una manera de construir comunidad, a una hora a la vez."

La moneda regional Chiemgauer
Las monedas convencionales sobresalen como fuente de depósito de valor, tanto es así que el uso de dinero efectivo para el comercio real disminuye, dejando algunas economías locales atascadas. Las monedas y los billetes no pierden valor como los productos que uno compra con ellos, lo que hace atractivo el acaparamiento y la especulación, particularmente con el incentivo del interés. El economista argentino Silvio Gesell describió este fenómeno en 1913 y dijo que el dinero también debe perder valor: que debería "oxidarse" o enmohecerse al igual que otros productos, y sugirió una multa, o arancel por mora, por acapararlo. Casi 75 años después, el entonces adolescente Christian Gelleri leyó el trabajo de Gesell y quedó fascinado. Como un maestro de la escuela secundaria, vio la oportunidad de probar el modelo con una moneda local. Así es como funciona: cada trimestre, el billete Chiemgauer pierde el 2 por ciento de su valor. Con el fin de gastar el dinero más tarde, el consumidor necesita poner una etiqueta especial en el billete.

En un principio, Gelleri tuvo reclamos. Entonces la gente descubrió cómo hacer que el modelo funcionara para ellos. Por ejemplo, un propietario de cine dijo que el negocio mejoraba mucho a fin de trimestre, cuando la gente quería desprenderse de su moneda. El incremento en el flujo de dinero al final del trimestre fue útil para la contabilidad, dijo. La pérdida de 2 por ciento, añadió, es insignificante en comparación con la publicidad que él tendría que comprar para obtener el mismo nivel de lealtad de los clientes que ha logrado al aceptar la moneda Chiemgauer.

Un consumidor puede cambiar euros por Chiemgauers en 50 oficinas en la región. Un tres por ciento del precio de compra va a una organización sin fines de lucro que el comprador elige. Hasta la fecha, más de $100.000 euros han ido a tales organizaciones, por ejemplo, programas deportivos escolares y grupos ecologistas. El componente de "buena causa" refuerza la inversión de las personas en la moneda, y en su comunidad.

Tal vez le estamos pidiendo a las monedas nacionales hacer demasiadas cosas. Como Thomas H. Greco, Jr., señala en su nuevo libro, El Fin del Dinero y el Futuro de la Civilización, algunas funciones son inherentemente contradictorias: Si el dinero es para el comercio, usted lo quiere usar, si el dinero es para almacenar valor, usted desea guardarlo. Greco y otros, tales como David Boyle, dicen que la gente se beneficiaría más separando las funciones del dinero y usando monedas diferentes, en función de si usted, digamos, se encuentra con sus amigos en un café local o está ahorrando para la universidad.

De vuelta a Main Street en Great Barrington, Matthew Rubiner, de Rubiner's Cheesemonger & Grocers, dijo que la cuestión de la moneda local ha pasado rápidamente de la teoría al aquí y al ahora. "Cuando comenzó la moneda BerkShare, nos preguntamos qué sucedería si la economía se desmoronara y nos obligara a recurrir a lo local". La recesión económica, dice, ha “hecho aún más relevante esta pregunta”.


Judith D. Schwartz escribió este artículo como parte de La nueva economía, la edición de Verano de 2009 de YES! Magazine. Judith es una autora/periodista en Bennington, Vermont, que escribe ahora sobre monedas alternativas y complementarias, y movimientos de localización. www.judithdschwartz.com

Photo of Judith D. Schwartz

 

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