Money, Politics, and Saving Our Democracy Banner

Sections
Home » Issues » Living Economies » economies for life - economías para la vida

Get a FREE Issue. Yes! I want to try YES! Magazine

Nonprofit. Independent. Subscriber-supported. DONATE. How you can support our work.

YES! by Email
Join over 78,000 others already signed up for FREE YES! news.
[SAMPLE]

Town Hall Sidebar

The YES! ChicoBag(R). Full-size tote that fits in your pocket!

 

economies for life - economías para la vida

por David C. Korten

Enron. Accounting fraud. Mad cows. Wal-Mart. Monopoly. Political corruption. WTO. Disintegrating schools. Downsizing. WorldCom. Tax havens. Cancer. Hostile takeovers. Channel One. Harken Energy. Climate change. Corporate welfare. Temp workers. Economic refugees. Arthur Andersen. Hidden partnerships. Billionaires. Money laundering. Citibank. Financial bubbles. Prison crowding. Insider trading. Infomercials. Halliburton. Price gouging. GMOs. Terrorism. Malnutrition. Monsanto. Uninsured workers. Nike. Sweatshops. Maquiladoras. Trade wars. Homelessness.

Bienvenidos al Mundo de las Economías Suicidas.

El lenguaje de la disfunción económica se ha tornado tan común que cuando utilizo en mis charlas la expresión “economía global suicida”, raramente necesito explicarla. Actualmente la mayoría de la gente es consciente de que las reglas impuestas por las corporaciones globales y los especuladores financieros atraídos por esa lucha únicamente motivada por la búsqueda de dinero, está destruyendo comunidades, culturas, y los sistemas naturales en cualquier lugar del planeta. Sin embargo, hasta no hace mucho, la mayoría respondía con beneplácito, pero también con un resignado escepticismo hacia mi mensaje de que una transformación económica es posible.

Ahora, con las revelaciones de fraude y corrupción en compañías de alto perfil (ENRON, WORLDCOM, etc.), percibo un cambio dramático. Mientras los poderosos operadores de bolsa hablan de reglas nuevas y sanciones para reestablecer la confianza en los mercados financieros, miembros de órdenes religiosas y congregaciones, grupos comunitarios, autoridades de ciudades diversas, gente de negocios y jóvenes activistas proponen la posibilidad de cambios mucho mejores, de crear verdaderas nuevas economías. Se refieren a una riqueza real con un sentido de pertenencia, contribución, belleza, disfrute, fraternidad y conexión espiritual. Comparten el sueño de un mundo arraigado localmente con economías vivas que satisfagan las necesidades materiales de toda la gente en todas partes y a la vez, proporcionen un significado, construyendo una comunidad y conectándonos con un lugar en la tierra.

Muchos están trabajando para hacer de esos sueños una realidad. A fines del 2001 la “Social Ventures Network”, una alianza de empresarios comprometidos socialmente, respondió a esta creciente innovación cívica lanzando una nueva iniciativa en todo el país (EE.UU.): La “Business Alliance for Local Living Economies” (Alianza de Negocios por economías Locales Vivas), para incentivar, fortalecer y facilitar la interconexión de esas iniciativas con el ánimo de crear un movimiento de cohesión nacional. (www.livingeconomies.org)

La economía suicida es producto de decisiones humanas motivadas por el amor al dinero. Dependerá de nuestros valores, el optar por opciones diferentes motivadas por el amor a la vida. Hemos creado una economía suicida basada en la ausencia de propietarios, monopolio y una concentración de poder desvinculada de sus obligaciones hacia personas o lugares. Ahora debemos crear economías vivas basadas en dueños localmente arraigados y sostener profundamente los ideales americanos de equidad, democracia, mercados y responsabilidad personal.

En lugar de la economía suicida, devota de garantizar las ganancias en dinero, podemos crear economías “vivas” devotas de satisfacer las necesidades básicas de las personas. En contraste con la economía suicida en la cual el poderoso cosecha las utilidades y el resto soporta los costos, podemos crear un sistema de economías vivas en las cuales las decisiones sean tomadas por aquellos que sufrirán las consecuencias.

En lugar del sistema internacional de comercio de la economía suicida, diseñado para permitir la riqueza de unos pocos con el propósito de controlar los recursos y dominar los mercados mayoritarios, podemos crear un comercio de economías vivas a través del cual cada comunidad intercambie aquellos bienes que produce en demasía por aquellos que no se puedan razonablemente producir localmente, en términos que ayuden a lograr salarios dignos para sus trabajadores y mantengan altos estándares ambientales en todas partes.

Bajo un sistema local de economías vivas con autosuficiencia relativa, las comunidades y naciones no buscarán el competir entre sí por el empleo, mercados y recursos. Ante la ausencia de tal competencia, la libre distribución de información, conocimiento y tecnología, se tornará en un hecho natural, para el beneficio de todos.

Empresas de escala humana con propietarios locales
Las economías vivas formadas por empresas de escala humana cuyos propietarios son gente de la localidad y que tienen un interés directo en todos los impactos que puedan asociarse con dicha empresa. Una firma posesión de los trabajadores, miembros de la comunidad, clientes y/o proveedores que sufren directamente las consecuencias de aquella es más probable que provea:

  • Empleados laborando en condiciones de seguridad con salarios dignos para sus familias
  • Clientes con productos útiles, confiables y de alta calidad
  • Proveedores con mercados estables y transacciones equitativas
  • Comunidades con un ambiente natural y social sano.

Uno de mis prototipos favoritos de empresas de economías vivas es el del “White Dog Café” de Filadelfia. Su fundadora, propietaria y gerente, Judy Wicks compra casi toda su mercancía a productores de alimentos orgánicos de la región, sirve solamente carne de animales criados por la mano del hombre, paga a sus trabajadores un salario digno, destina el 10% de sus utilidades a la caridad local, y ha movilizado a otros restoranes de Filadelfia para sumarse a la reconstrucción de la producción local alimentaria y su sistema de distribución. Wicks es también ex directora del Consejo de Administración de la “Social Ventures Network” y fundadora de la nueva “Business Alliance for Local Living Economies”.

Las empresas de la economía viva pueden ser organizadas como sociedades de propiedad, individual o familiar, clientes-proveedores copropietarios de una cooperativa, corporaciones comunitarias, o compañías privadas pertenecientes a sus trabajadores, otros miembros de la comunidad o inversionistas sociales. Teniendo estos fines o no lucrativos.

Sin embargo, no hay cabida en las economías vivas para empresas de responsabilidad limitada que coticen sus acciones al público, el sistema central de organización en la economía suicida. Esta forma de corporaciones está estructurada de manera legal para permitir una concentración virtualmente ilimitada de poder para el beneficio financiero exclusivo de accionistas ausentes que no tienen conocimiento ni responsabilidad de las consecuencias sociales y ambientales de las decisiones tomadas en su representación. Es una invitación, sancionada legalmente, para beneficiarse de un comportamiento que visto de otra manera podría considerarse sociopático e inclusive criminal.

Reglas al servicio de la vida
En la economía suicida, el éxito de una empresa es medido de acuerdo a los dividendos financieros que éstas les retornen a sus inversionistas. Los medios pro-corporaciones celebran cuando el precio de una acción sube, incrementando la riqueza del inversionista, pero suena la alarma cuando suben los salarios. La información del precio de la acción de una empresa está disponible con una base minuto a minuto, mientras que la información sobre sus impactos ambientales y sociales rara vez sale a la luz.

Los hacedores de las normas en la economía suicida se centran en reforzar el cumplimiento de los contratos, proveer incentivos para inversionistas, y proteger los derechos de propiedad. Las intervenciones gubernamentales para la protección de los trabajadores, el medioambiente y los consumidores, son denunciadas por las elites de las corporaciones como una barrera al libre comercio. Tratados como el NAFTA e instituciones como la OMC abren una competencia desenfrenada entre los países por inversiones y trabajo que crea una carrera a fondo respecto de los estándares laborales, ambientales, sociales y de salud.

Cuando el Señor Bush habló a los banqueros de Wall Street el 9 de julio sobre el tema de la responsabilidad de las corporaciones, sus comentarios se centraron en reestablecer la confianza de los inversionistas incrementando la integridad y transparencia financiera. No hizo comentario alguno acerca de la responsabilidad de las corporaciones respecto de sus trabajadores, comunidades, medioambiente, o cualquier otro interés público de importancia. Siguiendo de cerca los debates políticos entre Republicanos y Demócratas sobre el fraude financiero, se encontrará que se centraron en la competencia de los intereses financieros privados entre los directores y los tenedores de acciones –con los Republicanos generalmente pro-directivos y los Demócratas pro-accionistas de Wall Street.

Sin embargo, el propósito primordial en una verdadera economía de Mercado, no es hacer dinero para el rico y poderoso. Cuando Adam Smith conceptualizó la idea de la economía de mercado en la “Riqueza de las Naciones”, tenía en mente economías que ubicaran recursos humanos y materiales justa y sostenidamente para satisfacer las necesidades autodefinidas por la gente y su comunidad.

Para poder ubicar equitativa y sostenidamente, una economía de Mercado se requiere de reglas de cumplimiento forzoso. Teniendo en cuenta que los mercados responden sólo a las necesidades de aquellos que tienen dinero para pagar, deben existir reglas que aseguren una justa distribución de los ingresos. Siendo que los mercados responden a los precios, una ubicación de recursos justa y permanente depende de la regulación publica y cuotas de los usuarios para asegurar que los precios del Mercado internalicen el verdadero costo de un producto o servicio, incluyendo el costo social y ambiental que de otra manera, sería absorbido por el publico. También es necesaria la supervisión pública para garantizar que la herencia común de recursos esenciales para la sobre vivencia y el buen vivir de todos, como la tierra y el agua, sean protegidas y equitativamente distribuidas.
Cuando las empresas están arraigadas localmente, a escala humana, con titulares interesados en ellas y responsables frente a las normas de derecho creadas por gobiernos democráticos; hay un incentivo natural por satisfacer toda necesidad humana y comunitaria. Cuando los ingresos y los derechos de propiedad son distribuidos equitativamente, la justicia es impartida y la democracia es fuerte. Cuando los trabajadores son dueños, el conflicto entre el trabajo y el capital desaparecen. Cuando las necesidades son satisfechas localmente por empresarios locales, la gente tiene un mayor control sobre sus vidas, el dinero se recicla en la sociedad misma en lugar de ser filtrado por el casino del sistema financiero global, los empleos son más seguros, las economías son más estables y se cuenta con medios e incentivos para proteger el medio ambiente y para fomentar las relaciones de confianza mutua y responsabilidad que son los cimientos de una comunidad.

Calidad de vida
Nuestra calidad de vida sería maravillosamente diferente si basáramos nuestras decisiones económicas en valores de vida en vez de valores puramente financieros, elección natural si los propietarios de corporaciones tuviesen que vivir con las consecuencias no-financieras de sus decisiones.

El precio total de la energía, materiales y el uso de la tierra, podrían exponer las verdaderas ineficiencias de la agricultura industrial, la construcción convencional y el desorden urbanístico, y hacer que las alternativas al servicio de la vida sean costo-eficientes. Muchos de nuestros alimentos podrían ser producidos frescos por familias de campesinos locales sin químicos tóxicos, y procesados en la zona. Los residuos orgánicos podrían ser tratados y nuevamente reciclados en el suelo. Los edificios ecológicamente eficientes diseñados para su microclima específico y construidos con materiales locales reducirían el consumo de energía. Gran parte de nuestras necesidades de energía restantes podrían ser obtenidas de la energía solar o eólica. Residuos locales podrían ser reciclados para proveer de materiales y energía a otros negocios de la zona.

Las comunidades compactas pueden brindar empleo así como, la posibilidad de hacer compras y gozar de centros de recreo más cerca de nuestras residencias, por lo tanto, ahorrando energía y tiempo en viajes, reduciendo la emisión de CO2 y la dependencia de petróleo importado, proporcionaría tiempo libre para la familia y las actividades comunitarias. Las tierras que ahora están destinadas a caminos y estacionamientos podrían ser convertidas en ciclo vías, senderos y parques.

Al disminuir la cantidad de residuos y el uso innecesario de energía y otros recursos, en los Estados Unidos podríamos reducir nuestra necesidad de expropiar los recursos de otros países. Podríamos dejar de asignar enormes partidas de nuestro tesoro nacional a nuestras milicias, requeridas para asegurar nuestro acceso a esos recursos. Los pobres que habitan el mundo recobrarían el acceso a esos recursos que son legítimamente suyos para el mejoramiento de sus propias vidas y la amenaza de terrorismo se reduciría enormemente. La eliminación de las corporaciones globales con sus (massive overhead, inflated executive compensation packages, and myopic focus on short-term profits) gastos generales masivos, sus paquetes de compensación ejecutiva exagerados y la focalización miope en las ganancias a corto plazo, liberaría aun más recursos. Juntos, esos ahorros podrían proveer a los trabajadores de salarios dignos y financiarían una educación, salud y servicios comunitarios de primer nivel.

Esperaríamos ver los efectos de las instituciones de la economía viva a lo largo del horizonte social. Con salarios dignos de trabajo, oportunidades para la educación y servicios esenciales, los índices de delincuencia disminuirían y otros costos como los relacionados con la justicia y cárceles se precipitarían también.

Una economía que responde a la demanda y no que cree la misma, desvía menos recursos en publicidad. Menos publicidad significa menos polución visual y derroche de consumo, un sentido del valor de uno mismo mejorado y todavía más recursos liberados para ser convertidos en jornadas de trabajo más cortas y más tiempo de ocio. Podríamos trabajar menos y vivir más. Nuestras vidas serian más libres y ricas, nuestro medioambiente más limpio y salubre. Un mundo ya sin divisiones entre los obscenamente ricos y los desesperadamente pobres conocería más paz y menos violencia, más amor y menos odio, más esperanza y menos temor. Nuestro mundo podría sanearse y proveer de un hogar a nuestros hijos y a las generaciones venideras.

La mayoría despierta
El ideal de una economía para la vida puede parecer un sueño imposible, salvo por el hecho de que muchos de sus elementos ya se encuentran disponibles. Hay millones de empresas con y sin fines de lucro e iniciativas estatales alrededor del mundo, alineadas detrás de los valores y los principios organizacionales de las economías para la vida. Entre otros, negocios independientes de toda clase, desde librerías, panaderías, labores agrícolas, cultivos orgánicos locales, mercados rurales, iniciativas agrícolas apoyadas por la comunidad, restoranes especializados en comida orgánica producida en la zona, bancos comunitarios, monedas locales, campañas de venta-directa en fábrica, proveedores de café comercializado en condiciones justas, medios independientes y muchos más. De hecho, empresas independientes a escala humana son por mucho, la mayor parte de las empresas, proveen la mayoría de los empleos, crean casi todos los nuevos trabajos y son la fuente de mayor innovación.

Está claro que las economías para la vida son una alternativa viable para la economía suicida. No obstante, la economía suicida continúa dominando nuestra vida social, cultural y política. Entonces, ¿cómo podríamos con un par de millones de empresas de la economía para la vida que luchan para sobrevivir frente a las garras de la economía suicida global, convertirnos en un sistema mundial sano y próspero donde reine la economía para la vida? La respuesta es, hagámoslo realidad.

Nadie planeó la economía suicida. Esta es lo que la consultora organizacional Margaret Wheatley llama un “sistema emergente”. Los responsables de los intereses corporativos, hicieron esto realidad a través de esfuerzos día a día con el fin de participar en el Mercado y de incrementar las ganancias. Paso a paso, a lo largo de cientos de años, rediseñaron políticas, el sistema legal, y la cultura moderna para crear el sistema entrelazado de intereses y obligaciones mutuas que se ha transformado en la economía suicida.

El complejo dinámico auto reforzado de un sistema emergente hace que una transformación sea virtualmente imposible dentro del mismo. Aquellos que intentan hacer una transformación dentro del sistema son casi marginados invariablemente o expulsados. Cuando el escritor ambientalista Carl Frankel se dispuso a escribir el libro “In Earth Company”, en el ambiente de las corporaciones, buscó dentro del mundo corporativo a verdaderos reformadores ambientalistas. Encontró tres, pero a la fecha que el libro fue publicado, los tres habían sido despedidos.

Un sistema emergente que ya no sirve para más, puede ser desplazado solamente por otro sistema emergente más poderoso. De acuerdo a Weatley, “Esto significa que el trabajo de cambio consiste en empezar de Nuevo, organizar nuevos esfuerzos locales, conectarlos entre sí, y saber que sus valores y prácticas pueden emerger en algo aun más poderoso”.

Esta línea de pensamiento es crítica para el trabajo que hay que hacer por delante. La propuesta más promisoria para liberar a nuestras sociedades de esta cultura e instituciones patológicas de la economía suicida, es desplazándolas, idea que en principio parece inocente e imposible. Consideremos sin embargo, que las instituciones de la economía suicida funcionan con nuestra energía de vida.. Estas sólo cuentan con el poder que cada uno de nosotros le concedamos a ellas. Cada vez que elegimos dónde comprar, trabajar, invertir, podemos reubicar nuestras energías, de la economía suicida a la economía para la vida.

Elegir empresas de la economía para la vida podría parecer más costoso. Productos orgánicos pueden ser más caros que los no orgánicos, un jabón puede resultar más caro en un establecimiento de la zona que en una cadena de supermercados. Ese enorme costo desaparece, no obstante, cuando contabilizamos los beneficios que nos trae la economía para la vida como un mejoramiento de la salud, comunidades bien cuidadas, viajes más cortos, trabajos más significativos e importantes, agua y aire más limpios, tiempo libre, seguridad económica y esperanza para el futuro de nuestros hijos. El trabajo en una empresa más pequeña puede ser menor pagado, pero es más seguro.

Cuando los grandes fondos de inversión dan una rentabilidad del 20% al 50%, poner el dinero en un banco local a un 4% o 5% puede parecer una elección muy cara. En un periodo de caída del Mercado, un depósito asegurado en un banco local que brinda crédito a negocios locales, empezaría a parecer una elección no sólo inteligente sino ética.

Haciendo que suceda
Los interesados en crear en sus comunidades una economía para la vida pueden empezar con hacerse unas breves y simples preguntas. ¿Qué es lo que la gente y los comerciantes del lugar compran de manera regular? ¿Que es o puede ser proveído por empresas locales independientes de manera social y ambientalmente responsable? ¿Cuál empresa del lugar está tratando de llevar a la práctica los valores de la economía para la vida? ¿En cuáles sectores se encuentran contenidos estos valores? ¿Hay esfuerzos de colaboración en desarrollo, alineados con los valores de la economía para la vida? Las respuestas nos mostrarán cifras alentadoras.

Por lo general, el lugar más lógico por donde empezar es la alimentación. Todos necesitamos y nos preocupamos acerca de la alimentación, y los alimentos pueden ser producidos casi en todas partes, son más frescos y sanos cuando son locales y son nuestra conexión más directa con la tierra. En varios pueblos o ciudades, un mercado rural o un restaurante que sirve comida orgánica producida en la zona nos da el punto central para organizarnos. En algunas comunidades, grupos de emprendedores devotos por la conservación de la energía, la construcción ecológica, o la producción de energía solar eólica o mini-hidroeléctrica, están formando una red social avocada al avance de la independencia local de energía.

Existen muchos grupos avocados a formar una infraestructura financiera para las economías para la vida. Algunos desinteresadamente están creando una moneda de circulación local para fomentar y facilitar las transacciones entre la gente y las empresas del lugar. Otros están estableciendo bancos locales para financiar negocios en la localidad. El “Shore-Bank” es uno de mis ejemplos de instituciones de la economía para la vida predilectos. El banco es privado y pertenece a inversionistas individuales, organizaciones no lucrativas y fundaciones, dedicadas a su misión social y ambiental. Financia empresas y proyectos que provean trabajo, contribuye a la salud ambiental, implementa mejoras a las viviendas de bajos y medianos ingresos, provee de oportunidades accesibles para poder adquirir una casa, y cuenta con centros de capacitación laboral y guarderías. (Ver “A Founder for the Next Economy” YES! Fall 1999).

Varios grupos están desarrollando una infraestructura de comercio equitativo que busca mejorar las condiciones de los productores de café con bajos salarios, artesanos y otros giros. Otros se están movilizando a través de acciones políticas para eliminar subsidios públicos, exenciones impositivas, contratos leoninos, exenciones regulatorias y derroches de recursos públicos sobre los cuales dependen las ganancias de corporaciones ineficientes con el fin de instrumentar, en su lugar, nuevas reglas que favorezcan negocios locales independientes, asumiendo sus dueños el riesgo, con salarios dignos y responsabilidad ambiental. (Ver el “New Rules Project” of the Institute for Local Self-Reliance, YES! Fall 2002 o ir a www.ilsr.org)

Por todo Estados Unidos y alrededor del mundo están siendo lanzadas incontables iniciativas de economías locales para la vida, incluyendo algunas llevadas a cabo por ex empleados de corporaciones que han decidido marcharse de la economía suicida para conforme a sus valores comenzar nuevos negocios. Mientras mayor sea el número y la diversidad de dichas iniciativas, más rápidamente podrá crecer la red de un sistema global emergente de economías para la vida y más fácilmente podremos cada uno de nosotros dirigir nuestras energías hacia una economía para la vida en nuestras elecciones de compras, empleos e inversiones.

Los escándalos que se han observado en corporaciones, una economía titubeante y sucesivas caídas de la bolsa han calado profundo en la legitimidad de la economía suicida y las grandes corporaciones que dominan nuestras vidas. Miles de personas ya están difundiendo el mensaje de que hay alternativas al servicio de la vida y que podemos hacerlas realidad. Como lo sugerido en los ejemplos de Appalachia y Argentina publicados en YES! Fall 2002, las iniciativas de la economía para la vida florecen más rápidamente en condiciones de adversidad económica en donde salen más dramáticamente a la luz las falsas promesas de la economía suicida sobre la obtención de riqueza inmediata y sin esfuerzo. Estados Unidos puede estar entrando en ese periodo. Mientras las élites gobernantes se ocupan de buscar reestablecer la fe en las instituciones patológicas sobre las cuales se construyó su poder y privilegios, el resto de nosotros puede convertir este momento de fracaso económico en una oportunidad histórica. A través de nuestras elecciones particulares y colectivas podemos hacer realidad instituciones económicas, relaciones y una cultura de un mundo justo, permanente y compasivo de economías para la vida que funcione para todos.

¿Cómo viviríamos? Cuando se insta a alguien a pensar un mundo de economías para la vida, libre del comercio dominado por corporaciones, muchos se preguntaran:

¿Cómo obtendríamos nuestros ingresos? Para todo su poderío económico, el número de empleos brindado por las corporaciones globales es pequeño en relación a la población trabajadora mundial. Las 200 corporaciones más grandes del mundo emplean menos del 1% de la población mundial trabajadora, aunque estas contabilizan el 30% de la producción económica global. Entre 1.983 y 1.999 la cantidad de personas que estas emplean creció un 14%, mientras que sus utilidades crecieron en un 360%. La mayoría de los empleos provienen de negocios independientes.

¿Cómo produciríamos nuestro alimento? A través de campos pequeños manejados independientemente utilizando prácticas agrícolas ecológicas los cuales son mucho más productivos y eficientes en el uso de la tierra escasa que las mega fabricas del agro. En los Estados Unidos un censo agrícola en 1992 mostró que, basado en la producción total por unidad, pequeños campos producen diez veces más dólares-acre producidos que los grandes campos. Los métodos de intercambio de cultivo utilizados por pequeños productores garantiza más biodiversidad y causa menos daño ambiental que lo que producen los monocultivos a gran escala. Reubicando la producción de alimentos significa comida más fresca y nutritiva, más empleo, más energía ahorrada y un medioambiente más sano.

¿Cómo se financiaría la investigación de medicamentos? Hoy en día, la mayoría de los estudios sobre nuevas drogas se sostiene con fondos públicos. Ochenta y cinco por ciento de las contribuciones para las 5 drogas más vendidas de 1995 fueron solventadas con deducciones de impuestos a los ciudadanos y academias extranjeras. Los costos de marketing, publicidad y gastos administrativos de los 9 laboratorios de medicamentos más grandes contabilizaron un total de 45 mil millones; investigación y desarrollo presentaron una cifra de 19 mil millones.

¿Cómo financiaríamos las jubilaciones? Contrariamente a lo que argumentan aquellos que lucran con la privatización de la seguridad provisional, los jubilados no pueden comer burbujas financieras; ellos necesitan comida, techo, vestido, servicios médicos y personales que alguien debe proporcionar. Las economías para la vida pueden brindar acuerdos intergeneracionales atractivos con servicios comunitarios para niños y ancianos juntamente con seguros sociales más parecidos al sistema de seguro social actual.

¿Quién construirá nuestros aviones? En un mundo de economías locales para la vida habrá mucha menos necesidad de viajar por aire. Donde sea necesario para la producción de grandes y complejas piezas de tecnología, éstas podrán ser producidas cooperativamente o por compañías cuyos titulares sean sus propios empleados o en instalaciones de cooperativas o negocios independientes que provean componentes y servicios.


David C. Korten has an MBA and PhD from Stanford University's School of Business, has served on the faculty at the Harvard Graduate School of Business. He is the author of When Corporations Rule the World and The Post-Corporate World: Life after Capitalism; board chair of the Positive Futures Network; president of the People-Centered Development Forum; and a visionary-advisor member of Social Ventures Network. For more on living economies visit www.pcdf.org.


Traducción: Ismael Jadur Email Signup
Living Economies
Comment on this article

How to add a commentCommenting Policy

comments powered by Disqus


You won’t see any commercial ads in YES!, in print or on this website.
That means, we rely on support from our readers.

||   SUBSCRIBE    ||   GIVE A GIFT   ||   DONATE   ||
Independent. Nonprofit. Subscriber-supported.




Subscribe

Personal tools