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Sin armas nucleares

George Shultz estuvo allí cuando el desarme nuclear se escapó de nuestras manos. Hoy, dice, la acción es aún más urgente. Sarah van Gelder entrevista a George Shultz, ex-Secretario de Estado.

George Shultz (el segundo desde la izquierda) se reúne con Ronald Reagan y otros miembros de su Gabinete en la Oficina Oval, 1986. Foto de la Oficina de Fotos de la Casa Blanca.
George Shultz (el segundo desde la izquierda) se reúne con Ronald Reagan y otros miembros de su Gabinete en la Oficina Oval, 1986.
Foto de la Oficina de Fotos de la Casa Blanca.

Veinte años atrás, el presidente de Estados Unidos, Ronald Reagan, y el presidente soviético Michael Gorbachov llegaron a un frágil acuerdo para eliminar progresivamente sus arsenales de armas nucleares. El encuentro tuvo lugar en Reykjavik, Islandia, y una de las personas que estuvieron allí fue el Secretario de Estado George Shultz. Cuando surgió la propuesta, cuenta haber dicho, "¡Hagámoslo!”

Hoy, desde su oficina en la Institución Hoover en la Universidad de Stanford, ha vuelto al caso. En colaboración con el ex Senador Sam Nunn, William Perry, que fue secretario de defensa de Bill Clinton, y Henry Kissinger, este veterano de la Guerra Fría se está enfrentando a lo que podría ser la mayor amenaza a la seguridad humana.

La editora ejecutiva de YES! Magazine, Sarah van Gelder, habló con el Secretario Shultz en marzo de 2008, poco después de regresar de Oslo, donde lideró la tercera de una serie de conferencias sobre la eliminación de las armas nucleares—de la cual participaron representantes de todos los países del mundo que poseen armas nucleares.




Sarah: ¿Puede Estados Unidos estar seguro sin su arsenal nuclear?

Shultz: Vas a estar más segura si no hay armas nucleares en el mundo, porque si consigues este objetivo, no correrás el riesgo de que exploten armas nucleares en una de nuestras ciudades.

En las conferencias en el extranjero a las que he estado asistiendo, no dudaba de que el concepto de un mundo de dos capas—donde algunos países pueden tener armas nucleares y otros no—se está volviendo cada vez menos aceptable.

El Tratado de No Proliferación, en su Articulo 6, dice que aquellos que no tienen armas nucleares, tendrán acceso a la tecnología de energía nuclear y que no van a tratar de obtener armas nucleares, y aquellos que tienen armas nucleares reducirán gradualmente su importancia a cero. La gente está buscando gobiernos que estén a la altura de ese tratado.

Sarah: ¿Es posible verificar que las armas nucleares se hayan eliminado?

Shultz: Ese es uno de los principales temas sobre el cual trabajar. El gobierno británico se ha ofrecido para ocuparse de la verificación─tratar de reflexionar sobre la forma en que se pueda desarrollar.

Tenemos el Tratado START entre Estados Unidos y Rusia que incluye los mejores procedimientos de verificación de todos lo que han sido desarrollados. El tratado caduca en diciembre de 2009, así que estamos sugiriendo que el tratado sea extendido a fin de no perder esas cláusulas de verificación.

Sarah: ¿Como afectaría a nuestro poder relativo en el mundo si las armas nucleares fueran eliminadas?

Shultz: En un encuentro en Washington DC, hace aproximadamente un año, Henry Kissinger dijo: “Lo que me quitó el sueño y me atormentó más que cualquier otra cosa cuando ejercí mi cargo, fue qué diría si el presidente me pidiera consejo alguna vez sobre la conveniencia de utilizar un arma nuclear, sabiendo que cientos de miles o quizá mas podrían ser asesinados, y si había un intercambio nuclear, podían ser miles de millones”.

Ahora que sabemos tanto de estas armas y de su poder, son armas que prácticamente no usaríamos. Así que pienso que estamos en mejor situación sin ellas.

Por supuesto, en tanto Estados Unidos tenga ese impresionante poder convencional, creo que probablemente en el balance relativo seamos afortunados.

Sarah: ¿Usted piensa que puede haber energía nuclear sin proliferación?

Shultz: Si tienes el ciclo de combustible nuclear bajo control, sí. Pero he escuchado a la gente hablar de plantas de energía nuclear, y difícilmente mencionan alguna vez la cuestión. No creo que la gente esté alerta frente a este problema.

En términos del ciclo de combustible nuclear, hay una fuerte sensación de que no se quiere tener otro sistema de dos capas, en el cual a algunos países se les permita enriquecer uranio y a otros no. Creo que va a tener que haber un régimen internacional al respecto.

Sarah: ¿Por qué la reacción hoy es tan diferente de la reacción a la propuesta del Presidente Reagan en Reykjavik para eliminar las armas nucleares?

Shultz: Después de Reykjavik, puede que recuerdes, la reacción fue muy negativa. Vino Margaret Thatcher, prácticamente me mandó llamar a la residencia del embajador británico, y me preguntó: ¿Cómo era posible que yo tomara parte de una discusión así?

Creo que la gente ha comenzado a entender que nos hemos quedado dormidos en este tema. Los problemas de la proliferación están creciendo, y la cantidad de material nuclear fisionable es grande, y una parte de éste no está completamente a salvo. Tenemos un fenómeno terrorista, y el Tratado de No Proliferación se está deshilachando. Así que quizás deberíamos hacer algo un poco diferente.

Sarah: Ud. acaba de retornar de una conferencia en Noruega sobre la abolición de las armas nucleares. ¿Qué pasó allí?

Shultz: Fuimos Sam Nunn y yo. Henry Kissinger y Bill Perry no podían ir. Veintinueve países fueron representados—todos los países con armas nucleares, incluyendo Israel. La gente allí tenía sus dudas, pero estaban intrigados; pueden ver que existe un peligro—un punto de inflexión.

Estamos llegando al punto donde la proliferación podría salirse de control. Si un grupo terrorista obtiene un arma nuclear o el material fisionable del cual puedan fabricar una, no la estarán consiguiendo para disuadir. La estarán obteniendo para usarla.

La Doctrina de Disuasión justificó las armas nucleares durante la Guerra Fría. El impacto disuasivo de Destrucción Mutua Asegurada mantuvo una precaria paz, aunque de haber estado involucrada, sabrías que hubo más situaciones de casi-desastres que las que crees. Al final de la Guerra Fría, muchos países fueron adquiriendo armas nucleares, y otros aspiraban a tenerlas.

Todos los estados del Golfo quieren centrales nucleares, y si enriqueces tu propio uranio—como los iraníes aspiran a hacer—puedes enriquecerlo para un arma. Cuando el combustible se gasta, puede ser reprocesado en plutonio. Si la energía nuclear se extiende—como propone la gente que está preocupada por el calentamiento global—entonces emerge el problema del ciclo del combustible nuclear. Todas estas cosas juntas te dan una sensación incómoda.

Sarah: ¿Has tenido una respuesta de los principales contendientes presidenciales?

Shultz: No he visto nada del Senador McCain. El Senador Obama ha hecho una declaración apoyando lo que estamos haciendo. La Senadora Clinton ha sido un poco menos cándida que el Senador Obama, pero ha manifestado interés.

Espero que yo, o Henry, o alguien podamos tener una oportunidad de hablar con el Senador McCain dentro de poco.

Sarah: ¿Hay una oposición activa a su iniciativa para eliminar las armas nucleares?

Shultz: Hay gente que piensa que la idea no es buena y que nunca sucederá. La mayoría, sin embargo, dice que está a favor de los pasos que hemos tomado. Entonces decimos, OK, comencemos con los pasos que podemos tomar hoy que harán más seguro al mundo.

Sarah:¿Qué respuesta ha tenido de los rusos a esta propuesta?

Shultz: Ninguna respuesta formal. Pero, en nuestro encuentro en Londres, dos ex-ministros de Asuntos Exteriores rusos estaban allí, uno de los cuales, entiendo, es cercano del régimen actual. Cuando él terminó de hablar, dije “Igor, ¿Me dejarías traducir lo que has dicho? Es que en lo que a Rusia concierne, la puerta está abierta.” Él dijo, “Esa es una traducción aceptable. Estamos listos para pensarlo.”

Eso es tan bueno como lo que puedes conseguir.

Sarah: ¿Qué es lo primero que desearías que haga el próximo presidente para hacer avanzar este proceso?

Shultz:No estoy tratando de prescribirle una fórmula al próximo presidente. Estamos tratando de tener listos los bloques de construcción. Hemos hablado con gente de otros países, y ellos están interesados lo suficiente, de modo que si Estados Unidos, trabajando con Rusia, fuera a tomar esta iniciativa y conseguir que se unan otras personas, eso podría ser muy emocionante. Y podría colocarnos una vez más en el rol de hacer algo por lo cual la gente se sienta bien.

Hay una amplia lista de personas—un gran número de ex secretarios de estado, de defensa y consejeros de seguridad nacional—que han declarado públicamente su apoyo. Por lo tanto, estaríamos en posición de decirle a un nuevo presidente, “Si usted decide ir por este camino, aquí hay un montón de gente de ambos lados del pasillo que están dispuestos a ponerse de pie detrás suyo y aplaudirle.”


Sarah van Gelder entrevistó a George Shultz para Una política exterior justa, la edición de verano de 2008 de YES! Magazine. Sarah es Editora Ejecutiva de YES! Magazine. Photo of Sarah van Gelder
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