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Un potencial aliado en la lucha contra el consumismo

EE.UU. no exporta mucho a China, pero ha logrado una exportación mortal: un estilo de vida basado en el consumismo. Eso es algo que necesitamos cambiar, empezando por casa.
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Tanques solares de agua caliente en un tejado de Kunming, ciudad capital de Yunnan. China está a punto de adelantarse a Europa, Japón y Norteamérica en la manufactura de paneles solares y turbinas de viento, y ya domina los mercados de agua caliente solar e hidroeléctrica pequeños. Foto de Even Rogers Pay.
Tanques solares de agua caliente en un tejado de Kunming, ciudad capital de Yunnan. China está a punto de adelantarse a Europa, Japón y Norteamérica en la manufactura de paneles solares y turbinas de viento, y ya domina los mercados de agua caliente solar e hidroeléctrica pequeños. Foto de Even Rogers Pay.
China y Estados Unidos se están volviendo parecidos de forma alarmante. El primer Presidente Bush proclamó:”el estilo de vida norteamericano no es negociable”. La creciente clase consumidora de China respondió a las críticas: “los norteamericanos lo tienen. Ahora es nuestro turno”. Mientras tanto, las mayorías en ambos países se enfrentan a una brecha creciente entre ricos y pobres, la disminución de servicios públicos y la degradación del medio ambiente.

“La exportación mas tóxica de EE.UU. es nuestro derrochador método de producción y consumo”, dice Annie Leonard, creadora de “La Historia de las Cosas”, un fuerte pero divertido video que critica la vida atiborrada de cosas. Desafortunadamente, esta exportación de EE.UU. es espectacularmente exitosa en China.

Si ambos países continúan en la ruta del consumo excesivo, es inevitable una colisión. China por si sola podría necesitar los recursos de 1,12 Tierras para lograr un estilo de vida norteamericano. Los conflictos del futuro pueden ser disfrazados como geopolítica, pero esencialmente serán sobre el control de los recursos. La reciente campaña “Tíbet Libre” ya es percibida por la mayoría de los chinos de ultramar como un intento de este tipo, ya que alberga una alarmante similitud con la campaña “Irak Libre”.

No obstante, hay otras posibilidades. He vivido en EE.UU. por mas de una década, y soy afortunada de conocer otra Norteamérica: pioneros de la producción de comida orgánica y de permacultura, seguidores de la simplicidad voluntaria, activistas desafiando la dominación corporativa y muchos otros trabajando en reconstruir una economía basada en la comunidad. Millones de estadounidenses buscan una forma de vida más satisfactoria, justa y sostenible. Esta Norteamérica está fuera del primer plano, sin embargo es allí donde veo esperanza para ambos, Norteamérica y el mundo.

Cosas similares están sucediendo en China. Aunque los principales medios de comunicación todavía pregonan al crecimiento económico como la panacea de todos los problemas, más y más chinos cuestionan la globalización corporativa y trabajan hacia modelos alternativos. Un resultado es el auge del nuevo movimiento de reconstrucción rural, que incorpora aspectos de la cultura tradicional china, incluyendo la armonía con la naturaleza, los valores de la comunidad, y un sentimiento de suficiencia en lugar de una interminable búsqueda de la riqueza y el consumo. El movimiento organiza a granjeros para trabajar mutuamente para ser personas sanas en una tierra sana. Esta visión puede fomentar la colaboración a lo ancho del mundo, en lugar del “libre comercio” que a menudo enfrenta a los granjeros. Luego de visitar algunas familias granjeras en Minnesota para observar las prácticas de la permacultura y la agricultura apoyada por la comunidad, un destacado agricultor chino dice: “si ustedes, los norteamericanos, estuviesen esparciendo todo esto alrededor del mundo, serían mejor recibidos”.

¿Están listos los norteamericanos para presionar por políticas que aborden la destrucción que el sueño americano materialista ha causado? ¿Podrían, por ejemplo, apoyar impuestos altos sobre los combustibles, como ha hecho el público alemán? Sólo tenemos un planeta en donde vivir: esto es menos negociable que cualquier otra cosa.

Los norteamericanos y los chinos pueden trabajar juntos como aliados en una lucha por más justicia y menos avaricia, en una búsqueda de mejores sueños para la humanidad; o podemos empezar una lucha a muerte por la última gota de petróleo.


Dale Jiajun Wen escribió este artículo para Una política exterior justa, la edición de verano de 2008 de YES! Magazine. Dale Jiajun Wen es una activista escolar proveniente de China, que trabaja para construir puentes entre las voces alternativas emergentes en China y el movimiento global de justicia social. Ella trabaja para el International Forum on Globalization, donde mantiene un boletín de prensa bimestral en www.ifg.org.

Traducción por Guillermo Wendorff.
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Imagen de otros articulos sobre el tema: Politica exterior: Mas alla de la super potencia
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Una política exterior justa
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