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Democracia en Ascenso

Movimientos sociales cambian la cara del poder desde la base.

Chilean woman at inauguration. Photo by Patricio Valenzuela Hohmann.
Inauguration Day in Chile represented people taking back power, especially women. A Chilean woman watches the ceremony wearing a replica of the presidential sash.
Photo by Patricio Valenzuela Hohmann. http://www.patriciovalenzuela.cl/

A medida que los pueblos de Latinoamérica construyen democracias desde la base, los símbolos del poder están cambiando. Los que solían ser emblemas de pobreza y opresión—la vestimenta y el idioma indígena, las etiquetas “campesino” y “trabajador sin tierra”—son cada día más los símbolos del nuevo poder. A medida que los movimientos populares conducen la región hacia la justicia social y la equidad, estos símbolos no hablan ya de una autoridad de elite, limitada a unos pocos, sino de un poder ampliamente compartido.

El simbolismo fue especialmente rico el último año en Cochabamba, Bolivia, cuando la nueva ministra de justicia hizo su entrada en un encuentro internacional de activistas. Casimira Rodríguez, anteriormente trabajadora doméstica, lucía las gruesas trenzas negras y la falda larga de muchas capas de una mujer indígena Aimara. Mientras se abría paso entre la multitud Rodríguez se diferenció más aún del típico funcionario cumplidor de la ley al compartir puñados de hojas de coca.

A lo largo de la región, la gente marginalizada se están alzando, enfrentando al sistema que los ha mantenido en la pobreza, y están persiguiendo un nuevo curso. País tras país, la gente está eligiendo líderes que rechazan fuertemente las políticas “neoliberales” de Washington que implican un gobierno restringido en gastos sociales, la privatización de servicios públicos tales como educación y agua, y la apertura de las fronteras a las corporaciones extranjeras.

Por supuesto, hay excepciones, más notablemente en México, donde el conservador Felipe Calderón asumió el poder luego de una hiriente batalla sobre los resultados electorales en disputa. Pero el creciente contragolpe ha quitado del poder a presidentes de la vieja guardia en Brasil, Argentina, Chile, Ecuador, Nicaragua, Uruguay, Venezuela, y Bolivia. Y aunque existen agudas diferencias entre los nuevos líderes, no hay dudas de que lo que los puso en el poder fue un creciente clamor contra la injusticia económica. Más del 40 por ciento de la región todavía vive en la pobreza, y la brecha entre personas ricas y pobres es la más amplia del mundo.

No estando más dispuestos a aceptar la pobreza perpetua, las personas pobres de Latinoamérica estando definiendo sus sociedades y, en el proceso, redefiniendo la democracia. Están organizando grandes segmentos de la sociedad en movimientos sociales fuertes y dinámicos con suficiente poder para conducir las políticas nacionales. El desafío, por supuesto, es mantener responsables a los nuevos líderes, mantener la fuerza del poder democrático de base, e ir más allá del simbolismo para realizar cambios reales.

Un Presidente Indígena en Bolivia

En Bolivia, donde los pueblos indígenas son mayoría, ya existen algunos signos concretos de progreso. Evo Morales, el primer presidente indígena de la nación, asumió el poder en 2006 con el mandato más fuerte de cualquier líder boliviano. Catapultado a la política nacional por sus luchas como líder sindical defendiendo los derechos de los cultivadores de coca, Morales llegó al poder sobre la ola de levantamientos populares masivos que expulsaron a tres presidentes en otros tantos años.

A pesar de que se asienta sobre la segunda reserva de gas natural más grande del mundo, Bolivia es el país más pobre de Latinoamérica. Junto con una ola de privatizaciones que barrió a Latinoamérica en los ‘90s, las industrias del petróleo y del gas en Bolivia estuvieron abiertas para los negocios de las compañías petroleras extranjeras, que amasaban el 82 por ciento de las ganancias mientras le dejaban un 18 por ciento escaso a las arcas de Bolivia. Poco tiempo después de asumir, el gobierno de Morales comenzó a reescribir los contratos con las compañías privadas. Los negociadores incrementaron la participación del país en las ganancias al 50-80 por ciento, renegociando contratos con diez compañías diferentes, lo que rendirá miles de millones en ganancias adicionales para que el gobierno pueda sostener su nueva agenda social.
Espoleado por su experiencia como cultivador de coca, Morales ha introducido nuevas políticas para desafiar el método estadounidense de la “guerra contra las drogas”. La coca, que constituye la principal materia prima de la cocaína, tiene también una importancia ancestral especial para los pueblos indígenas de Bolivia y en su forma natural es ampliamente utilizada para tratar afecciones tales como el dolor de estómago, el mal de altura y el estrés, además de formar parte de la rutina diaria de muchos bolivianos. Bajo la presión del gobierno de Estados Unidos, los gobiernos bolivianos anteriores intentaron la erradicación de la coca. Kathryn Ledebur, de la Red de Información de los Andes en Bolivia, dice que “los granjeros locales que plantaban coca como medio de subsistencia solían enfrentar violentas confrontaciones con los militares y las fuerzas de seguridad, que tenían las órdenes de destruir sus cultivos, lo cual en esencia devastaba sus únicas formas de subsistencia”.

El gobierno de Morales ha desarrollado un programa amigable con el granjero, que permite a los pequeños granjeros el cultivo de pequeñas cantidades de coca para consumo doméstico, y al mismo tiempo está implementando una política de cero-cocaína que incluye la prohibición y los esfuerzos contra el lavado de dinero para prevenir el tráfico de drogas.

En Brasil, un Metalúrgico es Presidente

El giro político de Brasil también está impregnado de un poderoso simbolismo. Cuando Luiz Inácio “Lula” da Silva, un metalúrgico con una educación primaria, montó una ola de apoyo popular a la presidencia en 2002, inspiró a las personas de clase trabajadora de todo el mundo. Fue reelegido con un confortable 60 por ciento del voto en octubre de 2006. Aunque su primer mandato estuvo manchado por escándalos de corrupción y acusaciones de la izquierda de Brasil de haber capitulado demasiado frente a las demandas del Fondo Monetario Internacional (FMI) para implementar estrictas políticas fiscales, Lula cumplió algunas de sus promesas electorales a la gente pobre que forman su base política.

De acuerdo al Centro de Investigación de Política Económica, cerca de 11 millones de familias se han beneficiado de la “bolsa familiar”, un pago mensual en efectivo hecho a las familias pobres a cambio de que aseguren que sus hijas e hijos permanezcan en la escuela. Dando señales de más políticas inminentes a favor de la gente pobre, uno de los primeros actos del segundo mandato del Lula fue anunciar un aumento del 8,6 por ciento del salario mínimo.

La Revolución Bolivariana de Venezuela

El presidente Hugo Chávez es mejor conocido en los Estados Unidos por su pomposa retórica contra el presidente Bush. Pero en Latinoamérica, el presidente venezolano gusta de invocar el simbolismo de Simón Bolívar, el “liberador” de Sudamérica del mandato español, quien soñó en unificar la región en un fuerte bloque. Y aunque ha ganado poca atención aquí, Chávez ha utilizado la bonanza petrolera para avanzar el sueño de Bolívar. Venezuela ha comprado grandes porciones de la deuda de Argentina y Ecuador al FMI, por ejemplo, y ha vendido petróleo con descuento a varios de sus países vecinos, e incluso a comunidades pobres de los Estados Unidos. Y Venezuela ha firmado pactos comerciales con varios países que incluyen novedosos acuerdos de trueque, tal como productos agrícolas a cambio de personal médico y otro personal técnico. Chávez ha ideado un plan comercial regional para oponerse al ALCA de Bush. La Alternativa Bolivariana para Latinoamérica (ALBA), busca beneficiar a la gente pobre y al medioambiente, y avanzar el comercio entre los países dentro de la región.

En enero, Venezuela y Argentina dieron otro paso para romper con la dependencia de la región con las instituciones neoliberales tales como el Banco Mundial, el FMI, y el Banco de Desarrollo Interamericano, los cuales han condicionado sus préstamos con políticas de reforma de “libre mercado” y severas medidas de austeridad. Ambos países comprometieron más de $1.000 millones para comenzar un nuevo “Banco del Sur”. Bolivia y Ecuador ya han firmado. Dentro de Venezuela, Chávez ha hecho progresos impresionantes en mejorar los niveles de alfabetización y proveer servicios de salud y otros servicios a la gente pobre. Él ha formado equipo con Cuba para co-patrocinar un programa llamado “Operación Milagro”, que provee cirugía ocular a residentes pobres de Venezuela, Panamá, Jamaica, Bolivia, Nicaragua, y una lista creciente de otros países. El gobierno venezolano también está invirtiendo fuertemente en la creación de un modelo para el desarrollo económico local a través de cooperativas.
Por otro lado, los planes de desarrollo de Chávez basados en combustibles fósiles—incluyendo la propuesta de un gasoducto desde Venezuela hasta Argentina—son difícilmente visionarios. Tal como está actualmente planificado, el gasoducto de 8.000 kilómetros atravesará áreas de extrema sensibilidad ecológica y cultural. Varias rutas posibles están siendo evaluadas, pero todas atraviesan el Amazonas. Grupos de derechos ambientales e indígenas de todo Latinoamérica se han opuesto al colosal proyecto, y le han pedido al gobierno de Venezuela detener todos los planes hasta que sean públicamente debatidos.

Los Movimientos Sociales Redefinen la Democracia

Algunos de los avances democráticos más esperanzadores en Latinoamérica no son resultados de políticas oficiales, sino de los movimientos sociales que están canalizando su propio poder. Los miles de agricultores pobres que constituyen el Movimiento de Trabajadores sin Tierra (MST) en Brasil, han reclamado el derecho de asentarse en y trabajar cerca de 7 millones de hectáreas de tierra sin utilizar—un territorio un poco más grande que el estado de Ohio. Para millones de personas que se encuentran en gran parte fuera del sistema económico dominante, el acceso a la tierra es de importancia primordial, ya que dependen de ella para la subsistencia.

Carter, del Centro de Estudios Brasileños, situado en Oxford, explica que los grupos tales como el MST contribuyen al proceso democrático en formas importantes. “Al mejorar las condiciones materiales y los recursos culturales de sus miembros,” dice él, “el movimiento de los sin tierra ha fortificado los cimientos sociales para la democracia en Brasil”.

Los movimientos indígenas también han ganado terreno. En la región amazónica de Ecuador, luego de observar durante décadas a las compañías petroleras multinacionales tomando atajos que atravesaban sus tierras ancestrales en búsqueda de petróleo, las mujeres indígenas han puesto sus cuerpos en fila contra los soldados armados que son enviados para escoltar a los trabajadores petroleros. Conocidos por su fiera resistencia a la explotación del petróleo en sus tierras, la remota comunidad de Sarayacu por ahora ha tenido éxito en mantener las petroleras afuera.

A lo largo de toda Latinoamérica, multitudes de pueblos indígenas han demostrado que las poblaciones marginalizadas pueden organizarse y movilizarse efectivamente para destronar gobiernos—tal como hicieron en Ecuador y Bolivia—a pesar de su falta de recursos materiales y de poder político.

Una nueva característica de las políticas latinoamericanas es la mayor colaboración entre los países con el objetivo de romper su dependencia con el Norte. En el pasado, los países se hallaban en gran parte compitiendo por los mercados de Estados Unidos y por la ayuda al desarrollo. Ahora están cada vez más enfocándose en complementar las fortalezas y debilidades de cada uno, y en buscar soluciones comunes para sus problemas compartidos.

Un ejemplo es la recientemente formada Comunidad Sudamericana de Naciones (CSN), un intento realizado por doce países de Sudamérica para crear un “área que esté integrada política, social, económica y ambientalmente, y en su infraestructura”. Ya que la iniciativa es nueva, no está claro aún si se volverá simplemente un bloque de comercio que mejore la posición competitiva de la región en los mercados internacionales, como es el caso del Mercosur (Mercado Común del Sur). Alternativamente, podría establecer estándares sociales y ambientales mínimos, y la infraestructura, no sólo para enlazarse con los mercados internacionales sino también para comerciar dentro de Latinoamérica.

De manera similar, en un despegue radical del método tradicional basado en el mercado, el gobierno de Morales ha desarrollado una “Acuerdo de Comercio del Pueblo”, una alternativa económica innovadora basada en principios de comercio justo, trabajo, y protecciones ambientales, y una intervención estatal activa en la promoción del desarrollo económico.

Aunque todavía se encuentra en un estado embrionario, “es único”, dice Jason Tockman, de la Red de Solidaridad de Bolivia. “Tiene una fuerte resonancia con las visiones alternativas para la integración social, económica y política propuesta por los movimientos sociales de la región, y el peso de la autoridad estatal”.

La respuesta a la visita del presidente Bush a cinco países latinoamericanos en marzo es un signo adicional de que los latinoamericanos están eligiendo su propio camino, independiente de Estados Unidos y de sus intereses políticos y económicos. A lo largo de la ruta de Bush, miles de personas en las calles portando pancartas multicolores y banderas de “Fuera Bush”, enviaron un mensaje claro: los movimientos de la gente están vivos y sanos en Latinoamérica, y no se dejan engañar por el intento de la Casa Blanca de re-empaquetar las mismas políticas impopulares de Estados Unidos bajo la apariencia del alivio a la pobreza.

Al mismo tiempo, Chávez fue capaz de juntar y enfervorizar una multitud de aproximadamente 40.000 personas en un mitin anti-Bush en Argentina, donde anunció que Bush era un “cadáver político”—aludiendo a la creciente irrelevancia del presidente en Latinoamérica.

Luego de dos siglos de que Estados Unidos tratara a Latinoamérica como si fuera su patio trasero, los movimientos populares organizados a través de Latinoamérica están cambiando la dinámica del hemisferio. Al elegir gobiernos más populares en ocho países y al organizar decenas de millones de personas, han opuesto una fuerte resistencia a la agenda de Estados Unidos para la globalización dirigida por corporaciones, planteado alternativas reales sobre el terreno. Estos esfuerzos, combinados con la iniciativa liderada por Venezuela por una integración regional alternativa, no sólo proveen el más fuerte contrapeso a la agenda norteamericana de cualquier otro lugar del mundo, sino que también ofrece caminos múltiples hacia un futuro mejor para millones de personas en las Américas.


Nadia Martínez nació y creció en Panamá. Ella co-dirije la Red de Energía y Economía Sustentable (Sustainable Energy and Economy Network) en el Instituto para Estudios de Políticas (Institute for Policy Studies, www.ips-dc.org) en Washington D.C. Se especializa en Latinoamérica, donde trabaja con organizaciones ambientales, de desarrollo, derechos humanos, e indígenas.

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