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Armas de democracia masiva

La resistencia no violenta es la táctica más poderosa contra los regímenes opresivos.

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Aminatou Haidar, center, is a Sahrawi human-rights defender, activist, and former political prisoner (1978-91). This photo was taken in 2006, when Haidar and other political prisoners were released by Moroccan authorities after pressure by human rights organizations. Sahrawi is a term for a group of Hassaniya speaking Arab-Berber Bedouin tribes traditionally located in Western Sahara and surrounding areas. Haidar won the Robert F. Kennedy Human Rights Award in 2008 and was nominated for a Nobel Peace Price the same year.

Photo courtesy afapredesa.org.

 Aminatou Haidar, en el centro, es un defensor Saharaui de los derechos humanos, activista y ex preso político (1978─91). Esta foto fue tomada en 2006, cuando Haidar y otros presos políticos fueron puestos en libertad por las autoridades marroquíes después de la presión ejercida por organizaciones de derechos humanos. Saharaui es un término que identifica a un grupo de tribus beduinas árabes─bereberes, hablantes del Hassaniya, tradicionalmente ubicados en Sahara Occidental y las zonas circundantes. Haidar ganó el Premio Robert F. Kennedy de Derechos Humanos en 2008 y fue nominado al Premio Nobel de la Paz ese mismo año.

En las afueras de una ciudad del desierto, en el territorio de Sahara Occidental ocupado por Marruecos, se reúnen cerca de una docena de jóvenes activistas. Están involucrados en la larga lucha de su país por la libertad. Un grupo de extranjeros─veteranos en los movimientos de resistencia prolongada─están llevando a cabo una sesión de entrenamiento en el uso óptimo de un "sistema de armas" que se despliega cada vez más en la lucha por la libertad en todo el mundo. Los líderes de los talleres hacen traducciones al árabe de los escritos sobre la teoría y la dinámica de la lucha revolucionaria y conducen a los participantes en una serie de ejercicios diseñados para mejorar su pensamiento estratégico y táctico.

Sin embargo, estos instructores no son veteranos de alguna guerra, sino de insurrecciones desarmadas contra regímenes represivos. Los materiales que tienen en mano no son las palabras del Che Guevara, sino de Gene Sharp, el ex-académico de Harvard, que ha sido pionero en el estudio de la acción estratégica no violenta. Y las armas que abogan por utilizar no son pistolas ni bombas, sino más bien: huelgas, boicots, manifestaciones masivas, negativas a pagar impuestos, medios de comunicación alternativos y el rechazo a obedecer las órdenes oficiales.

Serbs, South Africans, Filipinos, Georgians, and other veterans of successful nonviolent struggles are sharing their knowledge and experience with those still fighting dictators and occupation armies.

Los serbios, sudafricanos, filipinos, georgianos, y otros veteranos en luchas no violentas exitosas están compartiendo sus conocimientos y experiencia con los que aún luchan contra los dictadores y los ejércitos de ocupación.

Los jóvenes Saharauis occidentales saben los motivos por los cuales fracasó una lucha armada realizada por una generación más antigua de sus compatriotas para desalojar a los marroquíes, que invadieron por primera vez a su país en 1975. Han visto cómo los aliados de Marruecos en el Consejo de Seguridad de la ONU─encabezado por Francia y los Estados Unidos─bloqueaban las resoluciones de la ONU en apoyo de su derecho a la libre determinación. Con el fracaso de ambas, la lucha armada y la diplomacia, para lograr su libertad, han decidido emplear en su lugar una fuerza más poderosa.

El auge de la no violencia

La antigua hipótesis de que los regímenes dictatoriales sólo pueden ser derrocados por la lucha armada o la intervención militar extranjera está siendo cuestionada cada vez más. Aunque la acción no violenta tiene una larga e impresionante historia que se remonta a siglos, los acontecimientos en las últimas décadas han demostrado más que nunca que la acción no violenta no es sólo una forma de actuar como testigo utilizada por los pacifistas religiosos. Es la herramienta política más poderosa disponible para desafiar la opresión.

No fue la guerrilla izquierdista del Nuevo Ejército del Pueblo lo que derribó en Filipinas al dictador Marcos, respaldado por EE.UU. Fueron las monjas rezando el rosario frente a los tanques del régimen, y los otros millones de personas que llevaron a Manila a la parálisis.

No fueron las 11 semanas de bombardeos que provocaron la caída del líder serbio Slobodan Milosevic, el infame "carnicero de los Balcanes". Fue un movimiento de resistencia no violenta liderada por jóvenes estudiantes, cuya generación había sido sacrificada en una serie de sangrientas campañas militares contra repúblicas vecinas de Yugoslavia, y que fueron capaces de movilizar una amplia representación de la población para rebelarse contra una elección fraudulenta.

No fue el brazo armado del Congreso Nacional Africano que llevó al poder a los negros mayoritarios en Sudáfrica. Fueron trabajadores, estudiantes y los habitantes de las villas que─a través del uso de huelgas y boicots, la creación de instituciones alternativas y otros actos de desafío─hicieron imposible que el sistema del apartheid pudiera continuar.

No fue la OTAN la que provocó la caída de los regímenes comunistas de Europa del Este o liberó las repúblicas bálticas del control soviético. Fueron trabajadores portuarios polacos, gente de la iglesia de Alemania Oriental, cantantes de folclore estonios, intelectuales checos y millones de ciudadanos ordinarios.

Del mismo modo, los tiranos, como Jean─Claude Duvalier en Haití, Moussa Traorä en Malí, el rey Gyanendra en Nepal, el general Suharto en Indonesia y, más recientemente, Maumoon Gayoom de las Maldivas se vieron obligados a ceder el poder cuando se hizo evidente que eran incapaces frente a la resistencia masiva no violenta y a la no cooperación.

El poder de la acción no violenta ha sido reconocido incluso por grupos como Freedom House, una organización con sede en Washington, con estrechos vínculos con el establishment de la política exterior estadounidense. Su estudio de 2005 observó que, de los casi 70 países que han hecho la transición desde la dictadura a distintos grados de democracia en los últimos 30 años, sólo una pequeña minoría lo hizo por la lucha armada de las bases o por una reforma promovida desde arriba. Casi ninguna de las democracias nuevas ha sido resultado de la invasión extranjera. En casi tres cuartas partes de las transiciones, el cambio tiene sus raíces en la democracia civil─organizaciones de la sociedad que han empleado métodos no violentos. Además, el estudio señaló que los países donde los movimientos de resistencia civil no violenta desempeñaron un papel importante tienden a tener más libertad y sistemas democráticos más estables.

Otro estudio, publicado el año pasado en la revista International Security, utilizó una amplia base de datos y se analizaron 323 insurrecciones importantes en apoyo de la autodeterminación y la democracia desde 1900. Se encontró que la resistencia violenta tuvo éxito sólo el 26 por ciento del tiempo, mientras que las campañas no violentas tuvieron un 53 por ciento de éxito.

Desde las naciones más pobres de África hasta los países relativamente ricos de Europa oriental, desde los regímenes comunistas hasta las dictaduras militares de derecha; desde todo el espectro cultural, geográfico e ideológico, las fuerzas democráticas y progresistas han reconocido el poder de la acción no violenta para liberarlas de la opresión. En la mayoría de los casos, esto no ha surgido de un compromiso moral o espiritual con la no violencia, sino simplemente porque funciona.

Por qué la acción no violenta funciona

La resistencia armada, incluso por una causa justa, puede aterrorizar a la gente que no está comprometida aún en la lucha, haciendo más fácil para un gobierno el justificar la represión violenta y el uso de la fuerza militar en nombre de la protección de la población. Incluso los disturbios y el vandalismo pueden cambiar la opinión pública en contra de un movimiento, por lo que algunos gobiernos han utilizado agentes provocadores para alentar a esa violencia. El uso de la fuerza contra los movimientos de resistencia sin armas, por otra parte, por lo general genera una mayor simpatía por los opositores del gobierno. Al igual que con el arte marcial del Aikido, los movimientos de oposición no violenta pueden comprometer la fuerza de la represión del Estado y utilizarla para desarmar la fuerza dirigida contra ellos.

Además, las campañas sin armas incluyen una amplia gama de participantes más allá de los hombres jóvenes y sanos que normalmente se encuentran en las filas de la guerrilla armada. A medida que el movimiento crece en fuerza, puede incluir una amplia representación de la población. Aunque los gobiernos más represivos están bien preparados para hacer frente a una insurgencia violenta, estos tienden a estar menos preparados para hacer frente a una no cooperación masiva, de gente anciana, de gente de mediana edad y de los jóvenes. Cuando millones de personas desafían las órdenes de los oficiales participando en manifestaciones ilegales, van a la huelga, violan el toque de queda, se niegan a pagar impuestos y se niegan a reconocer la legitimidad del Estado, el Estado ya no tiene poder. Durante el levantamiento del "poder popular" contra la dictadura de Marcos en Filipinas, por ejemplo, Marcos no perdió el poder a través de la derrota de sus tropas y del asalto al Palacio de Malacaûang, sino cuando─debido a un desafío masivo de sus órdenes─el palacio se convirtió en la única parte del país que aún controlaba efectivamente.

Por otra parte, los elementos pro-gobierno tienden a estar más dispuestos a negociar con los insurgentes no violentos, que tienen menos probabilidades de dañar físicamente a sus adversarios cuando toman el poder. Cuando las manifestaciones masivas desafiaron a la junta militar en Chile en la década de 1980, los líderes militares convencieron al dictador Augusto Pinochet a ceder a las demandas de los manifestantes no violentos para un referéndum sobre su continuidad y a aceptar los resultados de la votación, cuando estos fueron en su contra.

Los movimientos no armados también aumentan la probabilidad de deserciones y falta de cooperación de la policía y el personal militar, que en general lucharán en defensa propia contra las guerrillas armadas, pero no se atreven a disparar contra una multitud desarmada. Este tipo de desafío fue la clave de la caída de las dictaduras en el este de Alemania, Malí, Serbia, Filipinas, Ucrania y en otros lugares. El poder moral de la no violencia es crucial para la capacidad de un movimiento de oposición al replantear las percepciones de la opinión pública, las elites políticas y el ejército.

Una fuerza democratizadora

En muchos casos, los revolucionarios armados─formados en valores marciales, el poder de las armas, y un modelo de liderazgo basado en una vanguardia élite secreta─se han convertido en gobernantes autoritarios, una vez en el poder. Además, debido a que la guerra civil a menudo conduce a graves problemas económicos, ambientales y sociales, la nueva dirección se siente tentada a adoptar poderes de emergencia que luego son más reacios a entregar. Argelia y Guinea-Bissau experimentaron golpes militares poco después de sus exitosas luchas armadas por la independencia, mientras que los guerrilleros comunistas vencedores en una serie de países se limitaron a establecer nuevas dictaduras.

Por el contrario, el éxito de los movimientos no violentos ha creado amplias coaliciones basadas en el compromiso y el consenso. El nuevo orden que surge de esa base tiende a ser plural y democrático.

La democracia liberal no implica garantía de justicia social, pero muchos de los implicados en luchas a favor de la democracia han jugado más tarde un papel clave en la conducción de los esfuerzos por establecer órdenes sociales y económicos más equitativos. Por ejemplo, en Bolivia los movimientos de campesinos indígenas y de trabajadores, en gran medida no violentos, que pusieron fin a una serie de dictaduras militares en la década de 1980, constituyeron la base del movimiento que llevó a Evo Morales y sus aliados al poder, dando lugar a una serie de emocionantes reformas que beneficiaron a los pobres del país, de mayoría indígena.

Otra razón por la cual los movimientos no violentos tienden a crear una democracia sustentable es que, durante el curso del movimiento, se crean instituciones alternativas que le dan poder a la gente común. Por ejemplo, los consejos de trabajadores autónomos erosionaron la autoridad de la burocracia partidaria en la industria polaca, incluso mientras el Partido Comunista todavía dominaba nominalmente el país. En Sudáfrica, los gobiernos locales elegidos popularmente y los juzgados populares en los pueblos de color usurparon completamente la autoridad de los administradores y jueces nombrados por el régimen del apartheid mucho antes de que el gobierno de la mayoría llegara al país entero.

Los éxitos recientes de tácticas no violentas han generado preocupación sobre su utilización por aquellos que tienen fines no democráticos. Sin embargo, es virtualmente imposible que surja un resultado no democrático de un movimiento basado en un amplio apoyo popular. Las élites locales, a menudo con el apoyo de poderes extranjeros, han promovido históricamente los cambios de régimen a través de invasiones militares, golpes de estado, y otras formas de arrebato del poder que instalan minorías no democráticas. Los movimientos no violentos populares, por el contrario, hacen posible el cambio de régimen al darle poder a mayorías pro-democráticas.

De echo, cada insurrección no violenta exitosa ha sido un movimiento poular enraizado en la realización de las masas de que sus dominadores eran ilegítimos y de que el sistema político no repararía las injusticias. En contraste, una insurrección no violenta tiene pocas posibilidades de éxito cuando el liderazgo del movimiento y su agenda no gozan del apoyo de la mayoría de la población. Es por esto que el “golpe” promovido en 2002-2003 por ciertos sectores privilegiados de la industria del petróleo de Venezuela fracasó en destronar al gobierno democráticamente electo de Hugo Chávez, mientras que las huelgas ampliamente apoyadas en los campos petroleros iraníes contra el Shah en 1978-1979 fueron clave para hacer caer su régimen.

Movimientos hechos en casa

A diferencia de la mayoría de las insurrecciones no violentas exitosas, Irán resbaló hacia un gobierno autocrático luego de la expulsión del Shah. Ahora, los clérigos de línea dura y sus aliados han sido a su vez desafiados por un movimiento pro-democrático no violento. Como la mayor parte de los gobiernos que enfrentan desafíos populares, en vez de asumir sus propios fracasos, el régimen iraní ha pretendido echar la culpa a los extranjeros de fomentar la resistencia. Dada la sórdida historia de intervensionismo de EE.UU. en ese país─incluyendo al derrocamiento del último gobierno democrático de Irán, por un golpe militar apoyado por la CIA en 1953─algunos están tomando estas quejas en serio. Sin embargo, los iraníes se han comprometido en la acción no violenta por generaciones, no sólo en oposición al Shah, sino remontando hasta 1890-1892, en los boicots contra las concesiones a Gran Bretaña, y hasta la Revolución Constitucional de 1905-1908. Hay poco que los norteamericanos pueden enseñarle a los iraníes sobre tal resistencia civil.

Acusaciones similares se han hecho, citando el financiamiento de gobiernos y fundaciones occidentales, de poderosos intereses occidentales siendo responsables de las revueltas no violentas en relación a los recientes movimientos exitosos pro-democracia en Serbia, Georgia y Ucrania.

Sin embargo, mientras el financiamiento extranjero puede ser útil para permitir a los grupos opositores comprar computadoras, imprimir literatura, y promover su trabajo, no puede ser la causa de que se lleve a cabo una revolución liberal democrática, así como el financiamiento y el apoyo material soviético a los movimientos de izquierda en las décadas previas, no pudo causar una revolución socialista.

Las revoluciones exitosas, sin importar su orientación ideológica, son el resultado de ciertas condiciones sociales. En verdad, ninguna cantidad de dinero podría forzar a cientos de miles de persona a dejar sus trabajos, hogares, escuelas y familias para enfrentarse a la policía fuertemente armada y a los tanques, para poner sus cuerpos en la línea. Deben estar motivados por un deseo de cambio tan fuerte que están dispuestos a hacer sacrificios y tomar riesgos personales para lograrlo.

En cualquier caso, no hay una fórmula estándar de éxito que un gobierno extranjero pueda utilizar, ya que la historia, la cultura y las alineaciones políticas de cada país son únicas. Ningún gobierno extranjero puede reclutar o movilizar las grandes cantidades de civiles comunes necesarios para construir un movimiento capaz de desafiar efectivamente al liderazgo político establecido, mucho menos destronar un gobierno.

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Sahrawi freedom fighters in Western Sahara display their flag to celebrate the release of political prisoners in 2006. Use of the Sahrawi flag is forbidden in Morocco.

Photo courtesy afapredesa.org.

Incluso los talleres como el realizado por los activistas de Sahara Occidental, usualmente financiados por fundaciones no gubernamentales, se enfocan generalmente en proveer información genérica sobre la teoría, la dinámica y la historia de la acción no violenta. Existe un amplio consenso entre los líderes de los talleres que sólo aquellos involucrados en las mismas luchas están en posición de tomar decisiones tácticas y estratégicas, por lo que tienden a no brindar consejos específicos. Sin embargo, tales esfuerzos de construcción de capacidad─así como los proyectos de ONGs sobre desarrollo sustentable, derechos humanos, igualdad de las mujeres y las minorías, justicia económica y el medioambiente─pueden ser medios efectivos de fomentar la solidaridad internacional.

De vuelta en Sahara Occidental, los activistas anti-ocupación, construyendo sobre sus propias experiencias contra la ocupación marroquí y sobre lo que han aprendido del taller, siguen insistiendo en la lucha por la libertad de su país. Contra la severa represión de las fuerzas marroquíes apoyadas por EE.UU., el movimiento continúa organizando demostraciones y boicots, escribiendo graffitis, circulando panfletos, ondeando banderas y otras acciones. Un líder prominente del movimiento, Aminatou Haidar, ganó el Premio de los Derechos Humanos Robert F. Kennedy en noviembre último, y desde entonces ha sido nominada dos veces al Premio Nobel de la Paz.

Aquellos en la resistencia de Sahara Occidental están entre el creciente número de personas de todo el mundo luchando contra la represión, quienes han reconocido que la lucha armada tiene más probabilidades de magnificar su sufrimiento, en vez de aliviarla.

Desde Sahara Occidental hasta Papúa Occidental y Cisjordania, la gente está comprometida en la resistencia no violenta contra la ocupación extranjera. De forma similar, desde Egipto hasta Irán y Burma, la gente está luchando de forma no violenta para liberarse de regímenes dictatoriales.

La historia reciente ha mostrado que el poder en última instancia reside en la gente, no en el estado; que las estrategias no violentas pueden ser más poderosas que las armas; y que la acción no violenta es una forma de conflicto que puede construir, en vez de destruir.


Stephen Zunes

Stephen Zunes escribió este artículo para Una educación para toda la vida, la edición de Otoño de YES! Magazine. Stephen es profesor de Política y Estudios Internacionales en la Universidad de San Francisco y preside el comité académico consultivo para el Centro Internacional sobre Conflicto No Violento.

 

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