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La Buena Vida: El Consumismo Se Quedó En Los ‘90

Cada vez en mayor número, los norteamericanos están redescubriendo que el verdadero significado de la vida no proviene de las cosas que pueden comprar, sino de aquellas que pueden sentir.
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Glacier Circle cohousing
Glacier Circle Senior Community, the nation's first elder cohousing. Photo by Neshama Abraham Paiss

Vivir la buena vida es un tema que ha sido cubierto a menudo en las historias de YES! desde el primer número de la revista, por la sencilla razón de que esta cuestión es central para la cultura humana.

En el primer libro que escribí con David Suzuki, en 1999, teníamos un capítulo llamado "Placeres Complejos" con el que intentamos analizar qué es lo que los humanos deseamos realmente. Hoy en día existen muchos más estudios, encuestas y sondeos que intentan responder a esta urgente pregunta. Lo que han descubierto ha sido un poco sorprendente; y es que ha sido repetidamente demostrado que una vez que las necesidades humanas básicas de la vivienda y la alimentación han sido satisfechas, la gente no se vuelve mucho más feliz por mayores cantidades de bienes materiales, no importa lo grande que sean. De hecho, los aldeanos decentemente alimentados de la India o los obreros de los Estados Unidos están a menudo tan felices con sus vidas como lo están las damas de sociedad y los prósperos hombres de negocios.

Lo que hace infeliz a la gente es más fácil de cuantificar: sentirse demasiado aislado, menospreciado, inseguro (material y socialmente), o sin amor. Pero las personas también son miserables si tienen que intentar funcionar en una sociedad que no es igualitaria, que no tiene sentido, y sobre la cual no tienen ninguna influencia.

Lo que alimenta a la gente es el amor y la intimidad que encuentran dentro de una familia; la estabilidad existente dentro de una sociedad en donde la brecha entre el rico y el pobre, o entre las clases de estatus alto y bajo, no es extrema; y cuando perdura un sentimiento de utilidad y valor dentro de ambos, la familia y la sociedad. No conseguimos estas cosas comprando cosas, sino más bien al participar con los otros, al ayudar a los otros, e incluso (resulta difícil decirlo) al dar al otro. Como lo ha explicado a menudo Bill McKibben, cuando ayudas a alguien, extendiéndote hacia afuera, el placer es mayormente tuyo. Esto resulta ser cierto porque, en realidad, así estamos hechos.

La razón por la cual David y yo llamamos al capítulo "Placeres Complejos", es porque los seres inmaduros, como los bebés, son felices con placeres sencillos: una botella o un pañal seco. Pero los seres maduros necesitan bastante más. Muchos colaboradores de YES!, entre ellas una muy conocida campeona de la vida sencilla, Vicki Robin, han notado que la mayoría de los mamíferos jóvenes, por ejemplo, necesitan enormes cantidades de comida y abrigo, mientras que más tarde en sus vidas no necesitan tanto. Los seres maduros no sólo requieren menos, sino que también pueden producir algo nuevo de sí mismos -- frutos, hijos, creaciones -- que genera un futuro positivo para su grupo entero. Mientras crecemos, aprendemos a compartir, a dar, incluso a sacrificarnos; encontramos placer en la comunidad y también en la creación de ideas, lo cual es muy diferente de la "felicidad" lograda al comer, dormir o consumir cualquier bien material.

La sociedad de consumo que hemos desarrollado tiene que mantener a sus miembros en un estado de infancia perpetua; si los consumidores alguna vez llegan a estar satisfechos con sus vidas materiales, dejarán de jugar el juego de expandir el deseo insaciable que mantiene funcionando la economía eternamente. El hecho de que estemos rodeados por tanta cantidad de publicidad es, de una manera perversa, un signo positivo. Significa que para estimular el deseo humano material, el cual se va desvaneciendo de manera natural a medida que maduramos, se deben realizar esfuerzos desesperados (y muy caros). En este contexto, no es sorprendente que mientras el modelo de los placeres simples ha proliferado, también lo ha hecho el modelo de placeres complejos. De hecho, durante los últimos 10 años, miles de movimientos que involucran a millones de personas trabajando por un futuro verdaderamente positivo han brotado espontáneamente alrededor del mundo.

YES! se ha consagrado a documentar estos ejemplos positivos; en el segundo libro que David Suzuki y yo escribimos, Good News for a Change, nos ingeniamos para aislar lo que significa la sustentabilidad real, y cómo reconocerla. Hay cinco criterios que se repiten, independientemente y a través del tiempo y del espacio, por todo el mundo. Estos son: imitar a la naturaleza; usar una organización democrática; permanecer humilde; continuar siendo flexible; y fijarse metas realmente altas. Cuando estos criterios están presentes, sabes que estás en el bueno camino.

Holly Dressel is a YES! contributing editor.

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