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Los Profetas Versus el Imperio

Los profetas bíblicos antiguamente alzaron sus voces contra la corrupción y la injusticia, llamando a la gente hacia propósitos superiores. ¿A qué se parecería esto hoy?
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Mi esposa y yo tenemos dos hijos que fortalecieron mi esperanza por la vida.

Recuerdo bien lo ansioso que estaba al esperar sus nacimientos. Recuerdo la actividad frenética mientras preparábamos sus cuartos, nuestra casa, y nuestras vidas para el gran impacto que sabíamos se estaba acercando. El impacto llegó y dio vuelta nuestras vidas cabeza abajo.

Hoy en día nuestros chicos son adolescentes y nuestra vida es un frenesí de actividad. Y aún así todo esto vale la pena por el gran gozo de observar cómo cambian, evolucionan, y se transforman las estaciones de la vida. Lo que alguna vez fue, ya se ha ido. Lo que será aún no está aquí. Pero en este momento, entre los tiempos, vivo con esperanza.

Hoy abrigo esperanzas aún frente a tantas desgracias. Los EEUU en los que crecí ha desaparecido. Los EEUU que anhelo aún no existe. En este momento de tiempo intermedio me encuentro a mí mismo ensimismado y preocupado de que, aquello que espero tan ansiosamente, no ocurra. Me encuentro ansioso por el futuro de mis hijos. ¿Se volverán carne de cañón de un Imperio comprometido en una guerra permanente? ¿Serán sus vidas arrebatadas por una pandemia global? ¿Caerán en la pobreza si la economía colapsa?

Yo tengo este hermoso sueño de lo que la vida podría ser. Pero vivo en una realidad que se parece más a una pesadilla. Es en la antigua sabiduría de las escrituras en donde encuentro significado para el momento presente. Es en esta sabiduría en donde descubro las semillas para la esperanza.

Sueños y pesadillas
Hay una historia sobre sueños y pesadillas contada en la sabiduría Judaica del Génesis. En esta historia un hombre llamado José es encarcelado en una prisión egipcia (Génesis 41 y 47:13ff). Allí él se vuelve conocido como un sabio intérprete de los sueños. Sus habilidades atraen la atención del Faraón, el cual había estado sufriendo de pesadillas últimamente.

José interpreta las pesadillas del Faraón como una advertencia de que llegaría a ocurrir una gran hambruna. Si el Faraón se preparaba para el desastre, la gente y el imperio del Faraón serían salvados. El Faraón se siente agradecido por esta interpretación y coloca a José a cargo de la economía. Durante siete años, la tierra y la labor de la gente crea un excedente que José sabiamente almacena de forma segura.

Siete años después la hambruna predicha se extiende furiosamente sobre la tierra y el hambre domina a las naciones. Pero en Egipto hay abundancia. No obstante, José, tal vez seducido por los privilegios de la riqueza, el poder y la filosofía del Faraón, no abre los silos de grano para compartirlos con la gente. En cambio fuerza a la gente a vender su ganado al Faraón a cambio de pan. Luego los fuerza a venderle al Faraón sus tierras, y finalmente sus cuerpos hasta que todos son esclavizados por el Faraón. Todos, excepto los sacerdotes, que continúan bendiciendo el poder del Faraón.

La historia es una instantánea del Imperio, que saquea el bien público de la gente mientras protege la riqueza de la elite, con la complacencia de la religión. Es una historia de esperanza traicionada.

Jubileo y resistencia
Pero la antigua sabiduría también cuenta una historia de esperanza recobrada. Junto a la historia del Imperio, la cual se alza repetidamente en la historia, hay también una historia de resistencia al Imperio. La historia de resistencia emerge de la visión de justicia económica conocida como el Jubileo. El Jubileo es central a la Tora, los Profetas, y el ministerio de Jesús y de Pablo.

El Jubileo fue un bosquejo para una economía justa. Colocó un piso bajo la desgracia y la miseria, previniendo a la pobreza generacional, colocando al mismo tiempo un techo a la riqueza, para prevenir el surgimiento de una dinastía aristocrática. Lograba esto elevando la propiedad de la tierra (la cual en esos días representaba a la riqueza) a las manos de Dios el Creador. Ya que Dios poseía la tierra (es decir, la riqueza), los seres humanos no tenían ningún derecho de incautarla para sí mismos. Existía para ser compartida, para el beneficio de todos.

La primera lección del Jubileo estaba articulada en la historia de la Creación cuando Dios descansó en el séptimo día. Por lo tanto, nosotros los humanos, creados a imagen de Dios, también debíamos descansar una vez por semana.

Éstas eran muy buenas noticias para los pobres quienes eran siempre fácilmente explotados y algunas veces (literalmente) obligados a trabajar hasta la muerte. Eran buenas noticias para todos los que se habían enfrascado en sus trabajos, perdiendo sus lazos con la comunidad. El Sábado fue la gran liberación de la incesante necesidad de producir y consumir. También se extendió hacia afuera en una ética ecológica que llamaba al reposo de los animales. Incluso la tierra se le dejaba descansar cada siete años. Pero el evento más asombroso ocurría cada 50 años cuando la economía era completamente rediseñada al redistribuir la riqueza, perdonar las deudas, y devolver las tierras a sus dueños originales.

No es difícil ver lo que esto significó para las sociedades agrarias, donde las familias podían ser forzadas a vender sus tierras para pagar las deudas resultantes de una mala cosecha u otras calamidades. La pobreza llegaba a su extremo cuando los campesinos sin tierra debían vender todas sus posesiones, e incluso a sí mismos y a los miembros de su familia como esclavos.

La gran amnistía de cada 50 años pedía el retorno a la tierra de sus dueños originarios, terminando por lo tanto con la pobreza generacional. Todas las deudas se cancelaban; los esclavos eran liberados y, notablemente, se les daban los medios para ser económicamente autosuficientes.

Esta reestructuración unilateral de la economía existía para recordar a Israel que la tierra pertenecía a Dios y que los Israelitas habían sido elegidos para ser un pueblo contra-cultural que nunca debía retornar a un sistema imperial como el del Faraón, que había llevado a la esclavitud a muchos mientras enriquecía a una elite.

La muerte del Imperio Norteamericano
Algunos dirán que el Jubileo es irrelevante hoy, que fue una estrategia económica para una cultura pequeña, comunitaria y agraria, que nada tiene que ver con la compleja cultura, capitalista y global, de hoy en día. En verdad, ¿qué tiene que ver el Jubileo con nosotros?

La noción de Jubileo emergió de un compromiso con la vida y con un estilo de vida anti-imperialista. El Jubileo fue una economía liberada de la ambición imperial. Hoy en día vivimos dentro de un Imperio. Hemos elegido el camino del Faraón: un camino de dominación en vez de justicia. Bajo la apariencia de la retórica (Cristiana) sacerdotal, la actual administración le ha faltado el respeto a la Constitución, y se burló de nuestro proceso político que equilibra el poder entre las ramas del gobierno. Ha abandonado los lineamientos de la ley internacional, desatendió los derechos humanos y civiles, y liberó un caos económico sobre los pobres y sobre la tierra. Estamos lidiando con forajidos borrachos con la sangre del poder imperial. Ya sea en Afganistán o Irak, Venezuela o Colombia, las Filipinas o Haití, donde sea que viva gente de piel morena, los perros de la guerra se han desatado. Cuando quiera que la gente reclama su propio ganado, su tierra, o incluso sus cuerpos, esta administración interviene para suprimir a cualquiera que se atreva a plantear una alternativa al Imperio.

Mientras tanto, las causas de Cristo – el amor al enemigo, el perdón del pecado, la práctica de la generosidad, la apertura a los extranjeros, la resistencia al Imperio, y la liberación de los pobres – son hoy en día subvertidos por un endurecimiento del corazón. Para decirlo sin rodeos, Cristo está siendo crucificado una vez más a través de la fusión de la privilegiada riqueza imperial y los sacerdotes religiosos quienes se benefician del botín del Imperio. En otras palabras, estamos viviendo en tiempos similares a aquellos revelados por José. El Faraón desea nuestro ganado, nuestra tierra, nuestro trabajo.

Pero el Imperio contiene las semillas de su propia destrucción. Hoy estamos viendo el vaciamiento de nuestras instituciones, la derrota de nuestro ejército, las consecuencias ambientales de nuestra arrogancia, y la confusión de nuestro pueblo. En verdad vivimos en un tiempo sin visión. El Imperio ha seguido su curso y está muriendo. El estilo de vida norteamericano está muriendo: que el 6 % de la población mundial esté consumiendo el 40 % de los recursos del mundo no es ni sustentable ni justo. Necesitamos dejar que el Imperio muera. Y mientras se muere, necesitamos construir una cultura en paralelo para reemplazarlo.

El Jubileo de Hoy
¿A qué se parecería esta “cultura paralela” hoy en día? ¿Cómo sería liberarse de la economía del Faraón?

En el mundo de la política, imagina a EEUU revirtiendo sus políticas económicas para que así podamos gastar en el alivio de la deuda y en el desarrollo económico tanto como lo hacemos hoy en el ejército.

Imagina si gastamos tanto dinero en fuentes de energía alternativas como lo hacemos en la exploración y extracción de petróleo.

Imagina si nuestra política alimentaria estuviese centrada en granjas orgánicas de tamaño pequeño en vez de en una agricultura corporativa de gran escala. Tal cambio de rumbo en la política radicalmente reorientaría nuestras relaciones tanto internacionales como dentro de nuestra nación. Un cambio así haría que los árboles aplaudieran.

Imagina cómo cambiarían nuestras vidas personales y nuestra congregación si, por ejemplo, retiráramos nuestro dinero de los bancos corporativos que alimentan la deuda de otros, invirtiendo en cambio en cooperativas y en bancos de desarrollo comunitario.
Imagina a la tierra que alberga al edificio de nuestra iglesia y a nuestro propio jardín posterior, transformándose en granjas en miniatura, cultivando productos frescos para bancos de comida y para el vecindario.

Imagina a nuestras comunidades de fe y a nuestras redes civiles convirtiéndose en centros organizadores y en “grupos de pensamiento” creativos para una economía anti-deuda.

En la década de 1930 Myles Horton y otros crearon la Escuela Highlander Folk para entrenar a la gente de fe en cómo organizar la labor en las minas de carbón y en las fábricas textiles del sur. En los '50, cambiaron prioridades para enfocarse en los derechos civiles, entrenando entre otros a Rosa Parks, Martin Luther King, Clarence Jordan (quien entrenó a Millard Fuller de “Habitat for Humanity”), los “Freedom Riders” (Jinetes de la Libertad), y así siguiendo. Highlander, una pequeña joya en la región de los Montes Apalaches de Tennessee, fue una fábrica de semillas que nutrió y sustentó el movimiento de derechos civiles, y todavía funciona hoy en día trabajando en cuestiones locales. Imagina a nuestras comunidades de fe como pequeñas Highlanders.

Mientras mis hijos viven a través del frenesí de sus años adolescentes, yo vivo con la esperanza de que su futuro sean tiempos de realización, abundancia, y despertar. Espero que su mundo abrace los valores del Jubileo y resista las seducciones del Imperio. Tengo la esperanza de que aprenderán a compartir lo que está almacenado en los silos de grano. Espero que construyan un mundo mejor.

Sé que esta esperanza para su futuro comienza hoy con nosotros. Es en nuestros sueños y en nuestra voluntad de sacrificio y de creación que el futuro verá la luz. Si no podemos articular y tomar pasos simples dentro del mundo que queremos, entonces otros, a quienes no les importa en absoluto el futuro, impondrán la crudeza de la violencia sobre nosotros.

Tengo la esperanza de que todavía somos capaces de cosas grandes y nobles. Espero que todavía seamos capaces de crear vida y celebrar su inevitable evolución. Espero que todavía seamos capaces de tener fe, esperanza y amor. Espero el año del Jubileo.

El Reverendo Richard Lang es un pastor de la Iglesia Metodista “Trinity United” (Trinidad Unida) en Seattle. (www.tumseattle.org). Email Signup
Rebelión Espiritual
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