Give Gifts Top Banner

Sections
Home » Issues » Más Democracia en América Latina » En Venezuela, una atmósfera cooperativa

Get a FREE Issue. Yes! I want to try YES! Magazine

Nonprofit. Independent. Subscriber-supported. DONATE. How you can support our work.

YES! by Email
Join over 78,000 others already signed up for FREE YES! news.
[SAMPLE]
link

The YES! ChicoBag(R). Full-size tote that fits in your pocket!

 

En Venezuela, una atmósfera cooperativa

Venezuela pone a la gente pobre a cargo de sus medios de vida, y convierte a las personas sin empleo en dueñas y dueños cooperativos.
Document Actions

Foto por Michael Fox. Estrella Ramirez working in a co-op that she helped start.
Estrella Ramírez aprendió a leer, y luego a dirigir un negocio con la ayuda de las nuevas "misiones" para la alfabetización y el entrenamiento laboral de Venezuela. Ella y algunas de sus colegas comenzaron Manos Amigas, una cooperativa que fabrica uniformes. Photo por Michael Fox.
Cuando el hijo de 14 años de Estrella Ramírez la inscribió para participar en Misión Robinson, el programa gratuito de alfabetización del gobierno, ella aceptó de mala gana. Ramírez, que vive en Catia, un vecindario pobre del oeste de Caracas, perdió su brazo derecho en 1991 de una trombosis arterial. Seis años después, su marido la abandonó, dejándola a cargo de la crianza de sus jóvenes hijos. Buscó trabajo pero no pudo encontrar ninguno. "Vivía encerrada bajo llave en mi casa, con mis hijos, y los mantenía vendiendo café en el hospital algunas veces, haciendo almuerzos," dice ella.

Tres meses después de que Ramírez comenzara el programa de alfabetización, su maestra la matriculó en el nuevo programa de entrenamiento laboral cooperativo del gobierno, Vuelvan Caras.

"Pensé que no me aceptarían, o que no me tolerarían," dice Ramírez. "Hay discriminación. Te tratan como si fueses inútil o lisiada."

Ramírez comenzó el curso de costura industrial de Vuelvan Caras, de un año de duración, en la primavera de 2004, junto con un grupo de otras mujeres desempleadas de su comunidad. A algunas, como Ramírez, también se les ofrecieron becas para que pudieran estudiar y, aún así, cuidar de sus hijas e hijos.

Tres años después, Ramírez es co-fundadora y asociada de la cooperativa textil Manos Amigas. De acuerdo a Maria Ortiz, ex-presidente de la cooperativa, Ramírez también es "una de las trabajadoras más resistentes" del equipo de 15 personas.

Ramírez formó Manos Amigas con sus compañeras graduadas de Vuelvan Caras poco tiempo después de terminar el programa. Recibieron un préstamo de cero interés de $80,000 del Instituto Nacional Venezolano para la Pequeña y Mediana Industria, con lo cual compraron 20 máquinas de coser y adquirieron sus primeros insumos. El gobierno les proveyó gratuitamente un local en el cual podrían iniciar con su cooperativa, en un edificio desvencijado pero bien situado del centro de Caracas. Invirtieron parte del préstamo en refaccionar su espacio en el cuarto piso.

En Manos Amigas, las miembras votaron para trabajar ocho horas al día, cinco días por semana, y pagarse a sí mismas un salario mínimo, cerca de $200 mensuales. También reciben un bono a fin de año, dependiendo de las ganancias anuales de la cooperativa. Como es la norma bajo la Ley Venezolana de Cooperativas de 2001, se elige anualmente una presidente, una secretaria, y una tesorera. Las miembras realizan una asamblea general una vez al mes, y las decisiones se toman por consenso o por mayoría. "Ninguna es jefe, cada una forma parte del equipo," dijo una miembra.

Manos Amigas es sólo una de las 8.000 cooperativas formadas por las aproximadamente 300.000 personas graduadas del programa de entrenamiento laboral cooperativo de Vuelvan Caras, desde que comenzó en 2004. También es sólo una de las 181.000 cooperativas oficialmente registradas en Venezuela desde el final del último añouna cifra asombrosa que pone a esta nación de Sudamérica al tope de la lista de países en el mundo que cuentan con la mayor cantidad de cooperativas.

Más del 99 por cien de las cooperativas de Venezuela se han registrado desde que asumió el presidente Hugo Chávez Frías en 1999. El auge cooperativo es clave para el cambio de dirección del gobierno venezolano hacia una economía basada en la inclusión de los sectores tradicionalmente excluidos de la sociedad, y en la promoción de modelos de negocios alternativos como parte de su iniciativa hacia lo que Chávez denomina “socialismo del siglo XXI”.

Semillas del Éxito de las Cooperativas Venezolanas

En el momento en que el presidente Chávez fue elegido en 1998, la pobreza había estado en un lento pero constante incremento desde la segunda mitad del siglo. La consolidación de las tierras en unas pocas manos había desplazado a las granjeras y granjeros, quienes emigraron en grandes cantidades hacia las ciudades en busca de trabajo. Como resultado, Venezuela se volvió uno de los países más urbanizados de Latinoamérica; Caracas, su capital, está rodeada por barrios pobres que alojan cerca de la mitad de su población, de cerca de 5 millones, en condiciones de bajo nivel. La implantación de políticas neoliberales durante los ‘90s sólo empeoró la situación, privatizando los negocios estatales y acortando subsidios y gastos sociales. La inflación se disparó y se apilaron los ceros al final de la moneda nacional, el Bolívar.

La gente pobre de Venezuela fue dejada con muy pocas opciones en una sociedad que el anterior viceministro de economía popular (MINEP) Juan Carlos Loyo, describió el último año como “profundamente individualista..., profundamente desigual y discriminatoria”.

En 1998, sin embargo, las cosas comenzaron a cambiar. Chávez fue electo presidente con la promesa de re-escribir la Constitución. A medida que ampliaba la visión del libertador de Sudamérica, Simón Bolívar, su popularidad creció entre la gente pobre. Su “Revolución Bolivariana”, dice Loyo, incluye construir un sistema económico “basado en la solidaridad y no en la explotación”.

Chávez decretó la Ley Especial de Asociaciones Cooperativas en 2001, lo cual hizo más sencillo formar cooperativas, y, en palabras del anterior Superintendente Cooperativo (SUNACOOP) Carlos Molina, “transformó a las cooperativas en una herramienta fundamental de inclusión social”.

¿Por qué cooperativismo? “Porque el cooperativismo va más allá de la actividad puramente económica, y está basada en relaciones productivas que son colectivas, solidarias, y sobre todo, inclusivas”, dice Molina.

El gobierno venezolano comenzó a promover la creación de cooperativas dándoles prioridad para los contratos del gobierno, ofreciendo donaciones y préstamos con poco o ningún interés, y eliminando la exigencia del impuesto a la renta para las cooperativas. El número de cooperativas inmediatamente comenzó a crecer.

Venezuela lanzó Vuelvan Caras en la primavera de 2004 a medida que comenzaba a reinvertir su riqueza petrolera en “misiones” educacionales, sociales y sanitarias, en un intento de incorporar a los sectores marginados pobres de Venezuela de vuelta a la sociedad.

El mismo año, el gobierno venezolano comenzó a promover lo que denominó el “Desarrollo Endógeno” (desarrollo económico desde adentro), directamente en contraste con el modelo neoliberal impuesto durante las ‘90s, que promovió la privatización y la propiedad corporativa.

El Desarrollo Endógeno puso el desarrollo de la comunidad en las manos de la población local y amplió gradualmente los recursos y capacidades locales para el beneficio de la región y sus habitantes. El modelo está basado en 130 Núcleos de Desarrollo Endógeno (NUDEs) localizados a lo largo del país como centros de desarrollo local.
En el NUDE venezolano piloto al oeste de Caracas, Fabricio Ojeda, más de 40 trabajadoras y trabajadores colectivos se mezclaron con la misión de salud del gobierno, Barrio Adentro, y con la tienda de alimentos de bajo precio patrocinada por el gobierno, Mercal.

Desgraciadamente, la realidad del auge cooperativo no carece de problemas. De acuerdo al primer Censo Cooperativo Venezolano, de otoño último, menos del 40 por cien de las cooperativas registradas en el momento realmente estaban funcionando.

Muchas de las discrepancias provienen de los negocios que se registraron y ni siquiera despegaron o fallaron en cumplir con la ley cooperativa. Existen casos raros de “cooperativas fantasmas” que se registraron y recibieron préstamos del gobierno antes de desaparecer con el dinero.

El total de las cooperativas en Venezuela están creciendo a cientos por semana, y Molina, el anterior director de SUNACOOP, aseguró el año pasado que no tenían esperanzas de ser capaces de auditarlas a todas.

Manos Amigas no ha estado exenta de dificultades. Sólo permanecen la mitad de los casi treinta fundadores. El desafío más grande es el individualismo, dicen numerosas miembras de la cooperativa. Es difícil cambiar de un día al otro. Pero las mejoras se están haciendo, y las cooperativas de Venezuela tienen una larga historia de la cual aprender, aunque las nuevas cooperativas no necesariamente lo reconozcan.

Las Cooperativas en los Días Previos a Chávez

En las colinas al pie de los Andes, en Barquisimeto, la capital del estado de Lara, se encuentra una de las más grandes, antiguas e importantes cooperativas de Venezuela.
CECOSESOLA comenzó como una cooperativa de sepelios a fines de los años ‘60s y ahora tiene más de 300 trabajadores asociados, 20.000 miembros, y está compuesta por más de 80 cooperativas (de ahorro, agrícolas, de producción, asociaciones civiles, organizaciones, y una compañía de títeres).

Cada semana venden comestibles y 400 toneladas de frutas y vegetales frescos, de las cooperativas productoras afiliadas, en sus mercados de bajos precios a más de 55.000 familias, muchas de ellas de las comunidades más pobres de la ciudad. CECOSESOLA informa ventas semanales por cerca de $800.000, lo cual representa aproximadamente 40 millones anuales, pero esto es sólo el inicio. CECOSESOLA todavía provee servicios de sepelios y también servicios bancarios, un programa de venta de electrodomésticos, una red de clínicas de salud de bajo precio, y están en el proceso de construir su propio hospital.

Para aquellos que no pueden llegar a los mercados, CECOSESOLA carga colectivos con vegetales y frutas, y los lleva hasta los barrios. Cuando un vecindario comienza a reclamar su propio mercado local, CECOSESOLA ayuda a instalarlo. Todo está autofinanciado por las cooperativas sin ayuda del gobierno o de la caridad.
A diferencia de las cooperativas gubernamentales de Chávez, CECOSESOLA no posee funcionarios electos o un equipo administrativo. Las decisiones se toman por consenso en reuniones que llevan gran parte de la semana de trabajo. Se rota a través de diferentes puestos de trabajo, y de cada persona se espera que asuma la responsabilidad total—enfrente de sus colegas si es necesario—por las elecciones que realiza.

“El objetivo es la transformación”, dice Gustavo Salas Romer, desde hace tiempo organizador de CECOSESOLA. “La economía es secundaria”.

Establecer CECOSESOLA no fue fácil. Durante los ‘70s, las miembras y miembros de la cooperativa fueron etiquetados como subversivos, la cooperativa fue infiltrada por agentes del servicio secreto venezolano, y su colectivo de transporte fue clausurado y saqueado por el gobierno local por ofrecer servicios tan razonables que las compañías de transporte privados no podían competir. La lucha empujó a la cooperativa a una década y media de bancarrota, de la cual muchos miembros pensaron que no podrían escapar.

Pero lo hicieron, y cuando Chávez fue electo, la CECOSESOLA junto con docenas de cerca de las 800 cooperativas de Venezuela comenzó a presionar duramente para lograr que se establezcan normas cooperativas en la nueva Constitución.

Al mismo tiempo, CECOSESOLA mantuvo su autonomía. “Nuestra cooperativa es a-política y a-religiosa”, dice Salas Romer. “Nos han llamado un montón de cosas, pero todavía estamos en nuestro propio proceso. Ésa es nuestra fortaleza. Si nos atraparan en política o religión, eso creería divisiones, y nos separaríamos”.

Realidades Cooperativas

De vuelta a Manos Amigas, a mediados de marzo las miembras estaban trabajando muy duro para producir uniformes para su primer contrato con las Fuerzas Armadas de Venezuela. Un cartel de Chávez los supervisa en su diminuta fábrica de un solo cuarto, el cual está lleno del zumbido de las máquinas de coser y del sonido de las voces charlando. En contraste a la mayoría de las fábricas de Latinoamérica, la atmósfera es relajada. Aunque Manos Amigas recibe muchos de sus contratos a través del estado venezolano para la producción de uniformes, ellas mismas no usan ninguno. No hay tarjetas perforadas. Cuando se sospecha que alguien está abusando del sistema, el asunto se trata en una asamblea general ante todas las miembras de Manos Amigas.

Mientras tanto, las miembras de Manos Amigas continúan estudiando en las misiones educativas del gobierno, Ribas y Sucre. Tales estudios son alentados por la cooperativa. Otras cooperativas textiles han votado para trabajar menos, para permitir más tiempo para el estudio continuo y la familia. Grandes cooperativas han establecido centros de cuidados diurnos para el cuidado de las niñas y niños de las trabajadoras y trabajadores cooperativos.

“Es un enorme éxito”, dice Ángel Ortiz, el único miembro masculino de Manos Amigas. “Éramos trabajadores para otros, éramos empleados, pero hoy somos gente de negocios, y no sólo estamos produciendo para el estado, sino para nuestra comunidad”.

Las miembras de Manos Amigas dicen que son económicamente viables. El gobierno, dicen ellas, les paga de 4 a 8 veces más por sus mercancías de lo que recibirían como trabajadoras individuales en una compañía privada. Además, desde que se liberaron de los gastos corporativos, pueden vender el producto a menos de la mitad del precio que cobran los negocios privados.

Con miles de millones de dólares invertidos en los últimos tres años en el entrenamiento y patrocinio de las cooperativas de Vuelvan Caras solamente, y con las primeras cooperativas de Vuelvan Caras recién ahora comenzando a pagar sus préstamos, es difícil decir lo que alberga el futuro. No obstante, Venezuela está invirtiendo fuertemente en estos negocios democráticos, los cuales representan ya el 6 por cien de la fuerza de trabajo de Venezuela. No hay duda de que las cooperativas están cambiando la vida de cientos de miles de personas en Venezuela, quienes solamente unos años atrás no creían poder hallar un trabajo—sin mencionar el dirigir sus propios negocios.

Estrella Ramírez seguramente estaría acuerdo, así como sus socias en Manos Amigas, quienes poseen un futuro económico en un mundo que, poco tiempo atrás, les negaba la entrada.


Michael Fox es un periodista independiente establecido en América del Sur. En 2006, formó parte como escritor del equipo de Venezuelanalysis (http://www.venezuelanalysis.com/) y fue corresponsal de Free Speech Radio News. Traducción por Guillermo Wendorff.

Email Signup
Más Democracia en América Latina
Comment on this article

How to add a commentCommenting Policy

comments powered by Disqus


You won’t see any commercial ads in YES!, in print or on this website.
That means, we rely on support from our readers.

||   SUBSCRIBE    ||   GIVE A GIFT   ||   DONATE   ||
Independent. Nonprofit. Subscriber-supported.




Issue Footer

Personal tools