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Una verdadera política pro-Israel también ayuda a Palestina

El conflicto entre Israel y Palestina no es inevitable. He aquí cómo ambas partes podrían ganar construyendo sobre su interés común por la paz y la justicia. Estados Unidos todavía tiene la clave.

Voluntarios del Movimiento de Solidaridad Internacional forman un escudo humano entre soldados israelíes y palestinos. Foto de Michael Loadenthal, occupiedlove.blogspot.com, flickr.com/photos/michaelimage
Voluntarios del Movimiento de Solidaridad Internacional forman un escudo humano entre soldados israelíes y palestinos. Foto de Michael Loadenthal, occupiedlove.blogspot.com, flickr.com/photos/michaelimage
La paz entre israelíes y palestinos es posible—la seguridad israelí y los derechos de los palestinos no son mutuamente excluyentes; muy por el contrario, cada uno es imposible sin el otro.

La Autoridad Palestina y prácticamente todos los estados árabes están ahora expresando públicamente su voluntad de reconocer a Israel y proporcionar garantías de seguridad a cambio de una retirada completa de Israel de los territorios árabes conquistados en la guerra de junio de 1967. Esto dejaría a los palestinos con apenas 22 por ciento de la Palestina histórica. Sin embargo, la posición de Israel, apoyada por EE.UU., es que a los palestinos se les debe permitir un “estado” independiente sobre menos territorio aún, y sólo en una serie de distritos aislados rodeados por Israel, y con el gobierno israelí controlando el espacio aéreo, los recursos hídricos, y el movimiento de personas y mercancías.

A diferencia de otros períodos anteriores en el pasado de Israel, la supervivencia del país ya no está en juego. El ejército israelí es mucho más poderoso que cualquier combinación de ejércitos árabes. A pesar de la amenaza de los bombardeos periódicos y los atentados suicidas de extremistas islámicos, la mayoría de los israelíes están relativamente seguros dentro de las fronteras internacionalmente reconocidas de su país. Es en los territorios palestinos ocupados donde los soldados y civiles israelíes son más vulnerables. En estas zonas, los asentamientos israelíes ilegales y las carreteras─reservadas sólo para judíos─crean una situación similar al apartheid, y hacen extremadamente difícil para las fuerzas israelíes defenderse contra una población enojada con los ocupantes que han confiscado lo que a menudo son sus mejores tierras. Israel sería mucho más segura defendiendo unas fronteras claramente definidas e internacionalmente reconocidas, en lugar de un archipiélago de puestos ilegales dentro de territorio palestino.

Es la permanente ocupación israelí y la colonización de la Ribera Occidental, junto con el asedio de la Franja de Gaza, lo que genera la desesperanza y la desesperación que cultivan la violencia extremista. La amenaza del terrorismo palestino finalmente tendrá una oportunidad realista de ser controlada sólo cuando termine la ocupación.

La política de EE.UU. en esta atribulada región se ha vuelto cada vez más controvertida, pero no debería ser criticada por ser demasiado "pro-Israel." Las políticas israelíes apoyadas por EE.UU. están poniendo en peligro no sólo los derechos humanos de sus víctimas árabes, sino que adicionalmente están afectando los intereses legítimos de Israel.

Las propuestas de "paz" que permitan a Israel anexar grandes extensiones de territorio palestino ocupado-como los que la administración Clinton impulsó en Camp David en 2000 y los que la administración Bush ha estado apoyando posteriormente-no puede otorgar derechos o seguridad a ninguna de las partes. Una verdadera política pro-Israel mantendría el compromiso de EE.UU. con la seguridad y el bienestar del estado judío, pero también insistiría en que Israel ponga fin a su ocupación, retire sus asentamientos ilegales, y permita el surgimiento de un Estado Palestino viable e independiente.

Esto puede requerir que Estados Unidos aplique presión, como la retención de ayuda militar y económica-si el gobierno israelí sigue violando sus obligaciones bajo el derecho internacional humanitario. Estas ayudas no ayudan mucho a Israel de todos modos. De hecho, la mayoría de los más de $ 2,000 millones de dólares anuales en "asistencia militar" a Israel equivale a una línea de crédito a los fabricantes de armas norteamericanos, y en realidad le termina costando a los israelíes de dos o tres veces esa cantidad en personal, formación, y piezas de repuesto. Los $ 2,000 millones adicionales de la ayuda económica norteamericana son poco más que el interés que Israel está obligado a pagar a los bancos estadounidenses en préstamos por anteriores compras de armas.

Muchos de los que están en Washington, que se llaman a sí mismos los partidarios de Israel, están apoyando a los halcones de Israel, quienes están haciendo al país más dependiente de Estados Unidos. Esto aumenta la vulnerabilidad de Israel impidiendo que reconozca su alianza natural con la mayoría Afro-Asiática del mundo. Dentro de Israel, hay una sólida minoría progresista que apoya los compromisos necesarios para la paz, y una minoría militarista de tamaño similar que no lo hace. La mayoría de los israelíes están en el centro y, como Galia Golan, académico israelí y activista de la paz, lo describe, "Ellos se inclinan a la izquierda cuando Israel siente la presión de Estados Unidos, pero se inclinan a la derecha en situaciones como la actual, cuando no hay presión de EE.UU.".

La combinación de tecnología Israelí, el espíritu empresarial y la laboriosidad de los palestinos, y la riqueza petrolera de Arabia podría dar lugar a una transformación  económica, política y social de Medio Oriente. Esto sería altamente beneficioso para los habitantes de la región, pero no necesariamente para los poderosos intereses de EE.UU. que se benefician de la actual política de divide y vencerás. Un Israel en paz con sus vecinos tendría menos probabilidades de estar dispuesto a servir como un aliado fiable en apoyo de los diseños hegemónicos de EE.UU. en esta región crítica.

Si Estados Unidos realmente quiere ser un amigo de Israel, el gobierno de EE.UU. debe aplicar un poco de "amor duro". Ello supondría un apoyo incondicional para el derecho de Israel a existir en paz y seguridad, pero con una insistencia en que Israel cumpla con sus obligaciones internacionales y retire sus tropas y colonos de los territorios ocupados. Sólo entonces podrá terminar la violencia, y la paz volverse realidad. Y sólo entonces Estados Unidos podrá ser un verdadero amigo de Israel.


Stephen Zunes escribió este artículo para Una política exterior justa, la edición de verano de 2008 de YES! Magazine. Stephen Zunes es profesor de política en la Universidad de San Francisco, donde preside el programa de Estudios del Medio Oriente. Es autor de Tinderbox: U.S. Middle East Policy and the Roots of Terrorism(Common Courage, 2003) y miembro del comité consultivo de la Comunidad Tikkun. www.stephenzunes.orgPhoto of Stephen Zunes
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