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El fino arte de cultivar un escándalo

El Ejército Rebelde Clandestino Insurgente de Payasos durante el Encuentro del G8 de 2005 en Escocia. Foto (cc) Dave Morris
El Ejército Rebelde Clandestino Insurgente de Payasos durante el Encuentro del G8 de 2005 en Escocia.
Foto (cc) Dave Morris
En el cuarto aniversario de la invasión a Irak, los activistas del área de la Bahía de San Francisco se atrincheraron frente a las oficinas centrales de Chevron. Estaban ahí para llamar la atención sobre la conexión entre el cambio climático y la guerra, y específicamente sobre la ley del petróleo ante el parlamento iraquí que le daría a las corporaciones extranjeras como Chevron gran parte de las ganancias resultantes de los recursos naturales de Irak.

¿Cómo sabemos que estaban protestando por eso? Los carteles gigantescos que rezaban, “Chevron ama la guerra por petróleo” y “Terminen con los crímenes de Chevron desde Richmond hasta Irak.”

De forma similar, las barricadas detrás de las cuales se cubrían los activistas estaban pintadas con slogans tales como, “Paren la Ley Iraquí del Robo de Petróleo” y “Chevron = Criminal Climático.”

Los manifestantes vestidos de rojo sostenían pancartas con formas de barriles de petróleo, y había títeres de tres metros de alto representando a los líderes de la corporación.Y había teatro callejero: un “Tirón de la Guerra de Petróleo,” un funeral por el último pedazo de hielo sobre la Tierra, y una función a cargo de un grupo de teatro político denominado “Hogar Ronald Reagan para Criminales Dementes” (www.insanereagan.com).

Resumiendo, los activistas dominaban completamente el espacio visual.

El poder del espectáculo
Arte, música y teatro son a menudo más efectivos que los discursos y los folletos.

Jessica Bell, una de las organizadoras de la protesta del 19 de marzo de 2007 contra Chevron, dice que el arte y la cultura comunican de una forma que es “más interactiva y participativa, no sólo en cómo los manifestantes interactúan con el público, sino también en cómo los activistas interactúan entre sí.” Aportar cultura crea un espacio para la gente para aprender, crecer, y expresarse a sí misma. Bell agrega: “El arte y el teatro también pueden cuestionar a la gente—activistas y observadores—al colocarlos en situaciones nuevas.”

Payasos rebeldes

Imagina que eres un oficial de policía durante la reunión del G8 de 2005, en Gleneagles, Escocia, preparándote para enfrentar a miles de manifestantes. Ahora, imagina ser confrontado por un ejército… de payasos.

El Ejército Rebelde Clandestino Insurgente de Payasos fue organizado por activistas de Gran Bretaña e incluía a cientos de payasos (algunos veteranos, otros principiantes) de todo el mundo. El punto, de acuerdo a Robin Hood, un subsubcomandante participante del Ejército de Payasos, es “confrontar a los ocho hombres más peligrosos del mundo—el G8—con ridiculez y desobediencia; desde payasear al tránsito hasta la paralizarlo, y así bloquear a los delegados del G8 sobre la autopista A9, hasta socavar la disciplina de la policía colocándolos sobre el terreno poco familiar de la risa.”

Escenas filmadas de las protestas muestran a un grupo de perplejos policías permaneciendo parados, indiferentes, mientras los payasos tomaban las calles.

Rebel Clown tries to kiss police officer. Foto Matthew Dutton
Rebel Clown tries to kiss police officer. Foto Matthew Dutton
¿Qué logran las payaseadas a favor de los manifestantes? “Los payasos rebeldes trabajan con nuestros cuerpos para pelar la armadura del activista y hallar a la persona que alguna vez sentía tan profundamente,” dice él. De esta forma “encontramos la valentía para sentir, y al mismo tiempo superar, el miedo y la desesperación que pueden obligar al activista a retirarse detrás de esa armadura.” Estar a la vanguardia de la protesta significa abrir un espacio para la creatividad, la experimentación y el crecimiento. Billonarios por Bush, el pastor Billy y la Iglesia Paren de Comprar, y otros activistas de todo el país están creando nuevas formas de desafiar el consumismo, la guerra y el imperio. “Las intervenciones públicas de los artistas toman al público con la guardia baja y desestabilizan el status quo,” dice Nicolas Lampert, un activista e historiador radical del arte radicado en Milwaukee, Wisconsin. “Este tipo de acciones también alientan a la gente a pensar y cuestionar su propia rutina diaria, y la de la ciudad. En tales acciones,” agrega, “los artistas presentan otras posibilidades—la posibilidad de reivindicar un espacio público.”

“Las intervenciones públicas de los artistas toman al público con la guardia baja y desestabilizan el status quo,” dice Nicolas Lampert, un activista e historiador radical del arte radicado en Milwaukee, Wisconsin. “Este tipo de acciones también alientan a la gente a pensar y cuestionar su propia rutina diaria, y la de la ciudad. En tales acciones,” agrega, “los artistas presentan otras posibilidades—la posibilidad de reivindicar un espacio público.”

“Las viejas relaciones de poder que han sido implantadas y hechas invisibles, de repente sobresalen en todo su lúgubre contraste cuando se utiliza el arte para atraer la atención sobre ellos en formas novedosas,” dice Larry Bogad, profesor de teatro político de la Universidad de California en Davis.

“Igual de importante: una protesta creativa, espectacular y participativa puede brindarle a los participantes y transeúntes una sensación de ese mundo mejor que deseamos ver,” dice él, “y no sólo de aquello de lo que estamos en contra.”

Stephen Duncombe, autor y activista, urge a los activistas a aprender el arte de utilizar espectáculos públicos para influenciar la opinión pública y dominar la cultura. En su reciente libro, “Sueño: Re-imaginando la Política Progresista en una era de Fantasía”, Duncombe señala a la hazaña del portaaviones de la administración Bush, en mayo de 2003, cuando se afirmó “Misión Cumplida”, como un ejemplo de espectáculo y teatro.

Duncombe también menciona a una cita ya famosa, por parte de un consejero de alto rango de Bush (que ahora se asume ampliamente que ha sido Karl Rove) quien le dijo a un periodista, “Ahora somos un imperio, y cuando actuamos, creamos la realidad.” Los conservadores, dice Duncombe, comprenden cuán importante es crear imágenes y narrativas para ayudar a sus planes, o para “fabricar consenso”, como argumentó Walter Lippmann en 1922.

Duncombe propone el “espectáculo ético”, utilizando las mismas técnicas que los conservadores para avanzar una agenda progresista o radical para “fabricar disenso.” Pero, afirma, debemos hacer esto de una forma que no sea manipuladora o explotadora.

“Nuestros espectáculos serán participativos: sueños que el mismo público pueda moldear y perfilar”, dice él. “Serán activos: espectáculos que trabajen solamente si la gente ayuda a crearlos. Serán de final abierto: levantar escenarios para hacer preguntas y dejar que los silencios formulen las respuestas. Y serán transparentes: sueños que uno sabe que son sueños pero que aún así tendrán el poder de atraer e inspirar.”

“Y finalmente,” afirma, “los espectáculos que creemos no encubrirán o reemplazarán a la realidad y la verdad, sino que la representarán y amplificarán.” Estos criterios nos permitirán llegar a la gente en donde esté, dice, inspirándonos en deseos pre-existentes y redirigiéndolos hacia un mundo positivo y más justo.

Stephen Duncombe y todos los activistas que utilizan el teatro y el arte para comunicar, están diciendo una sola cosa: los sueños y espectáculos son formas importantes de imaginar el mundo futuro en el que todos deseamos vivir.


Jen Angel escribió este artículo para una serie sobre Libera tu espacio, en la edición de invierno 2008 de YES! Magazine. Jen es ex-editora de Clamor y redactora contribuyente de YES!

Traducción por Guillermo Wendorff.
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