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Justicia Global

Países ricos y pobres se juntaron en la Conferencia de la ONU sobre el Cambio Climático en Bali y decidieron a dar una oportunidad a la justicia global.

The Greenpeace bear huges a little girl on Kuta beach, Bali December 2, 2007. Politicians are arriving in Bali from across the world for the UN Climate Change Conference from December 3-14, 2007. Foto por Paul Hilton para Greenpeace
El oso de Greenpeace abraza a una niña pequeña en la playa de Kuta, Bali, Diciembre 2007.
Foto por Paul Hilton para Greenpeace
Las negociaciones internacionales sobre el clima llevadas a cabo en Bali, Indonesia, en diciembre nos llevaron a un nivel nuevo y más difícil en el juego del clima que estaremos jugando el resto de nuestras vidas.

Sabíamos al entrar a Bali que si la vieja rutina continuaba estaríamos en problemas. Los escépticos habían sido desacreditados; el Panel Intergubernamental sobre el Cambio Climático (IPCC por sus siglas en inglés) había entregado advertencias claras e inequívocas; Al Gore y el IPCC habían ganado el Premio Nóbel. Así es que con gran alivio puedo decir que aunque Bali no fue el avance que necesitamos, el juego ciertamente ha cambiado. Los próximos dos años críticos de negociaciones han comenzado con seriedad.

El cambio más importante fue que la nueva posición tomada por los pueblos del sur global, el Grupo de los 77, o G77.

Su enfoque anterior había sido de unidad. Pero la unión le ha permitido a los miembros más retrógradas de la G77 (los Sauditas saltan a la mente) anular los intereses de grupos mas débiles (como la Alianza de los Pequeños Estados Insulares). Es por eso que es tan importante que China, Sudáfrica, y Brasil avanzaran desde una unión derrotista para indicar una nueva voluntad de asumir compromisos vinculantes para limitar las emisiones.

Esto fue un verdadero avance, no menos porque la condición anexada—la asistencia mensurable, capaz de ser informada y verificada, desde los países industrializados hacia los países en desarrollo—fuera ampliamente asumida como justa e inevitable.

Y esto nos lleva al segundo desarrollo más grande en Bali. La idea, alguna vez radical, de que los países ricos tienen responsabilidades para con los pobres ahora ha emergido como una posición cercana al consenso.

Hoy, hablando en serio, tienes que admitir que los países ricos se volvieron ricos por seguir un camino de desarrollo intensivo en combustibles fósiles que llevó a la crisis climática de hoy. Y si realmente esperamos que los países en desarrollo de hoy tomen un camino diferente, vamos a tener que proveerles los medios con los cuales esos países puedan saltearse la dependencia de los combustibles fósiles, e ir directamente a una economía basada en la eficiencia y los recursos renovables.

Hay un gran desafío aquí. Justo cuando las políticas del primer mundo están finalmente reconociendo la necesidad de reducciones nacionales agudas en las emisiones, la comunidad internacional está avanzando hacia una verdad aún más difícil. Los ricos no pueden simplemente actuar dentro de sus propias fronteras. Ellos también son responsables de financiar reducciones en paralelo y de hacer los esfuerzos a gran escala necesarios para adaptarse a los impactos ya inevitables del cambio climático sobre el mundo en desarrollo.

¿Qué quiere decir esto en la práctica? Transferencia de tecnología, en primer lugar, y esta vez tiene que ser lo mejor de las nuevas tecnologías, no lo peor de las antiguas. Y financiación a larga escala para la adaptación y alivio de la pobreza, porque sin eso, hay pocas oportunidades de encontrar la solidaridad global que vamos a necesitar para lograr la transición. Y mucho más.

Afortunadamente, Bali presenció el largamente atrasado encuentro entre el movimiento por el clima y el movimiento de la justicia global llevándose a cabo seriamente, y ninguno de estos movimientos volverá a ser el mismo. Incluso los principales activistas por el clima ahora hablan a menudo de equidad, aunque temen sus implicaciones, las cuales, francamente, tienen derecho a temer: la justicia del clima tiene el potencial de subir la apuesta peligrosamente alto, tan alto que, ambos, nuestros políticos y nuestras poblaciones podrían fácilmente frustrarla. Lo cual brinda más razones para sorprenderse, porque hoy poca gente dentro del movimiento climático puede imaginar un futuro sin justicia.

Tampoco los verdes serán los únicos transformados por este encuentro. El movimiento de justicia global, que ha creado largamente su política climática alrededor de la oposición a las compensaciones de carbono y a los mecanismos de mercado, está descubriendo que tal oposición no es suficiente. Si las soluciones falsas son un peligro terrible, también lo es la ilusión de que por exponer ese peligro habremos hecho todo lo que necesitamos hacer.

Nuestra única oportunidad de hacerlo bien

Delegados durante la sesion de apertura de la Conferencia de la ONU sobre el Cambio Climático. Foto por Ng Swan Ti para Oxfam
Delegados durante la sesión de apertura de la Conferencia de la ONU sobre el Cambio Climático, 3 de Diciembre, 2007, en Bali, Indonesia.
Foto por Ng Swan Ti para Oxfam
Con seguridad, hay serios inconvenientes en el Plan de Acción de Bali final. No expresó obligaciones nacionales para reducción de emisiones, ni siquiera un objetivo global. Pero la verdad es que Bali nunca iba a expresar los detalles, o siquiera un marco de trabajo comprensivo. Y logró abrir el camino hacia delante.

Llegado el caso no vamos a tener otra elección mas que la de encarar los detalles de una realidad intimidante. La amenaza climática pide acción de emergencia. La verdad aquí es más que incómoda: es chocante e incluso aterradora. Vamos a tener que hacer esto bien, y pronto.

No va a haber forma de hacer esto sin confiar en las tecnologías, globalmente y a gran escala. Lo que significa que vamos a necesitar avances en la financiación internacional para proveer los medios por los cuales los países pobres puedan seguir desarrollándose sin empujarnos a todos al borde de la catástrofe. Y tales avances van a depender de negociar acuerdos para “compartir la carga” que tomen en cuenta, no sólo la división de Norte/Sur, sino también la de ricos/pobres dentro de los países, ya sea del norte o del sur.

Y como si esto no fuera suficiente, también necesitaremos alinear las reglas y prioridades de la OMC, el Banco Mundial, el FMI y otros, rápidamente con los imperativos del régimen del clima.

En síntesis, necesitaremos poner a la justicia en el centro de la agenda del clima, justo al lado de la adecuación ambiental, para enfrentar una amenaza asombrosamente severa. Porque sin justicia, no va a haber cooperación ni solidaridad. Y sin solidaridad global, fracasaremos.


Tom Athanasiou escribió este artículo como parte de ¡Paremos el calentamiento global, ya!, el número de primavera de 2008 de YES! Magazine. Tom Athanasiou es el autor de Divided Planet: The Ecology of Rich and Poor, y co-autor (con Paul Baer) de Heat: Global Justice and Global Warming. Es el director ejecutivo de EcoEquity y un miembro clave del equipo de Desarrollo de Derechos de Invernadero; vea www.ecoequity.org/GDRs.
Traducción por Guillermo Wendorff.
Foto de Tom Athanasiou
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