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Hacía falta un pueblo

En Miami, los sin techos no esperaron la ayuda del ayuntamiento. Construyeron su propio hogar, y con él, seguridad y dignidad.
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Rolfe Ross' photo of Micah, Umoja Village
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Foto por Rolfe Ross, www.rolfeross.com
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Micah en Umoja Village
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Mientras los andamios de los condominios a medio hacer y los altos edificios de lujo emergen a lo largo del horizonte de Miami, la Ciudad de Miami ha estado destruyendo la vivienda económica. La comunidad históricamente negra de Liberty Cityes el único vecindario del condado de Miami-Dade donde la población ha declinado en los últimos 10 años. Muchos residentes se han vuelto desamparados o han sido obligados a mudarse, abriendo el vecindario al aburguesamiento.


En vez de esperar a que el gobierno de la ciudad resolviera la falta de vivienda, el activista local Max Rameau y un pequeño grupo de organizadores comenzaron a reunirse con los residentes de Liberty City, muchos de ellos sin hogar, para charlar sobre los problemas de vivienda en el vecindario. De estas reuniones semanales, surgió el proyecto para la Villa Umoja—“Unidad” en Kiswahili, un idioma de África Oriental.

El 23 de octubre de 2006, residentes sin hogar y organizadores erigieron una villa de emergencia en tierras públicas en la esquina de la Calle 62nd y la Avenida NW 17th, donde alguna vez había habido departamentos de bajos ingresos. El terreno había estado vacío desde la demolición del edificio por parte de la ciudad en 1998. Al reclamar este terreno para alojamientos de bajos ingresos, Umoja estableció un enlace directo entre la gente y la tierra, y proclamó su derecho de permanecer en el vecindario.

Comenzando con 10 residentes de tiempo completo, la villa creció rápidamente hasta un máximo de capacidad de 50 personas. Una zona libre de drogas y alcohol desde el principio, Umoja ofrecía un espacio seguro para crear raíces y trabajar por una causa comunitaria. Los hogares provisionales hechos de madera prensada, cartones, lonas, y colchones donados pronto llenaron el terreno en filas ordenadas. Algunas paredes se cubrieron con murales coloridos o pintados con mensajes apoyando la misión de Umoja en pos de “Vivienda Ahora.”

El “Café Libertad” servía como un punto de reunión y cocina comunitaria, abastecida con comida donada, donde los lugareños cocinaban sobre parrillas en barriles de petróleo y lavaban los platos en cubos de agua jabonosa. Luego de dos semanas de abrir, los residentes anteriormente desamparados habían tomado un control casi total sobre las operaciones diarias de su nuevo hogar, cultivando comida, reuniendo una biblioteca de libros donados, y decidiendo en reuniones semanales cómo resolver disputas y distribuir recursos.

La Villa Umoja enfrentó directamente y, para 50 individuos, suministró una solución al problema del desamparo. Pero el impacto de la villa tiene raíces e implicaciones mucho más profundas. Amanda Seaton, una de las organizadoras principales del proyecto, explica, “A lo largo de la diáspora [Africana], hay una historia de gente que no controla ni es dueña de la tierra en la que vive.” Pelear por la justicia es difícil sin la dignidad que proviene de ser capaz de satisfacer las necesidades básicas. Y los residentes y organizadores de Umoja creen que esa habilidad está enraizada en la tierra y la comunidad. Como lo expresó uno de los residentes, “quiero ser un hombre otra vez. Quiero ser capaz de llegar al hogar desde el trabajo y estar en una casa y ser un hombre con mi familia y sentirme como un hombre otra vez en vez de ir a cualquier otro lado y sentirme como una carga.”

En abril de 2007, una vela inició un fuego que destruyó la Villa Umoja. La tierra está vacante una vez más, esta vez rodeada por una cerca, aunque la comunidad Umoja todavía tiene esperanzas de ver alojamientos permanentes construidos en el sitio. Un nuevo proyecto encabezado por Max Rameau está peticionando a la ciudad de Miami para construir 123.564 nuevas unidades de viviendas económicas para el año 2025. Mientras tanto, mucho de los residentes y activistas continúan reuniéndose cada domingo para cocinar comida juntos, manteniendo la comunidad de ayuda generada por la villa. Como Max declarara en la mañana luego del incendio, “Vamos a asegurarnos que aunque [los residentes] no estén aquí físicamente, van a tener a Umoja con ellos donde quiera que vayan.”

Foto de Heather Mueller
Heather Mueller escribió este artículo para una serie sobre Libera tu espacio, en la edición de invierno 2008 de YES! Magazine. Heather, escritora y maestra en Boulder, Colorado, tiene familia y amigos en el Condado de Miami-Dade. Es redactora de iamelephant.com.

Traducción por Guillermo Wendorff.

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Ve los trabajos del fotógrafo Rolfe Ross en Flickr.
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