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Sustentabilidad: El Planeta en la Encrucijada

Mientras crecen las señales del cambio climático, y los líderes carecen de voluntad política para cambiar el rumbo, la gente está actuando en comunidad para crear un mundo que funcione para todos.

Sería bastante sencillo sostener que los últimos 10 años han significado un completo desastre para el medio ambiente.

La concentración atmosférica de dióxido de carbono se ha incrementado en 20 partes por millón. Peor aún, hemos comenzado a tener una idea de lo que significa su aumento acelerado y sin pausa: huracanes más grandes y fuertes; estaciones radicalmente cambiantes; los hielos marítimos en vías de derretirse; islas hundiéndose. Y lo que es peor, hemos visto un mundo políticamente incapaz de manejar las implicaciones de este cambio: Estados Unidos se ha rehusado a luchar contra el calentamiento global de cualquier manera, perdiendo un año invalorable tras otro, aún mientras China e India se lanzan a un desarrollo total de la peor forma, duplicando cada uno de los errores que nosotros hemos cometido. No hay nada — nada — sustentable acerca del planeta que hemos construido. Y aún así, hay esperanzas.

Y aún así, contra este escenario, algo igualmente serio está ocurriendo: el florecimiento de miles de esfuerzos individuales y comunitarios hacia un mundo muy diferente. Este trabajo en su conjunto puede producir uno entre dos resultados: que su belleza visionaria ayude a empujar al resto de la sociedad, la economía y la cultura hacia una acción profunda que evite el peor problema que enfrentamos en nuestro camino, o puede que sirva como la semilla para la nueva cultura que llegue... después. De cualquier manera, en estos esfuerzos reside nuestra esperanza. Considera esto:

Andy Lipkis, un adolescente a principio de los '70s, obsesionado con la organización de un proyecto de cultivo de árboles en Los Angeles, su ciudad natal, que pasado el tiempo no se cura de su obsesión. Hasta ahora, el proyecto Tree People ha plantado millones de árboles — para evitar la erosión, para ofrecer una sombra contra el calor, para proveer de fruta a la gente hambrienta. Y han sembrado millones de semillas... de ideas sobre lo que posiblemente podría germinar en las mentes de generaciones enteras de Angeleanos que han pasado por sus programas escolares o disfrutado el verde placer de sus arboledas. Ahora, queriendo lidiar con el gran demonio que es la burocracia, han lanzado un programa denominado TREES: Trans-Agencia de Recursos para la Sustentabilidad Ambiental y Económica (por sus siglas en inglés). Su objetivo es nada menos que el financiamiento público de una "restauración a gran escala del paisaje de Los Angeles para que la ciudad pueda funcionar y ser gestionada como un ecosistema viviente."

Más arriba, en la costa de Portland, te encuentras con los cuerpos voluntarios detrás de la Reparación Intersección. ¿Tu intersección no parece rota? Bueno, observa lo que sucede si, de repente, por una tarde, la cierras al tráfico e instalas en el medio una casa de té. De repente hay comunidad donde antes había sólo tráfico anónimo. Y cuando la calle se vuelve a abrir — bueno, no hay razón para que la intersección no pueda ser una plaza pública. No si cada pared y cada cerca están abarrotadas de arte, si la calle está pintada con un girasol gigante o re-empedrada con ladrillos, si hay carteles de anuncios en los palos de luz, si hay un mini-café en la esquina. No si reclama el espacio muerto y privatizado del automóvil para ser utilizado por el espacio vital de la vida pública.

Al otro lado del país, en Burlington, Vermont, donde diez años atrás un grupo de la sociedad civil alquiló una zona de las costas inundables del río que había servido como basurero municipal. Estaba justo cruzando la ruta desde el centro de la ciudad, y en sus 80 hectáreas de suelo fértil, una docena de granjeros ahora proveen el 8% de la comida de la ciudad: frijoles negros y trigo, huevos de las gallinas de las jaulas móviles picoteando insectos del medio de las filas de tomates, verduras y bayas de todo tipo. ¡Ocho por ciento de la comida de la ciudad! No es un proyecto piloto, ni un ensayo pequeño: es una prueba de lo es que posible.

O al sur por la Costa Este, en las partes más difíciles de Filadelfia, donde Lily Yeh ha construido su Villa de las Artes y las Humanidades. En un vecindario donde la población ha caído a la mitad, donde la mitad de los que quedaron permanecieron bajo la línea de pobreza, donde el grupo familiar medio tiene un ingreso de menos de $10.000, esta artista nacida en China comenzó por reclamar un lote abandonado en el verano de 1986 para crear un parque de arte. Hoy hay una red de 14 parques en lo que fueron terrenos sin vender. Hay casas abandonadas que han sido restauradas, un teatro juvenil, un centro de artesanías.

"Soy una artista que trabaja con muchos medios diferentes y en disciplinas diferentes," dijo recientemente. "Escultura, pintura, fotografía, hilados, teatro, y celebración ritual."

Pero de hecho ella se especializa en un medio completamente nuevo: es una artista que utiliza a la comunidad en su trabajo. La utiliza y la crea y la utiliza y la crea, en un círculo infinito.

"Me ha dado un gran sentimiento de orgullo leer en los periódicos y ver en la televisión gente hablando de nuestra comunidad con relación a la belleza y la esperanza en vez de las drogas y la muerte," dijo recientemente un vecino. ¡Belleza y esperanza!

Qué hay acerca de Detroit, si Filadelfia no es suficiente para ti — probablemente el ejemplo singular más grande, en los Estados Unidos, de una ciudad en decadencia. Como la gente blanca se escapó a los suburbios, la ciudad se desmoronó detrás de ellos, un monumento al abandono. Si lo estudias desde un satélite, un tercio de sus 360 kilómetros cuadrados consiste en terrenos baldíos y edificios abandonados. Pero ahora algo nuevo está sucediendo en esta tierra. Granjeros urbanos han comenzado a convertirla en tierra productiva -- algunas de sus micro-granjas ocupan una cuadra completa y producen ahí de todo, desde alfalfa y huevos hasta leche de cabra. Arquitectos innovadores han propuesto convertir once kilómetros del lado este de la ciudad en una villa auto-sostenida con su propia lechería y fábrica de conservas.

"Es una experiencia totalmente surrealista," le dijo un granjero al New York Times mientras describía cómo se sentía al ver conejos y faisanes en su terreno. "Estás en esta zona urbana y estás viendo esta completa transformación natural."

También está Salina, Kansas. Salina no es como Detroit — sus campos están repletos de grandes almacenes y cadenas de restaurantes. Pero hacia las afueras del pueblo el "Land Institute" ha cavado por décadas, haciendo el trabajo que ofrece tal vez la mejor esperanza para una sustentabilidad real en este continente: crear una agricultura que no dependa de combustibles fósiles ni fertilizantes, y que se base en cambio en las plantas perennes que alguna vez cubrieron el continente. Ellos cruzan variedades de trigo y girasol de la misma forma en la que Lily Yeh cruza teatro con escultura, y con el mismo objetivo: construir comunidad, natural y humana, que en verdad funcione. Comunidades que no dependan de la degradación para generar riqueza, que puedan durar más que el próximo cuatrimestre fiscal o las próximas elecciones.

De hecho, ésa es una buena definición de "sustentabilidad". Éste es un término ambiguo — nadie sabe muy bien lo que significa. Pero sabemos, instintivamente, lo que no significa. No significa rápido, ni barato, ni fácil. Éstos son los sellos de nuestra economía actual, las cosas que abrazamos como nuestros mayores objetivos — pero nos molestamos si alguien utiliza estas palabras para referirse a un hijo nuestro. En cambio, queremos un planeta que esté profundamente enraizado, y sea paciente y sólido, un mundo en el que se pueda contar, una economía que sea madura. Un amigo mío ha llegado a reemplazar "sustentable" en su vocabulario por la palabra "durable."

Lo cual tiene sentido. No sabemos si las soluciones que estamos construyendo ahora, incluso las mejores de ellas, tendrán algún sentido dentro de un milenio. Pero no necesitamos preocuparnos sobre el milenio, no aún. Si podemos disminuir el ímpetu de nuestro mundo hiperactivo sólo lo suficiente para permitirnos ver un futuro moderadamente plausible para nuestros hijos y sus hijos, ésa sería una enorme victoria. Nuestro planeta está claramente en una encrucijada, y esta encrucijada necesita arreglo. Mantén tus dedos ocupados, y tus ojos puestos sobre todo lo que es precioso. Lo cual no resulta difícil — sólo aparenta serlo al sobresalir del escenario de lo que consideramos "normal."

Bill McKibben es el autor, más recientemente, de "Wandering Home: A Long Walk Across America's Most Hopeful Landscape". Actualmente está trabajando en un libro llamado "Deep Economy" cuyo tema es la creación de un futuro de menor escala que pueda servir a las necesidades ecológicas y a la felicidad humana.

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