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Una paz poderosa

Si las potencias nucleares desean estar a salvo de las armas nucleares, deben renunciar a las suyas.
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Gráfica de José Chicas en Avenging Angels y Abolition2000 (Red mundial para eliminar las armas nucleares). www.abolition2000.org
Gráfica de José Chicas en Avenging Angels y Abolition2000 (Red mundial para eliminar las armas nucleares). www.abolition2000.org
Con cada año que pasa, las armas nucleares proporcionan a sus poseedores menos seguridad, mientras provocan más peligro. La posesión de armas nucleares provoca la proliferación. Ambos nutren la infraestructura nuclear a nivel mundial, lo que a su vez amplía la posibilidad de adquisición por parte de grupos terroristas.

El paso que se necesita para romper este ciclo es tan claro como la fuente del problema. El doble estándar de poseedores y no poseedores de armas nucleares, debe ser sustituido por una norma única, que sólo puede ser el objetivo de un mundo libre de todas las armas nucleares.

Cómo podemos hacerlo

Los Estados Unidos, como el propietario del arsenal nuclear más grande, debe tomar la iniciativa y llevar al mundo a tomar estos pasos:

Desalertar.
Sacar a las armas nucleares de la alerta máxima; separar las cabezas nucleares de los misiles.

No al primer uso.
Apoyar acuerdos vinculantes para la prohibición del primer uso de armas nucleares.

No a las nuevas armas.
Prohibir la investigación y el desarrollo de toda las armas nucleares nuevas.

Prohibir las pruebas nucleares para siempre.
Poner en vigor el Tratado de Prohibición Completa de Pruebas.

Controlar los materiales nucleares.
Crear un tratado verificable para poner bajo estricto control internacional a todo material nuclear utilizable para armas y la tecnología para crearlo.

Convención sobre las armas nucleares.
Iniciar las negociaciones, tal como lo exige el Tratado de No Proliferación, para la gradual, verificable e irreversible eliminación de las armas.

Recursos para la Paz.
Gastar las decenas de miles de millones gastados actualmente en armas nucleares, en proyectos humanitarios a nivel nacional y mundial.

FUENTE: The Nuclear Age Peace Foundation, wagingpeace.org

FIRME SU PETICIÓN: pidiendo liderazgo estadounidense para un mundo libre de armas nucleares.

¿Qué es lo que impide que se tomen los pasos sensatos hacia la abolición nuclear? La respuesta no puede estar en duda, tampoco. Es la voluntad de las potencias nucleares del mundo de sostener a sus arsenales nucleares. Los países que ya tienen armas nucleares citan a la proliferación como su razón para mantenerlas, y los que carecen de armas nucleares las buscan en gran medida porque se sienten amenazados por aquellos que las tienen.

Un régimen de doble estándar lleva ala inutilidad:una casa dividida que se derrumbe. Sus defensores predican lo que no tienen ninguna intención de poner en práctica. Corresponde a las potencias nucleares dar el primer paso.

Sus arsenales nucleares serían el más grande montón de bazas jamás llevado a ninguna mesa de negociaciones. Más potentes como instrumentos de paz de lo que jamás pueden ser para la guerra, probablemente serían más que adecuados para ganar acuerdos de las potencias no-nucleares que ahogarían la proliferación para siempre.

El arte de la negociación consistiría en pagar acuerdos de no proliferación y control estrictos, que se pueden inspeccionar y hacer cumplir, a cambio de bombas nucleares existentes. ¿Cuál sería el precio para las potencias nucleares, por ejemplo, de una entrega por parte de los estados libres de armas nucleares de los derechos al problemático ciclo del combustible nuclear, que se sitúa en el corazón del dilema de la proliferación? ¿Tal vez una reducción de parte de Rusia y los Estados Unidos de dos mil a unos cientos de armas cada una, más la ratificación del Tratado de la Prohibición Completa de Pruebas?

Reducciones adicionales, involucrando a las demás potencias nucleares, podrían pagar por la creación y la práctica de las inspecciones cada vez más severas, y aún más reducciones podrían comprar acuerdos para hacer cumplir la prohibición definitiva de las armas nucleares. Cuando las armas nucleares lleguen a cero, los ex-países nucleares y los estados no poseedores de armas nucleares, todos abolicionistas, ejercerían una voluntad unánime para gestionar, controlar, revertir y extirpar toda la tecnología de armas nucleares.

Un mundo del cual las armas nucleares hayan sido prohibidas, por supuesto, no estará exento de peligros, incluidos los nucleares. Pero debemos preguntarnos cómo se comparan con los que ahora se están acercando.

Supongamos que las potencias nucleares hubieran acordado avanzar paso a paso hacia la eliminación de sus propios arsenales. Las cadenas de miedo que enlazan todos los arsenales nucleares en el mundo serían entonces sustituidas por lazos de tranquilidad. Sabiendo que Rusia y los Estados Unidos se estaban desarmando, China podría aceptar desarmarse. A sabiendas de que China se desarma, la India podría aceptar desarmarse. Sabiendo que la India está dispuesta a desarmarse, Pakistán podría aceptar desarmarse también. Cualquier país que decida lo contrario se encontraría frente al tipo de voluntad mundial unida que hoy en día brilla tanto por su ausencia.

Durante la Guerra Fría, la principal objeción en los Estados Unidos respecto a un mundo libre de armas nucleares era que no se podía llegar allí. Esa objeción se derritió con la Unión Soviética, y hoy la principal objeción es que, incluso si se pudiera llegar hasta allí, a uno no le gustaría. Los argumentos suelen comenzar con la observación de que las armas nucleares nunca pueden ser desinventadas, y que un mundo libre de armas nucleares es, por tanto, en el peor de los casos, un espejismo, y en el mejor de los casos, un lugar muy peligroso para estar. Es supuestamente un espejismo porque, incluso si el hardware es removido, el know-how permanece. Se dice que es muy peligroso porque el inescrupuloso re-armador, ahora en posesión de un monopolio nuclear, sería capaz de dictar los términos a un desamparado, aterrorizado mundo o, alternativamente, estimular una caótica carrera armamentista multilateral.

Esta conclusión parece razonable hasta que notas que la historia ha enseñado una lección opuesta. En repetidas ocasiones, incluso las mayores potencias nucleares han perdido guerras contra adversarios pequeños, no-nucleares, sin ser capaces de extraer la más mínima utilidad de sus colosales arsenales. Piense en la Unión Soviética en Afganistán, o en los EE.UU. en Vietnam, o Gran Bretaña en Suez.

Si en 60 años de era nuclear, ninguna gran potencia ha ganado una guerra por hacer amenazas nucleares contra adversarios incluso pequeños y débiles, entonces ¿cómo podría un monopolio nuclear de un país pequeño permitirlo coaccionar e intimidar al mundo entero? El peligro no puede ser descontado en su totalidad, pero es sin duda muy exagerado.

Si las potencias nucleares desean estar a salvo de las armas nucleares, deben renunciar a las propias. Deben ofrecer conjuntamente a las potencias no-nucleares del mundo un acuerdo de simplicidad sensacional, imparcialidad indiscutible, y patente sentido común: saldremos del negocio de armas nucleares si Uds. permanecen fuera de él. Luego trabajaremos todos juntos para asegurar que cada uno cumpla con el compromiso.

La voluntad unida de la especie humana para salvarse a sí misma de la destrucción sería una fuerza colosal.



Jonathan Schell escribió este artículo para Una política exterior justa, la edición de verano de 2008 de YES! Magazine. Jonathan es el Becario de Paz de Harold Willens en The Nation Institute y un profesor en Yale. Ha escrito varios libros. Este artículo está adaptado del último,The Seventh Decade: The New Shape of Nuclear Danger (La Séptima Década: La Nueva Forma Del Peligro Nuclear).

Traducción por Guillermo Wendorff.

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