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Rebelión en la Granja: los Norteamericanos Pierden el Apetito por la Comida Anónima

¿Por qué están avanzando los mercados de granjeros, la agricultura apoyada por la comunidad, la venta directa de la granja al hogar, los orgánicos, y las carnes de reses criadas humanitariamente?

Mi esposa y yo vivimos en un viejo pueblo ballenero al extremo este de Long Island, New York, donde cultivamos un jardín y una huerta. Durante gran parte del año no necesitamos comprar frutas. En el invierno, comemos lo que hemos envasado, conservado en vinagre, secado, o intercambiado con otros. Obtenemos huevos de un vecino, intercambiándolos por vegetales. Rastreamos nuestras propias ostras y almejas. Tenemos algunas panaderías locales que producen pan de corteza dura cada día, y una quesería que ofrece docenas de quesos de granja — incluyendo a algunos fabricados con la leche de las vacas que pastan a algunas millas de distancia.

Por supuesto que todavía hay lugar en nuestra mesa para sabores exóticos, incluyendo café, chocolate, y otros placeres importados. Pero comer de esta manera significa que no obtenemos frambuesas en el invierno o salmones salvajes de Alaska o muchas otras cosas que no son de estación o no se cultivan aquí; lo cual no nos preocupa demasiado, ya que siempre conocemos exactamente lo que nos estamos llevando a la boca.

Cuanto más he llegado a depender de la comida local, más veo por qué tantos norteamericanos están hambrientos por encontrar alternativas al supermercado comercial. En él puedes caminar por las puertas corredizas de vidrio y encontrarás cajas de cereal brillantemente coloreadas, montículos de vegetales, y secciones enteras bajo refrigeración con productos lácteos y comidas congeladas.

Pero lo que no ves es la información acerca de cómo o dónde esta comida ha sido cultivada. Nuestra comida viaja más lejos que nunca antes — al menos 2.400 kms. para un artículo en promedio en los Estados Unidos. Cuanto más lejos estamos del lugar donde nuestra comida es cultivada, menos sabemos de ella. Ninguna de las crípticas etiquetas nutricionales mencionarán que algunos de los mariscos contienen mercurio y otros metales pesados, que el color de las fresas pudo haber sido mejorado con químicos prohibidos en gran parte del mundo, que la leche que estás comprando para tus hijos puede contener rastros de las hormonas suministradas a las vacas para hacerles producir más leche. Ninguna etiqueta describe las condiciones de trabajo de los granjeros o de sus empleados.

La Abundancia Local

Más y más norteamericanos están hartos de este tipo de comida anónima. En la última década, una abundante cantidad de opciones se ha vuelto disponible para permitirnos tomar un mayor control sobre el suministro de alimentos.

En los últimos 10 años, el interés en los alimentos locales ha aumentado explosivamente, contando ya sea el crecimiento de los mercados de granjeros (más o menos 3.800 en toda la nación, más del doble que hace una década atrás); o la cantidad de miembros de la Slow Food (Comida Lenta) de Estados Unidos (13.000 miembros y 145 capítulos solamente desde 2000), la rama norteamericana de un movimiento internacional que busca defender nuestro "derecho colectivo a degustar" así como a los productores artesanales de comida que nos brindan sabores peculiares; o el número de escuelas que están abasteciendo a sus cafeterías con comida fresca cultivada por granjeros cercanos (400 distritos escolares en 22 estados, además de docenas de colegios y universidades).

YES! ha documentado la tendencia "de la granja a la escuela", un inspirador movimiento de base llamado así por padres, granjeros y maestros, que está barriendo la nación, así como muchos otros ejemplos de comunidades que están declarando su independencia de la cadena alimentaria estándar. Está la historia de Anna Marie Carter, la "Dama Semilla" de Watts, una jardinera experta que utiliza cultivos orgánicos para mejorar la vida de la gente que sufre enfermedades o pobreza, o la Tienda del Pueblo en West Oakland, fundada para lograr que los chicos de la ciudad se involucren en el cultivo y la venta de frutas frescas y vegetales en un vecindario extremadamente necesitado de tal sustento, o las numerosas cárceles por toda la nación donde los presidiarios utilizan la jardinería como terapia.

Dentro del ámbito alimentario, la categoría de más rápido crecimiento sigue siendo la comida orgánica, cuyas ventas han estado incrementándose cerca de un 20% cada año en la última década, ocho veces más rápido que el relativamente estancado sector de productos alimenticios en general. Las ventas de alimentos orgánicos llegaron a los $10.000 millones en 2003 y se espera que trepen hasta los $32.300 millones para 2009, a medida que los supermercados más importantes y los conglomerados de alimentos liberen sus alimentos orgánicos de etiqueta propia; aunque tal popularidad significa que más superficie de tierras se cultiven sin pesticidas contaminantes ni fertilizantes químicos, se ha producido inquietud sobre los intentos de disminuir los estándares que definen los cultivos orgánicos en nombre de los beneficios económicos.

Incluso algunas de las empresas de agro-negocios más grandes e influyentes están comenzando a declarar cierta lealtad al lugar. "Hemos estado gratamente sorprendidos por lo fácil que ha resultado para nuestros chefs crear estos menús," dijo Maisie Ganzler, director de comunicaciones e iniciativas estratégicas de la empresa de Palo Alto, Bon Appetit Management Company, una industria de servicios de alimentos pionera en servir comida de fuentes locales y sustentables. El concurso "Coma Local" de la empresa en Septiembre de 2005 galvanizó 190 cafés, restaurantes, y comedores universitarios pertenecientes a la compañía para servir al menos una comida hecha únicamente por ingredientes cultivados dentro de un radio de 240 kms. "Fuimos motivados por el sabor," dijo Ganzler, quien hizo notar que la empresa expandirá sus ofertas locales basadas en el éxito del concurso: "Una vez que pruebas la diferencia en la comida es muy difícil volver atrás."

Sí, comer productos locales sabe mejor. Además ahorra enormes cantidades de petróleo, mantiene el dinero en tu economía local, y combate la expansión urbana al mantener la tierra que rodea a las ciudades y pueblos en manos de los granjeros. Incluso complace al Departamento de Seguridad de la Patria, porque el envío de menos comida hace a nuestra nación menos vulnerable a la interrupción del sistema de transporte, a los picos en el precio del petróleo, o a la contaminación de comida a gran escala.

También nos trae paz mental, porque cuanto más cerca estás de donde tu comida se cultiva, más poder tienes sobre cómo es cultivada.

Comer productos locales es la manera más fácil de eliminar la comida sospechosa de tu dieta. Es también la forma más sencilla de quitar de tu dieta alimentos procesados con grasa agregada y azúcar, ya que estarás comprando frutas y vegetales más frescas.

De una forma pequeña pero significativa, los norteamericanos que eligen comprar su comida de granjeros, pescadores y fabricantes de comida locales están haciendo una especie de declaración de independencia. Las filas de los rebeldes incluyen a los padres, hartos de los alimentos que les sirven a sus hijos en la escuela, que han logrado introducir productos frescos en la cafetería; a los granjeros que se aferran a sus medios de vida vendiendo a restaurantes cercanos; y a los políticos de la ciudad que hacen lugar para mercados de granjeros, jardines comunitarios, y granjas urbanas. Incluyen a las personas que están comprando todo lo que pueden de productos orgánicos, carne de reses alimentados a campo, mariscos recolectados de forma sustentable, y café de Comercio Justo.

No siempre es fácil alimentarse de esta manera. Significa estar menos impresionado por el empaquetado vistoso o los descuentos por volumen, y más inclinado a ser curioso y vigilante. Pero, eso sí, siempre deja un mejor sabor en tu boca.

Brian Halweil es un investigador experto del Worldwatch Institute (www.worldwatch.org). Su nuevo libro es Home Grown: The Case for Local Food in a Global Market (Cultivado en Casa: En Defensa de la Comida Local en un Mercado Global).

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