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Un Extraño en la Puerta

Aquellas personas que están escapándose de Katrina y Rita, que están cruzando la frontera entre México y EEUU, los refugiados del genocidio o de los desastres ambientales — cualquiera de nosotros — podríamos hallar de repente que debemos confiar en los extraños.

En una tarde de Diciembre, niños de todas las edades se unen en una procesión por la Calle 24th. en Mission District, San Francisco, algunos con velas encendidas en las manos y otros llevando sobre sus hombros estatuas de María y José.

En cada una de las estaciones, un antiguo diálogo se repite. Aquellos que desempeñan el rol de José se aproximan al mesón, golpean la puerta, y dicen en voz alta:

En nombre del cielo, buenos moradores, dad a unos viajeros posada esta noche.
Desde adentro, un coro de voces responde:

Aquí no es mesón; sigan adelante — yo no puedo abrir, no sea algún tunante.

Mientras José se mueve de un mesón al siguiente, los posaderos se enojan cada vez más e incluso amenazan en utilizar la violencia, mientras la noche se vuelve más fría y la fatiga de la joven pareja se vuelve agotamiento. Finalmente, José revela incluso la verdadera identidad de su esposa, rogando por hospedaje por una sola noche para la Reina del Cielo — sin resultados.

Por ocho noches, la escena se vuelve a actuar. Finalmente, en el noveno día, la víspera de Navidad, los pedidos de José conmueven el corazón de un posadero que ofrece a la joven pareja todo lo que le queda — un establo. Aún así el establo se enriquece por el amor con el cual el posadero lo ofrece, y este humilde lugar se vuelve el lugar de nacimiento de Jesús.

En una efusión de gozo y festividad, aquellos reunidos en la noche final celebran la generosidad del posadero y de la hospitalidad dada a María y José en canciones y bailes, comidas y bebidas. Dulces y regalos de la piñata llueven sobre los niños, y la comunidad recuerda otra vez que el extraño que aparece en la puerta de uno, podría ser Dios encubierto.

Aunque Las Posadas es un bello ritual, el tema que trata es doloroso: la realidad de la necesidad humana y la exclusión. Muchos de los participantes en Mission District alguna vez fueron refugiados ellos mismos.

A lo largo de la historia, ha habido tiempos en los cuales la gente ha estado desplazada, volviéndose vulnerable mientras viajaban lejos de sus hogares. Así como la necesidad humana por hospitalidad es una constante, también parece serlo el miedo a los extraños. El extraño parece presagiar peligro, lo desconocido, un desafío a las construcciones familiares de nuestro mundo. Las personas saludables se alejan del rostro huesudo y manchado de los enfermos de SIDA. El próspero evita los barrios golpeados por la pobreza.

Irónicamente, no es tan solo la hospitalidad con el “extraño” lo que está en peligro en nuestra sociedad. A menudo los ancianos son aislados del afecto y el cuidado de sus propias familias, y en muchas familias muy ocupadas, los hijos no encuentran una cálida bienvenida en sus hogares luego de la escuela, y las parejas encuentran poco tiempo para compartir durante la cena.

Extraños, Invitados, y Anfitriones en la Biblia
En las tradiciones plasmadas por la Biblia, el ofrecer hospitalidad es un imperativo moral. Las Escrituras Hebreas (llamadas por muchos cristianos el Antiguo Testamento) hablan sobre los años de exilio y esclavitud en Egipto, y de un pueblo de refugiados vagando en el desierto que más tarde son forzados a la esclavitud y luego al exilio otra vez.

Como resultado, sus leyes les exigen tratar justa y compasivamente a los extraños entre ellos. “Amarás al forastero,” Dios instruye a la gente a través de Moisés, “porque ustedes eran forasteros en la tierra de Egipto” (Deuteronomio 10:19).

Cuando se realiza plenamente, la hospitalidad no sólo da la bienvenida a los extraños, también reconoce su santidad. “No te niegues a mostrar hospitalidad a los extraños, pues al hacerlo así algunos han agasajado a ángeles sin saberlo,” dice la Carta a los Hebreos (13:2). El extraño se vuelve una persona bien amada y hecha a la imagen de Dios, algunos de ellos albergando dones especiales que sólo él o ella puede brindar.

A pesar de las dificultades y peligros que se encuentran en las calles de los barrios de EEUU, las familias hispanas quieren que sus hijos sepan cómo responder a las necesidades de los pobres, los forasteros, y los minusválidos.  En verdad, este deseo explica en cierta medida el índice relativamente bajo de personas sin hogar que puede constatarse en la comunidad hispana. La gente se protege entre sí, y enseña a hacerlo mediante el ejemplo y a través del ritual anual de Las Posadas.

Dentro de la historia bíblica, está claro que toda la gente de Dios desciende espiritualmente de emigrantes y peregrinos, y que todos están llamados a la hospitalidad.

Ana María Pineda, un miembro de las Hermanas de la Caridad, es directora del Programa de Ministerio Hispánico en la Unión Teológica Católica, en Chicago. Extraído de Practicing Our Faith (“Practicando Nuestra Fe”) por Dorothy Bass (1998) con permiso de Jossey-Bass, una publicación Wiley. www.practicingourfaith.org.
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