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Estoy Contigo Contra el Desorden

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Una mujer indígena nos invita a aprender lo que parece la desarraigada cultura norteamericana ante los ojos de un pueblo que es “sueño y tierra a la vez”.

Soy de Okanagan, un parte de British Columbia que es muy caliente y seca. Cerca del lugar de mi nacimiento hay dos cadenas montañesas rocosas: las Cascades de un lado y las Selkirks por el otro. El principal río que fluye por nuestras tierras es el Columbia.
Mi madre es una indígena del río. La gente del río Kettle está a cargo de la pesca en la zona norte del sistema del río Columbia en nuestros territorios.

El pueblo de mi padre son gente de montaña. Ellos ocupaban la zona norte de la Columbia Británica, conocida como el Valle Okanagan. La gente de mi padre era de cazadores. Mi nombre proviene de la parte de la familia de mi padre, y es el nombre de mi bisabuela. Frecuento la compañía de la familia de mi padre, pero tengo un derecho y una responsabilidad hacia el río a través del nacimiento de mi madre y la educación de mi familia.

Así que esto es quien soy.

Cuando me presento ante mi gente en mi propio lenguaje, describo estas cosas porque les dice cuáles son mis responsabilidades y mi objetivo, lo que necesito llevar conmigo, lo que proyecto, lo que enseño y lo que pienso, lo que debo hacer y lo que no puedo hacer.

La forma en la que hablamos de nosotros mismos como pueblo Okanagan es difícil de replicar en otro idioma. Cuando decimos la palabra Okanagan que se traduce por “nosotros”, en realidad estamos diciendo “aquellos que son  sueño y tierra a la vez.” Esa es nuestra identidad original. Antes que cualquier otra cosa, somos pedazos vivientes y soñadores de la Tierra. “Sueño” es la palabra que más se aproxima al Okanagan. Pero nuestra palabra no significa precisamente “sueño”. En verdad significa “la parte invisible de nuestra existencia como seres humanos.” Esto puede ser la mente o el espíritu o el intelecto. Somos mente tanto como materia. Somos sueño, memoria, e imaginación.
Otra parte de la palabra significa que si tomas un número de hebras de cabello, los colocas juntos y luego frotas tus manos y los ligas juntos, ellos se vuelven una sola hebra. Utilizas este pensamiento simbólicamente cuando haces trenzas, hilos y canastas. Esta parte de la palabra alude a nosotros, siendo atados juntos y formando parte de todo lo demás. Se refiere a las partes de sueño de nosotros mismos formando nuestra comunidad.

Explico esto para tratar de llevar a toda nuestra sociedad más cerca de este tipo de entendimiento, porque sin esa profunda conexión con el medio ambiente, con la Tierra, con lo que en realidad somos, con lo que la humanidad es, perdemos nuestro lugar, e ingresan la confusión y el caos. Cuando nosotros el pueblo Okanagan hablamos de nosotros como individuos, hablamos de cuatro capacidades principales que operan juntas: el ser físico, el ser emocional, el ser intelectual-pensante, y el ser espiritual. Las cuatro identidades nos unen con el resto de la creación.

El pueblo de Okanagan enseña que el cuerpo es la Tierra misma. Nuestra carne, sangre, y huesos son cuerpo-Tierra; en todos los ciclos en lo que la Tierra se mueve, así lo hace nuestro cuerpo. Somos todo lo que nos rodea, incluyendo a las vastas fuerzas que vislumbramos apenas. Si no podemos continuar como una forma de vida individual, nos volvemos a disipar en el Ser más grande.

Como Okanagans decimos que el cuerpo es sagrado. Es el núcleo de nuestro ser, el que permite existir al resto del ser. Es el don más preciado de nuestra existencia. Nuestra palabra para “cuerpo” literalmente significa “la capacidad de la tierra que sueña.”
El ser emocional es el que nos conecta con otras partes de nuestro ser más amplio alrededor nuestro. Usamos una palabra que se traduce como corazón. Es la capacidad para formar vínculos con aspectos particulares de nuestro entorno. Decimos que nosotros como personas nos mantenemos conectados uno al otro, a nuestra tierra, y a todas las cosas, por medio de nuestros corazones.

El ser intelectual-pensante tiene otro nombre en Okanagan. Nuestra palabra para el pensamiento lógico y el almacenamiento de información (memoria) es difícil de traducir a otro idioma. Las palabras que más se acercan en mi interpretación significan “la chispa que enciende.” Usamos el término que se traduce como “dirigido por la chispa encendida” para referirnos al pensamiento analítico. En el idioma Okanagan, esto significa que las otras capacidades que ocupamos cuando llevamos a cabo alguna acción están dirigidas por la chispa de la memoria una vez que está encendida.

Sabemos que en nuestros métodos Okanagan de educación tradicionales, debemos ser disciplinados para trabajar en concierto con los otros seres para involucrarnos más allá de nuestras capacidades de respuesta automática. Sabemos también que a menos que siempre unamos esta capacidad de pensar con el ser-corazón, su poder puede ser una fuerza destructiva para nosotros mismos y para los seres más grandes que nos rodean. Un fuego que no se controla puede destruir.

Los Okanagan enseñan que cada persona nace dentro de una familia y una comunidad. Ninguna persona nace aislada de estas dos cosas. Como un Okanagan automáticamente eres parte de una comunidad. Tú perteneces. Todos dentro de la familia y la comunidad son afectados por las acciones de cada uno de los individuos. La capacidad para vincularnos con otros es crítica para el bienestar individual. Sin ella se dice que la persona está “lisiada/incapacitada” y “sin vida.” No tener comunidad o familia es estar disperso o excluido.

Los Okanagan se refieren a la relación con los otros mediante la palabra que significa “nuestra única piel.” Esto significa que compartimos más que un lugar; compartimos un vínculo físico que es singularmente humano. También significa que el lazo con la comunidad y la familia incluye a la historia de los muchos que vinieron antes de nosotros y los muchos delante de nosotros que comparten nuestra carne. Estamos todos ligados juntos por aquellos que nos trajeron aquí y nos dieron nuestra sangre y nuestro lugar. Nuestra enseñanza más seria es que la comunidad viene primero en nuestras elecciones, luego la familia, y luego nosotros mismos como individuos, porque sin comunidad ni familia no somos verdaderamente humanos.

El Lenguaje de la tierra
Las palabras Okanagan para “nuestro lugar en la tierra” y para “nuestro lenguaje” son una sola. Pensamos en nuestro lenguaje como el lenguaje de la tierra. La forma en la que sobrevivimos fue hablando el lenguaje que la tierra nos ofreció como su enseñanza. Conocer todas las plantas, los animales, las estaciones, y la geografía, es construir un lenguaje para ellos.

También nos referimos a la tierra y a nuestros cuerpos con la misma sílaba raíz. El suelo, el agua, el aire, y todas las otras formas de vida contribuyeron con partes para ser nuestra carne. Somos nuestra tierra/lugar. No saber ni celebrar esto es permanecer sin lenguaje y sin tierra. Es estar desplazado.

Como Okanagan, nuestra responsabilidad más esencial es vincular nuestra individualidad completa y nuestro ser comunitario a la tierra. Muchas de nuestras ceremonias han sido construidas para esto. Nos unimos con el ser más grande y con la tierra, y nos alegramos de todo lo que somos.

La discordia que vemos a nuestro alrededor, desde mi punto de vista desde adentro de la comunidad Okanagan, se encuentra en un nivel insoportable. Una frialdad suicida se está colando lentamente e invadiendo todos los niveles de interacción. No quiero decir que ya no suframos más por los demás sino más bien que tal sufrimiento se siente tan profunda y continuamente, que no puede ser resistido; y así, el sentimiento debe ser acallado.

Pienso en la palabra Okanagan que mi padre solía usar para describir esta condición, y así la comprendo mejor. Una interpretación en Español podría ser “gente sin corazón.” Los Okanagan dicen que el “corazón” está donde la comunidad y la tierra entran en nuestros seres y se vuelven parte de nosotros, porque son tan esenciales para nuestra supervivencia como nuestra propia piel. Cuando se utiliza la frase “gente sin corazón”, se refiere a una desarmonía colectiva y una alienación de la tierra. Se refiere a aquellos que están ciegos a la auto-destrucción, cuyas emociones están enfocadas estrechamente en sus sensaciones individuales de bienestar, sin tener en cuenta el bienestar de los demás en la comunidad.

Los resultados de esta indiferencia se están desplegando ahora, mientras las naciones-Estado continuamente reconfiguran las fronteras económicas hacia un desorden económico mundial para satisfacer a los grandes negocios. Esto está causando una marea de refugiados que huyen de los desastres ambientales y sociales, compuestos por enfermedades y hambrunas, mientras la gente es desplazada en el caos mundial en expansión. La misma guerra se vuelve continua mientras el despojo, la privatización de tierras, y la explotación de los recursos y de una fuerza de trabajo barata se vuelven la misión del “mantenimiento de la paz.” El objetivo de encontrar nuevos mercados es la justificación para la occidentalización de las culturas “subdesarrolladas.”

Los pueblos indígenas, despojados no por mucho tiempo de nuestro estilo de vida cooperativo y auto-sostenido en nuestras tierras, no sobrevivimos bien en esta atmósfera de agresión e indiferencia. Sé que lo experimentamos como una fuerza destructiva, porque yo personalmente lo siento así. Si yo no estuviera completa en nuestra comunidad, en nuestra tierra, con la protección que posee como reservación, no podría sobrevivir.

La forma de crear compasión para...
Las costumbres de las familias extendidas en la comunidad son llevadas a cabo a través de la comunión, más que de la comunicación. La comunión, en este contexto, significa participación y unión. La comunicación significa la transferencia e intercambio de información. La palabra Okanagan que más se aproxima al significado de comunión es “la forma de crear compasión para.” La usamos para dar a entender los actos físicos que realizamos para crear la capacidad interna para vincularnos.

En una comunidad sana y completa, la gente interactúa con cada uno en una respuesta emocional compartida. Se mueven juntos emocionalmente para responder a las crisis y a las celebraciones. Realizan una “comunión” en el acto de vivir cada día. Ser una parte de tal comunión es estar completamente vivo. Estar sin comunidad de esta manera es estar vivo sólo en la carne, es estar solo, perdida la posibilidad de ser realmente humano. Entonces es posible violar y destruir a otros y a sus propiedades sin remordimiento.
Con estas cosas en mente, veo cómo una economía de mercado subvierte la comunidad hasta crear ciudades enteras que están hechas de totales extraños moviéndose de un trabajo a otro. Esto es inimaginable para nosotros.

Veo que el tener que moverse continuamente sólo para vivir es doloroso, y que los lazos emocionales cercanos son evadidos en una economía así. No veo cómo uno permanece humano, porque la comunidad para mí es sentir la tibia seguridad de gente familiar como una frazada envolviéndote, manteniendo lejos al frío exterior. La palabra que usamos para significar comunidad se puede traducir aproximadamente como “tener una envoltura”, como en una frazada.

Veo como la familia se subvierte al desperdigar sus miembros por toda la faz de la Tierra. No puedo imaginar cómo puede ser esto una familia, y pregunto qué lo reemplaza si las generaciones no se anclan una en la otra. Veo que mi ser está presente en esta generación y en las de nuestro futuro, tal como las generaciones del pasado me hablan a través de las historias. Sé que la comunidad está compuesta por familias extendidas moviéndose juntas sobre el paisaje del tiempo, convergiendo y dividiéndose por generaciones como una célula, y aún así permaneciendo esencialmente la misma como comunidad. Veo que en sociedades sustentables, las familias extendidas y la comunidad son inseparables.

La palabra Okanagan que tenemos para familia extendida se traduce como “compartir una piel.” El concepto se refiere a los lazos de sangre dentro de la comunidad y al instinto de proteger a nuestros seres individuales, extendido a todos los que comparten la misma piel. Sé cuán poderosa es la solidaridad de la gente unida por lazos de sangre, tierra, y amor. Ésta es la mayor amenaza para aquellos intereses que desean asegurarse el control de las tierras y los recursos que han sido preservados en un estado saludable de generación en generación.

El vínculo con la tierra no es posible en el tipo de economía que nos rodea, porque la tierra debe ser vista como bienes raíces para ser “usada” y descartada si es necesario. Veo que la separación se acelera por el concepto de que la “tierra salvaje” necesita ser domesticada por el “desarrollo” y que esto se utiliza para justificar el desplazamiento de pueblos y especies indeseables.

Sé lo que se siente ser una especie en peligro de extinción en mi tierra, ver la tierra muriendo con nosotros. Es mi cuerpo que está siendo desgarrado, deforestado, y envenenado por el “desarrollo.” Cada pez, planta, insecto, pájaro, y animal que desaparece es una parte de mí que se muere. Sé todos sus nombres, y los toco con mi espíritu. Yo lo percibo cada día, tal como lo hicieron mi abuela y mi padre.
Soy pesimista respecto de los cambios que están ocurriendo, pero he aprendido que las crisis pueden ayudar a construir una comunidad, para que pueda enfrentar a la misma crisis.

Sé que la gente debe volver a construir comunidad en la tierra. Los movimientos transitorios de gente que va sobre la tierra de un lado al otro, debe detenerse, y la gente debe formar comunidades juntas en la tierra para protegerla, y a todas nuestras futuras generaciones. Los pueblos indígenas auto-sustentables que todavía están en las tierras ya están haciendo esto. Ellos representan una oportunidad para re-aprender y reinstituir los derechos que todos tenemos como humanos.

Los derechos indígenas debe ser protegidos, porque somos los protectores de la Tierra. Sé que ser una Okanagan me ayuda a tener la capacidad para vincularme con todas las cosas y las personas con las que me encuentro. Siempre trato de personalizarlo todo. No intento ser “objetiva” acerca de nada. Temo a aquellos que son inconmovibles, y solicito una respuesta emocional siempre que puedo. No me quedo quieta en silencio. Estoy contigo contra el desorden.


Jeanette Armstrong (Okanagan) es una autora y directora del Centro En‘owkin, Sociedad de Recursos Educacionales de los Indígenas Okanagan. Este artículo fue adaptado del libro Paradigm Wars: Indigenous Peoples' Resistance to Economic Globalization (“Guerras de Paradigma: la Resistencia de los Pueblos Indígenas a la Globalización Económica”), editado en inglés por Jerry Mander y Victoria Tauli-Corpuz y publicado por el Foro Internacional sobre la Globalización, www.ifg.org.
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Rebelión Espiritual
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