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Reclama tu pedazo del cielo—se acaba rápidamente

Hay una forma correcta y una equivocada de realizar el “comercio de emisiones”. Sentirás la diferencia en el aire—y en tu bolsillo.

Foto por Davis Ayer
Foto por Davis Ayer
La atmósfera es diferente a la propiedad privada—todos los seres vivos la comparten, lo cual la convierte en un bien común. Pero eso no detiene a las corporaciones de intentar privatizarla persuadiendo al Congreso para que les otorguen derechos de libre contaminación en el futuro, convirtiéndose, en efecto, propietarios de nuestro cielo común.

¿Quién debería poseer el cielo? ¿Las corporaciones contaminantes? ¿El Gobierno? ¿O todos nosotros como co-propietarios? El cómo respondamos a esta pregunta determinará el sistema de limitación de carbono que tengamos.

El precio justo del carbono
Desde una perspectiva climática, queremos que los precios de carbono sean los más altos posible: cuanto más alto el precio del carbono, quemaremos menos carbón sucio, e invertiremos más en alternativas limpias como energía eólica y solar.

Ahora mismo, el precio por emitir carbono es cero. El precio justo del carbono es el precio que mantenga estable al clima. Limitar el carbono (sin permitir compensaciones, como por ejemplo plantar árboles) nos va a llevar hacia ese precio.

Cómo funciona la limitación del carbono
Si se hace bien, una limitación en disminución sobre la emisión de carbono en toda la economía es la única y mejor herramienta para luchar contra el cambio climático.
Si se hace mal, un límite no va a reducir las emisiones lo suficiente y transferirá cientos de miles de millones de dólares de familias a contaminantes corporativos.
La forma correcta
  • Cubrir todo el carbono cuando entre a la economía.
  • Vender permisos en lugar de darlos gratuitamente.
  • No permitir compensaciones.
  • Devolver permisos de ingresos a los individuos en forma de dividendos.
La forma equivocada
  • Exceptuar sectores o industrias.
  • Dar a los contaminantes permisos gratis.
  • Poner la carga de los precios altos de la energía sobre las familias.

Un límite de carbono funciona por medio de la emisión de permisos, cuya cantidad se va reduciendo cada año. Al bajar el número de permisos de carbono, su precio sube, y esto incita la inversión en alternativas limpias.

Los permisos de carbono pueden ser comercializados, dando a los negocios flexibilidad en la reducción de emisiones. Para simplificar el proceso de limitación, el carbono se limitaría cuando entra a la economía, no cuando entra en la atmósfera. Esto podría ser fácilmente administrado porque sólo unos pocos cientos de compañías traen combustibles fósiles a los Estados Unidos o lo “producen” aquí. Las importaciones de productos de países con bajos precios de carbono enfrentarían aranceles aduaneros, lo que protegería financieramente a fabricantes y trabajadores amigables con el clima.

Este límite de carbono en disminución es la mejor manera de garantizar un descenso predeterminado en las emisiones de carbono para una fecha predeterminada. Esto es así porque representa un límite absoluto sobre las emisiones, en vez de ser sólo un incentivo o una regulación.

La idea de la limitación y el comercio de contaminantes tuvo su primera gran prueba con la Ley de Aire Limpio (Clean Air Act) de 1990, que interrumpió las emisiones de dióxido de azufre y es considerado ampliamente como un éxito.

En el 2005, la Unión Europea fue menos exitosa cuando aplicó el modelo del azufre al carbono. Las grandes compañías usaron su influencia política para conseguir permisos gratis, lo que llevó a enormes fortunas para ellas, y precios más altos para todos los demás, y ninguna reducción en las emisiones de carbono.

La experiencia de Europa muestra que limitar el carbono puede generar grandes ganancias privadas o igualmente grandes ganancias públicas, dependiendo de cómo se establezca.

Como limitar el carbono
La limitación del carbono viene en tres variedades: En la opción “limitar y y regalar”, los permisos se dan gratis a los contaminadores históricos, llevando grandes ganancias a esas compañías. En “limitar y subastar”, los permisos son vendidos a contaminadores y el gobierno recolecta las ganancias. En “limitar y recompensar”, los permisos también se venden, pero las ganancias no van al gobierno, llegan a todos nosotros por igual. Esto sería similar al Fondo Permanente de Alaska, que extrae de un fondo de inversión construido con los ingresos estatales del petróleo para pagar a todos los residentes de Alaska dividendos anuales equitativos.

El sistema “limitar y recompensar” reduce las emisiones de carbono mientras protege los ingresos hogareños. El sistema funciona subastando permisos y regresando las ganancias a todos los residentes por igual. Como todos consiguen la misma cantidad, ganas si conservas, y pierdes si derrochas. Así, los ganadores son todos los que conservan el combustible fósil—más nuestros hijos e hijas que heredarán un clima estable.


Peter Barnes escribió este artículo como parte de ¡Paremos el calentamiento global, ya!, el número de primavera de 2008 de YES! Magazine. Peter es escritor y asociado en el Tomales Bay Institute, y actual presidente de Working Assets Long Distance. Este artículo fue extraído de Climate Solutions: A Citizen's Guide (Chelsea Green 2008).
Traducción por Guillermo Wendorff
Foto de Peter Barnes
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