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Comentario: Un nuevo flujo en las cañerías mundiales

Publicidad para remesas en Oxford Street London. Foto de Kaihsu Tai
Publicidad para remesas en Oxford Street London.
Foto de Kaihsu Tai
Se acostumbra a describir las economías humanas como “mecanismos,” pero la imagen de un sistema doméstico de “cañerías” sería más apropiado. La economía, tal como los economistas la definen, es sencillamente el dominio del dinero; así que aquellos que consiguen diseñar las tuberías y las válvulas pueden determinar en gran medida hacia dónde fluye el dinero.

Establece una Reserva Federal para guiar la creación del dinero a través de bancos comerciales, por ejemplo, y el resto tan sólo son detalles. Arregla el sistema internacional de cañerías para que las naciones en lucha tengan que acudir a un Fondo Monetario Internacional para financiar la ayuda, y puedes poner de rodillas a estas naciones sin levantar un solo rifle.

A veces, sin embargo, el sistema tiene una gotera, lo cual ofrece una oportunidad breve para dirigir el flujo de una forma nueva y constructiva. Eso está pasando ahora con el dinero que los trabajadores expatriados en los EE.UU. y en otras partes envían a sus familias allá en sus hogares. Hay un esfuerzo en vías de ejecución para redirigir estos pagos hacia la fundación de un nuevo fondo de desarrollo de base que evite al Banco Mundial, al FMI y a sus agendas prefabricadas. No es tan improbable como pudiera parecer.

Las remesas, como se denomina a este tipo de dinero, no son nuevas. Lo que ahora es el Banco de América comenzó más de un siglo atrás para ayudar a los inmigrantes italianos en San Francisco a que pudieran enviar dinero a casa. Pero las recientes alteraciones de la economía global han hecho remontar vuelo a las remesas. Nadie lo sabe con seguridad, pero el monto total está probablemente cerca de los $300.000 millones, lo cual es casi tres veces más que toda la ayuda oficial al desarrollo en el mundo.

Estas remesas se han vuelto un salvavidas para las familias radicadas en los países del Tercer Mundo. Naciones enteran dependen de ellas. En las Filipinas, las remesas comprenden actualmente cerca del diez por ciento de la economía formal. En México, constituyen la fuente número dos del ingreso de divisas, luego del petróleo. Pero muy poco de este dinero se transforma en el tipo de desarrollo económico local que haría al trabajo migratorio—legal o no—menos necesario.

En primer lugar, las compañías que manejan las remesas han estado cobrando tarifas exorbitantes, a menudo entre el diez y el veinte por ciento. Western Union, la más grande, ha estado cosechando un retorno del treinta por ciento. Por otro lado, las cañerías del sistema económico global están diseñadas para recapturar el flujo.

Piensa en los mega-centros comerciales al estilo occidental que están surgiendo incongruentemente entre el cemento y el óxido de Manila y las capitales provinciales de Filipinas. Éstos son en gran parte consecuencia de la cultura de las remesas. El dinero hace una breve parada en casa, y luego fluye justo de regreso al Primer Mundo vía Nike, Burger King, etc. Las compañías farmacéuticas consiguen una buena tajada, también.Por eso es que el Instituto Transnacional para la Investigación y la Acción de Base (TIGRA), radicado en Oakland, California, está enfrentando el problema. TIGRA está organizando a los remitentes de remesas a lo largo de todo EE.UU. para demandar que las compañías de transferencias contribuyan con un dólar por cada transacción para fondos locales de desarrollo. (También están exigiendo tarifas más razonables).

Esto podría recaudar cerca de $150 millones por año sólo en los EE.UU. El resultado podría ser una especie de Ley de Reinversión Comunitaria global, dice Francis Calpotura, jefe de TIGRA y él mismo inmigrante filipino. En última instancia podría llevar a la creación de un “Banco Mundial alternativo.” Qué idea tan original—que el dinero de la gente común pueda fluir a través de una plomería institucional diseñada a medida de sus necesidades.


Jonathan Rowe
Jonathan Rowe, editor colaborador de YES!, es colega del Instituto Tomales Bay, el cual recientemente publicó. El surgimiento de los bienes comunes un reporte sobre la renovación de las economías basadas en bienes públicos a lo largo de todo los Estados Unidos. Rowe es fundador de la Asociación de Bienes Comunes West Marin y es anfitrión de América Offline, un programa semanal en la radio KWMR-FM en West Marin County, California.

Traducción por Guillermo Wendorff.



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